jueves, 21 de abril de 2016

Breve crónica de una atropellada “Bohème”






Fue  en Antibes, esta bella localidad de la costa azul francesa bañada por nuestro luminoso mar Mediterráneo, el escenario propicio en el que el pasado martes día 19 de mayo se estrenara una poco tradicional “Bohème”, que el director de escena DANIEL BENOIN ambienta en la revolución de mayo del año 1968.

En ella los cuatro bohemios Rodolfo, Marcello, Schaunard y Colline, se enfundan vestiduras modernas sin perder un ápice el espíritu de la obra, mientras que Mimì luce pelo planchado al estilo ondulado, símil de las tan explotadas planchas de los años 80 que pusieron de moda personajes tan variopintos como Alaska en la llamada “movida madrileña”. Todo ello, da paso a unos trajes de color blanco en el cuarto acto, y que en la distancia, parecían de algodón, muy propicios e idóneos para la estación de primavera.

Escenario multicolor y con movimiento constante, alcanza sin embargo –a mi gusto- su punto álgido de ambientación poética y romántica que requiere la obra, al final del primer acto, cuando una azulada luz inunda la buhardilla de Rodolfo y sus amigos, mientras – insólitamente- nieva dentro de la habitación. Que alguien me lo explique, esto, por favor.



La producción, que ya se había realizado hace ya unos años en Niza y en otras ciudades francesas, contaba para tal ocasión con un Rodolfo de lujo y a la par, si se me permite, una de las mejores y más bellas voces de tenor de la actualidad: Carles Cosías, del que entraré a hablar después.



Rarezas

Circunstancias más que atropelladas marcaron esta “Bohème”. Situaciones que siempre procuro evitar cuando voy a la ópera. Prisas, nervios, estrés, día cargado de trabajo, horas intempestivas de llegar al teatro, poco relax, y por si fuera poco, sin la certeza de que aquella mañana, que empezó bastante de madrugada, acabaría en la ópera disfrutando de una voz de tenor que adoro. De no ser así, de no ser por lo que me aporta la belleza de su voz, mí final de día hubiera sido, sin duda, mucho más tranquilo, pero también, tedioso. Aburrido. Mortalmente agobiante. Diferente. Y así fue como, sorprendentemente empezó para mí el día de ayer, largo también donde los haya.

Confieso pero, valió la pena el recorrido, aunque, para ser sincera, hacer esto no es ir en las mejores condiciones para gozar de una partitura tan bella e inspirada como es “La bohème” de Puccini, ni tampoco para hacer un análisis o repaso meticuloso, punto por punto, como acostumbro a hacer siempre. No se dio la posibilidad, las circunstancias mandan, y el cansancio vence al personal y es una lástima, en una producción llena de ideas de las cuales, con sosiego, estoy segura hubiera podido decir muchas cosas. Pero sí gocé de la voz que como decía, motivó todo este torbellino atropellado de ir y venir, de mareos en carretera y de soportar, con aplomo y buena cara, comentarios cercanos, que una preferiría haber evitado. Hay gente para todo y muy faltada de sensibilidad. Musical, evidentemente; pero también en otros sentidos. Pero esto, es otro cantar.



En materia
La ORCHESTRE REGIONAL DE CANNES PACA comandada por el maestro GYORGY G. RÀTH supo mantener y recrear el ambiente desenfadado y luego romántico, festivo, decisivo y trágico que impera en cada uno de los actos, acompañando bien a los cantantes, aunque en algún momento puntual sonando con demasiada fuerza.





La expectación y las miradas estaban puestas de antemano en la presentación en Antibes de la soprano francesa NATHALIE MANFRINO, que fue una Mimì exquisita con una voz sólida, bien timbrada, con refinamiento y fácil al agudo. Artísticamente bien puesta en el personaje marcado por Benoin y su voz se acopló muy bien con la del tenor.



Un tenor que resultó ser, para su suerte – o no- un tenor de lujo que también acaparó miradas. CARLES COSÍAS nos ofreció una versión extraordinaria del poeta Rodolfo. Su voz corría bien por la sala y llegaba llena de luz y musicalidad. De sentimiento.

Y quiero matizar el adjetivo luminosidad, algo que ya dije hace unos días en este mismo lugar a raíz de una actuación suya en la localidad tarraconense de Valls. Su voz suena – siempre ha sido así- pero ahora más acentuado, de manera libre y fácil. Y a pesar de que está cantando algo muy difícil, la sensación de simplicidad en la proyección es absolutamente aplastante. Por Antibes desfiló también su cuidado fraseo, ese gusto innato que tiene al hacer música. Rodolfo, sin duda, es uno de sus grandes personajes. Y se nota que lo quiere. En el fondo, es bastante Rodolfo. Si la primera vez que se lo escuché en Oviedo me encantó, ahora, años después y con una mayor madurez vocal desarrollada, el intérprete, que se encuentra en un momento muy dulce profesionalmente, nos permite gozar de una versión mejorada y más matizada.

¡Qué fácil es hablar de una voz como la de Cosías que transmite ya desde el primer minuto de la ópera!. Reivindico una vez más desde aquí que se le den más y mejores oportunidades. Se las merece por mérito propio.


Una voz a tener en cuenta la del Marcello de GIUSEPPE ALTOMARE, bien timbrada y amplia que contrastaba con el interesante y musical instrumento de DONATA d´ANNUNZIO LOMBARDI, no tan bello quizás, pero que dejó detalles de gran calidad a lo largo de toda la función.


Del resto de bohemios reconvertidos en “hippies” destacar el buen trabajo de BERNARD INBERT como Schaunard y el descubrimiento de la voz de ANTONIO DI MATTEO como Colline, que además de ser poseedor de una voz de bajo bella de naturaleza, cuenta además con un espectacular físico.


Brevedad

Dicen que lo breve, si bueno, dos veces bueno. Breves han sido en esta ocasión mis impresiones. El ajetreado día vivido, y las circunstancias avalan la síntesis. No hay más.

Lluvia de aplausos para los intérpretes. Una función para mi redonda en la que encontré lo que había ido, improvisadamente, a buscar. Dos representaciones más se pueden aún ver, hoy día 21 y también, la última de ellas el sábado día 23 festividad de Sant Jordi. Pues… piénsenlo… en lugar de regalar una rosa o un libro, según el caso, a los enamorados de la ópera y de las buenas voces, regalen “La bohème” de Antibes. No por la producción. No por la transposición. No para polemizar. Simplemente para disfrutar una vez más de nuestro querido Puccini y para quienes no conozcan aún su voz, de Carles Cosías. Vale la pena. Sin exagerar. Pura verdad.


viernes, 15 de abril de 2016

Luz en la oscuridad : “Nit de clàssics” a Valls (03/03/2016)




Aunque lleguen mis impresiones con un poco de retraso, no quiero dejar pasar la oportunidad para hacer mención del acontecimiento musical que tuvo lugar el pasado día 3 de marzo en el Teatre Principal de Valls dentro del marco “Nit de clàssics” que organiza “Amics de la Música de Valls” y “Joventuts Musicals de l´Alt Camp”. El resultado, pues un variado e interesante concierto que reunía a 3 fantásticas, a la par que interesantes voces, acompañadas todas ellas, por la no menos excelencia de la pianista Anna Crexells.

La soprano Miki Mori, la mezzo Laura Vila y el tenor Carles Cosías fueron los encargados de poner a flor de piel los sentimientos de los presentes en la sala. El repertorio, equilibrado pero difícil, y quizás mal distribuido en cuanto al orden de las actuaciones vocales se refiere, pues en repetidas ocasiones, a lo largo de las dos partes del espectáculo, los cantantes intervenían en dos piezas seguidas (en el caso de Laura Vila, hasta tres) sin darles lugar a un breve descanso entre las dos interpretaciones. Este hecho pero, no mermó en absoluto la calidad de y queda como mera anécdota.
La nota triste, aunque no discordante, fue que desafortunadamente que la soprano japonesa Miki Mori cantaba afectada por una laringitis aguda, y ello, le pasó un poco de factura sobretodo en la primera parte del concierto, a mi parecer mucho más exigente que la segunda. A pesar de ello, debo decir que a medida que avanzó la noche, fue creciendo de menos a más, alcanzando buenas cotas de interpretación.
Imponente y segura la voz de la mezzo Laura Vila tanto en sus intervenciones en solitario como acompañada. Dicción excelente -que se agradece y mucho- gusto y matiz, color interesante y notas más que suficientes fueron sus mejores bazas, y también, en mi opinión, fue luciendo más y más conforme el concierto iba alcanzando temperatura.
¿Y qué puedo decir de la que ha sido considerada como la mejor voz masculina del año según la Asociación de Amigos de la Lírica? ¿Qué puedo decir de la voz de Carles Cosías de la que tantas veces he hablado ya en este lugar, insistiendo una y otra vez de que ya es hora de que se le reconozca más su mérito y se le den más oportunidades de las que se le ofrecen actualmente?
Sin duda hacer esto me supondría entrar ahora en un bucle de repeticiones y confeccionar una lista, larga y repleta de elogios que de corrido sabemos – y saben- todos aquellos que conozcan la voz de este tenor. Por este motivo, iré haciendo eco de ellas desgranándolas a medida que vaya comentando mis impresiones sobre una noche de finales de invierno, oscura como tocaba, que sin embargo estuvo llena de luz. De aquella misma luz, cegadora y cálida, de la que gozamos en un brillante mediodía en plena primavera. Pura magia lo ocurrido aquella noche en Valls.

Cuestión de imagen
Aunque el separador se preste a ello, no voy a hablar ahora del vestuario de los intérpretes, no, no se trata de ello aunque el título, un tanto sugerente, confunda. El sendero que voy a emprender es otro bien diferente.
Los que me conocen, y que me conocen bien no se extrañan ya, a estas alturas, cuando les hablo de las imágenes que me sugieren la música o las voces. La asociación me es tan fácil y tan espontánea como lo es para otra persona -que no haya perdido los principios básicos de la educación y de la cortesía- decir un “Buenos días” por la mañana.

Por ello, y también por la imagen, quiero empezar a hablar de la primera pieza del concierto, el dueto “Parigi, o cara” de “La traviata” de Verdi que interpretaron MIKI MORI y CARLES COSÍAS.
Empezaron el dúo justo en las frases previas de Violeta, que rezan así mismo: “Alfredo!
Ah, tu il vedesti? ei vien! l'affretta”
para dar pie a la entrada de Alfredo con su “O mia Violeta”. Y aquí, se produjo, para mí, un momento mágico. La entrada de Cosías fue como la de un haz de luz que entra poderosamente a través de una ventana, con arrebatadora fuerza y se posa entera iluminando una habitación. Esta es la imagen (aunque sea difícil de ver) que vino a mi mente cuando escuché su voz irrumpir en la sala. Una voz limpia, clara, fácil, bella y radiante, llena de cálido matiz, y mordiendo maravillosamente cada una de las palabras que pronunciaba. Sé que es muy difícil explicar o transmitir el efecto que produce una voz al escucharla porque, entre otras cosas, no todos la recibimos y percibimos de la misma forma. Pero, no obstante, yo lo sentía así y aquí queda dicho.
La soprano japonesa que no estaba en la mejor de sus condiciones cumplió con su cometido arropada siempre por la generosidad de un compañero como Cosías siempre respetuoso.
Quizás en algún momento del dueto el tempo fue demasiado rápido aunque esto no empaña, para nada, la interpretación conjunta.



Compromiso de nuevo para MIKI MORI que, después de “La Traviata”, tuvo que enfrentarse al exigente “Vals de Musetta” de “La bohème” de Puccini de la que sin embargo, supo sortear con técnica y sabiduría sus múltiples dificultades.


Para su primera intervención de la noche, la mezzo LAURA VILA escogió la comprometida aria “Per questa fiamma indomita” de “Anna Bolena” de Donizetti, repleta de exigencias y agilidades y en las que ya dejó traslucir sus facultades y recursos.
Después, junto a Miki Mori, de nuevo, se pusieron en la piel de Agalgisa y Norma, respectivamente, en el bellísimo dueto de la “Norma” de Bellini: “Mira o Norma”, el cual encierra por un lado una melodía flotante y volátil, serena, que fluye y funciona y acaricia bien el oído del espectador, pero, por otro lado, requiere también de una exigencia extrema del dominio de la coloratura en su parte final “Si finno all´ore estreme” y que puso a prueba las agilidades de ambas intérpretes, que salvaron con mucha más que absoluta corrección.



Y llego de nuevo el turno de CARLES COSÍAS con una – si se me permite- magistral y emotiva interpretación de un “Lamento de Federico” de la que el tenor ha hecho ya uno de sus caballos de batalla. Aquellas palabras tan bien lanzadas y pronunciadas, sus pianos, sus matices, sus dinámicas y esa intención y belleza le hicieron valeroso de los primeros bravos de la noche. Y la forma en cómo hace llorar la voz en su “Mi fai tanto male” –efecto que me encanta- explicando la pena del protagonista… no tiene desperdicio. Algún día tendré que preguntarle cómo lo hace…

La primera parte se cerró con un difícil terceto del “Nabucco” verdiano, con la intervención de los tres protagonistas que no dejó para nada, indiferente a nadie, en una pieza que acostumbra a ser poco programada en los conciertos.

Y lo mejor… en la segunda parte
“Belle nuit, o nuit d´amour”, la famosa Barcarola de “Los cuentos de Hoffmann” dio inicio a una espectacular segunda parte. Por acertado repertorio, por interpretación y por superación de los intérpretes que venían de una primera exigente y que para nada había sido en ningún momento fácil.
Este dueto, en las voces de MIKI MORI y de LAURA VILA inundó de belleza y de sutilidad la sala, constituyendo uno de los momentos más brillantes y emotivos de la noche.



La música en las manos, y nunca mejor dicho, de la pianista ANNA CREXELLS dio un breve descanso a los intérpretes. Crexells acompaña a los cantantes desde la discreción que le corresponde al acompañante, valga la redundancia, pero siempre con matiz y atenta a las voces. Exquisita fue su única intervención en solitario de “A la mémoire de Maurice Ravel” musicada por Ricard Viñes.

Y retornaba al escenario de nuevo la voz de CARLES COSÍAS para interpretar el “Bella enamorada” de “El último romántico” de Soutullo y Vert. De nuevo nos encontramos cara a cara con el genial fraseo y bella voz del tenor. Si tuviera que tildar su intervención con dos adjetivos – aunque pondría muchos más- estos dos serían luz y facilidad.
Cosías nos deleita en esta ocasión con una sentida y luminosa versión de esta romanza que tanto adoro, haciéndola un tanto diferente de otras que ya le había escuchado sin perder por ello un ápice a la hora de imprimir en ella su personalidad, a la que siempre es fiel. Sus pianos, sus matices y sus notas altas, impolutas. Además pone al servicio de nuestros oídos, la belleza tímbrica, con la cual cuenta ya de origen en su haber, y suaviza a la par un ideal e impecable fraseo. Una interpretación de manual. Un auténtico lujo.



Seguidamente, sin abandonar la zarzuela, LAURA VILA  ofreció una fantástica interpretación de la romanza de Rosa de “Los claveles” de José Serrano, “Qué te importa que no venga”, quizás una de sus mejores interpretaciones de la noche, y a la que supo dar el matiz y sentido justo con un fraseo equilibrado y exquisito.
Y otra vez, intervención de la mezzo junto a la soprano Miki Mori en la famosa habanera “Todas las mañanitas” de “Don Gil de Alcalá” cada vez más presente en los conciertos y de forma absolutamente justa, pues la belleza del fragmento, lo demanda.

Inmersos ya plenamente en el mundo de la zarzuela, llegó uno de los fragmentos más esperados de la noche. Al menos para mí ya que venía de la mano de una obra por la cual, tengo especial predilección, “La dolorosa” del maestro Serrano.
Esta zarzuela está llena de sentimientos latentes pero desgraciadamente interiorizados en los corazones de los personajes quizás por cuestiones de guion ya que alguien que está recluido en un convento tiene que mesurar y pensar bien qué clase de interpretación y enfoque le dará al personaje.
El dueto entre sus protagonistas, Dolores a quien daba vida la mezzo LAURA VILA y el hermano Rafael, al que ponía voz CARLES COSÍAS era un plato fuerte con una interpretación, creo, muy acertada, quizás más en la balanza del tenor.
Cosías opta por dejar traslucir la serenidad y la calma, el apaciguamiento que requiere el santo lugar donde se encuentra, por voluntad propia, recluido, cual si fuera el Des Grieux massenetiano cuando afronta su “Ah fuyez douce image”. Su voz vuelve de nuevo a imprimir belleza sin caer en el error de presentar un fraseo dramático, del que sin embargo otras voces de tenor han hecho a veces gala, y que también funciona. Creo que capta bien la psicología del personaje, sabiendo transmitir a Dolores confianza y también la protección que precisa la mujer. Y sale airoso y victorioso en el cometido. ¿Cómo se puede serenar a alguien que necesita encontrar la serenidad en un camino lleno de obstáculos? Pues simplemente con voz suave que sugiera confianza, equilibrio y calma. Y esto Cosías, lo captó a la percepción y su opción, válida al extremo, me gustó y lo disfruté, a la  vez que me hizo pensar en esta particular interpretación.
Paralelamente, todo el aplomo del tenor, se reflejó también en la interpretación de Laura Vila que también escogió la misma línea que Cosías, pero que – en mi opinión- su personaje no está en la misma situación que el del hermano Rafael. A Dolores le ha golpeado duramente la vida, sufre y tiene un gran pesar, además de un hijo pequeño con el cual no sabe dónde ir a caer muerta, que diríamos de forma coloquial. Por eso creo que en su “Maldito el cobarde que manchó mi frente y hiere y miente, si le recuerdan su delito” debería haber imprimido un poco más de carácter. Pero, simplemente se trata de una opinión a nivel personal que no oscurece ni invalida para nada la versión que ambos nos ofrecieron.

Con especial placer escuchamos de nuevo a la soprano japonesa cantar una pieza de zarzuela y además en un perfecto y limpio catalán. MIKI MORI me sorprendió con su romanza “En el Vallespir” de la “Cançó d´amor i de guerra” del maestro Martinez Valls, para después, seguidamente al lado de CARLES COSÍAS cantar el bello dueto de “Per tu Francina meva”, de la misma obra.
Las voces se fundieron bien, con fraseos, ambos, extraordinarios y de nuevo la luminosa voz de Cosías hacía las delicias del público.


Inevitable colofón
Sorpresa la mía al escuchar los primeros compases de uno de los duetos más famosos de la opereta, sino el más famoso, que es el de “Lippen schweigen” de “La viuda alegre” de Lèhar, pues era la primera vez que oía a este tenor cantar en alemán. Y al final de todo, y como no podía ser de otra manera, la noche concluyó con el inevitable, pero bello y siempre agradecido, brindis de “La traviata” de Verdi, pieza que el publicó palmeó discretamente.

Una gran noche que combinó la belleza, el buen gusto, el fraseo noble y bien matizado. Una noche de superaciones y de sorteo de dificultades y con creces. Una noche llena de luz en la que todo brilló amablemente. Una noche para disfrutar. Una noche en la que disfruté. Y mucho.
El programa hacía mención de que se tendrá la oportunidad de escuchar pronto la exquisitez de la soprano japonesa Miki Mori en la “Madame Butterfly”, y que Laura Vila ya había deleitado al público de Valls en numerosas ocasiones.  Pero la misma publicación rezaba que Carles Cosías era la primera vez que cantaba en este ciclo de “Nits de clàssics”, pero, visto lo visto y escuchado lo escuchado, estoy segura que la colaboración va a ser algo mucho más que puntual. Y sinceramente, así deseo que sea para el público del Teatre Principal de Valls.


lunes, 21 de marzo de 2016

+ SARSUELA en Sabadell: “Cançó d´amor i de guerra”





La última vez que se representó en Sabadell la zarzuela “Cançó d´amor i de guerra” corría el año 2006 y se llevó al Teatre de la Faràndula de la mano de l´Associació dels Amics de l´Òpera de Sabadell.
En aquellas fechas el elenco vocal contaba con tres protagonistas principales de gran calidad: Júlia Farrés, Carles Cosías y Carles Daza. Los tres nos ofrecieron dos funciones inolvidables de esta música tan nuestra y nos dejaron un estupendo sabor de boca.

Si hay algo de lo que me siento especialmente feliz es del regreso de la zarzuela a nuestra ciudad, un género que gusta y que cuenta con muchos seguidores y que viene a llenar el vacío que antes ocupaba en la programación dels Amics de l´Òpera de Sabadell. Seamos conscientes, la zarzuela gusta. La zarzuela llena el teatro. La zarzuela es esperada. La zarzuela en Sabadell es querida. Entonces me pregunto yo por qué els Amics de l´Òpera no reconsideran el volver a programar este género. Obras no faltan para ello. Cantantes, tampoco. Y si no tienen inspiración, con todos mis respetos para la Associació dels Amics de l´Òpera me ofrezco voluntaria para hacer sugerencias, tanto de títulos como de voces. El panorama es amplio y rico. ¿Qué falta entonces? ¿Las ganas? No creo. Quizás el presupuesto… Pero siempre se puede recorrer a una versión en concierto que no cuesta tanto de montar. Allí queda escrito…



Difusión

Debo decir para ser justa que en esta ocasión las calles del centro de Sabadell hace dos semanas que están engalanadas con los póster de esta “Cançó d´amor i de guerra” y me parece muy buena idea hacerlo. Ello acerca el evento a todo el mundo. Al menos quien no haya acudido a ella no ha sido por falta de información, sino probablemente porque ya no quedaban entradas. El Teatro de la Faràndula ayer tarde presentaba un lleno total y muchas ganas de disfrutar. Son tan pocas las ocasiones que tenemos para gozar de músicas tan maravillosas que cuando se nos da la oportunidad de hacerlo es pecado renunciar a ello.

En esta ocasión ha sido la compañía “+SARSUELA” la que no ha deleitado con esta estupenda partitura del maestro Rafael Martínez Valls. A su frente, un ilusionado LLUÍS CABAL, que a su vez es violinista de la Orquestra Simfònica del Vallès.

Presentó el evento con tantas ganas, con tanto entusiasmo, que era imposible que con sus palabras iniciales no contagiara al público deseoso de zarzuela.
Quizás la orquesta no sea la mejor del mundo, y los coros tampoco, adoleciendo, sobretodo en el primer acto de bastantes momentos de descompás entre ambos, pero aun así no rompieron la magia y el disfrute de esta música tan sublime y que tan difícil es de ver representada. Me gustaría que alguien ducho en la materia me explicara el por qué se desprecia tanto un género tan rico que nada tiene que envidiar a la ópera.

Lluís Cabal puso energía, ilusión, ganas y entusiasmo y tiene la suerte de que cuenta con un elenco que está a su altura. La zarzuela o se quiere o se desprecia. Ayer por la tarde, había amor en la Faràndula de Sabadell. Mucho.

Tan buena ha sido la acogida que se están planteando el año que viene presentarse con “La tabernera del puerto”. Si ello sucede, de ser así, es una iniciativa a aplaudir, ya con un año de antelación. Si con la compañía “+SARSUELA” es de la única manera en que podamos ver zarzuela en Sabadell, pues bienvenida sea. Gracias a todos los que lo hacen posible.


Voces

Ya había escuchado a VICENS ESTEVE en la Faràndula, hace muchos años y precisamente con dos pequeños papeles de tenor: el Gustavo de “Los gavilanes” y el Anselmo en “El cantar del Arriero”. Mucho tiempo ha llovido ya desde entonces y el cantante ha madurado y evolucionado, en voz y en interpretación.
Ayer le escuchaba por primera vez en un papel protagonista, el Eloi. En el cantante hay ganas y su fraseo está lleno de intención. Busca el efecto en sus frases y lo consiguió, desmarcándose en este sentido de un canto más plano del resto de compañeros de reparto.
Agudos seguros y bien asentados. El instrumento no ha perdido la potencia de la que hacía gala años ha, pero su concentración y seguridad ha ganado terreno en su interpretación, a pesar de que no posee una voz especialmente bonita o seductora, pero que sin embargo cumple y con creces las exigencias del papel.

ALBA BALLÚS fue una Francina un tanto discreta y apagada quedando a la sombra del Eloi de Vicens Esteve. No posee un gran volumen y los matices en el fraseo brillan por su ausencia. Esto hizo que su romanza “En el Vallespir” fuera un tanto apagada y en su dúo con Eloi quedara su voz por debajo de la del tenor.

L´Avi Castellet de XAVIER FERNÁNDEZ cumplió y con creces con el papel. Quizás en su voy eché de menos un poco más de centros y graves, pero como siempre, el suyo es el personaje bombón de la obra.

La pareja de cómicos, Catrina y Baldiri, en las voces de ISABEL VALLS y JAUME GÓMEZ gozaban ambos de buenas y suficientes voces. Muy dulce la de Catrina y correcta la de Baldiri y escénicamente correctos sin caer en la pesadez de la que a veces adolecen los personajes cómicos en las zarzuelas.

Mención especial para el Horaci de JOSÉ LUIS GONZÁLEZ que cumplió con la parte vocal en el primer acto, pero también con la escénica. Buenos versos, bien recitados. Con intención y sobretodo con naturalidad, algo que no tuvieron ninguno de los intérpretes principales.



Más zarzuela

De eso es de lo que se trata. Zarzuela hecha con cariño y con respeto. Con ganas y con amor. No se trata de que se nos ponga la miel en los labios. La zarzuela tiene que ser una realidad y debe tener la continuidad que se merece.
Reza el principio de esta preciosa zarzuela un: “Anem seguint la feina…” y eso es lo que tiene que ser aunque soy consciente de las dificultades que ello conlleva. Todo nuestro apoyo y aplauso más que merecido para la compañía “+ SARSUELA”  que hizo posible que disfrutáramos de la entrada de la primavera de la mejor manera posible, con nuestra zarzuela.



lunes, 22 de febrero de 2016

Oh gloria… Otello “è”…




Ancora un bacio… Sin espera. Sin dejar acabar la magia musical de ese momento tan íntimo del final del cuarto acto.
Lluvia y estallido de aplausos ayer tarde en la Faràndula de Sabadell ante la última de las representaciones del “Otello” verdiano que se estrenó el miércoles pasado y que está teniendo un notable éxito en nuestra ciudad y una aceptación de crítica muy positiva.

Y es que cuando las cosas se hacen con entusiasmo, con ganas, con ilusión… Cuando hay un trabajo bien hecho detrás, estudiado al detalle y mesurados los pros y los contras, es obvio que todo el engranaje de la máquina funcione a la perfección. Aunque se dispongan de recursos limitados, como es el caso.
Es aquí donde recae entonces la inteligencia de saber sacarlos a relucir. Hacer de oro aquello que, en otras circunstancias, se quedaría en chatarra. En un simple desecho.

Y temporada tras temporada CARLES ORTIZ nos está demostrando esto, ideando una producción que puedo tildar de inteligente y que funciona, con los elementos decorativos justos pero necesarios para no romper el drama. Una producción, valga la redundancia que, en definitiva, está cocinada con mucho cariño y con mucho esfuerzo. Con amor por lo que hace.
Hacer un “Otello” no es fácil. La A.A.O.S lo sabe. Y seguro que él podría constatarlo también porque lo ha vivido en sus carnes. Pero como decía, cuando hay ganas, hay ganas y con estos elementos se produce la magia, ésta sube al escenario y convence. ¿Y dónde está pues el truco puede preguntarse alguno? Pues aquí no hay truco que valga, porque Carles no es mago ni de lejos. Pero es un gran trabajador. Trabajar, trabajar y trabajar, tándem indisoluble y cómplice con el esfuerzo.

Agradecerle todo ello a Carles Ortiz. Somos afortunados en Sabadell – siempre lo he dicho- de contar con un profesional como él, que tanto plancha un huevo como fríe una corbata, sin que se le caigan los anillos. ¡¡¡Bravo!!! Toda mi admiración más sincera y profundo respeto para un profesional como él así como también para el resto de dirección de escena JORDI GALOBART y ALBERT GONZÁLEZ.


Vestuario y luces

Ropaje clásico dominado por los negros y grises, colores oscuros como la turbiedad que envuelve y en la que se mueve el drama shakesperiano, rotos solo por la pureza del blanco del camisón de Desdemona en el primer y cuarto actos. Un rojo pasión para la soprano en el tercero que inflama aún más los celos de Otello, y para mí una inadecuada túnica naranja combinada con un camisón blanco para Otello en el segundo acto (que no acabo de ver el sentido a esta extraña combinación cromática, quizás más propia y adecuada de un primer o cuarto acto).

Como siempre un excelente juego de luces, firma de NANI VALLS que pasan desde los espectaculares relámpagos del inicio de la obra, a la intimidad de los amantes al final del primer acto. Profundiza en el alma negra y oscura de Yago en su “Credo” dejando el escenario casi a oscuras para erigir al malvado alférez en protagonista. Luz a tutti plen, más amarillenta, en la gran escena final del tercer acto para regresar a la pureza del blanco durante el rezo del Ave Maria. Y de nuevo, baja la luz, cuando entra Otello con un grave en la orquesta acorde a sus oscuros pensamientos.


Dos bravos para la casa

Es de justicia destacar el trabajo realizado con el coro. Entró con fuerza. Sonó. Y sonó bien. Nunca lo había escuchado de esa forma. Consolidación fue el primer adjetivo que me vino en mente cuando entonaron aquel electrizante “Dio fulgor della bufera…”. La obra requiere volumen. Mucho volumen y por ello su notoriedad crece. Pero ayer estuvo acompasado y bien medido. Era lo que tiene que ser un coro. Bravo por el trabajo ejecutado por todos sus miembros y que no perdió ni ápice de fuelle a lo largo de toda la función. Y eso cuesta de mantener.
Se solventó correctísimamente el defecto del movimiento escénico de forma resolutiva y contundente, algo de lo que siempre se suele adolecer en la mayoría de teatros y que en Sabadell no tendría que ser la excepción que rompa la regla.

Por otro lado, loar el trabajo de la dirección musical de DANIEL GIL DE TEJADA, respirando con los cantantes y completamente al servicio de ellos, a pesar de que hubo algún desajuste en la parte vocal que no pudo evitar. Logró sin embargo que la ORQUESTRA SIMFÒNICA DEL VALLÈS sonara fuerte, verdiana, pero sin llegar a cubrir las voces en ningún momento, aunque alguna de ellas sonara un tanto velada en el concertante final del tercer acto.
Una lástima sin embargo - aunque por un lado corrobora el entusiasmo del público, pero por otro aflora su falta de paciencia y conocimiento- y es el hecho de que, en ninguno de los actos, y repito, en ninguno, pudimos gozar de los compases finales, que se vieron siempre ensordecidos tras los frenéticos y sobrevenidos aplausos.



Gran reparto: el trío vocal

No es fácil, en ninguno de los sentidos – escénico y musical- montar un “Otello”. Es una obra difícil, que supura visceralidad por los cuatro costados. Pero también es una ópera donde la parte vocal tiene que ir indisolublemente ligada a la parte escénica. Se puede cantar un “Otello” con voz adecuada, por características y por color de voces, pero en “Otello”, además, se tiene que interpretar. E interpretar significa, para mí en este caso, fundir la parte vocal con la escénica sin que seas capaz de ver la raya que divide la una de la otra. Esto es fundamental. Tiene que ser un uno de dos. Una totalidad. Un solo elemento.
Eso es pedirle peras al olmo, sí. Es una partitura lo suficientemente complicada y densa, que requiere de una enorme concentración, y una mínima distracción en lo vocal, acarrea una interpretación inquieta por parte del artista.
No diré que ayer esta imaginaria raya estuviera fusionada, se veía un poco, aunque para nada disminuye ni malbarata para nada el trabajo realizado.
Hubo personajes más creíbles, y otros no tanto, pero en general, creo la parte escénica mejorará a lo largo de esta gira por diversas ciudades de Catalunya a medida que vayan dejando a sus espaldas funciones y vayan sumando representaciones, sensaciones, aplausos, errores y aciertos. Estoy segura y no me cabe la menor duda de ello.


ENRIQUE FERRER tuvo la gran responsabilidad – y reto personal- de asumir el difícil cometido de encarnar al Moro de Venecia. Y no es para nada una empresa fácil hacer tuyo un personaje tan psicológicamente cambiante e inquietante. Tan seductor, por otro lado.
Del amor a la locura de los celos. Del combate a la calma de una noche de amor. De las guerras externas a los conflictos más íntimos. De la serenidad a la deriva provocada por unos infundados celos nacientes de la telaraña que le teje Yago. De la razón a la irracionalidad, y todo ello regado por un brutal complejo de inferioridad racial. Otello es negro. Pero Otello es un gran, grandísimo personaje.

El tenor madrileño enfoca un Otello con una buena voz, recia y suficiente para el personaje. Sabes que llega y que lo hará. Pero Otello requiere, creo, un color más oscuro, que sacó en algún momento de la representación sobretodo en el tercer acto cuando la rabia le consume siendo testimonio directo – aunque ciego- de la manipulación que Yago ejerce sobre él y sobre Cassio.
Escénicamente, me faltó un poco de la brutalidad que adolece este singular personaje y sé, y estoy segura, que lo corregirá en funciones posteriores una vez digeridas estas primeras. Muy creíble en el momento en que su vida se desmorona alrededor suyo cuando Yago le cuenta el cuento – y nunca mejor dicho- del supuesto amor clandestino que Desdemona tiene con Cassio.
Sí que en su “Niun mi tema” aparecieron esos tonos oscuros y su cierre de acto estuvo sensacional.
Vale decir además que su presencia escénica era espectacular. Un Otello de lujo, que espero, desarrolle vocal y psicológicamente. Será una referencia a seguir y un cantante a tener en cuenta.


La Desdemona de MARIBEL ORTEGA tuvo gran equilibrio durante toda la obra. Afinada y refinada. Voz recia que se erige en los momentos corales como el concertante del tercer acto y que sabe interiorizar en la delicada “Ave Maria” que mereció un aplauso espontáneo del público. Vale decir que fue el único momento en que el público sabadellense irrumpió cortando la función.
Escénicamente, encarnó una dulce Desdemona, cumpliendo con las directrices del personaje sin alejarse en ningún momento de los patrones clásicos del role.


Interesante el malo malísimo Yago de TONI MARSOL al que tenía especial interés en escuchar en un role serio, dado que siempre había tenido la oportunidad de hacerlo en roles bufos. Y el salto fue más que satisfactorio. Marsol mandaba y estaba en su personaje, al que vocalmente, excepto una entrada antes de tiempo, no hay nada que reprochar. Voz adecuada y suficiente y escénicamente a la par que sus compañeros.
Pero a pesar de ser el malo de la obra a su personaje le faltó, sobretodo en la expresión de la cara no tanto en lo vocal, la malicia demoníaca de la que tiene que hacer gala.  Era imposible odiar al Yago de Toni Marsol, era un personaje que inevitablemente, aunque no quisieras, acababa cayéndote bien.


Los otros

Cassio es un personaje que, al igual que el de Emilia, quedan un poco a la sombra de Otello y de Desdemona. Es así, y siempre ha sido así.
No es un role fácil el del capitán al servicio del moro, pero sin embargo es poco lucido. Dispone de un tercer acto exigente que queda en medio de todo el concertante en el cual, la atención del público – o mi atención- recae en Otello y sobretodo en las pulsaciones de la orquesta, que dan la sensación de ser las que pasan por las sienes de Otello y le provocan un estado de catarsis humana que le derrumba.
CARLES CREMADES asumió este papel con dignidad vocalmente hablando, aunque en la escena no estuvo tan creíble. Le faltó sacar a relucir su rango de capitán, segundo de Otello, el que está al lado del Duce. La altanería que requiere el role brillaba por su ausencia en el primer acto. Correcto en los otros en el resto de la obra más a caballo entre el arrepentimiento y la sumisión a su superior.


Correcta también la Emilia de CARLA MATTIOLI así como el resto del elenco que cumplieron su cometido del que destaco el Lodovico de JUAN CARLOS ESTEVE.
Roderigo y Montano fueron, respectivamente SAMUEL PELÁEZ y ANTONI FAJARDO.




Bravo Sabadell. Gracias Amics de l´òpera.

Gracias por asumir retos que parecen imposibles y que dado los resultados nos damos cuenta que no, que con tesón, esfuerzo, ilusión y duro trabajo, quien la sigue, la consigue.

Gracias desde vestuario, maquillaje, peluquería, de todos aquellos que no se ven, gracias desde la  dirección de escena y musical hasta la parte vocal que siempre es la más comprometida y es lo que acaba quedando en la retina y en nuestros oídos.

Gracias a todos ellos por convertir a Sabadell ayer tarde en la capital catalana de la música. No admite discusión. Gracias por este “Otello”. Gracias por haber visto cumplido mi sueño de un “Otello” en casa.

Gracias, en definitiva, por hacernos soñar.