sábado, 9 de julio de 2016

La bohème a la fresca


La de ayer en el Liceu era la segunda de las dos representaciones de “La bohème” de las que he podido escuchar este año, la primera de forma presencial en Antibes y la segunda, gracias a Dios, a través de la televisión.

Irrisorio que para gozar de estos espectáculos tengamos que esperar de un año a otro. Es en julio, cuando el calorcito del incipiente verano que acaba de instalarse en nuestras casas empuja a sacar la ópera a la calle para que todo el mundo, para duchos en la materia, para los que están entrando y para aquellos que jamás han visto una ópera puedan disfrutar o descubrir este arte inmenso y tan grandioso junto a aquellos que la amamos tan generosamente y por el cual hace años que nos dejamos seducir: por sus melodías, por las más bellas obras y por las voces de artistas de primera línea que nos visitan en nuestras respectivas ciudades y teatros.

Con “La bohème a la fresca” – bajo este ideal título- el Gran Teatre del Liceu saca cada año la ópera a la calle y en esta ocasión ha aumentado y de forma considerable el número de ciudades y municipios catalanes que se han sumado a tan acertada iniciativa. Hasta 121, incluyendo territorios de Catalunya y también en Menorca. Sin duda alguna, cualquier ocasión es buena para compartir durante dos horas una música como la que dejó escrita el maestro de Lucca. Y una ópera que, a pesar de las altas temperaturas de la noche barcelonense, abriga -si una ya puede inmiscuirse desde el minuto uno en la historia- un ambiente frío, nevado, con rachas de viento y olores típicos y propios de la noche previa al día de navidad. No dejas por ello, claro, de tener menos calor, pero ver nieve aunque sea de mentira en pleno mes de julio alivia o nos ayuda a aliviar un poco el bochorno que estamos sufriendo estos días.





Bohème en los años 30

La dirección de escena de JONATHAN MILLER nos traslada la historia al París de los años 30.

Soy defensora de las puestas en escena clásicas, siempre lo he sido, y me temo que siempre lo seré. No obstante, también me gusta reconocer cuando la modernidad se pone al servicio de lo clásico y, con un lavado de cara, no se desvirtúa la música ni distrae para nada al oyente, pues cuando ocurre lo contrario, apaga y vámonos.

Cuando se entra en el juego de que el director de escena quiere explicar… pues por ahí como que no. Las óperas hace más de 200 años que están escritas y explicadas. “Ya me sé el argumento Sr. Director de escena de turno, por favor, no se moleste a hacer interpretaciones y a pensar por mí. Gracias.”

Sin embargo ayer la puesta en escena que propone Miller me gustó, claro que una Bohème tiene que estar muy mal concebida para que las cosas no cuadren. Me gustaron los decorados, me gustó el vestuario, la escenificación, el juego de luces y el aprovechamiento de espacios que iban cambiando a medida que iba transcurriendo los diferentes actos. Un simple giro, y la historia seguía su propia narración. Con continuidad.

Cuando las cosas se hacen con estilo, y con sentido, me quito el sombrero. La historia de la vela que se enciende y se apaga se resuelve con un apagón de la luz eléctrica y la buhardilla bohemia queda en la penumbra de la noche iluminada por los rayos de la luna. El café Momus aunque pequeño recrea el espacio idóneo. Un poco más de nieve quizás para el tercer acto hubiera venido bien y justa y adecuada la amarillenta luz de la primavera que se cuela por los acristalados ventanales de la buhardilla.

Por tanto, esta Bohème liceísta tenía, a priori, todos los ingredientes necesarios para arrastrar a los aficionados al teatro y a los diferentes espacios en los que se proyectaba la ópera en pantalla gigante. Y también a aquellos que seguimos la función por la televisión.

Vestuario correcto y bonito, patrones elegantes de los años treinta así como también los peinados, y sobretodo, debe comentarse que todos, todos, cuadraban con los personajes: la juventud se adueñaba de los cuatro bohemios protagonistas. Sus movimientos eran flexibles, espontáneos. Actuaban. Daban el tipo, como coloquialmente se dice.



No del todo Puccini

Es mucho lo que se espera, a nivel musical, de una ópera como “La bohème”. Brillo, pasión, sentimiento, lirismo, y cómo no, temperamento, carácter, dulzura y dureza.

Poco de lo aquí definido, a mi parecer, encontramos en la dirección orquestal de MARC PIOLLET, aceptable aunque sin tan siguiera rozar la barrera que separa lo cotidiano de lo extraordinario, quedando un poco a segundo plano. Una lástima para una partitura que encierra mil y un detalles y posibilidades de expresión.





Me sorprendió el Rodolfo de SAIMIR PIRGU que junto al Marcelo de Gabriel Bermúdez y de la soprano ucraniana Olga Kulchynska destacaron en la función de ayer noche.

La voz del tenor albanés es agradable y firme, e intenta sutilezas y medias voces que funcionan cuando, las hace, distinguiendo al artista que tiene la voluntad de sortear y dejar de lado un canto demasiado plano para Rodolfo. Su voz llega a los agudos aunque me falta expresividad y una pizca de dramatismo que compensa con una actuación escénica creíble al lado de una Mimí con la cual jamás tuvo un ápice de química. Él lo intentaba, la miraba, actuaba pero la faz de la soprano italiana siempre estaba en dirección contraria.





ELEONORA BURRATO, o lo que es lo mismo, ayer noche Mimì, está dotada de una voz interesante, por timbre y por buenos centros, con agudos seguros y bien proyectados, pero... Pero no logró transmitirme nada a lo largo de toda la función, y esto en un papel como el interpretado cuesta de digerir y si a eso añadimos, como decía, la falta de química con Pirgu… Quizás en otra función, con otro tenor, en otras circunstancias, logre convencerme más porque el material es bueno. Lo espero firmemente.





Me gustó ya desde su primera intervención el barítono madrileño GABRIEL BERMÚDEZ,  una voz robusta, bien timbrada con la que dotó de apabullante dignidad un personaje para nada fácil que, aunque segundón de Rodolfo, tiene muchos grandes momentos de protagonismo en la ópera. Su interpretación artística me gustó y con Musetta había mucha más compenetración. Aquella que no supe saborear en la pareja protagonista.




OLGA KULCHYNSKA puso voz a la coqueta y pizpireta Musetta, un personaje por el cual no siento especial predilección a pesar de que canta una de las arias de ópera más bellas jamás escrita. Voz interesante y musical que no flirteó en ningún momento con el grito que muchas otras suelen visitar y desgraciadamente con mucha frecuencia cuando afrontan este role.

Amén de una figura extraordinaria, la soprano ucraniana logró hacerme disfrutar en su genial escena del segundo acto, pero sin embargo estuvo un tanto apagada en el tercero y cuarto.

Del resto de Bohemios, todos cumplieron con corrección y acordes a las indicaciones musicales y de escena.

Sin ser “La bohème” más maravillosa de mi vida, una “Bohème” es siempre una “Bohème” y Puccini es siempre Puccini. Hacerle ascos, sería un gran dislate. Hacérselos a la digna representación de ayer, también lo sería, cuando a nivel general se disfrutó de una mucho más que digna versión.


miércoles, 6 de julio de 2016

¡Qué lujo de temporada 2016-2017 en Sabadell!


Contrariamente. Contra todo pronóstico. Este año los sabadellenses estamos de enhorabuena pues hemos conocido a principios de julio los distintos repartos de las óperas que se representarán la próxima temporada 2016-2017 en nuestro Teatre de La Faràndula. Desvelado el suspense que para mí supone cada año tener que esperar hasta septiembre para saberlo, ahora, con esta estupenda perspectiva, se me hará largo tener que aguardar las fechas de estreno de cada una de ellas, pues en definitiva todas son interesantes por un motivo o por otro.

La temporada 2016-2017, se puede definir como equilibrada y bien escogida, a la par que inteligente. Mozart, Puccini – como no, nuestro querido Puccini que no nos falte nunca- y Bizet. Y en el mes de noviembre las “Goyescas” de Granados, en la que intervendrán el barítono CARLES DAZA, y junto a él, las voces de MARTA MATHÉU, ALBERT CASALS y LAURA VILA, bajo la dirección del maestro RUBÉN GIMENO.

Aunque atractivas todas ellas, continuo haciendo una vez más una reivindicación a la ASSOCIACIÓ D´AMICS DE L´ÒPERA DE SABADELL y que apunta, como siempre, hacia nuestro género propio que, desgraciadamente, otro curso más, vuelve a no tener cabida en Sabadell. Me estoy refiriendo, claro está, a la zarzuela.

La zarzuela gusta y llena el teatro. Entonces me pregunto yo, ¿por qué ese empeño en no programarla? ¿Por costes? Quizás sí, y su motivos – que desconozco- tengan desde la A.A.O.S pero siempre se puede recurrir a versiones en concierto, que también funcionan y además bien, o en su caso, a conciertos en los cuales se repasen las mejores páginas del repertorio zarzuelístico, innovando, que hay mucha y muy bonita música para que el público conozca y sin la necesidad de tener que recurrir a las mil y una veces ya interpretadas piezas. Solo falta el empeño, las ganas, la ilusión. Si se quiere, se puede.

Como ya vengo haciendo cada temporada, aquí queda mi petición. Un voto para nuestra zarzuela, por favor, que es querida a lo largo y ancho del planeta.





Y para empezar… un Mozart

Casi hecho con pícara alevosía, y en fechas más que idóneas y propicias, regresa al escenario vallesano -después de unos cuantos años de ausencia- el mito de “Don Juan Tenorio” que se estrenará a finales de octubre y se mantendrá en cartel por diversos teatros catalanes hasta mediados del mes de noviembre.

“Don Giovanni”, quizás la obra maestra del compositor salzburgués contará en esta ocasión para su papel protagonista con una de las mejores voces que han salido de la cantera sabadellense, el barítono CARLES DAZA que debuta este papel en nuestro teatro después de haberlo ya interpretado en una plaza como el Teatro Campoamor de Oviedo y con notable éxito.

Un papel exigente, largo y comprometido al que el barítono catalán imprimirá su sello y características propias, y quien desde hace ya mucho tiempo, la A.A.O.S confía roles que suponen, más que una consolidación del artista una confirmación de sus facultades vocales que han ido mejorando y ampliándose a lo largo de todos estos años. Sin duda, nadie debería perderse esta gran oportunidad que se nos está brindando la A.A.O.S para con este intérprete.

A su lado, TONI MARSOL pondrá vida a Leporello y Donna Anna será intepretada por NÚRIA VILÀ. En esta ocasión, a diferencia de la edición anterior, el papel de Don Ottavio se ha confiado al tenor DAVID ALEGRET, mientras que será EUGÈNIA MONTENEGRO  la encargada de afrontar a Donna Elvira, y la joven SARA BLANCH encarnará a la pizpireta Zerlina. El Masetto de JUAN CARLES ESTEVE y el Comendador de SINHO KIM completan el reparto. Todos ellos bajo la batuta del maestro DANIEL GIL DE TEJADA  con la puesta en escena de PAU MONTERDE.

Este inicio de temporada supone una gran ilusión y un preludio del lujo y brillo que tiene este año.





“Sei splendida e lucente…M'esalto! E n'ho il perché!

Y efectivamente espléndida, luciente y perfecta es la segunda de las grandes óperas que se verán esta temporada. Así reza en el libreto cuando Lescaut se refiere a su hermana en el segundo acto, cuando la ve envuelta de riqueza y lujo. Así lo parafraseo yo para introducir una de las mejores y más excelentes óperas que salieron de la pluma del compositor de Lucca. Pero además, es que aquí, en esta frase, se encierra quizás uno de los momentos más bellos que, para esta ópera, Puccini escribió para el barítono.

Su primer gran éxito, “Manon Lescaut”, es una ópera que nunca se ha representado en nuestra ciudad y a nivel personal, constituye para mí, el bombón de este año. Sus funciones se iniciarán durante el mes de febrero, y que, al igual que “Don Giovanni” también desfilarán por varios teatros de Catalunya.

En cuanto al reparto, pues de nuevo de lujo. Nos visitan otra vez la pareja formada por MARIBEL ORTEGA y ENRIQUE FERRER quienes el año pasado ya nos impresionaron con su Desdemona y Otello respectivamente, por tanto, el éxito está asegurado. La musicalidad de Maribel Ortega al servicio de la pasión y arrebato de Enrique Ferrer.

Pero… es que tiene más peros esta “Manon Lescaut” – y advierto de nuevo aunque sea muy redundante- nadie, absolutamente nadie, debe perderse. ¿Motivos? Pues muchos. Podría ahora hacer alardes de sus inspiradas melodías, de la pasión que se encierra en el entrallado del pentagrama, sus músicas que tan bien retratan y definen los ambientes, personajes excelsamente perfilados, verismo al servicio del goce de los más viscerales oyentes. Y continuaría con su descriptivo y brillante intermezzo, y un cuarto acto que te levanta de la silla y… No acabaría…

Pero como decía, hay otro elemento de esta “Manon Lescaut” que me motiva especialmente y es el lujazo de poder escuchar a CARLES DAZA – por tercera vez en esta temporada- en un papel que creo que a un cantante como él le va como anillo al dedo. No es un personaje, Lescaut, que sea largo o que cante mucho, se limita a ser un espectador de lujo de los acontecimientos aunque también tiene su corazoncito, pero la verdad es que este gran momento suyo – que servía como separador para introducir esta “Manon Lescaut” – es el instante en que se puede lucir y mucho. Y Carles aquí auguro que lo va a hacer así. No me cabe la menor duda.

El “Sei splendida e lucente” viene precedido de un momento en que la música describe a la perfección el mundo volátil y frívolo de palacios fríos y dorados para dar paso a esta aria del barítono que se encadena con la no menos bellísima “In quelle trine morbide” de la soprano y que muere en un apasionado dueto lírico que nos retorna la frialdad del resplandeciente oro del cual es víctima Manon, por ambición desenfrenada.

Siempre he dicho que me encantaría escucharle este fragmento porque es una voz bonita y fresca, que además frasea bien dando siempre la intención adecuada. Ahora por fin podré escuchársela, pero para ello, tendré que esperar hasta el mes de febrero. Carles Daza, un artista que he visto nacer profesionalmente en Sabadell y al quien vengo siguiendo su carrera desde aquél entonces. Me convenció en su día con su Silvio, cuando corría el año 2005. Ahora, 11 años después, con la voz más madura, no tengo la menor duda de que lo mismo hará con este personaje.

Junto al triunvirato ORTEGA-FERRER-DAZA, a su lado, el Edmondo será interpretado por el tenor CARLES CREMADES, mientras que el recaudador Geronte di Ravoir se ha encomendado a JUAN CARLES ESTEVE y el maestro de baile a otro gran conocidísimo de la casa, CARLES ORTIZ.

Con ellos, batuta en mano del maestro DANIEL GIL DE TEJADA, mientras que la producción y dirección de escena está al cargo del tándem JORDI GALOBART – CARLES ORTIZ.

Auguro éxito para esta “Manon Lescaut”… contando los días ya para que llegue el mes de febrero.





Y la más popular

Este honor se le concede esta temporada a la archiconocida y muy representada “Carmen” de Bizet, en la que de nuevo repiten JORDI GALOBART - CARLES ORTIZ en la escenografía, aunque será el maestro SANTIAGO SERRATE quien esté al frente de la ORQUESTRA SIMFÒNICA DEL VALLÈS.

Y entre las repeticiones anda el juego esta temporada, porque ENRIQUE FERRER colgará en el perchero las vestiduras de Des Grieux para enfundarse el uniforme de los Dragones de Alcalá y poner vida y voz a Don José, personaje que, lo mismo que sucede con su Des Grieux, tengo muchas ganas de escucharle. Y ya puestos a pedir… el año pasado fue “Otello”, este “Des Grieux” y “Don José”… Y para el que viene… ¿Por qué no cerrar el círculo con Cavaradossi, otro de los personajes por el que tengo especial estima? Al igual que hacía con la zarzuela al principio de este artículo, aquí dejo por escrito el deseo. Lo más difícil, que se cumpla.

Interesante, y mucho, será también la incursión de LAURA VILA con la Carmen. La mezzosoprano regresa al teatro de la Faràndula de Sabadell con un gran personaje al que puede dotar de múltiples matices y expresividad. La voz es musical y el fraseo excelente. Tengo ganas de saber cómo enfoca y afronta este gran, gran papel.

Al lado de ambos, la musicalidad de la soprano MAITE ALBEROLA que será nuestra Micaela en esta ocasión y de nuevo TONI MARSOL en el corto, pero comprometido papel-bombón que es ni más ni menos el role de Escamillo.

Completan el reparto CARLOS PACHÓN, BEATRIZ JIMÉNEZ, ASSUMPTA CUMI, JORDI CASANOVA, JOAN CARLES ESTEVE y JOAN GARCIA GOMÀ.

Estas funciones darán comienzo en el mes de mayo, y al igual que las dos anteriores, también se podrán disfrutar en otras ciudades de la geografía catalana.



En resumen una temporada completa y con gustos para todos, para aquellos que adoran las melodías de Mozart y para los que amamos el verismo. Obras populares con repartos de auténtico lujo que harán de esta estación un año memorable para la A.A.O.S y para Sabadell.

 

sábado, 2 de julio de 2016

Cuando la juventud se amalgama con la maestría: Plácido Domingo conquista el Bernabeu




El pasado miércoles el estadio del Real Madrid se vistió nuevamente de gala y en esta ocasión no para celebrar la gloria y la conquista de la undécima copa de Europa con los jugadores como había sucedido un mes antes. No. El miércoles no iba de copas ni de trofeos. Todo el meollo se centró en el arte, la cultura, la música y en los sentimientos. Pero también floraron por el ambiente el agradecimiento y el respeto, unidos indisolublemente con la admiración.

Hace tres noches pues que el Santiago Bernabéu sacó una vez más sus mejores galas para homenajear al más grande, a la voz que, al igual que un viejo lobo de mar, sigue surcando aún mares y arrastrando poderosamente a los aficionados a la ópera con el poderío de su carisma y su arte. Ni la peor de las tempestades ha logrado hundir el barco.

Un gran despliegue logístico, chispa e ilusión, mucha ilusión y buenas causas hicieron del evento un éxito rotundo de asistencia en un lugar en el que días antes, la verde hierba madridista, testigo mudo y sufrido de las más grandes victorias de su equipo, había cedido su lugar para transformar el recinto en el escenario de un macroconcierto muy especial.



Plácido en el Alma

Enmarcado en un acto que tenía como telón de fondo la Fundación Alma del Real Madrid. Con ella, el club blanco rendía tributo a los recién cumplidos tres veces veinticinco – como él mismo reza con simpatía- de PLÁCIDO DOMINGO, tenor universal, madridista de pro, socio de honor del club e intérprete del Himno del Centenario. La cita ineludible. Un concierto denominado, sabiamente, “Plácido en el Alma”.

Jamás un título había tenido un gancho y un significado tan especial, tan bonito y tan sentimental. “Plácido en el Alma” aunque la grafía mayúscula maquille, descaradamente y en el mejor sentido de la palabra, el significado que para muchos de nosotros supone la figura de una voz como la suya.

Plácido Domingo cantó de riguroso negro en el templo blanco del equipo de sus sueños y acompañado, arropado y admirado por múltiples artistas de diversas disciplinas que no quisieron perderse el agasajo a un artista que es querido a ambos lados del mundo, irrepetible e único.

Con un BERTÍN OSBORNE en su papel de maestro de ceremonias, y después de que la Orquesta Sinfónica de Madrid interpretara la inevitable obertura de “La forza del destino” Plácido Domingo abrió la velada con un “Nemico della patria” de la “Andrea Chénier” de Giordano, una pieza especialmente conmovedora, por la que siento un real aprecio y que hizo poner al estadio de pie nada más empezar.

La voz de Domingo, sorprendentemente en un estado óptimo llenó hasta el último rincón del templo madridista para así dar paso al también tenor ANDREA BOCELLI que interpretó la difícil “Pour mon ame” de “La Fille du regiment” para después, cantar junto al maestro Domingo el primero de los variopintos dúos que el tenor español interpretó a lo largo de una dilatada noche. En esta ocasión fue el tenor madrileño, cantando pero de barítono, quien secundó al italiano con “Au fond du temple saint” de “Los pescadores de Perlas” de Bizet.



Se intercalaron de por medio cantantes como DIEGO TORRES con su famoso “Color esperanza” mientras que el talento y sentimiento de SARA BARAS se fundió a la perfección con la voz de Plácido Domingo firmando uno de los momentos más emotivos.

En la tarde noche madrileña iba ya asomando el crepúsculo que, inexorable, caía desplomado desde el cielo, haciendo subir la temperatura del momento.

Después de un “No puede ser” para el que solo puedo decir que me tocó el alma, ahora sí, escrito en minúscula, ambos, como si todo a su alrededor se hubiera desvanecido sellaron uno de los instantes mágicos de la velada. El desgarro de la copla “Ojos verdes” en la garganta de Domingo, que interpretó de forma sentida, susurrada y lanzando cada palabra al aire con arte y maestría, fueron bazas suficientes para que Sara Baras se dejara seducir – lógico ante esta gran voz- y ofrecernos lo mejor de sí.


Otros momentos significativos
Y aunque creía lo contrario cuando leí en su momento la larga lista de artistas que acompañarían al Maestro, debo decir que Plácido cantó y mucho a lo largo de la noche. Y es de agradecer.

Con IL VOLO, grupo que según Domingo descubrieron sus nietos pequeños, entonaron la bellísima “Non ti scordar di me”. Cuatro voces excepcionales encima de las tablas. La incipiente juventud arropada por la sabia experiencia.

Todos ellos, todos los presenten admirando la versatilidad y la capacidad camaleónica de Plácido Domingo. Del más grande.

El tango “Volver” al unísono con JUANES dejó también un especial regusto y un saludo a los muchos y numerosos argentinos que también comparten con los españoles, nuestra voz más universal.

Y con todo ello, la noche iba avanzando, ligera, y con más sorpresas. Una sin par “Granadinas” de la zarzuela “Los Emigrantes” entonó Domingo antes de acompañar al piano a BERTÍN OSBORNE en una irreconocible versión de “My way”. Un pianista de lujo que incluso cantó un par de frases de esta inmortal canción, popular y bella donde las haya, que en la voz de “La voz” sonó siempre mucho mejor.

Para Domingo, la actuación siguiente tuvo, como no, especial condescendencia. Una vez su hijo PLÁCIDO DOMINGO JR.  interpretara la preciosa “Sabor a mí” cuyo fraseo tiene bastante de Plácido padre, ambos, se unieron para cantar otro de los exitazos de principios de los 80, el “Perhaps love” del tristemente fallecido John Denver.

El “Seré” de PABLO ALBORÁN en la voz de Domingo sonó extraordinariamente bien y los dos intérpretes, marcaron uno de los momentos más esperados por el público que llenaba el estadio. De nuevo la juventud unida con la maestría.

Podría hablar y hablar de ello, pues la noche fue larga y el arte allí encima inmenso, pero, como todas las cosas, siempre hay una pieza con la cual, de entre todas, es para una la más especial. Y en un acontecimiento como este no podía ser de otra manera.





Adoro

Sí. Su voz, su carisma, su arte, su talento y la capacidad que tiene Domingo de seguir emocionándome como el primer día. Y con 75 años…

Es difícil decantarse por uno o por otro momento, por lo tanto, me permito la licencia de quedarme con tres: en primer lugar su “Nemico della patria” seguida de su “No puede ser”, piezas que ya le había escuchado.

Pero el premio, la medalla de oro va en esta ocasión para el dueto que Plácido Domingo hizo con el almeriense DAVID BISBAL. Ese “Adoro” de Armando Manzanero tuvo el poder y la magia que solo dos voces como las suyas pueden transmitir en sus respectivas disciplinas. La melodía es bella. Lo que explica, pura felicidad. La emoción del momento, la sorpresa que me tenían reservada y todos mis sentimientos a flor de piel, provocaron en mí lágrimas, unas de las tantas que ya había derramado a lo largo de la noche.

¿Adoro? Sí. Lo adoramos y no es por menos.


E in un sol bacio, abbraccio tutte le genti amar

Todos querían lo mismo. Un abrazo, una foto, un recuerdo, unas palabras, una mirada, un apretón de manos y un beso del Maestro.

Y generosamente el Maestro Domingo tuvo para ellos todo esto y más. Sólo una fuerza de la naturaleza es capaz de ello. Los únicos hombros que pueden soportar el peso de la fama de una forma completamente ligera. Este es Plácido Domingo. Un extraordinario artista.


domingo, 19 de junio de 2016

Los cuarenta años de la Fundación Envera reúnen solidaridad, arte y compromiso




En la gala celebrada el pasado 1 de mayo en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, poco importaba si se cantaba muy bien o menos bien, si se lucía un bonito vestido o se llevaba un peinado mejor o peor acorde a la última moda o rozando reminiscencias de tiempos ya pasados. No, esto era lo de menos, ya que en este acto se dio una estupenda confluencia de voces y artistas que aunaron arte, solidaridad y compromiso, en una tarde noche de reconocimiento al trabajo hecho, al que se hace y, al que queda por hacer – que es mucho- y que va indisolublemente de la mano de personas concienciadas con ello.


Pero además era también una velada de celebración: en primer lugar los 70 años de Iberia operando en vuelos desde España hasta América Latina, uniendo gentes, cultura, lengua, costumbres y maneras, enriqueciendo ambos países con lo mejor de cada uno de ellos.

Sin lugar a dudas, pero, el peso del acto se centró en el festejo de la creación, hace ahora 40 años, de la Fundación Envera, una asociación destinada a dar asistencia, formación y empleo a mujeres y hombres con discapacidad. Una idea nacida de entre los trabajadores de Iberia, padres y madres de hijos discapacitados con la finalidad de que éstos tuvieran la posibilidad de derribar las altas montañas de los prejuicios sociales para así poder alcanzar un futuro mejor para ellos.



El arte al servicio del compromiso social

Antes de entrar a dar un repaso al repertorio del concierto es justo pasar lista y nombrar a todos aquellos artistas que ayudaron a hacer posible que esta gala tuviera lugar. Por orden de aparición: el tenor Enrique Ferrer, la soprano Auxiliadora Toledano, la también soprano María Ruiz, el tenor Israel Lozano y la soprano Ruth Iniesta, y finalmente la soprano Belén López-León.

Y especialmente hacer eco de la colaboración y predisposición de aun artista del calibre y magnitud como es Plácido Domingo, siempre dispuesto y comprometido con las causas solidarias, así como la presencia de Antonio Vázquez, Presidente de International Airlines Group (IAG), grupo propietario de las aerolíneas British Airways, Iberia, Aer Lingus y Vueling.




Por todo ello, me gustaría destacar, y de forma especial, un momento de este acto, que fue realmente emocionante y que no es otro que los niños de Envera dando toda muestra de respeto y cariño al Maestro Plácido Domingo, primero con una ofrenda floral de claveles blancos – la flor preferida del Maestro- y luego con un sentido “cumpleaños feliz” entonado por ellos mismos y capitaneado por el también tenor Antonio Vázquez.

Aquellos niños al lado del más grande. Aquel hombre, aquel artista que siempre tiene una sonrisa y un gesto de cariño para todos. Y todos ellos rozando con sus manos y con sus besos al más magno intérprete de la ópera, disfrutando y compartiendo con él un rato de felicidad, de música y de devoción, cual si fuera un Dios, que con solo tocarlo se alivian penas, se da energía, lágrimas de alegría y bienestar. Todos querían alcanzar el frac del maestro, sus manos, y llevarse un abrazo al que Domingo respondió de forma extraordinaria.






El concierto

Empezaba diciendo que poco importaba quién cantaba o cómo se iba vestido porque de por si la entidad de la celebración dejaba en segundo lugar el repertorio ofrecido. Por ello, no voy a hacer un examen minucioso de todo lo interpretado, pero sí que me gustaría hacer un poco de hincapié quizás en los mejores momentos – para mí- del espectáculo.

Después de que maestro ÓLIVER DÍAZ interpretara una burbujeante obertura de la ópera “Carmen”, el tenor ENRIQUE FERRER empezó con el “Ch´ella mi creda” de “La fanciulla del west” para dar paso a la intervención de AUXILIADORA TOLEDANO con un fragmento de la opereta “El murciélago” que responde al nombre de “Mein Herr Marquis”.

Seguidamente una curiosa versión del bello dueto “Au fond du temple saint” de “Los pescadores de perlas de Bizet” interpretado por PLÁCIDO DOMINGO en el papel de Zurga, como barítono, y con el Nadir del tenor ANTONIO VÁZQUEZ. Y de Bizet a Giordanno con “La mamma morta” en la voz de la soprano MARÍA RUIZ.

Y sin dejar de lado a los compositores italianos, Puccini como un hilo conductor, regresaba de nuevo al escenario para que el tenor ISRAEL LOZANO y la soprano RUTH INIESTA interpretaran el dúo del final del primer acto de “La bohème”, el “O soave fanciulla”. Primera parada, aquí sí que me detengo para destacar la bonita voz de Israel Lozano, que me gustó mucho en esta intervención así como también la interpretación de Ruth Iniesta. Ambos bien coordinados y centrados en su papel.

Y no abandonamos a Puccini, porque del París bohemio viajamos al Pequín imperial con la “Turandot”. De esta ópera fue la soprano BELÉN LÓPEZ-LEÓN la que nos deleitó con una magnífica y serena interpretación del “Tu che di gel sei cinta”. Vuelvo a apearme aquí para destacar el arte de esta soprano, su sencillez y su estilo amén de una voz bonita y cuidada donde la musicalidad y gusto es baza principal en esta versión.

Siguió de nuevo ISRAEL LOZANO con el “M´apparì, tutto amor” de la “Martha” de Flotow mientras de Pequín, la soprano RUTH INIESTA, regresaba con jet-lag al París bohemio para ofrecernos una correcta versión del vals de Mussetta, “Quando m´en vo”.

La primera parte del concierto se cerró con el dueto del “Don Carlo” verdiano, “Dio, che nell´alma infondere” interpretado de nuevo por PLÁCIDO DOMINGO como Marqués de Posa y por ANTONIO VÁZQUEZ en el papel de Don Carlo.



Segunda parte

La obertura de “Agua, azucarillos y aguardiente” del maestro Chueca abría el turno de la zarzuela, género por el cual siento especial predilección, y después de la intervención de MARÍA RUIZ cantando “Tres horas antes del día” de “La marchenera” de Moreno Torroba, se produjo el momento más emocionante, musicalmente hablando, que nos brindó el maestro PLÁCIDO DOMINGO con una casi hablada y recitada versión de la bella romanza “Amor, vida de mi vida”, también del maestro Torroba que pertenece a la zarzuela “Maravilla”. Que una voz, con 75 años emocione como me hizo emocionar es realmente para quitarse el sombrero. Gracias Maestro.




La cosa había empezado más que bien. Conclusa “Maravilla” aparecieron en el escenario el tenor ENRIQUE FERRER y la soprano BELÉN LÓPEZ-LEÓN para ofrecernos una fresca, salada y con gracia y divertida versión del fantástico dueto de “El dúo de la Africana” del maestro Fernández Caballero. Fue, junto a “Maravilla” uno de los grandes momentos, donde salió a relucir de nuevo la gracia y la bonita voz y estilo de Belén López-León, pero también la adecuada y suelta a la vez que centrada y bien colocada voz del madrileño Enrique Ferrer.

Inevitable la “Canción del Ruiseñor” de “Doña Francisquita” de Amadeu Vives en la voz de la soprano AUXILIADORA TOLEDANO que fue amenizada por la intervención de cuantos tenores se hallaban en bambalinas, a la que dio paso de nuevo a ENRIQUE FERRER con la interpretación de una bellísima romanza como es el “Paxarín, tu que vuelas”, preciosa donde las haya, de la zarzuela “La Pícara molinera” de Pablo de Luna.

Y de nuevo en el escenario la voz de BELÉN LÓPEZ-LEÓN con una delicada versión de la romanza “Qué te importa que no venga” de “Los claveles” de Serrano que dio la alternativa al “Torero quiero ser” de “El Gato montés” de Penella con las voces de MARÍA RUIZ y ATONIO VÁZQUEZ, y sin movernos de Sevilla, RUTH INIESTA nos brindó su versión de la romanza “Me llaman la primorosa” de “El barbero de Sevilla” de Gerónimo Giménez.

“De este apacible rincón de Madrid” de la “Luisa Fernanda” de Moreno Torroba fue la pieza que interpretó el tenor ISRAEL LOZANO para dar paso a la última pieza del concierto, el bello dueto de “La viuda alegre” de Lèhar, “Lippen Schweigen” cantada en alemán por PLÁCIDO DOMINGO y AUXILIADORA TOLEDANO con vals bailado inclusive.

La velada finalizó con Domingo a la batuta mientras todos interpretaban el brindis de “La traviata” – todo un clásico para los fines de fiesta- seguido de una “Granada” de Lara a 8 voces.



Sin duda una amena y deliciosa velada al servicio de la solidaridad y del compromiso en la que sin artistas como los invitados no habría sido posible tan magno y especial acto.

Larga vida a la Fundación Envera.


domingo, 12 de junio de 2016

El primer Des Grieux de Robertissimo




Cuando Puccini puso el punto final en el pentagrama y transcribió la última nota de “Manon Lescaut” era consciente, y así lo ha asentado el paso inexorable del tiempo,  de que acababa de terminar una obra maestra. Extraordinaria y de una belleza y lirismo sin precedente. La primera de muchas que se irían sucediendo a lo largo de su carrera.

Definir en palabras su “Manon Lescaut” es difícil porque la obra está repleta de todo lo imaginable y por imaginar. Pero si tengo que calificar “Manon Lescaut” en una palabra, sin embargo y contrariamente a lo anterior dicho, me es muy fácil: esta palabra es “perfecta”. Así de sencillo. Así de claro.

No sobra ni una nota, ni un fragmento, ni una coma. Todo está mesurado con noble inteligencia y talento. Tanto que, aunque no existiera su fascinadora parte vocal, extraordinaria tanto para la voz de la soprano como para la del tenor, la ópera sería igualmente válida y genial.

Puccini, predecesor de las bandas sonoras de las películas, absorbiendo al extremo la idea del leitmotive wagneriano, hace de su tercera ópera, su primer gran éxito.

El maestro de Luca es único creando sentimientos y recreando ambientes con su adorable música.

En ella y por orden de cómo nos la presenta, se adivina la frescura y el perfume de la juventud desenfadada, el cortejo fácil entre los jóvenes de la época, el estallido primero del amor en un cuerpo que aún no lo ha experimentado, la pasión, el temor, las formas sociales contenidas, la decepción, las risas alegres, pero también las burlas, la frivolidad de un ambiente dorado y frío, el deseo, la añoranza, la elegancia, de nuevo la pasión, las confesiones, la rendición de los amantes, el descubrimiento de la mentira, la ambición, el egoísmo, la tensión, la reflexión, el amor que se encuentra en las caricias y en los besos sinceros.

Puccini además nos muestra el amor consumándose lentamente, el amor consumado y vuelto a consumar una vez más, el clímax del más absoluto placer carnal símil de un espectáculo de fuegos artificiales culminado con un estallido de cohetes multicolor que se desmayan en el cielo, el oleaje de las olas del mar que chocan contra la piedra del muelle, el desespero, la súplica, el desfile de la vergüenza, el jugarse la vida a una única carta por amor, el triunfo, la unión, la soledad, las rachas de viento del desierto que azotan los cuerpos moribundos, el abrasador beso de la sed encima de los labios, el no saber qué hacer, la vida como golpea a la gente, la confesión final, el amor llevado al extremo de la necesidad, el hielo glacial de la sombra de la muerte, los besos, y finalmente, el ocaso y la extenuación humana que sella la vida corta vida de su protagonista.

Es como para quedarse sin aliento ante tanta perfección.

Sólo Puccini, mi querido Puccini, es capaz de condensar todo esto en dos horas, y de hacerlo magistralmente.



Devoción

Sí. Lo confieso. Siento una especial devoción por esta ópera, una obra que siempre que la escucho, y por mucho que lo haya hecho ya a lo largo de toda una vida, jamás me cansa y siempre descubro en la orquesta, en las voces, en cada palabra, en cada acento cosas nuevas, porque Puccini nunca deja de sorprenderme.

Devoción por Puccini, como decía por un lado, pero la verdad es que esta “Manon Lescaut” del MET neoyorquino también suscitaba para mí un especialísimo interés: Jonas Kaufmann se había caído del cartel tras otra de sus muchas cancelaciones, y asumía el role de Des Grieux otro de mis favoritos, el tenor francés Roberto Alagna. Si hubiera estado el mes de febrero en Nueva York hubiera agradecido y aplaudido el cambio. Desde el momento en que supe – porque así lo había leído en algún medio de comunicación- que Alagna tenía que hacer este personaje en el Liceu fue suficiente como para estimular – que dicho sea, ya lo estaba- mi curiosidad para escucharle en este nuevo cometido que, tal como decía en la entrevista que le realizó Deborah Voigt, había aprendido en tan solo dos semanas.

Bravissimo Alagna, y gracias por hacerlo posible.







Otra “Manon Lescaut” moderna

Parece ser que a los directores de escena están faltos de ideas y ROBERT EYRE es uno más de ellos.

No entiendo este afán por trasladar la obra al año 1941, modificar el vestuario y poner una y más dificultades a los cantantes obligándoles a cantar tirados en el suelo subiendo y bajando escaleras y sobreactuando demasiado.

De todos modos, aunque como he dicho en muchas ocasiones no soy partidaria ni defensora de este tipo de montajes. Para mí Manon tiene que ir con su peluca y vestido abultado, aunque en esta ocasión tiene al menos la decencia de que la puesta en escena no molesta con detalles de excesiva connotación sexual gratuita – como se ha apreciado en otras producciones- lo que permite no desorientar al espectador ni distraerlo innecesariamente y deja que se concentre en la música.

Quizás el cuarto acto, tan exigente y extenuante a nivel vocal es donde los intérpretes sufren más, sin apenas poder moverse y recostados en unos escalones – que están presentes en toda la producción – y en esta ocasión colocados en forma de “V” que dificultan su propia comodidad y movimiento.

El vestuario es bonito y acorde, más o menos, con la época a la que se traspone la acción y permite lucir y dejar ver la extraordinaria y esbelta figura de la soprano letona Kristine Opolais y de un Roberto Alagna, maduro, cuyo ropaje le sienta como anillo al dedo y que aún aguanta y bien los primeros planos que la cámara le brinda.



La orquesta del MET bajo la batuta de FABIO LUISI es adecuada y de calidad. Quizás para un director de su talla se esperaba algo más, más pasión, más nervio, más pulso que es lo que requiere esta maravillosa obra de Puccini. Imprimió un buen “Intermezzo” que hubiera preferido escuchar a telón tirado en lugar de que me mostraran a Alagna, y no porque me moleste ver a Alagna no, al contrario, que es un placer para mí, sino porque ese intermedio es tan absolutamente genial y descriptivo que no hace falta ver nada para ver, valga la redundancia- lo que Puccini nos está explicando.



“Física” adecuada y suficiente aunque con poca química

Desgraciadamente la cosa fue así. Y no se entiende. Dos cantantes relativamente jóvenes y los dos con figuras extraordinarias, que se mueven bien, que cantan bien, y que actúan bien.

Dos personajes, Manon y Des Grieux a quien se supone enamorados. Y sin embargo la chispa de los amantes brilla por su exagerada ausencia, y es una lástima, puesto que ambos en sus respectivos papeles son creíbles.




KRISTINE OPOLAIS que parece que esté abonada al role de Manon es una creíble Manon. Es guapa, tiene una figura extraordinaria que llena el escenario de belleza y de sensualidad, pero sin embargo su interpretación vocal tiene sus peros.

Tiene una voz interesante, pero no sabe que son los pianos ni los ha frecuentado en su vida. Tampoco conoce el canto apasionado, ni el lirismo. Llega a las notas aunque en la zona alta se descentra musicalmente un poco rozando el grito. No me convence.

Quizás su semblante ya da la sensación de entrada de frialdad y ésta no consigue superarla en ningún momento a lo largo de la obra, ni en su dos arias “In quelle trine morbide” ni en su “Sola, perduta, abandonatta” en el segundo y cuarto actos, respectivamente. Pero tampoco lo solventa en el apasionado dúo de amor con Alagna en el segundo acto. Esto, añadido a la poca química artística entre ambos, hace de su Manon una interpretación mucho más mejorable, sobre todo a nivel vocal, que encarrila por este camino en el cuarto acto. Tarde ya. Una lástima.

Con un buen tipo no es suficiente para Manon Lescaut.




Con ROBERTO ALAGNA sin embargo, y a pesar de que pasa más de uno y dos apuros a lo largo de la obra, la cosa cobra otro sentido.

Interpreta, intenta que la poca química que hay entre ellos funcione. Lo intenta en el primero, y en el segundo. Insiste también en el tercero y en el cuarto, pero… Pero cuando por una de las partes no hay predisposición poco puede hacer el tenor para que aquello funcione químicamente hablando. “Físicamente” la cosa va viento en popa.

Alagna afronta el Des Grieux con 52 años, una edad quizás algo tardía pero en plena madurez y en la que el instrumento del tenor francés, si bien sigue siendo uno de los más bellos de la actualidad, ha perdido un poco su brillo y frescura de antaño. Ello no le impide sin embargo sortear una partitura que a priori viene grande a su voz de tenor lírico. Pero su fraseo, su dicción, su pasión, su gusto innato en el canto y esas ganas que siempre pone cuando sale al escenario – y teniendo en cuenta la premura del estudio de la obra- le hacen merecedor de una gran lluvia de aplausos y una “standing ovation” por una gran parte de la platea neoyorquina.

Roberto Alagna luce y pasea aún su gran voz por el escenario y pone toda la carne en el asador. Se la juega a cada nota y a cada compás. Más justo quizás, a mi modo de ver, en el primer y segundo actos. En cambio extraordinario en el tercero y sobretodo en el cuarto. Precisamente en este último es donde le he encontrado más relajado después de un tercero comprometedor y de un “Guardate, pazzo son guardate” bien ejecutado pero al extremo.

Alagna es un extraordinario cantante y un actor muy creíble en el escenario. Y su Des Grieux, cuando haya podido madurarlo y estudiarlo con el debido tiempo, nos deleitará más aún.

Bravo Robertissimo.




No acabó de convencerme en el papel de Lescaut MASSIMO CAVALETTI una voz para nada atractiva y siempre al extremo, en cambio el Geronte de BRINDLEY SHERRAT es irreprochable a nivel vocal.



Si no fuera por…

En conclusión una función que no pasará a la historia por ser una de las mejores Manon Lescaut que haya podido escuchar en mi vida, pero es de un alto grado aceptable, donde la presencia y la voz de Roberto Alagna me invitan, tentadoramente, a repetirla de nuevo.


domingo, 5 de junio de 2016

Una Traviata para olvidar sino fuera por papá...




La Traviata es una ópera que ha sido muy especial en mí vida.


Siempre me es grato volver a la música burbujeante y chispeante, lírica y sentimental, alegre y anunciadora de la muerte, desbordante de pasión y de razón, pero también triste y melancólica que salió de la mente de Verdi e imprimió encima del pentagrama.

Cuando una piensa en esta ópera no puede dejar de asociarla a los grandes salones repletos de elegancia, a un cuidadoso y esmerado vestuario, y a una escenografía que arrope en consonancia la trama que se narra en esta historia. La historia de una prostituta de lujo que por amor se sacrifica. Y que se sacrifica porque ama. Y porque además, es amada. Vaya, una prostituta con suerte aparente.

Sí. Se puede concebir una Traviata fuera de su época, pero tiene que hacerse con mucho cuidado, pues el entorno y las restrictivas condiciones sociales que la envuelven, exhortan a tener en cuenta el máximo de detalles, y si se patina un poco, se corre el peligro de que el director de escena y la obra entera se dé de bruces contra el suelo.

Y esto es lo que sucede con la escenografía que propone JEAN-FRANÇOIS SIVADIER para la ópera de Viena y que fue retransmitida en “streaming” el pasado día 24 de mayo.

Cuatro elementos decorativos que se basaban en sillas, telas que subían y bajaban, una cama improvisada en el suelo, y nada más. Una escena pobre de espíritu, vacía, oscura y nada sugerente que no ayudaban para nada a ambientar la obra. No molestaba mucho, y se agradece, pero tampoco inspiraba nada de nada. Bueno, algo sí que inspiraba, o me ha inspirado: hastío.

Ni en el primero, ni en el segundo (en ninguna de sus dos escenas) ni en el tercero. Nada. Nada invitaba a hacer agradable una de las óperas más reconocidas, más escuchadas y más representadas en todo el mundo. Eso “no es una Traviata”, es una auténtica estafa que, al cabo de media hora acaba distrayendo impidiendo que el público pueda concentrarse en lo realmente importante: la música de Verdi y en las voces de los intérpretes.



¿Y qué decíamos que era lo importante?

Ah, sí, pues claro. La música, ¿no?

Parece mentira que se lleven producciones tan nefastas a óperas de tanta solera como la Staatsoper de Viena, pero precisamente esta plaza se ha caracterizado por la modernidad de las producciones en los últimos años. Me atrevería a decir, desde hace más de 10 años. Sigue sin gustarme la cosa. Prefiero lo clásico, de todas, todas. Lo tradicional. Lo que no me distrae y me deja concentrar en las voces. Pero, francamente, oído lo oído, concentrarme en las dos voces principales (Violeta-Alfredo) ha supuesto para mí un arduo trabajo y un esfuerzo sobrehumano y de imposible cometido.

La orquesta de la Staatsoper de Viena a cargo de MARCO ARMILIATO no ha dejado ningún momento para recordar. Una dirección bastante discreta que no pasará a la historia.

Pero las voces… ¡qué decir de las voces!...





La Violeta de MARINA REBEKA tiene una voz interesante, bien timbrada, y marcando muy bien y sorteando sin dificultad la coloratura de su aria en el primer acto, “È strano…”, sin embargo le cuesta de mantener el ritmo y la altura al lado de su Alfredo, pobre donde los haya.

Pero no solamente es cuestión de ritmo, sino también de química. ¿No se supone que ambos están enamorados? ¡¡Pero si no se miran ni a la cara!!

Solventó la parte artística en su gran escena con Germont padre, y es que al lado de Plácido Domingo -que actúa siempre- o intentas ponerte a su altura, o bien, acabas haciendo el ridículo, y ella, sabiamente se inclinó por la primera opción.





He escuchado muchos Alfredos en mí vida, unos muy buenos, otros no tan buenos, otros que lo hacían muy dignamente y otros que le han puesto muchas ganas, pero, el Alfredo de DMYTRO POPOV los supera a todos por lo nefasto de su interpretación. No sabría cómo definir una voz que me da la sensación que se queda incrustada en la garganta y sin proyección.

Una voz oscura, de fraseo inexistente. La intención en cada palabra articulada brillaba por su ausencia, y escénicamente cero por ciento creíble. Yo no sé si siempre canta así, si ello es connatural en forma de transmitir o intentar transmitir, pero, en mi opinión no es una voz para cantar en la Staatsoper. Su instrumento, pobre, no es digno de tal honor para un teatro de tanta categoría.



Un nuevo “papá” Germont

Y para mí radicaba aquí el elemento principal por el cual, confieso, he llegado hasta el final de esta función, y no es ni más ni menos que la interpretación de PLÁCIDO DOMINGO en el papel de Giorgio Germont.

Allí sí salió la elegancia de un fraseo y de una voz aún bonita aunque ahora nos cante de barítono y haciendo trampas vocales en más de una ocasión. ¿Y qué?



Escuchar a Domingo, ahora, es disfrutar de lo que nos puede ofrecer en la actualidad sin pensar en lo que fue ni en lo que ha sido. Tenemos que cogerle ahora por lo que es y por lo que aún nos pueda emocionar. Y si aún consigue este efecto es que -como decía en mí anterior crónica del “Simon Boccanegra” que le escuché hace un mes y medio en Barcelona- es debido al poder que tienen los que son poderosos. O los que han sido poderosos, vamos a ser justos en la terminología empleada. Estamos hablando de una leyenda de la ópera. De un Maestro. Por tanto, que cada uno aproveche lo que quiera o lo que le venga en gana aprovechar.


Un protagonista inesperado


Este fue ni más ni menos que el apuntador ya que desde su concha salía de todo: ramos de flores, la chaqueta blanca de Alfredo… Un detalle que me pareció fuera de contexto porque no sé qué significado tiene en la producción, pero gracioso a la vez.

El “Sr. Tribó de turno vienés” estuvo muy atareado a lo largo de la función. Y lo llamo así, cariñosamente, porque no puedo dejar de asociar a la importante figura del apuntador en una ópera sin que me venga en mente a nuestro Maestro Jaume Tribó, de quien estoy segura no molestará que me haya tomado esta pequeña licencia.