lunes, 21 de julio de 2014

Temporada 2014-2015 en Sabadell: “Dimmi il mio nome…prima dell´alba e a l´alba morirò!


De las costas de Escocia hasta la ciudad prohibida de Pekín, haciendo primero escala en los infiernos y en Argel. Este es el interesante viaje que para esta temporada 2014-2015 nos proponen desde la A.A.O.S.

Es de admirar, y siempre lo he dicho, el entusiasmo y el coraje de la A.A.O.S que, incluso en los tiempos en que estamos, con un IVA del 21% gravando la cultura, ellos siguen con la ilusión de programar y sorprender no solo al público sabadellense, sino a todos aquellos que se acercan hasta nuestro teatro.

Propuestas las de este año arriesgadas, donde quizás el punto más triste, para mí, es que no se ha programado ninguna zarzuela ni ningún concierto homenaje a la misma como se ha venido haciendo con regularidad, y que el año pasado ya no pudimos gozar en pro de la celebración del bicentenario del nacimiento del compositor alemán, Richard Wagner.

Pero este año no había excusa para no pensar en nuestro género lírico, una música que cautiva y subyuga al que la escucha. La música de nuestros abuelos, melodías que nunca pararán de moda, y que sin embargo, no acaba de posicionarse nunca. Y francamente, no entiendo el por qué.

Hace falta más zarzuela. Zarzuela y de la buena, porque todas las representadas en Sabadell, desde la “Doña Francisquita”, la “Luisa Fernanda”, la “Cançó d´amor i de guerra”, la “Marina” o la “Maruxa” y tres conciertos de Homenaje, han tenido un gran alto nivel vocal. Tardes y noches de aquellas en que el público sale satisfecho.

Melodías por todos conocidas, populares, aquellas que te hacen levantar de la silla. Pero parece ser que este año tampoco ha sido una buena opción, y, con el precio congelado de las entradas, Sabadell y la A.A.O.S afronta un nuevo año, un nuevo reto, una nueva ilusión, programando 4 óperas, y no me cabe la menor duda de que será una estación rellena de satisfacciones y éxitos.

 
 
 

“Chi mi frena in tal momento…”

Pues sí, la primera de la temporada será, ni más ni menos que la “Lucia di Lamermoor” de Donizetti, la cual hace ya algunos años que no se ha representado en el Teatre de la Faràndula.

En la última ocasión, si mal no recuero, el role de Lucia se encomendó a la soprano coreana Sung Eun Kim, y ahora toma el relievo SAIOA HERNÁNDEZ, soprano madrileña, habitual ya en la casa y que ha ido posicionándose y ganando un lugar de confianza con la A.A.O.S

En estas funciones, que se representarán a finales de octubre en Sabadell para luego iniciar un tour que les llevará a Reus, Sant Cugat, Granollers, Tarragona, Manresa y Lleida, estará acompañada de la voz del tenor ALBERT CASALS y el barítono ISMAEL PONS como Edgargo y Lord Enrico, respectivamente.

La escenografía correrá a cargo de PAU MONTERDE y la Orquesta Simfònica del Vallès tocará bajo la batuta de DANIEL MARTÍNEZ GIL DE TEJADA.

 
 
 

“Che farò sensa Euridice”…

Por estas funciones ha dejado de programarse mi tan querida zarzuela, pues la A.A.O.S apuesta por una versión, creo, semiescenificada, de “Orfeo ed Euridice” de Gluck, padre de la reforma operística.

Tres personajes. Tres voces. Todas ellas femeninas.

El papel de Orfeo recaerá sobre la emergente LAURA VILA, voz por la cual está apostando, peldaño a peldaño, pero de manera fuerte y contundente la A.A.O.S.

EUGÈNIA MONTENEGRO, que afrontará el papel de Euridice, también otra voz que se ha criado en el mismo Coro de la entidad y a la que desde la temporada pasada se le están confiando papeles, cada vez de mayor envergadura, como se pudo comprobar el año pasado cuando la soprano se enfrentó al difícil papel de Norma de la ópera homónima de Bellini.

Finalmente, el personaje de Amore será interpretado por la soprano ROCÍO MARTÍNEZ, también otra conocida de la casa, y que interpretó en el curso pasado el papel de Papagena en la producción de “La flauta mágica”.

El coro será dirigido por su titular, el maestro DANIEL MARTÍNEZ GIL DE TEJADA, mientras que la dirección musical será llevada a cabo por RUBÉN GIMENO, y cuyas representaciones se iniciarán y acabarán en Sabadell, pues solo se han programado dos funciones que tendrán lugar los días 28 y 30 de noviembre.

 
 
 

“Languir per una bella e estar lontano da quella…”

Así reza una de las arias que interpreta Lindoro en la ópera de Rossini “La italiana in Algeri”, que es el tercer título operístico que se escuchará en Sabadell durante el mes de febrero, y que llevará a la A.A.O.S también a Reus, Manresa y Sant Cugat.

Entre el elenco vocal destacan voces que el público sabadellense conoce perfectamente, pues el papel de Mustafá se ha encomendado a TONI MARSOL, que nos dejó hace dos o tres temporadas, un buen sabor de boca con su “dottore Dulcamara” del “Elisire d´amore” de Donizetti.

Junto a él, de nuevo LAURA VILA interpretando a Isabella y JOAN RIBALTA encarnando el papel de Lindoro. Por otro lado, Taddeo cobrará vida en la voz del barítono CARLES DAZA, mientras que la dirección de la O.S.V se ha encomendado a SANTIAGO SERRATE y la escenografía y dirección de escena se han dejado en las manos del tándem JORDI GALOBART y CARLES ORTIZ, respectivamente.

 
 
 

“Questa notte nessun dorma in Pechino”

Pues, sin lugar a dudas, éste sea el reto más difícil y controvertido, y a la vez, más apasionante y, para mí, interesante de la temporada.

“Turandot”, una ópera que es la primera vez que se representa en nuestra casa y requiere no solamente un coro bien reforzado, una buena orquesta, un buen escenario, un buen movimiento de masa, y unos buenos y creíbles decorados. No.

Antetodo se necesitan voces que sean capaces de aguantar este comprometido “tour de force” que exige la ópera póstuma de mi querido Giacomo Puccini.

Aún está por determinar quién se encargará de la parte escénica, pero las riendas de la dirección musical las llevará DANIEL MARTÍNEZ GIL DE TEJADA, quien asumirá y combinará de nuevo, como en tantas otras ocasiones, la dirección coral con la orquestal.

Entre los papeles protagonistas, destacar que el role titular será atacado por la soprano jerezana MARIBEL ORTEGA, también conocida del público de la Faràndula, y su príncipe desconocido, su Calaf, será interpretado por el tenor ANDRÉS VERAMENDI, que lidiará con una de las arias más famosas, más cantadas y más bellas de todo el repertorio operístico, la espectacular “Nessun dorma”, caballo de batalla de grandes voces del pasado como Franco Corelli o el mismo Luciano Pavarotti, ambos tristemente desaparecidos.

No menos fácil es encontrar a una sensible, refinada y delicada Liù, y parece que la A.A.O.S ponen toda la carne en el asador y apuestan por MONTSERRAT MARTÍ que ya cantó este mismo papel en algunas de las funciones con motivo de la reinauguración del Gran Teatre del Liceu después del incendio que lo arrasó el 31 de enero de 1994, un role que alternará con la soprano EUGÈNIA MONTENEGRO, que va escalando cimas poquito a poco.

De nuevo nos reencontraremos con la voz del barítono CARLES DAZA que dará vida a Ping, uno de los ministros de Turandot;  mientras que el breve papel del emperador Altoum se ha confiado a DALMAU GONZÁLEZ.

 

All´alba vincerò…

No me cabe la menor duda. Un nuevo éxito para la A.A.O.S para esta temporada 2014-2015. Y dará qué hablar… ¡Suerte!

Ahora nos queda esperar a que empiece.

 

lunes, 14 de julio de 2014

"De zagal mi sueño fuiste... por ti he querido..."




22 de diciembre de 198...

Fin de las clases. Día de la lotería. Se escuchaba en todas partes “treinta millooooooooooooooones…. de pesetas”. Nuestras pesetas, nuestras queridas y añoradas pesetas. Cómo las echamos de menos, ahora.

Empezaba la época de descanso navideño, pero para nosotros, chiquillos en aquellas épocas, daba inicio al período más largo del año, la cuenta atrás para la llegada de los Reyes Magos de Oriente.

El plazo para escribir la carta a Sus Majestades daba su pistoletazo de salida. Aguardaban pues 15 días de nervios, de mirar anuncios por la televisión como locos. Catálogos señalados, páginas marcadas, imaginar en qué tramo de su larga ruta estarían Melchor, Gaspar y Baltasar… ¿Se cansaban sus camellos de tanto trote desde Oriente…?

¿Habrían llegado ya a España? La incógnita. Nadie lo sabía, y la duda no hacía sino que abrasar nuestros cerebros inocentes llenos de pajarillos.

En aquellos años pensábamos que los Reyes, los de verdad, y los Magos, llevaban coronas. En aquellos días en que aún no sabíamos que los Reyes hacían también malabarismos para contentar a los niños… En aquellos tiempos en que, ser buenos, obedecer a los padres, estudiar mucho e irse a la cama tempranito el día antes del día mágico eran las premisas necesarias para, al día siguiente, encontrar nuestros flamantes regalos… Eran otros tiempos. Tiempos en que todos éramos muy monárquicos.

Éramos y somos, pues la tradición de los Reyes Magos de Oriente, a pesar de estar bombardeados con la imagen de Papá Noel, es una de las pocas cosas que han perdurado a lo largo del tiempo. Aquellos que como yo somos de Reyes Magos, nos resistimos a perder esta costumbre.

Aquellos días eran el vivo reflejo de la ilusión: que un adulto te escribiera la carta, y nosotros, los niños, provistos de gorro, bufanda y guantes íbamos a entregar la carta en mano al Embajador Real, pues por ningún motivo deseábamos que Sus Majestades no entendieran la letra, pues aquello podía significar quedarse sin ningún regalo.

Éramos “monárquicos” y continuamos siéndolo… porque siempre me había caído mal ese personaje rechoncho, de pelo y larga barba blanca, vestido de rojo y arrastrado por un trineo con ciervos voladores. Papá Noel nunca, nunca se coló en mi casa por la chimenea, primero porque nunca le escribí una carta, y segundo, pues probablemente no entró porque en nuestro hogar, nunca hubo chimenea.

Papá Noel… que venía a hacer la competencia al rey Blanco… no, no, no… ¿Dejaba también carbón a los niños malos como hace Baltasar? Cómo era posible que los niños de otros países no supieran de “nuestros Reyes Magos”.

Siempre lo tuve claro el por qué no lo hizo: Papá Noel era una estafa. Una costumbre, una imagen ideal y bucólica de los países del norte, y que lo mismo respondía al nombre de Papá Noel, como de Santa Claus, Nikolaus o de Viejito Pascuero.

Pero lo mejor de todo era pensar que mientras Papá Noel era una estafa, nuestros Reyes, no … qué estafa tenían que ser… eran Magos de verdad, y buenos además.

Magos porque a pesar de que en algunas casas se pasaba algún apurillo económico, los Reyes siempre las llenaban de regalos, y eran tan buenos que el único carbón que dejaban era una bandejita muy dulce con botellas de champán de chocolate, gominolas, y azúcar negro.

Y claro, eso era señal de que en aquella ocasión había sido Baltasar quien había trepado por el balcón y había inundado el comedor de regalos. Otras veces, se dejaba caer Gaspar, que siempre fue muy generoso conmigo.

No… claro… los reyes no podían ser una estafa pensaba yo, y así pensábamos la mayoría de los que en los ’80 éramos aún niños que íbamos a E.G.B.

La navidad, sin duda, una de las mejores épocas del año cuando eres niño. Era tiempo de soñar, de reír, tiempo de ilusión y de nervios que llegaban a su punto álgido la noche del 5 de enero, la noche más larga del año para los niños.

En aquellos entonces mis cartas a Sus Majestades estaban llenas de palabras en las que intentaba explicar lo buena que había sido durante el año, y después de una buena “enjabonada real” venían las peticiones: muñecas, juegos, colores, libretas, música y bicicletas, ositos de peluche, y lo que buenamente Sus Majestades consideraran. Siempre caía algo que no te esperabas…

 

31 de diciembre de 2009

Pero los años no pasan en balde. Las cartas a Sus Majestades los Reyes de Oriente se acabaron, pero pienso nos siguieron teniendo aprecio a aquellos que siempre hemos creído en ellos.

Año tras año, nuestros Reyes algo han dejado siempre algo en mi balcón. Más o menos… en función de lo buena que hubiera sido durante el año, porque ya sabemos, dado que así nos lo enseñaron cuando éramos pequeños, que los Reyes lo ven todo.

Ahora sabemos que los Reyes no llevan corona pero continuamos ilusionándonos como niños cuando se acercan estas fechas tan entrañables.

Pero, un buen día de 2009, el día 31 de diciembre de ese mismo año decidí rescatar la vieja tradición de escribirles…

Recórcholis… ya iba tarde para hacerlo, pero me decidí a hacerles a los Magos una petición más apelando a mi cariño hacia ellos.

Es verdad que iba tarde, pero los Reyes Magos de Oriente, en 2009 ya se habían hecho dueños de la tecnología. Ya no era necesario librar la carta al Embajador Real, la podíamos mandar via email dirección “melchor_gaspar_baltasar_deoriente@yahoo.com” sin miedo a que no entendieran nuestras letras temblorosas por la emoción suscitada al escribir a gentes de semejante rango.

El ordenador nos aseguraba la llegada de la misiva, se podía poner la marca de lectura, y que el mensaje fuera legible sin dificultad alguna. Los Reyes no tenían excusa ya para sacar a relucir que no habían recibido la petición. El ordenador no engañaba.

Aquel día solicité una vez más un regalo. ¿Y qué les pedí? Pues atendiendo la longevidad de la carrera de mí tenor preferido, de Plácido Domingo, les pedí a ellos, que están en todas partes, y que sin duda deben tener línea directa con Domingo, que le convencieran para emprender un nuevo viaje musical que tuviera como hilo conductor la zarzuela.

Y digo lo de línea directa por lo de la magia, porque sin duda debe pesar sobre el madrileño algún encantamiento, pues si no, no se entiende que a sus años esté en activo aún. De Magos a Mago. Todo ello inmensamente mágico.

La carta era muy explícita, pues lo que me atrevía a pedir era que el Maestro grabara un disco de duetos de zarzuela, de piezas que me encantan y que sin lugar a dudas estaba segura de que en la voz de Plácido sonarían a gloria. Me permití, incluso, el atrevimiento de sugerirle una lista con los mismos. Y es uno de ellos, el "Ten pena de mis amores” de la zarzuela “La del soto del Parral” el que me hacía especial ilusión.

Leí, en alguna crítica del reciente concierto que protagonizó en Chile junto a Verónica Villarroel, que Plácido lo había cantado. No podía creérmelo… no podía… sin duda el Rey Gaspar, el Rey Rubio, aquel con el que tan buena compenetración tengo, le había guiñado el ojo a Plácido.

Plácido, mago entre los Magos, entendió y respondió cantando… “De zagal mi sueño fuiste…”

Y el mío también.

Gracias Rey Gaspar…Majestad, le quedo agradecida enormemente.



miércoles, 9 de julio de 2014

Incredibile, ma vero...

Grandes palabras parafraseadas de la ópera “Andrea Chenier” que así, y de forma aislada no tienen un gran significado más allá del “Increíble, pero cierto”.
 
Pero… si se me permite utilizar una frase de una famosa canción de Joaquín Sabina, la mezclo un poco con la suscrita anteriormente, abro la coctelera y digo: “pongamos que hablo de… Plácido Domingo”, entonces, ¿a qué las palabras citadas en el título de este post adquieren, sin lugar a dudas, otra dimensión?
Y es que hablando de Plácido Domingo no se puede sino que utilizar vocablos como estos, aunque de este gran artista se ha escrito todo y más, y quizás con mejores adjetivos, más grandes y acordes a su categoría que los que yo, ahora, pueda utilizar.
 
 
 
Increíble, pero cierto.
Increíble, porque hace justo un año, el mundo de la ópera era víctima de una gran conmoción a nivel mundial, pues justamente en esta fecha saltaba la noticia, en todos los medios de comunicación, que el tenor Plácido Domingo estaba ingresado en el hospital aquejado de una embolia pulmonar.
La enfermedad le sorprendió en Madrid. En “su Madrid” natal. En el Madrid al que tanto quiere Plácido.
Casi de forma inmediata se inundaron las redes sociales como si de un tsunami se tratara.
Por todas partes, en muchos perfiles, de personas amantes de la ópera, pero también de otros ámbitos, aparecieron palabras de apoyo, de cariño, deseos de pronta recuperación para el Maestro. Nunca jamás había sentido tan de cerca el cariño que profesamos al artista. Mensajes y misivas de todas las partes del mundo, en todos los idiomas, de oriente a occidente, de norte a sur, Facebook, Twitter, etc… quedó colapsado.
Cierto. Hace un año de ello, y Domingo, lejos de pensar en tomarse las cosas con más calma, sigue con su ritmo frenético de actuaciones. Sigue emocionándonos con su trabajo. Este ir y venir, tan necesario en su vida como el aire que respira, no hace sino que alimentar su alma, llenándola de energía y vitalidad.
Que son 73 años y más de 50 en el escenario.
Lo de Domingo no tiene parangón en el mundo de la ópera. Nadie podrá ni llegarle a la suela del zapato, por longevidad, por número de óperas interpretadas y grabadas, por premios recibidos, y por lo más importante de todo esto que no deja de ser algo material, porque nadie en el mundo de la ópera puede sentirse tan querido como, espero  se sienta, Plácido Domingo.
Nadie en este apasionante mundo relleno de partituras, de pentagramas, de historias de amores y desamores, de músicas que conmueven a quienes la escuchan, nadie como Plácido puede gozar, y en vida, del amor de sus seguidores, de esa llama que alimenta y alienta el alma del artista.
Y Plácido Domingo tiene esto y mucho más.
Una gran voz. Un gran artista. Un grande en todo.
Me queda tan solo la ilusión de poder mantener, algún día, una buena charla con él simplemente para preguntarle algo de lo que, sé perfectamente cuál sería su respuesta, y, aunque, a regañadientes por mí parte, la respeto, aunque en esta ocasión, no la comparta.
Dios le conserve la salud, Maestro.

lunes, 7 de julio de 2014

24 años… pero por primera vez, sin ti


 
Por primera vez en 24 años, la señalada fecha del 7 de julio no va a ser para mí lo mismo. Y nunca jamás ya lo será, porque aunque en este día celebre el inicio de mí pasión por la ópera y consecuentemente de mí admiración por la voz que inspira este blog, no estará junto a mí aquél que, en ese lejano 7 de julio de 1990 hizo que con su amor por la música unida al arte de Plácido Domingo, naciera lo que se ha convertido en la pasión que alimenta día a día, hora a hora, segundo a segundo mí vida.

No, abuelo, no estarás conmigo, aunque sé que tu alma está siempre cerca de mí corazón, del lugar que ocupabas en vida, y en el que sigues estando ahora y por todo el resto de mis días.

7 de julio, 24 años desde que los Tres Tenores unieran su arte, sus voces y su música bajo el cielo romano. Tú me lo enseñaste.

24 años de pasión. 24 años de emociones. 24 años de sueños, algunos de ellos cumplidos y con creces.

24 años de aprendizaje. 24 años ya, enamorada de la ópera.

Celebremos pues todos juntos esta gran efeméride. Acordémonos de ellos. ¿Cómo olvidar toda su aportación al mundo de la ópera?

Nunca.

lunes, 30 de junio de 2014

Manon Lescaut en la R.O.H: una anécdota más para contar…


 
Si alguien, después de leer este comentario, me tilda de anticuada, cuadriculada y de mente poco abierta..., si alguien lo hace, le voy a dar completamente la razón, pues no puedo dejar de serlo. No en esta ocasión, ni en tantas otras.
 
Nunca he creído que la ópera gane aficionados a base de modernizarla, perdiendo el respecto al compositor y al libretista, como tampoco a base de asquear a aquellos que, como yo, hace muchos años que estamos metidos en este mundo, disfrutando de las músicas y de las voces, que en definitiva son el eje central y prioritario, los puntos de mira de ese espectáculo al que quizás, ahora erróneamente, llamamos ópera cuando, ante producciones como la que acabo de ver, debería calificar como show de mal gusto.
 
Ganar seguidores por puestas en escena transgresoras es hastiar a los más clásicos, entre los cuales me he encuentro y me enorgullezco de estar. Hacer esto lleva, en casos extremos, a hacer perder el entusiasmo y el interés a aquellos que nos emocionamos con la música, con las voces, con las palabras.
 
La ópera, hoy en día, es para mí un arma de doble filo: peligrosa, hiriente, que acarrea consecuencias y me hace replantear muchas cosas. ¿Es que nos están perdiendo el respecto los teatros de ópera a base de programar obras con escenografías que no tienen ni ton ni son?
No, realmente es un negocio. La ópera es una jungla, y ahí sobrevive el más valiente, el que apuesta y el que arriesga; los otros, los más conservadores, los más clásicos, quedan a remolque y se conforman con lo que ya tienen porque a lo mejor no pueden hacer otra cosa por falta de presupuesto.
Si es por falta de dinero, exultante digo ¡bendita sea la crisis!...
 
Lo siento, yo en esta ocasión me conformo con lo que ya tengo y no lo quiero cambiar. No, no quiero, porque sigue llenándome más un montaje clásico que me permita concentrarme en el intérprete que todos estos montajes que no me aportan nada a nivel escénico y que por ende, hacen que no pueda gozar como es debido de los cantantes.
 
Estas palabras, o reflexiones, o críticas o indignación - ¿por qué no decirlo así? - vienen sin duda a raíz de la reciente “Manon Lescaut” que estos días se está representando en la Royal Opera House de Londres.
Esta ópera es una de mis preferidas. Nadie como Puccini sabe describir mejor la dulzura, los ambientes y lugares, el fuego primerizo de la pasión en un cuerpo humano, la burla, los estados de ánimo, la frivolidad, la desolación, la desesperación, la  pasión deseada, el amor consumado, la soledad, las reflexiones… nadie como él para poner sobre el pentagrama todos los sentimientos humanos habidos y por haber.
 
La música de Puccini habla siempre por sí sola, es más, no sería ni tan siquiera necesario hacer apoyo en la voz cantada cuando su orquesta es capaz por sí sola de contarnos lo que quiere decirnos, lo que Puccini tenía en mente.
El gran Giacomo, mago de los sentimientos, puso con su “Manon Lescaut” todo este abanico de sentires que explotan musicalmente a lo largo de dos horas.
 
Pero todo esto que yo espero encontrar en esta magna obra, lo siento mucho, no lo he encontrado en esta flamante y descarada “Manon Lescaut” londinense. Y voy a dejar el capítulo de las voces para más adelante porque quiero centrarme antes a comentar, y soy benévola, la puesta en escena.
 
Es cierto que la obra habla de prostitución, del estallido sexual que Manon provoca en Des Grieux, algo que el joven caballero necesita tanto como el aire que respira, porque es tan fuerte el impacto que en él causa la joven que a los 10 minutos de ópera ya no puede pensar en nada más. Manon es su mundo y de ahí no sale.
“Manon Lescaut” habla también del afán de riqueza, del ansia por hacerse con el poder, de la codicia, del lujo y de manipulación. De diferentes esferas sociales. El fuerte acaba venciendo siempre al débil.
 
Temas antiguos y sin embargo muy y tan actuales, no cabe la menor duda. Pero… como siempre, cuando se está ante una obra ambientada en el s.XVIII, cuando se adapta tiene que hacerse con mucho sentido e inteligencia, sino el resultado acaba siendo un fiasco, como fiasco, valga la redundancia, me parece que es en esta ocasión.
 
No voy a discutir las ideas que JONATHAN KENT tenía en su mente cuando concibió esta producción, pero puedo decir que no tenía bien claro del todo la época, hecho que hubiera podido solventar, cogiendo el libreto de la ópera o leyendo con atención la novela del Abate Prévost antes de construir este castillo en la arena que se desmorona ya en el primer acto y con el más insignificante de los detalles.
 
 
Es lo de siempre, renovarse o morir.
 
Kent opta por renovarse. Yo ante lo visto, opto por el morir, porque en la ópera está ya todo hecho, está todo dicho, se ha explotado todo, y se necesita realmente inteligencia, valía y respecto para afrontar un reto como el de Kent, y yo no diviso nada de esto aquí.
 
Sí, se pueden hacer producciones modernas y con sentido, pero en esta ocasión lo echo de menos y en creces, no por el vestuario, sino por toda una serie de circunstancias que desembocan en gratuitas connotaciones sexuales, que no aportan nada a la obra – aparte de morbo-  y de las que se hace gala durante todo el segundo acto.
Como ejemplo la escena lésbica entre Manon y la cantante de madrigal que se produce ante los ojos y satisfacción de Geronte para su deleite.
¿Realmente hace falta algo así para contarme la historia de Manon y de Des Grieux?
En “Manon Lescaut” se habla de prostitución, de sexo encubierto, con mucha finura, acorde con la época de pelucas y caras enharinadas, pero de lesbianismo no. Ni en la novela del Abate Prévost que he leído más de tres veces ni en la ópera de Puccini… Entonces, ¿a qué viene introducirlo?... por favor…
 
No.
 
 
 
Y lo más grave de esta puesta en escena es que me impide gozar de la música, me distrae y me hastía. Si me preguntan por el dueto del segundo acto y lo escucho cerrando los ojos, puedo dar mi opinión a nivel vocal, pero al verlo, me desconcentra.
Kaufmann y Opalais se pasan todo el dueto colocándose para darse el revolcón final… fíjense si tienen que ser buenos los cantantes, que son capaces de cantarse un dificilísimo dueto, sin mirarse a la cara, intentando concentrándose en la música, y por otro lado estando pendiente de encontrar una postura lo suficientemente cómoda y creíble que haga creíble, valga la redundancia, el revolcón final que se dan.
 
Me abruma… me cansa y me harta…
 
Hace 30 años “Manon Lescaut” también se cantaba y sin tanto ir y venir de la cama, sin tantos achuchones… con decorados de cartón y otros más corpóreos, sí, pero con los cuales no perdías un ápice de tiempo intentando concentrarte en la música, porque ya desde el minuto 1 no cabía dicha posibilidad.
 
 
 
Cuando se abre el telón y lo primero que veo es la tan socorrida escalera de caracol me dan ganas de reír, no puedo pensar en nada más que no sea el “Faust” que el propio Kaufmann hiciera en el Metropolitan. Me hace pensar… ¿habrá un excedente de escaleras de caracol en todos los teatros que, en producción sí, en producción también, no paran de sacarlas?
 
¿¿¡¡¡Un casino al lado de un hotel de carretera en el que se confunde un as con una sota??!!!! ¿Qué sentido tiene…? En un bar de carretera, en una terraza de verano, en la playa o en casa con unos amigo, se admitiría “pulpo como animal de compañía” parafraseando ese famoso anuncio del “Pictionary” de los años ´90, pero en un casino no, no me cuadra, no me sirve la idea porque no pega ni con pegamento.
 
Tratar a Manon como una prostituta y exhibirla en el segundo acto de la forma que lo hace Geronte, con toda la eroticidad con la que le obligan a hacerlo, ante cámaras, ante el propio Des Grieux (que no sabemos que está allí hasta que no se quita la máscara…) y tantas, tantas durante el segundo acto que acaban a una por colmarle la paciencia. Mientras ella se contornea en lo que debería ser la escena de aprendizaje del baile, Geronte se está fumando un puro.
 
Y podría seguir en el tercer acto en el que no entiendo lo de la pasarela verde, ni el cartel publicitario, ni nada de nada…
 
 
Un voto de confianza
 
Debo confesar también que antes de escucharla, gracias a la generosidad de mí amiga Mónica Menconi y finalmente verla gracias también a Joaquim, alma del blog “In Fernem Land” que nos regala día tras día todas estas joyas, leí tan solo una única crítica acerca de la producción.
Cuando lo que se lee es de alguien a quien le ha gustado es obvio y lógico que en la producción le cuadre todo y que además lo justifique de manera que haga interesante y atractivo el hecho de sentarse ante el sofá, cómodamente, e intentar gozar de la producción.
Leí con atención la crítica de Juan Antonio Muñoz para el diario “El Mercurio” (recomiendo su lectura encarecidamente), y debo reconocer que de la lectura nació en mí una extrema curiosidad de verla. Si a él le encajaba todo…y la disfrutó tanto…por qué no intentarlo, ¿no?
 
Pero yo he sido incapaz de encontrar algo que me gustara en ella. Así de crudo, pero es la verdad.
 
No he leído ninguna crítica más acerca de esta “Manon Lescaut”, ni siquiera la que Joaquim hace en su blog, para mí gran referente, que escribe siempre con coherencia y sentido. No.
No he querido dejarme llevar por otras opiniones, y sé quizás, que una vez más vaya al revés del mundo, porque por lo comentado a “vox populi”, creo que mucho público del que asistió a la función del día 24 en el cine salió encantado.
 
No he encontrado chispa, ni química entre los dos intérpretes principales. Sí que tienen a favor unos envidiables cuerpos que hacen creíbles sus papeles de pareja joven, pero nada más.
Lescaut parecía un proxeneta y Geronte no sabría exactamente qué adjetivo darle. Pero esto es ya lo de menos.
 
En fin, dejo pues la puesta en escena aquí, no me quiero hacer más daño con ella y me voy a centrar en la parte musical.
 
 
¿Dónde estaba Pappano?
 
Siempre he dicho, y he repetido hasta la saciedad que hoy en día, Pappano, es uno de los mejores directores. Nadie como él sabe captar tan a la perfección la música de Puccini.
 
Siempre he dicho que Pappano nació para tocar Puccini porque sabe captar los matices del compositor de Lucca y porque aprovecha al máximo el brillo de la orquesta a la que hace estallar cuando la partitura lo pide y a la que da sutilidad, cuando la misma lo requiere.
 
Quizás porque el audio de Mónica no era lo suficientemente ajustado, el balance del sonido orquestal era atronador y los cantantes se oían de lejos, pero con el audio escuchado, me da la sensación de que la orquesta iba pasadísima de decibelios. Raro, muy raro y para mí preocupante en una ejecución de este director.
Pensé que el vídeo mejoraría esto, pero la verdad es que tampoco está equilibrado el sonido, pero en esta ocasión completamente al revés, la orquesta casi tiene que adivinarse.
 
Por lo que pude escuchar en el audio, repito, que tampoco es una grabación por la cual pueda emitir una buena opinión, me da la sensación de desbocamiento, de falta de entendimiento, de que a veces uno iba por un lado y desde el escenario Kaufmann marcaba en otro sentido, queriendo imponer él su propio tempo.
 
Es verdaderamente una lástima.
 
No. En esta ocasión no me emocionó ni Pappano ni la música de Puccini.
 
 
De las voces…
 
 
 
Evidentemente el mayor reclamo de esta producción, vocalmente hablando, era el debut del tenor alemán JONAS KAUFMANN.
El bávaro tiene en su haber casi todos los ingredientes para hacer un buen Des Grieux: voz, potencia, agudos brillantes, y dicho sea de paso, goza de un buen físico con el que hacer creíble su personaje.
 
Pero… hay peros…
 
Cuando escuché el audio me encontré lo que me esperaba encontrar: a Kaufmann le falta la dulzura en el primer acto, su voz corpórea, oscura y viril no consigue transmitirme nada. No encuentro el frescor de la juventud, la ilusión, la voz no es brillante, no es ensoñadora…
La voz suena demasiado oscura. Demasiado, y no logra imprimir esa sensación de mariposas en el estómago ante el primer estallido sexual que se acaba de manifestar en su cuerpo.
Su Des Grieux es pasivo, monótono y frío.
 
Mejora quizás en el segundo acto, en el cual el joven llena de reproches a Manon. Entonces esa voz que se mueve en la zona central y también puntualmente en la alta, que es donde brilla el tenor, es cuando se torna idónea para el personaje. Des Grieux, vencido nuevamente por la fascinación que siente por Manon, cede a los encantos de la joven, pero la voz suena bien asentada, como bien también suena en el concertante del tercer acto, dado que su potencia sobresale y se pasea por la zona aguda sin problema.
Es para mí en el tercer acto donde en su primer dueto con Manon encontramos al Kaufmann más sensible, más enamorado, con más matiz. Es su mejor momento.
Pero nuevamente en el cuarto acto se desinfla y pierde la emoción con la que nos ha convencido en el tercero.
 
A nivel escénico…no logra hacerme ver a Des Grieux, no, no lo es… es Kaufmann, siempre es Kaufmann.
A su favor, claro está cómo decía, el muniqués goza de un buen físico que, sino hace creíble el personaje que salió de la pluma del Abate Prevost, al menos sí que logra captar la atención del público femenino.
 
 
Tampoco me gustó la Manon de la soprano KRISTINE OPOLAIS, faltada de matiz, agudos extremos en alguna ocasión rozando casi el grito, sin sensibilidad, sin pasión, sin crear ambiente, sin expresividad. Y Manon Lescaut necesita de una soprano expresiva.
 
Sin embargo me gustó la voz de Lescaut, el barítono CHRISTOPHER MALTMAN, un bello timbre, un buen fraseo, y, a la par, una buena actuación escénica.
 
Correcto, sin ninguna particularidad a destacar, el Geronte de MAURIZIO MURARO, así como el resto del elenco.
 
 
Cuándo no lo arreglan ni las voces…
 
Pues yo diría… parafraseando el chotis del Eliseo de “La Gran Vía” de Chueca…  “pues apaga y vámonos”…
 
Y eso es lo que hago. Apago y me voy.
 

miércoles, 28 de mayo de 2014

Lazos sólidos. Nudos que no se deshacen. Corazones que enseñan. Corazones… que cantan.


 
“Manchega…flor y gala de la llanura…
Manchega… te quiero por tus ojos y por tu boca…”
 
Estas frases, tan bonitas y a la vez tan bien musicadas por el maestro Guerrero, fueron una de las primeras que mi abuelo me cantó en el balcón de casa, en pleno verano y con un calor de justicia, pero que yo recuerdo con gran claridad, como si fuera ahora mismo.
Puedo aún verle sentado en su butaca con el periódico en las rodillas, un refresco en la mesita y un cigarrillo en la mano derecha. Yo, en pantalón corto y camiseta de tirantes, sentada en el suelo, y embobada ante tal descubrimiento, ante tal maravilla que, gentilmente, compartía conmigo.
Creo que en ese momento algo dentro de mí cambió. Descubrí el poder de la música. O la sensibilidad por ella. Se abrían las puertas a lo que, en breve, se convertiría en mi gran fascinación.
 
Estaba y aún estoy locamente enamorada de la voz de mí abuelo. Tenía un bonito timbre, sentía enormemente lo que cantaba –fuera lo que fuera - y además, tenía algo que a veces echo en falta a muchos intérpretes: tenía gusto cantando.
Nunca le escuché cantar por cantar. Siempre adornaba la pieza, siempre le emanaba la pasión del corazón, siempre lo cantaba con fe. Con seriedad. La música para él, al igual que para mí, era mucho más que un pasatiempo. Era, es, una forma de vida.
 
Bien cierto es que uno puede aprender a cantar, claro que se puede. Se puede aprender la técnica del canto, también se puede, pero, el gusto a la hora de cantar es innato. Se tiene o no. Y él lo tenía. Y mucho, a pesar de no dedicarse profesionalmente al canto.
 
“Manchega…” (Juan Pedro)
 
“Déjame seguir…” – dice Sagrario a Juan Pedro.
 
Y Sagrario, poniendo la mano en los labios de Juan Pedro, acalla al joven gañán. Así lo cantaba Mirna, me decía. Mirna Lacambra, la soprano sabadellense impulsora de la A.A.O.S.
 
 
 
Pero dejando de lado este estupendo trozo de “La rosa del azafrán”, por el cual, y por razones obvias, siento especial predilección, mi primer recuerdo musical consciente, dentro de este mundo maravilloso de la zarzuela, y que viene intacto a mi memoria, parte de algo tan simplemente extraordinario y bello como:
 
“Caballero de Gracia me llaman
Y efectivamente, soy así….
Pues sabido es que a mí me conocen
Por mis amoríos todo Madrid…”
 
Una de las piezas más populares y más cantadas de “La Gran Vía”.  Un precioso vals que sirve para hacer alarde personal de un pintoresco personaje como es el Caballero de Gracia, un transeúnte más del Madrid de principios del sigo XX que pasea su chulería durante una caminata por esa gran y famosa arteria de más de un quilómetro, y que une la calle Alcalá hasta Plaza España.
Tenía por aquellos entonces casi tres añitos cuando me dedicaba a cantar frases (o a estropearlas, quizás sería mejor utilizar este término) que ni sabía qué eran, pero que yo, en mi voz reproducía porque se las oía cantar a mí abuelo.
 
La música, y especialmente la zarzuela, van en mi caso, indisolublemente ligadas a él.
 
Fue, como siempre he dicho, el impulsor de mí amor por la música. Me enseñó muchas zarzuelas, y alguna que otra aria de ópera, pero, fueron de las primeras lo que más pudo mostrarme y hacerme querer y respetar.
 
Amante del género y defensor de su valía, me dejó este magnífico y rico legado repleto de bellas melodías, de letras inolvidables, de momentos de su infancia para recordar, todos ellos, mezclados con los de la mía.
 
Gracias abuelo, gracias por semejante y tan gran regalo, gracias por ese haber lleno de música, de consejos y de valores personales, pero, ¿sabes qué es lo que nunca me enseñaste en todos estos años?
Pues como yo te diría, a son de bolero, cantando, como siempre hacía a la mínima insinuación, pues que en definitiva no me enseñaste cómo voy a vivir sin ti, sin tenerte a mi lado, sin que me cantes y sin que me enseñes más cosas.
 
Desde allí donde estés, desde el cielo, al que has accedido sin necesidad de llevar pasaporte ni seña de identidad alguna, desde allí estoy segura que tu voz seguirá dictando mi camino.
 
Tu voz ha callado con la muerte, pero tu corazón sigue aun hablándome y cantándome. A través de la música, a través del recuerdo, con un gesto, con un olor…
 
 
T´estimo molt, avi.