domingo, 13 de diciembre de 2009

¿Qué suena hoy en la gramola? LOS GAVILANES




Siguiendo con el compromiso de dar a conocer y querer a “nuestra zarzuela” esta semana propongo desgranar una obra del maestro Jacinto Guerrero titulada “Los Gavilanes”.

¿El por qué?
Pues porque esta obra del maestro de Ajofrín fue la primera zarzuela que vi completa en un teatro, y como siempre fue en mí querida Faràndula. Era reticente a ir porque era una obra que en aquel momento tan solo conocía de ella la famosa marcha “Amigos, siempre amigos” popularizada en mís queridas “Galas de Reyes” por el tenor Plácido Domingo, y también la romanza de Juan “Mí aldea”.
A pesar de ello, compramos entradas y una vez más mí abuelo tuvo la agradable tarea de hacérmela conocer. ¿Cómo? Pues evidentemente, cantándomela.
Poco a poco me fuí enamorando de su música y el maestro Guerrero se ha convertido en todos estos años en uno de mís compositores de zarzuela preferidos, pues no puedo olvidar que obras como “El huésped del Sevillano” o “La Rosa del Azafrán” son dos de mís zarzuelas preferidas.

Hoy podremos escuchar una variedad de voces, entre ellas, y como no, la de aquél que hizo nacer mí amor por la lírica, que como sabéis es Plácido Domingo. También escucharemos a Manuel Ausensi, Teresa Berganza,... Grandes voces para una gran zarzuela.

Se situa la acción en una aldea de la Provenza en el año 1845 pero bien podríamos pensar que ocurre en cualquier puerto de mar del norte de España.
En el primer acto vemos que está amaneciendo y se oye desde lejos los cantares de los pescadores. De pronto apaarece Juan, un aldeano (ahora de 50 años) que dejó su tierra muchos años antes para ir a Perú en busca de fortuna y ahora regresa para no marcharse más. Entra vestido con un típico traje de peruano rico, y en todas partes es conocido como Juan “el Indiano”. Al llegar a la playa contempla asombrado los lares que dejó tiempo atrás.
Esta es la famosa romanza de entrada de Juan, "Mi aldea" que en esta ocasión nos la canta Plácido Domingo:




Cae de hinojos en el suelo y vuelven a oirse los cantos de los pescadores. De pronto se dan cuenta de la presencia de Juan y los pescadores y pescadoras reciben con gran entusiasmo a Juan y entre las aclamaciones se escucha la siguiente copla, que será sin duda el hilo conductor de la obra:

“La, la, la...
Palomita, palomita
Cuidado con el pichón;
Mira que rondando el nido
Está el gavilán ladrón”


En el segundo cuadro del primer acto encontramos una aldea frente al mar. Se aprecia una casa de aspecto humilde frente a la cual hay unas mesas y unos taburetes. Nina y Emma muestran a las aldeanas algunas de las joyas que les ha regalado su tío Juan.
Entra en escena el alcalde del pueblo, Clariván y el sargento de gendarmes, Triquet, los cuales se disputan la amistad de Juan. De pronto aparece Rosara, una joven aldeana de unos veinte años, la familia de la cual está llena de deudas y no puede permitirse soñar con un amor (aunque es un secreto a voces que está enamorada del joven Gustavo).

Camilo, hermano de Juan, llega con su esposa que luce grandes joyas con gran ostentación, obviamente regaladas por su cuñado Juan. Camilo,por su parte anuncia que Juan tiene muchos proyectos de reforma para el pueblo, cosa que alegra al alcalde Clariván.
Salen los aldeanos que van en busca de Juan hasta su casa dispuestos a agradecer semejante gesto y Juan, a su vez, sale agradeciendo ese entusiasmo e invita a los lugareños a beber en la posada. Es en este momento cuando Juan entona uno de mís fragmentos preferidos de la obra: "El dinero que atesoro", cantado en esta ocasión por Manuel Ausensi y los Coros Cantores de Madrid, dirigidos todos por el maestro Ataulfo Argenta.



Después de este júbilo generalizado, Juan se queda con unos pocos amigos y les confiesa que marchó a Perú a hacer fortuna para impresionar y complacer a Adriana, la mujer de la cual está enamorado, a pesar de que nunca lo confesó.
Adriana es la madre de Rosaura, en ausencia de Juan casada con un marido que le doblaba la edad. A lo lejos se escucha la voz de Gustavo y de Adriana, y Juan se acerca hasta donde cree que procede la voz, sin pensar que sea Adriana. Esta sale y los dos se reconocen e inician un duo maravilloso recordando los años pasados.
Escuchamos el dueto ""Al impulso de loca ansiedad" en las voces de Manuel Ausensi y Toñy Rosado dirigidos  por el maestro Ataulfo Argenta:


  

De pronto sale Rosaura, la hija de Adriana, que es presentada a Juan, y acuerdan ambos que el Indiano irá a su casa por la tarde.
Al marcharse Juan se escucha nuevamente la voz de Gustavo que evoca a Juan la belleza de Rosaura y éste dirigiéndose a la cerca ve a Rosaura y Gustavo hablando de una manera entusiasmada.


En el acto segundo nos situamos en la plaza de la aldea, a derecha e izquierda de la casa de Adriana, dos arcos formados de flores en las desembocaduras de las callejas. En uno se lee: “A Juan, los aldeanos y especialmente el alcalde” y en el otro: “A Juanito, los gendarmes, y más especialmente Triquet”, aparece una fanfarria patrocinada por el alcalde, que pretende de este modo ganarse los favores de Juan, pero se ve interrumpido por la llegada de la banda de los gendarmes encabezada por Triquet que intenta lo mismo que el alcalde. La rivalidad entre ambos es suavizada por la aparición de Adriana, que invita a los presentes a homenajear con amistad al recién llegado. Una vez finalizada la canción, cada uno de los hombres notables de la aldea despide a los comparsas respectivos, rogándoles que no tarden para la fiesta que se celebrará en honor de Juan y entre rivalidades constantes el alcalde va apuntando algunas de las ideas que florecerán en el discurso que tiene preparado para el descubrimiento de una lápida en honor del indiano.

En medio del entusiasmo de los dos contendientes, Clariván descubre a Adriana el verdadero motivo de la marcha de Juan hacia el Perú, el amor que sentía hacia ella y la imposibilidad de casarse por falta de fortuna. Adriana queda anonadada y deja correr la imaginación, pero sus fantasías se ven interrumpidas por su madre Leontina, quien años antes le impidiera los amores con Juan, que tiene otros planes para su hija y sobre todo para la nieta, casar a Rosaura con Juan y así remodelar su desastrosa economía familiar. Rosaura aparece entonces y su madre da muestras de unos crueles celos al descubrir que su hija está de mejor ver que ella.

No contenta con todo lo insinuado, Adriana recomienda a Gustavo, el joven enamorado de Rosaura, que vaya a los zarzales a cortar una rosa para Rosaura y se la ofrezca en prueba de su amor, cosa que el joven hace enseguida. Escuchamos de nuevo la voz del tenor Plácido Domingo, en esta ocasión es su cuerda de tenor interpretando la romanza "Flor roja":

 

A su vuelta, Gustavo entona la canta una bella romanza, lo que acaba de convencer a Rosaura y a las demás muchachas de las intenciones del joven hacia ella. Las jóvenes se marchan y ya solos, Gustavo se declara a Rosaura y la muchacha muestra sus sentimientos hacia el galán con tanta vehemencia que el alcalde, que pasa entonces por allí, tiene que llamar la atención a los dos enamorados.

Aparecen ahora Leontina y Juan ya puestos de acuerdo para conseguir el amor de Rosaura por los medios que sean necesarios y sin el consentimiento de la madre. Se solos, el alcalde y Juan manifestándose sus respectivos sentimientos amorosos pasados, a la llegada del inevitable Triquet, Juan deja entrever sus intenciones de casarse con Rosaura, acción que es desaprobada por el alcalde y el jefe de gendarmes a causa de la diferencia de edad que media entre ambos, pero Juan manifiesta que está decidido a llevar a cabo sus propósitos por el medio que sea, lo que enfurece a los dos prohombres de la aldea hasta tal punto que en el momento de iniciarse la fiesta en su honor las cosas van por otros senderos de los previstos en principio, el discurso tan bien bordado por el alcalde acaba siendo interrumpido de manera desaforada y finalmente aparece Gustavo decidido a denunciar los manejos de Leontina y Juan, ante el estupor de todos y la firme postura del indiano.
Escuchamos al tenor Carlos Munguía junto a los Coros cantores de Madrid en el famoso "Guarda indiano tu riqueza" y seguidamente de nuevo a Manuel Ausensi junto a los Coros cantores de Madrid en "No importa que el amor mío":








Días después en una sala en casa de Adriana, se esta apunto de celebrar la boda de Rosaura y Juan, es de noche Juan, Leontina y Rosaura, sentados alrededor de la mesa, Nita y Emma sirven vino a hombres y a mujeres, Renata y Camilo están sentados en sendas sillas ante la chimenea, tristes y cariacontecidos. Rosaura da muestras de gran abatimiento.

Llegan las gentes del lugar trayendo regalos y presentes a la novia. Renata y Camilo manifiestan su profundo desagrado por la boda de su hermano y la consiguiente pérdida de la posible herencia. Rosaura, entristecida por la situación, se aleja de la estancia. Juan pregunta entonces a Leontina sobre los verdaderos sentimientos de la joven y ella le contesta que, con el tiempo, le acabará queriendo. Asimismo, le confiesa que todo está atado, que Adriana no explicará a su hija los antiguos amores con Juan, y Gustavo ha decidido marcharse de la aldea.

Clariván y Triquet se despiden de Juan manifestándole que no piensan asistir a la boda por la infamia que supone casarse con una muchacha que no le quiere y que sólo le acepta por su dinero, tal como le sucedió a él en su juventud. Le recuerdan a Juan que, a causa de su situación, ya no le llaman “el Indiano”, sino “el Gavilán”, por lo que Juan, indignado, se aleja de la casa.
Todos se despiden con el firme propósito de no ir a la boda, aunque eso sí, no faltarán al convite. A solas Adriana y Rosaura, la madre ruega a su hija que no dude en hacerle feliz aun a pesar de que no lo merece, oyéndose la voz de Gustavo entonando una copla alusiva, al amor y al dinero.

Gustavo se acerca a la ventana de Rosaura para despedirse, pero no puede impedir que sus sentimientos florezcan y se establece un dramático dúo amoroso en el que cada uno de los enamorados muestra su desencanto ante la idea de tener que separarse.
Escuchamos en esta ocasión al tenor Carlos Munguía en el papel de Gustavo y a Teresa Berganza como Rosaura, ambos dirigidos por Ataulfo Argenta en un preciosos dúo donde aparecen temas ya escuchados a lo largo de toda la zarzuela:



Gustavo propone a Rosaura la huída y le recuerda a Adriana que ella se vio en semejantes circunstancias, Adriana titubea ante el recuerdo y permite que Gustavo se lleve a Rosaura, pero cuando está a punto de llevar a cabo su decisión llega Juan rogándole que se la lleve, pero no a escondidas, que parecería un delito, sino a plena luz del día.

2 comentarios:

Tosca dijo...

No sé porque me es tan desconocida esta música cuando es tan agradable de escuchar, tan cercana. Hubo un tiempo, y no tan lejano, en que era la música que se oía en la radio y en el tocadiscos de todas las casas pero, de pronto, quedó relegada. Poca atención ha recibido por parte de nuestros teatros (yo, en veinte años de Liceu, apenas recuerdo una Doña Francisquita con Kraus que repiten este año con Bros y Cantarero). Por suerte hay quien no la olvida, quien la difunde y la comparte (¡y con que voces!)y teatros, como la Farandula,que la trata con mimo.
Es una de mis asignaturas pendientes que, gracias a blogs como el tuyo, puedo recuperar.

¡Gracias!

brunilda dijo...

Grácias Tosca por tus palabras. Realmente si quieres ver buena zarzuela, Sabadell es una buena opción.
Por mí parte, continuaré con ilusión difundiendo este género que tanto me apasiona.