lunes, 31 de diciembre de 2012

¡Feliz 2013!

Un año que se apaga ya.
 
2012 ha sido un ejercicio difícil, lleno de cambios normativos, y de toma de conciencia de la situación por la que estamos pasando.
 
Que el 2013 que se avecina sea mejor y más fructífero que su predecesor. Que nos traiga a todos salud, trabajo a aquellos que no lo tienen, y además esperanza e ilusión.
 
Y que podamos gozar de mucha música, de mucha ópera, a pesar del encarecimiento de las entradas.
 
 
 
Pero el Año Nuevo siempre empieza bien para los melómanos, ya que mañana tenemos una cita desde la Musikverein de Viena, en la que sonarán los suaves y dulces compases del vals, el baile de la elegancia. Y un año más el "Bello Danubio Azul" precederá la famosa "Marcha Radedsky" con la que despediremos el concierto aguardando de nuevo la edición del 2014.
 
Feliz Año Nuevo a todos.

martes, 25 de diciembre de 2012

¡Feliz Navidad!

 
 
 
En estos días tan especiales como son las Navidades quiero desear a todo el mundo que pase unas felices fiestas y un próspero año nuevo 2013.
 
Tiempo de vivir en paz, tiempo de brindar, tiempo de reir y de reunirse en la mesa con toda la familia, con los que están y con un recuerdo especial para aquellos que no nos acompañan ya, pero siempre presentes en nuestros corazones.
 
Tiempo de reflexionar y de pensar en los que nada tienen.
 
Tiempo también de recurrir a los villancicos, a los musicales, al olor de la navidad en las calles. Por ello, hoy rompiendo un poco las tradicionales canciones navideñas, os regalo esta canción del musical "My Fair Lady" interpretado ni más ni menos por la voz que es motor de este blog.
 
Felices Fiestas y un abrazo. Bon Nadal a tothom.




miércoles, 12 de diciembre de 2012

12-12-12


Si hipotéticamente pidiera a Raphael que definiera para mí un día como hoy, seguramente me cantaría: “Hoy para mí es un día especial (…)”.

Pues bien, hoy hago mías y suscribo sus palabras, porque hoy, día 12 de diciembre de 2012, es un hermoso capicúa, pero no escribo estas líneas por ello, sino porque hoy, 12/12/2012 se cumplen 17 años desde que vi y escuché por primera vez en directo a Plácido Domingo.

Tendrían que pasar aún muchos años para repetir la experiencia vivida aquel 12 de diciembre de 1995, qué lejano, ya, pero a pesar que han sido bastantes las veces que le he visto en directo, ninguna ha sido igual que aquella primera vez.

Todas han sido emotivas por una razón o por otra, pero jamás se ha dado la magia de aquella gélida noche de diciembre en la que desafié al frío de Barcelona, y en plena montaña de Montjuïc iba con el abrigo desabrochado, sin guantes y sin bufanda, porque de la ilusión que tenía no sentía ni el frío, un poco como los niños cuando anclados en el asfalto siguen la cabalgata de los Reyes Magos.

Gracias Maestro por aquella maravillosa noche.
 
Nota: la foto adjuntada corresponde con el programa de mano que se distribuyó en el Palau Sant Jordi de Barcelona aqueñ mágico 12-12-95.


viernes, 7 de diciembre de 2012

Gran tarde de zarzuela en Sabadell




Zarzuela y de la buena es indiscutiblemente lo que falta para dar a este género la grandeza que tuvo y que sin duda merece.
Esto es lo que cada año se intenta hacer en Sabadell con la ayuda de la A.A.O.S y de los intérpretes que contratan para tal fin.
 
Ya viene siendo tradición programar un concierto sustituyendo a la producción escenificada de una zarzuela desde que esta maldita crisis económica, a la que todos estamos sometidos, nos acecha sin tregua alguna. Y como el resultado, año tras año ha sido magnífico, Sabadell apuesta por lo seguro y es premiado con el éxito.
 
La ilusión y las ganas siempre están allí, pero este año, más que nunca, se ha notado el bache económico: ni un solo ramo de flores adornando el escenario y que diera un poco de color a la tarde del domingo, y un programa de mano bastante más reducido que los de temporadas anteriores, tal como ya nos encontramos con la función de “Tosca” que se ofreció en el curso del mes pasado.
Pero a pesar de los recortes, vamos a decir superficiales, no se ha recortado en la calidad de los intérpretes.
 
Zarzuela es sinónimo de éxito allá donde se cante. La gente la espera con ganas – yo también- por lo conocida que es, por haber crecido con ella y por sus músicas populares.  Incluso por aquél que no sea amante del género, por qué  ¿quién no ha escuchado alguna vez el famoso “Dónde vas con mantón de Manila” de “La verbena de la Paloma”, de Bretón, aún sin saber a qué obra pertenece? Creo que habría poca gente que respondería con “no”.
 
Hay que dignificar a la zarzuela, hay que quererla y promocionarla. Elevarla al lugar que por calidad le corresponde. Y hay que divulgarla allá donde el intérprete vaya. Un género que no se puede perder, y cuando se hace con calidad, tal como sucedió el domingo por la tarde, estoy segura de que se está siguiendo el camino correcto que quedó encauzado hace ya tres años en Sabadell para así lograrlo.
 
¿Qué si me gusta la zarzuela? Pues sí, me encanta. Por sus melodías inspiradas, tanto o más que cualquier ópera. Obras que encierran más dificultad que las que podamos a primera vista.
Lo he dicho y repetido muchas veces en este rincón de la red: adoro a  nuestra zarzuela y ojalá se hiciera más a menudo y programando obras de gran calidad, que las hay, títulos por muchos olvidados pero que al desempolvarlos vuelven a brillar con luz propia, como lo hicieran antaño en sus respectivas fechas de estreno.
 
Escoger el repertorio
 
Con ello se tiene que ir con cuidado dado que en este tipo de veladas es muy fácil recurrir a los típicos números que caen en cada concierto, y que sin menospreciar su valía llegan a hastiar al público que espera descubrir nuevas melodías.
 
Hay siempre de todo, zarzuelas de mayor y de menor calidad, pero con una selección inteligente y unos intérpretes que respondan bien a la misma, el resultado no puede ser más óptimo.
Y a ello ha contribuido el director musical DANIEL MARTÍNEZ GIL DE TEJADA.

 
 
 

Éste ha sido su tercer concierto de “Homenatge a la Sarsuela” y se ha esmerado en no repetir piezas ya ejecutadas en las dos ediciones anteriores, y a la par nos ha presentado, en esta última, fragmentos para mí totalmente desconocidos y que, no obstante, me han gustado.
Por ello debo, primero de todo, debo decirle “Gracias Maestro” por el trabajo realizado y por la búsqueda y empeño de no reiterar e incorporar las piezas que todos intentamos cantar, con más o menos fortuna, bajo la ducha.
 
Así pues sonaron fragmentos de “Los Diamantes de la Corona” de Barbieri, de “El año pasado por agua” de Chueca,  de “Los borrachos” de Giménez,  de “El juramento” de Gaztambide o de “Verdalet, pare i fill, del comerç de Barcelona” de Fandó.
De ellos algunas las conocía de nombre, excepto la del maestro Fandó que fue una total sorpresa.
 
Por otro lado sonaron piezas, quizás menos conocidas o menos frecuentadas por sus intérpretes en conciertos de este tipo, tales como “El cantar del arriero” de Díez Giles, “El caserío” de Guridi, “La alegría de la Huerta” de Chueca.
 
E inevitablemente también se oyeron trozos de “La revoltosa” de Chapí, o de mí adorada zarzuela “Los gavilanes” del maestro Guerrero uno de los compositores de este género que más me gustan, también desfiló por las tablas vallesanas la inevitable “Doña Francisquita”, reina de la tarde con presencia en cada una de las dos partes (igual que “Los diamantes de la corona”), o “El barbero de Sevilla” de Giménez,  de Martínez Valls “La legió d´honor”  y la queridísima por el público catalán “Rosó” de la zarzuela “Pel teu amor” del maestro Ribas.
 
Así es que el equilibrio entre lo conocido y popular fue bastante acertado.

 

El concierto: primera parte
 
Como ya hemos anunciado en el apartado anterior, fue el maestro GIL DE TEJADA el encargado de ponerse al frente de la OSV que sigue adoleciendo de lo de siempre: demasiado volumen, al menos es la sensación que me llevé al escuchar la primera pieza de la tarde, que no fue otro que el conocidísimo preludio de “La revoltosa” de Chapí.
Y esto, cuando la orquesta está encima del escenario, y no en el fosado, junto con la inapropiada acústica del Teatre de la Farándula, se hace aún más notorio el exceso de decibelios que solo atenuaba en las intervenciones de la soprano.
Su dirección no fue apasionada, pero dejó protagonismo a los intérpretes, entendiendo a la perfección que la orquesta siempre acompaña al cantante y no al revés.

 
Tres voces fueron, en esta ocasión, las encargadas de brindarnos una apacible tarde musical, soprano, tenor y barítono que responden, respectivamente, a los nombres de ELISA VÉLEZ, CARLES COSÍAS y CARLES DAZA. Y una vez presentados, empiezo a desgranar cada una de sus intervenciones.
 
El primero en salir al escenario fue el barítono CARLES DAZA que apostó por la entrada de Juan de “Los Gavilanes” de Guerrero después de que el Coro cantara, a su vez para introducir al intérprete, el bello “Pescador, de tu playa te alejas”.
 
 
 
 
No le había escuchado más desde su intervención el año pasado en el “Elisir d´amore” en el que interpretó el personaje de Belcore.
Daza continúa teniendo una buena línea de canto y una perfecta dicción. Cuenta además con una buena presencia escénica y aunque a nivel vocal no se le puede reprochar nada, no estaría de más, que adornara un poco la pieza cuando la interpreta, puesto que su canto resulta siempre es plano en cualquier repertorio que le haya escuchado.
No sé si estaba en una de sus mejores tardes, algo le noté ya de entrada en esta romanza, sobre todo en su ascensión a las notas más comprometidas en la zona alta, donde la voz se vela un poco.
 
Seguidamente apareció ELISA VÉLEZ, sonriente y simpática en todas sus intervenciones, para cantar otro de los fragmentos que casi nunca se programan, y que no es otro que el “raconto” de Mariblanca de la zarzuela “El cantar del arriero” de Díez Giles, estrenada el 21 de noviembre de 1930 en el Teatro Victoria de Barcelona, y entre las voces de los principales cantantes estaba la del barítono Marcos Redondo que consagró su vida a la zarzuela.
Vélez salvó a la perfección las agilidades de la romanza aunque en algún momento, sobretodo en las notas altas, el agudo era demasiado forzado rozando el grito, pero no hay duda de que la intérprete tiene gusto cantando y transmite al hacerlo.
 
La primera intervención del tenor CARLES COSÍAS fue con una pieza para mí totalmente desconocida, de una obra a la que solo conocía por el nombre, y no es otra que “Los diamantes de la corona” de Barbieri.
Cosías interpretó la romanza del Marqués de Sandoval con una voz y un timbre bellísimo, señas que le identifican y caracterizan, y con una dicción – al igual que Daza- perfecta y entendedora, pero a diferencia de éste último, Cosías adorna y convierte la pieza en un festival para los oídos del espectador. Su línea de canto es la de un intérprete con un gusto exquisito que siente y vive de forma particular la música.
Además su gesto y su cara delatan el placer con el que canta. Y ello llega al público que le está escuchando.
 
A continuación, y para que los intérpretes tomaran un poco de aire, el maestro GIL DE TEJADA y el Coro interpretaron el “Vals de Neptuno” y el “Pasacalle” de “El año pasado por agua” de Chueca, pieza que tampoco había escuchado nunca y de la que me gustó especialmente la primera de ellas, es decir, el “Vals”.
 
Y sin movernos de Madrid, se interpretó el primero de los dos dúos de la tarde, “Le van  a oir, cállese Ud. imprudente” de la “Doña Francisquita” de Amadeu Vives.
ELISA VÉLEZ tan adecuada para este papel a la que ya le escuché la zarzuela entera hace unos años en Sabadell, y la apasionada voz e interpretación de CARLES COSÍAS hicieron las delicias del público – al menos la mía- con este bello fragmento.
Y repito y quiero insistir en el apasionamiento que puso Cosías nada más entonar su primera frase “No va a templar una ilusión de primavera, ya que sus ojos avivaron esta hoguera” con la que me hizo presagiar que el resto del dueto sería realmente genial.
Además en las piezas conjuntas no cayeron en el error de limitarse simplemente a cantar, sino que optaron por una semi y discreta escenificación que rompía el estaticismo y formalidad de los conciertos. Y Carles escuchó a Vélez y reaccionó con la cara y con la voz a cada una de las frases que la canaria cantaba.
El Fernando Soler es uno de sus grandes personajes, como demostró el año pasado cuando interpretó la romanza de “Por el humo se sabe dónde está el fuego”, y ello quedó más que consolidado el domingo por la tarde.
A su lado como decía, Elisa Vélez, cien por cien bien encajada y compenetrada con Francisquita, un personaje que encaja con su vocalidad de ligera.
 
“Sasibil, mi caserío” del maestro Guridi fue la última intervención en solitario del barítono CARLES DAZA, antes de dar paso al cierre de la primera parte que aunó a todos los intérpretes en el escenario.
Esta romanza es bella, y sin embargo poco frecuentada por los barítonos quizás por su dificultad y también puede ser debido a la poca divulgación de la misma y de su propia zarzuela, “El caserío”.
 
Y para concluir la primera parte, VÉLEZ, COSÍAS y DAZA junto al Coro interpretaron, de la zarzuela “La alegría de la huerta” de Chueca el concertante de “Por qué estás triste, paloma mía”, que empezó con la voz de Daza y siguió la de Elisa Vélez, para dar paso a la famosa “Huertanica de mí vida” entonada por el bello timbre de Carles Cosías cuyas ascensiones al agudo eran un pura maravilla y un gran goce de escuchar.
 
Segunda parte

Después de treinta minutos de pausa reglamentaria, empezaba la segunda parte del concierto.
GIL DE TEJADA batuta en mano dirigió el preludio de “Los borrachos” de Giménez, una obra que no había escuchado nunca, cuyo título iba muy acorde con la pieza que se escucharía después. Pero claro, como no conocía ni la una ni la otra, no podía imaginar lo que sucedería cuando el maestro abandonó el escenario después de esta primera intervención.
 
El maestro volvió a entrar. Y lo hizo solo. ¿Dónde estaban los intérpretes? Y digo “intérpretes” porque había llegado el turno del segundo dueto de la tarde en el que los dos “Carles” tenían que interpretar a Sebastián y a Peralta, personajes ambos de la zarzuela “El juramento” del maestro Gaztambide.
El maestro, sorprendido, y sin cantantes desesperó. ¿Qué estaba pasando? ¿Dónde estaban?
Desde el lateral salió con auriculares en la oreja  JORDI GALOBART y el maestro no pudo “resistir la tentación” de preguntarle: ¿Dónde están? A lo que Galobart respodió: “Están en el bar”.
¿En el bar? – pensé yo-. ¿Y que hacen en el bar?- pensamos todos. Había algo que no acababa de entender. Fue aquí cuando empecé a sospechar que se trataba todo de una broma.
Efectivamente. Si durante todo el concierto los intérpretes iban saliendo por el lado derecho del escenario (siempre mirando desde platea), para ejecutar esta pieza, un Carles (Cosías) salió por el lado izquierdo y el otro Carles (Daza) por el derecho.
¡Y cómo salieron! Fue lo más divertido: fingiendo estar borrachos como dos cubas. Pensé inevitablemente en la “Marina” y su famoso “A beber”
Ambos con la camisa desabrochada y sobre el pantalón, la pajarita de Cosías en la cabeza, el cuello del frac tirado para arriba y con sendas botellas de vino en la mano.
 
¡Ah! Ahora entendía la relación con el preludio de “Los Borrachos” y “El juramento”. La cosa iba de personajes ebrios, y en lugar de recurrir al tantas veces cantado brindis de Jorge y Roque de la “Marina” de Arrieta, en esta ocasión se interpretó el “Brindis a la fortuna” del maestro Gaztambide. Con un vestuario que quería simular estar destartalado y ambos en su papel de ebrios, los dos “Carles” pusieron el toque de humor de la tarde, cantando de una forma excelente e interpretando los personajes de una forma muy graciosa. Hasta puntos de baile se marcaron los dos y algún que otro el maestro cuando, sin pensarlo dos veces, le bajaron del atril y lo unieron a su particular fiesta.
En fin, un momento muy simpático que rompía la seriedad con la que el concierto se había llevado hasta el momento.
Si algo está claro es que ambos intérpretes se entienden y se complementan bien en el escenario. Fue un verdadero placer descubrir esta pieza.
 
La primera intervención de ELISA VÉLEZ en la segunda parte fue con “El barbero de Sevilla” (que nada tiene que ver con el de Rossini), en concreto escogió la romanza de “Me llaman la primorosa”, muy acorde para ella, realizando todas las agilidades de la pieza.
 
 
 

 
Siguió la intervención coral con una zarzuela de la que confieso que no había escuchado nunca su título: “Verdalet, pare i fil, del comerç de Barcelona” del maestro Fandó, pieza ejecutada en catalán de la que poco tengo a destacar.
 
Y ya centrados en cantar en catalán, apareció de nuevo al escenario CARLES DAZA para cantar la romanza de Brisac de “La legió d´honor” del maestro Martinez Valls. Su “Sota terra” quedó empañada un poco sobretodo en la zona más grave de su tesitura, pero la pieza es de calidad y de extraordinaria belleza. El único “pero” es que después de ejecutarla una inoportuna burbuja de aire traicionó su línea canora, después de haber llevado toda la intervención de forma excelente, como nos tiene acostumbrados, y además con una más que perfecta dicción en catalán que consagra al artista como un gran fraseador.
 
De nuevo “Doña Francisquita” se coló en la Farándula cuando ELISA VÉLEZ apareció para interpretar “La canción del ruiseñor”, de Vives, una de sus mejores intervenciones de la tarde y no obviando ninguno de los picados de la pieza, y con una dicción más que notable en el que muchas otras sopranos la sacrifican en pro de obtener unas notas mucho más nítidas. Y por la valentía que demostró vocalizando todas las notas me quito el sombrero ante ella.
Pero teniendo a un tenor como Cosías detrás del escenario hubiera sido quizás adecuado valorar su breve intervención en cada una de las estrofas de la romanza para dar pie a la intervención de Vélez. Una lástima que no se apostara por ello.
 
La carne en el asador la puso de nuevo la voz de tenor, como no podía ser de otro modo, cuando CARLES COSÍAS salió y entonó “Amb la llum del teu mirar, has omplert la meva vida” de la zarzuela “Pel teu amor” del maestro Ribas, y más conocida popularmente como “Rosó”. Y es que con solo leer la letra ya hace poner los pelos de punta.
 
 
 

 
 
Si además la interpreta un artista sensible y con voz bella, que sabe cantar y frasear, y además está dotado con el don de tener gusto al interpretar, entonces el resultado es el que obtuvo Cosías, un gran aluvión de aplausos y bravos.
Introdujo en la pieza varios pianos al pronunciar “Rosó” para después seguir con forte y el efecto fue gratificador. Me gustó.
Al concluir la romanza, mí madre y yo nos miramos y las dos al mismo tiempo nos dijimos: “M´ha fet posar els pèls de punta”.
Dejo aquí la letra. Comprobar la belleza que encierra en cada una de las frases:
 
Rosó (o Pel teu amor)
 
 
Amb la llum del teu mirar,
has omplert la meva vida.
Si em volguessis estimar,
ma il·lusió fora complida.
I viuria tan content,
que en mon rostre s'hi veuria
la llum de l'agraïment
i a tothora et cantaria
una cançó pels teus ulls
que jo mateix et faria;
una cançó pels teus ulls
perquè enmig de tants esculls
fossin ells la meva guia.


 
Rosó, Rosó llum de la meva vida,
Rosó, Rosó, no desfacis ma il·lusió.


Presoner en tots moments
de la teva veu tan clara,
que allunya els mals pensaments
i la bondat sols empara.
Perquè és fresca i és suau
i és un doll de poesia
i s'assembla a n'el cel blau
que al cor ens dóna alegria.
Doncs ja que em tens presoner
un dia i un altre dia,
i jo m'hi trobo tant bé,
Roser la meva Roser,
vulgues fer-me companyia.
 
De nuevo un concertante fue el encargado de dar fin a la segunda parte antes de dar inicio al capítulo de las propinas.
En esta ocasión la zarzuela escogida fue “Los diamantes de la corona” de Barbieri que ya había sonado en la voz de Cosías en la primera parte, y el fragmento escogido fue “Niñas que a vender flores van”. Una vez más, se pudo palpar el “feeling” existente entre los tres artistas y su gran compenetración en una pieza tan difícil como la comentada.
Oficialmente el concierto acabó aquí a pesar que los asistentes sabíamos que algo más nos regalarían los intérpretes.
 
Los bises
 
En todo concierto que se precie el público es consciente de que el mismo no acaba con la última pieza anunciada en el programa y que es, precisamente en el capítulo de las propinas momento en que puede llegar aquella pieza que has esperado durante toda la tarde y que el intérprete sabe, que con ella, levanta al auditorio en la mayoría de ocasiones.
El primero de ellos fue “Junto al puente de la peña” de “La canción del olvido” de José Serrano que fue interpretado con bastante acierto por el barítono CARLES DAZA.
A decir verdad era la tercera versión que le escuchaba de la tan famosa romanza con la que el Capitán Leonello explica a sus amigos la hazaña de su última conquista femenina, Flora Goldoni, una cortesana napolitana.
La de ayer fue sin lugar a dudas la mejor de las versiones, con una voz segura y firme y afrontada con gran seguridad.
 
El segundo de los bises correspondió a CARLES COSÍAS quien escogió el breve “Forjador” de la zarzuela “Cançó d´amor i de guerra” de Martínez Valls, donde volvió a hacer gala de su exquisito gusto y dicción, y paseó con descaro sus acertados pianos por el escenario vallesano.
Una versión alejada en estilo de la que ya había oído en 2006 en la Faràndula misma cuando debutó el papel de Eloi. Sin duda, desde aquel ya lejano 2006 la voz ha mejorado y ganado aún más en expresividad. Esta última versión nada tenía que ver con la que nos ofreció años antes, muy superior en esta ocasión donde el matiz en las palabras y el fraseo elegante le hicieron valedor de un gran aplauso.
 
Finalmente fue ELISA VÉLEZ junto con el Coro la encargada de dar fin a la velada y con una gran pieza, la romanza de “La generala” de Vives, concretamente “La canción del arlequín” dedicada a todo el público que llenaba el aforo del teatro, y especialmente a su padre, que estaba entre el público y al cual se la dedicó porque era su cumpleaños.
Vélez disfrutó  la pieza, y yo también. Es un fragmento muy difícil que le va como anillo al dedo a una soprano ligera como ella, y es de agradecer su interpretación porque es una de esas que no se cantan de forma frecuente en este tipo de acontecimientos.
 
Después de dos horas y media de música, los intérpretes estaban completamente entregados y yo no tenía ganas de marchar. Y una vez más salieron los tres para dar fin, definitivamente a la velada, y en esta ocasión con una de aquellas obras tan fantásticas que por ser, valga la redundancia fantástica y bellísima no se cantan a penas por la dificultad que encierran. Así pues, cuando el maestro Gil de Tejada anunció que cantarían el coro de “Bohemios” me puse muy contenta.

“Bohemios”, una de las mejores y más bellas creaciones del maestro Vives que por su gran dificultad queda frecuentemente olvidada en las temporadas de zarzuela, pero, cuando se tiene intérpretes como los de la tarde del domingo en Sabadell, le hacen a una cuestionarse ¿cómo es que con estas voces nadie se atreve a programarla?.
 
Voces hay, entonces ¿Por qué nadie se arriesga? Cuando hay calidad, hay facultades y ganas de hacerlo, aunque sea en versión concierto, ¿por qué no se hace?
 
Y que no me vengan ahora con el tema económico que la estoy pidiendo en versión concierto.
 
En vistas al futuro
 
No sé que hay de cierto en ello, pero el año que viene Sabadell se quedará, probablemente, sin zarzuela debido a que desde la A.A.O.S se quiere programar un “Concierto Wagner”, pues recordemos que el año que viene, 2013, se celebra el bicentenario del nacimiento de Verdi y de Wagner.
 A tal fin, en Sabadell podrá escucharse “Nabucco” y “La Traviata” del compositor italiano dentro aún de la presente temporada (2012-2013), y este “Concierto Wagner” del alemán si la idea cuaja y tira adelante para la siguiente.
 
Quizás el año que viene, estaré escribiendo sobre ello. A ver como irán las cosas.

 

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Sobre gustos no hay nada escrito

Así dice nuestro querido refranero. Y cuánta razón tiene…

Leía hace unos días un interesante artículo firmado por Francisco Javier Bernales que encontré enlazado en la web de Marion Tung y en el cual hacía un interesante análisis de las voces de tenor, a tenor, valga la redundancia de los tenores y el fenómeno Jonas Kaufmann, el cual me permito reproducir aquí a la vez que lo enlazo a la página en que lo encontré.

También me voy a permitir dar mí opinión acerca de las afirmaciones que su autor pone de manifiesto, con alguna de las cuales estoy de acuerdo, otras no tanto, y algunas con las cuales discrepo totalmente.

Ello no quiere decir, o al menos es lo que me gustaría que quedara claro, que las palabras que yo vierta aquí tengan la verdad absoluta, sino que simplemente son opiniones personales, motivadas precisamente por el gusto o por otra forma de pensar. Y, haciendo uso de nuevo de nuestro refranero ya se sabe que “para gustos, los colores”.

Los grandes tenores y el fenómeno Jonas Kaufmann

 

En los últimos años, nos acostumbramos a pensar y creer que los mejores tenores del mundo eran la trilogía Pavarotti-Carreras-Domingo.

La verdad es que el marketing hace mucho y hasta hoy, la sola venida a Chile de Plácido Domingo causó locura y aglomeraciones por verlo actuar.

Curiosamente, cuando los medios y la gente se preguntaba cuál de los tres tenores es mejor, generalmente Pavarotti ganaba.

Sin embargo, en círculos de entendidos operáticos, el que ganaba era Carreras, puesto que a pesar de que su carrera fue corta y su voz no duró mucho, fue el más intenso, el más perfecto en la interpretación de roles.

Pavarotti, por su parte, aportaba con su bella voz, pero aparte de un puñado de roles en los cuales su creación era perfecta, el resto de los que interpretaba, no eran acabados y sólo destacaba por su bellísima voz.

Carreras en cambio fue un actor innato, poseedor de la más bella voz al inicio de su carrera y por falta de inteligencia y prudencia, la estropeó abordando roles que no le correspondían.

El caso de Plácido Domingo es distinto. Nunca tuvo una bella voz al nivel de los otros dos. Sin embargo, es el más inteligente, el que abordó muy correctamente una infinidad de roles –y lo sigue haciendo ahora como barítono- con una entrega muy pareja.

No podríamos decir de Domingo que destacó especialmente en un rol, puesto que cantó de todo y todo lo hizo bien, salvo ahora como barítono que resulta lamentable, ya que su inteligencia no le alcanzó para retirarse en gloria y majestad y lo vemos tratando de aferrarse a los escenarios dando un mediocre espectáculo, lejos de lo que en su gloria logró.

En la época en que brillaban los tres tenores, existía un cuarto tenor que no andaba en giras ni hacía espectáculos mezclados de ópera y música popular, era Alfredo Kraus, español, poseedor de la voz y la escuela más perfecta hasta entonces. Su inteligencia era superior y sólo abordó roles que le permitieron cantar en perfectas condiciones su difícil repertorio de tenor lírico hasta el dia de su muerte en 1999.

Si juntamos a los tres tenores, probablemente recién hagamos el peso a Kraus, muy superior a los tres por su maravillosa escuela que le permitió cantar en perfectas condiciones durante 50 años, por su entrega sobre los escenarios y su musicalidad a toda prueba.

Sin embargo, si Ud. le preguntaba al público masivo por Alfredo Kraus, pues nadie lo conocía, así es el marketing.

Si todo lo anterior lo dejó un poco perdido, pues ahora viene lo mejor, si juntamos a los tres tenores y a Alfredo Kraus, recién le podremos hacer el peso a la maravilla que actualmente brilla en el mundo de la ópera, Jonas Kaufmann, un alemán flaco y desgarbado que cuando se sube al escenario se transforma en el mejor tenor de las últimas décadas. Su voz es obscura y tiene tintes de nuestra gloria nacional Ramón Vinay. Sin embargo, aún no se atreve a cantar Otello, lo que demuestra su inteligencia infinita, puesto que está dispuesto además a cuidar su voz y no estropearla como Carreras. Curiosamente aún se mantiene cantando roles hechos para tenores más livianos, lo que hace que su voz no se destroce y por otro lado le agrega a sus roles esa morbidez y virilidad poco usual que ocasiona un timbre oscuro en un rol de tenor más liviano.

Como actor es por lejos el mejor que hayamos visto en la historia de la ópera visual. Cada rol que aborda es una nueva creación que echa por tierra todo lo que antes habíamos visto, además de bajar del trono a nuestros ídolos en determinados papeles.

El colmo ocurrió con la ópera Werther de Massenet, cetro indicutido de Alfredo Kraus, quien por más de 30 años fue el rey y re-creador del rol. Sin embargo, Kaufmann, en una función lo destronó. Quienes pudieron ver su Werther, no pudieron dejar de soltar algunas lágrimas.

Afortunadamente Kaufmann anda por los 40 años y le queda cuerda para rato, su repertorio es bastante amplio y va desde roles líricos, Mozart, Verdi y llega hasta Wagner y lo más increíble es que todo lo ha hecho con una perfección inigualable.

Sin duda que estamos ante el gran tenor del presente y del futuro, un verdadero re-creador del rol, algo así como fue la Callas en su época. Ella re-creó cada nuevo rol que abordó. Kaufmann es lo mismo, es un fenómeno poco usual, un gran artista que trae aires nuevos a la ópera y del cual seguiremos oyendo por muchos años más y que para desgracia de muchos, ha derribado los mitos de aquellos grandes cantantes de los últimos 60 años que hasta ahora eran los dioses arriba del pedestal

 

Empiezo por el principio y en el mismo orden que el autor sigue.

Luciano Pavarotti


 
 
Uno de los más grandes tenores italianos que ha dado la historia de la ópera. Poseedor de una voz bellísima y de una potencia insultante para el resto de mortales.
El gran Luciano fue uno de los integrantes del fenómeno “Tres Tenores”, pero recordemos que antes de unirse con los otros dos tenores españoles, Pavarotti era conocido a diestro y siniestro por todo el mundo.
Una gran campaña de marketing avaló y acabó de realzar, a mediados y finales de los 80, de una forma incisiva, una voz que llevaba muchos años de carrera.
La edición del “Tutto Pavarotti” por cuenta de su casa discográfica, la DECCA, acrecentó las arcas de la compañía y el bolsillo del italiano.
De aspecto sencillo, cordial, y siempre con su carismático pañuelo blanco en la mano, que abandonaría a finales de los años 90, Pavarotti y sus agentes supieron aprovechar el filón de la publicidad, convirtiéndole en uno de los más grandes. Tal fue el eco de este disco en el mercado que había gente que creía que su verdadero nombre era “Tutto” y no Luciano.
Pero sería injusto atribuir todos sus méritos a una simple operación de publicidad, porque Pavarotti poseía una voz de timbre bellísimo, que se identificaba nada más emitir las primeras notas. Con él y con sus interpretaciones siempre estaba uno tranquilo, sabías que siempre llegaba y llegaba bien, sin sufrir. Una garganta realmente privilegiada.
¿Supo Pavarotti escoger bien sus personajes?
Aquí ya se entra en el terreno movedizo de los gustos. Sus “fans” más fervientes responderían al unísono que sí (respuesta común aplicable a todas aquellas gentes que sienten especial predilección por un determinado intérprete, claro está).
Es difícil delimitarlo, pero sí hay algo que siempre he pensado de las interpretaciones de Pavarotti, sin quitarle méritos porque no sería justo cuando nos estamos refiriendo a una voz como la suya, es que nunca, y fuera con el rol que fuera, jamás logró aproximarse a la psicología del personaje.
Pavarotti siempre era Pavarotti y siempre sonaba a Pavarotti. Su Rodolfo de “La bohème” siempre era Pavarotti o su Radamés, o su Turiddu, o su Nemorino o tantos otros. Nunca supe ver en ellos a Radamés conductor de las tropas egipcias, o al visceral Turiddu o al inocente tontrrón de Nemorino.
Y no me estoy refiriendo, obviamente a nivel escénico, puesto que por todos es conocida la limitación de movimiento del cantante de Módena, sino a nivel expresivo.
Es cierto que lo “cortés no quita o valiente”, pero en mí opinión, que busco en la ópera infinidad de matices expresivos acorde con la personalidad del personaje interpretado, y que además esta expresividad va variando en función de la edad de su intérprete, nunca lo obtuve con él.
Pero es de justicia que me quite el sombrero ante semejante artista.

 

José Carreras



 
El más joven del trío. Dotado también de una voz bellísima y un exquisito gusto en cualquier estilo que haya abordado. Y para comprobar esto no es necesario rescatar alguna grabación operística de sus primeros años de carrera, basta con el simple hecho de escuchar una sencilla canción napolitana para darse cuenta de ello.
¿Cuándo empezó realmente el barcelonés a ser conocido?
Pues desgraciadamente, y a pesar de llevar bastantes años sobre los escenarios, Carreras pasó a ser famoso de la noche a la mañana cuando le diagnosticaron una leucemia a mediados de los años 80.
La enfermedad no hizo sino que acelerar el ocaso de una carrera, poco inteligente, que hacía años que ya acariciaba el declive vocal.
Un declive que vino al afrontar un repertorio no adecuado para su vocalidad, “Andrea Chénier”, “Radamés” o “Don Carlo” fueron algunos de sus verdugos, pero si alguien fue el impulsor de la caída, casi en picado de Carreras fue, en mí humilde opinión, Herbert Von Karajan, con el cual abordó alguno de los anteriores roles (recordemos el “Don Carlo” de Salzburg).
Mal consejero para el bello material que el joven Carreras poseía. Y ello, junto con la leucemia, y el inexorable paso de los años, dejaron a Carreras en el más flojo, vocalmente, de los Tres Tenores.
¿Era más bella la voz de Carreras que la de Pavarotti? Debemos recurrir otra vez al gusto personal de cada oyente. De lo que no hay duda es que, al igual que la de Pavarotti, la de Carreras fue también una de las más bonitas voces que ha dado España.

 

Plácido Domingo




Tenor, director de orquesta, padre de Operalia -uno de los más prestigiosos concursos internacionales de ópera- asesor artístico de teatros, y ahora, también, flirtea con el repertorio de barítono. Un artista con un curriculum de auténtico vértigo que llega hasta los 140 personajes y con unos números que jamás van a ser superados en el mundo de la ópera. La lista se ampliará en breve cuando debute en el Covent Garden con “Nabucco” y en el MET de Nueva York con el Giorgio Germont de “La Traviata”, ambas de Verdi y ambas tendrán cita durante el curso del mes de marzo.
Muy amado. Pero también muy criticado por su manera de hacer, por tocar una infinidad de teclas, pero todas bien tocadas. Gustará más o gustará menos, pero de lo que no hay duda es que el madrileño forma parte, desde hace ya muchos años, de la leyenda de la ópera.
Plácido Domingo ha sido un verdadero fenómeno musical y su insaciable curiosidad y gran capacidad de trabajo, hacen que, con 71 años siga aún en los escenarios y reclamado por los grandes coliseos operísticos. Algo sin parangón en el mundo de la ópera.
Pero como todo genio ha tenido – y sigue teniendo- muchos detractores, nunca voy a comprender por qué, entramos de nuevo claro está, en los gustos, pero si hay algo por lo cual no puedo pasar ni admitir es que se diga que su voz no es bella. Estoy absolutamente en desacuerdo con esta afirmación. Y para tener una muestra de ello, escuchen cualquier bolero que hay cantado, no es necesario recurrir a ningún personaje operístico suyo, observen la dicción, el fraseo, la expresión, y dejénse cautivar por la belleza única de su timbre. Este es un punto indiscutible.
Plácido goza, aún a su edad, de un timbre precioso, rico en centros donde la voz adquiere un color chocolate inigualable. Artista sensible y expresivo hasta lo insospechable ha sabido ganar la batalla a los años, y si bien, con el tiempo, la voz ha perdido aquella flexibilidad de los años 70, 80 y 90, la expresión continúa estando allí. Ésta unida a una excelente dicción en cualquier idioma que hay cantado hacen de él un caso único, irrepetible e incopiable en la ópera.
Dicen los expertos en la materia que Domingo lo ha abordado todo, pasando por todos o casi todos los estilos: tango, canción ranchera, boleros, copla, opereta, pop, ópera barroca, clásica, romántica, verista y contemporánea, y todo lo ha hecho bien.
 
En mí sincera opinión, algunos roles o estilos más que otros, pero la inteligencia y la sensibilidad del cantante le ha llevado a afrontar papeles, en primera instancia inadecuados a su vocalidad, cuyos resultados han sido gratamente extraordinarios.
 
Así pues puedo pensar en su “Werther”, en su “Elisir d´amore” o en su “Romeo y Julieta” o tantas otras, y basta tan solo tener ganas de hacer el experimento para gozar de tres grandísimas interpretaciones del madrileño, porque él se lleva la ópera a su terreno, juega sus cartas, aplica sus recursos, y el resultado siempre es óptimo.
Yo me he emocionado muchas veces escuchando su Romeo o su Werther, quizás un tanto alejados del estilo propiamente romántico, pero el poderío y la belleza de su voz, y el dominio del personaje es tal que estas nimiedades acabas dejándolas de lado para poder disfrutar de ese gran don que tiene: una bellísima voz y una expresividad innata que no se adquiere a base de experiencia, sino que se nace con ella.
 
Si comparamos a Plácido Domingo con Pavarotti o José Carreras, en el escenario, Domingo les gana por goleada, porque de los tres es el mejor actor. Además siempre le ha acompañado una buena presencia escénica (aunque hay tenido sus más y sus menos con la báscula).
 
Siempre habrá gente que no encuentre bella su voz. Pues una verdadera lástima para ese colectivo que se priva de gozar de las maravillosas grabaciones que nos lega.

 

 
Alfredo Kraus

 
 
 
 
Injustamente el gran tenor por muchos olvidado. El canario fue siempre un artista inteligente, cuya longeva carrera avaló este adjetivo.
 
Triste y prematuramente fallecido víctima de un cáncer, Kraus escogió un camino diferente al de los Tres Tenores, amaba la ópera dentro del teatro y así la defendía, aunque en alguna ocasión también se le vio cantar en espacios abiertos y multitudinarios.
 
La publicidad no fue una de sus prioridades y por ello no era demasiado conocido por la gran masa que se acerca a la ópera, pero sin embargo era y continúa siendo una de las voces más queridas y añoradas.
 
De una técnica perfecta y sin mácula, mucho más que la de los Tres Tenores juntos, y dotado, como decía de gran inteligencia, el maestro canario paseó su voz por todos los escenarios más importantes y siempre con los mismos personajes. Si tuvo ofertas tentadoras para abordar roles inadecuados tuvo la suficiente frialdad y cabeza para rechazarlas en pro de su salud vocal, y el resultado fue el que todos sabemos.
 
Se le acusaba de ser un cantante frío interpretando. Frío para quienes no conocían o amaban o comprendían su manera de cantar, pero lo cierto es que fue un tenor de expresión infinitiva con el cual o conectabas de entrada o era muy difícil hacerlo a posteriori.
El timbre de su voz, quizás la parte más discutible de su vocalidad, pues no poseía gran belleza pero si que gozaba de una perfecta dicción -en todos los idiomas, sobretodo en francés- y una sensible expresión acallaban y suplían, sin lugar a dudas, este punto de inflexión.
 
Al igual que Domingo, fue un tenor muy querido fervientemente por sus más radicales admiradores, pero a la vez muy criticado, por esas ideas tan conservadoras acerca de la ópera, las cuales mantuvo y defendió hasta el día de su muerte.
 
Encuestas y popularidad
¿Que si a pie de calle se hubiera preguntado a la gente por el nombre de un tenor hubiera ganado Pavarotti? Pues probablemente daría la razón al Sr. Francisco Javier Bernales, no me cabe la menor duda.
 
Si la pregunta se hubiera hecho en Italia, pues tampoco me sorprendería. Pero lo realmente grave del asunto es que si esa misma cuestión se hubiera formulado en España y el ganador hubiera sido el italiano, me parecería preocupante.
 
¿Quién era el mejor de todos?
 
¿El que era más popular? ¿El que tenía una mejor campaña de marketing? Si era así, ¿dónde queda el artista, en qué plano queda la voz y el talento?. En los teatros, me imagino.
 
¿Realmente es adecuado el calificativo de “el mejor”? Siempre tenemos tendencia a etiquetar, pero de este escrito creo que puede desprenderse que el mejor no existe, va a gustos personales, todos tienen virtudes y todos defectos, por lo tanto lo mejor es gozar de toda esta variedad de voces que la naturaleza nos ha brindado.

 

Jonas Kaufmann

 
 
 
 
El tenor bávaro es, actualmente, el más emergente tenor en el mundo de la ópera, aunque de todas maneras, y a pesar de que el artículo no lo cite, me gustaría, porque es de justicia, nombrar también al tenor francés Roberto Alagna, que aventaja al alemán en unos cuantos años de edad y de carrera. Ambos pues, hoy en día, y con el permiso aún a estas alturas de Don Plácido, son los que cortan y reparten el pastel operísticamente hablando.
 
Intentar comparar a Kaufmann con 4 gigantes de la ópera me parece bastante osado, pero si que es cierto que tiene características comunes con todos ellos, que hacen de Kaufmann un artista interesante que despierta pasiones allí donde va y contribuye a dar continuidad a la cuerda de tenor, de tenores buenos, que en los tiempos que corren, la escasez de ellos es realmente abundante.
 
Kaufmann es un cantante inteligente, lo ha demostrado. Hace muchos años que canta, pero su nombre se ha conocido como aquel que dice de forma reciente. Es un artista que ha se ha formado en teatros alemanes y concretamente fue en Zürich donde el cantante fue adquiriendo experiencia y estrenando roles que a día de hoy pasea con absoluto descaro por los más grandes teatros.
 
Su voz, en la primera escucha, no es atractiva al oído, es más, choca escuchar un tenor con unas notas tan oscuras en el centro, pero sus brillantes e incisivos agudos descentran al oyente que se acerca a él por primera vez. ¿Es barítono? ¿Es tenor? ¿Qué es exactamente?
 
Kaufmann es un tenor de una voz con timbre oscuro, pero dotada de flexibilidad y de contención cuando el personaje lo requiere, por ello, se permite el lujo de apianar la voz casi hasta lo inaudible para regresar de nuevo a toda potencia. Sin duda el efecto es atronador.
 
Otra de sus bazas principales es la expresividad, en cualquiera de los idiomas que cante, especialmente, a mi gusto, mucho mejor en francés que en italiano, basta con ver su genial “Werther” grabado durante enero de 2010 para darse cuenta de ello y además es un buen actor, sensible al gesto y a la palabra.
 
Que nos encontramos ante un gran tenor, no me cabe la menor duda. Estamos ante el prototipo del tenor moderno que viste de “sport” y que ha enterrado el traje y la corbata. Los tiempos han cambiado, las modas han cambiado, los divos (palabra que no me gusta en absoluto) se han humanizado.
 
Sólo espero que tenga la suficiente inteligencia para digerir la fama para mantenerse en este mundo, que no es fácil. Y hasta ahora, inteligencia no le ha faltado.