martes, 31 de diciembre de 2013

2013 que agoniza…

Un año más que acaba. Un año más que empieza.
 
31 de diciembre y llega la hora de hacer balance del 2013. Sin duda, musicalmente hablando, este ha sido por excelencia el año de celebración del bicentenario del nacimiento de dos de los exponentes operísticos más importantes y que más han aportado al mundo de la lírica: dejamos atrás, pues, el año Verdi y el año Wagner. Todo vuelve a la normalidad, las aguas se calman y regresan a su cauce, y atrás quedan los fastos dedicados a estas grandes figuras.
Un año relleno de atracones musicales que hemos sobrellevado, y disfrutado, a lo grande, todos los amantes del género.
 
Trovatores, muchos Trovatores. Demasiados. Empacho de Trovatores, me atrevería a decir. Muchos teatros han programado esta ópera, y quien más quien menos ha debutado en este 2013, algún que otro role.
 
Este es el caso del incombustible Plácido Domingo que va en primera posición, pues este año, ha sido su año Verdi, a tutiplén, ni más ni menos que 4 personajes nuevos:
 
-      Giorgio Germont en el MET
-      Nabucco en Covent Garden
-      Giovanna d´Arco en Salzburg
-      Conde de Luna, aún resonando el eco de su voz, en Berlín.
 
Con la mitad de personajes, le sigue Jonas Kaufmann, que se ha puesto en la piel de Manrico y recientemente en la de Álvaro en “La forza del destino” en la ópera de Munich ambas. El bávaro juega sus mejores cartas en casa,  en terreno conocido y con su mejor aliado, el público muniqués que le arropa en cada una de las intervenciones.
 
Ambos, han dedicado disco a Verdi, el primero con arias propias de barítono y el segundo, de tenor, pero además Kaufmann ha hecho lo propio también con una grabación de escenas de varias óperas Wagnerianas.
 
A nivel personal
Ha sido para mí un año musicalmente intenso en algunos momentos puntuales. Muy intenso a pesar de las pocas funciones a las que, desgraciadamente, he asistido. Y destaco, entre ellas, dos que han sido y son muy especiales para mí:
 
Mi viaje al MET, la primera vez que asistía a este gran teatro para cumplir uno de los más anhelados sueños de mí vida, poder escuchar al gran Plácido Domingo en el coliseo americano.
Pasarán los años, y siempre podré recordar y contar el momento, y decir, “yo escuché al mejor tenor del mundo en el Metropolitan”. ¿El mejor? Entramos ya en terreno de gustos personales. Para mí lo es, y lo seguirá siendo indudablemente.
 
Y el segundo, el concierto de zarzuela del mes de noviembre en la Faràndula de Sabadell. Con él regresaba a nuestra ciudad el tenor Carles Cosías. Un lujazo tenerlo y disfrutar de su voz en nuestra ciudad.
Velada especial, mágica donde las haya también, Carles exhibió y nos regaló sus mejores galas. ¡Qué caro y difícil es de ver un artista como él cuando, desgraciadamente, en este complicadísimo mundo de la ópera abunda tanta mediocricidad…
 
Dos momentos, dos escenarios diferentes. Dos cantantes diferentes. Dos voces diferentes. Dos artistas diferentes que me transmiten porque saben transmitir. Que me hacen disfrutar porque ellos disfrutan cuando cantan.
 
Y eso…tiene mucho valor porque hay talento y sensibilidad en ambas gargantas.
Elementos que, hoy en día, parece ser que se olvidan en pro de las grandes campañas marquetinianas, cuyo objetivo es el dinero y fama fácil para artistas que suben y suben como la espuma y que inundan, con sus fotografías pasadas por photoshop, las estanterías de los centros comerciales con atractivas portadas de discos.
Artistas, flor de un día, de los cuales se hablará y se hará eco de su voz por poseer una buena figura o una cara bonita, pero sus voces, su material, su valía, si es que la tienen, no se recordará. Una pena… destrozar artistas que pueden apuntan cosas buenas por el simple egoísmo de llenar los bolsillos de monedas. ¡¡En qué mundo vivimos…!!!
 
Breves estas dos tardes musicales, pero inolvidables, intensas, vividas con pasión y con entrega, cuyo resultado, la euforia y el goce musical de las mismas, están presentes, aún en mi mente.
Gracias Plácido. Gracias Carles. Gracias a los dos por esos momentos únicos que me habéis brindado.
 
Y con las 12 campanadas de esta noche se romperá el hechizo musical de estos dos momentos vividos en 2013.
 
¡Feliz año nuevo!
 
 
Y mí año 2013 que apura ya su último aliento, acabará del mismo modo que empezará: con música.
Y no, no me estoy refiriendo ni aludiendo al son de los dulces valses de Strauss que mañana escucharemos en la televisión, que también.
 
No.
 
Mi año 2013 finaliza al son de “Madama Butterfly”, y con esta música que solo un grande entre los grandes, como Puccini, supo componer, será sin lugar a dudas, la banda sonora que acompañará mis primeros y flamantes días de 2014.
 
¿Por qué?
 
Pues porque hay alguien especial, que me ha hecho volver a vivir otra vez esta colosal ópera, que me ha hecho recordar, que Puccini es el mago de los sentimientos a flor de piel. Que Puccini no escribía notas por escribir, que todo tenía un sentido y que cada nota es pura pasión. Nunca lo he olvidado, pero sí que necesitaba, en estos momentos, con la chispa que emerge de tus palabras, volverlo a experimentar, a gozar, reencontrar la carne de gallina al pensar en su música encauzada y guiada perfectamente al compás de tu escrito.
 
Es mi regreso a Puccini que por tantos días he tenido un poco arrinconado ocupada con otras cosas que bien sabes, querida Teresa.
 
Gracias Teresa.
 
Antes las daba a ellos, ahora te las doy a ti por compartir pasiones, pensamientos, momentos, buenos momentos musicales y personales, siempre intensos, de los que siempre se aprende, bien aprovechados. ¡Qué afortunada me siento de poder compartirlos contigo!
 
Gracias por tu sentida Butterfly y gracias por ese minucioso estudio que hace que me reencuentre, una vez más, con Ciò-Ciò-San.

viernes, 13 de diciembre de 2013

De la primera vez...se cumplen hoy 18 años


En la vida de una persona hay ciertas fechas que jamás se olvidan, porque son especiales y nos recuerdan cosas bonitas que nos hacen sentir bien, y sin embargo también hay fechas que desearíamos que nunca se hubieran dado porque nos traen a la memoria momentos que nos gustaría poder olvidar.
 
En la vida, en nuestra vida, tiene que haber de las unas y de las otras. Y hoy, como cada año desde hace 18 años, quiero recordar una que para mí es muy especial. Hoy, 12/12/2013 se cumplen exactamente 18 años desde que escuché por primera vez en directo la voz que hizo que me enamorara de la ópera con tan solo 10 años. La voz que me ha hecho vivir tardes y noches inolvidables. La voz por la cual he perdido horas de sueño, he alterado horas de estudio, la voz que me impulsó a cruzar el Atlántico para cumplir uno de los sueños de mí vida y que fue escucharla en el Metropolitan.
 
“È così dolce il suon della sua voce”, así se titula mi blog y creo que, aunque me haya permitido la licencia de alterar la frase original, es como mejor puedo definir la voz que, a lo largo de 23 años me ha acompañado. Me he hecho mayor con ella. La echo en falta cuando no la escucho, y, por mucho que mis oídos se recreen con ella, nunca, nunca me cansa, siempre encuentro nuevas cosas, nuevos matices. La voz de Plácido Domingo sigue enamorándome con su arte, con su expresión, con su sensibilidad, y aunque a sus 72 años ya poco puede ofrecernos, vivir directos con él continúa siendo tremebundo.
 
Recuerdo su entrada en marzo de este año en el escenario del MET: “Madamigella Valery” inundando hasta el último rincón del teatro… qué experiencia tan inolvidable, era para morirse en la butaca, pues se mezclaron en aquel momento sensaciones vividas a lo largo de 23 años, cariño, nostalgia, alegría, fuerza, ilusión, sensibilidad, expresión, palabra, música… y lágrimas, también.
 
Y una no puede dejar de mirar atrás… 18 años ya desde aquel increíble martes, 12/12/1995, una fecha que ha quedado para siempre marcada en mi calendario. La primera vez que escuché a Plácido Domingo en directo.
 

 



 


 

 
 
Imprescindible
 
Parece casi hecho a posta, pero el domingo pasado, en la 2 de Televisión Española se emitió un reportaje de 1 hora de duración sobre la figura de Plácido Domingo.
72 años y su energía y ganas continúa intacta. Gozar aún de su arte es un lujo. Bien es cierto que el estado vocal actual de su voz no es el más óptimo, pero con su sola presencia en el escenario, Domingo arrasa teatros como si de un tsunami se tratara.
Qué mejor título para un programa de tal calibre y dedicado a un gran artista como es él.
Plácido Domingo, imprescindible en el mundo de la ópera. Quizás la ópera no se entendería tal y como es sin que el mismo hubiera hecho su enorme aportación.
El nombre de Plácido Domingo está escrito ya con letras de oro en la historia de la lírica. Su nombre perdurará años y años, sus grabaciones pasarán de generación en generación, de padres a hijos, de hijos a los hijos de estos hijos, y así época tras época.
 
“Pasarán más de mil años, muchos más”, como dice este precioso bolero, yo no lo veré, y mis coetáneos tampoco, pero estoy segura que dentro de mil años la voz de Plácido Domingo seguirá sonando en algún reproductor, no me atrevo a decir si compact disc, i-phone o alguna de estas tecnologías tan modernas de las que disponemos hoy en día y que dentro de mil años serán piezas de museo por ser arcaicas a la época, pero de una manera o de otra, la voz de Plácido Domingo será inmortal, y todos ellos, podrán comprobar cómo gozamos todos los que hemos tenido la gran suerte de disfrutarle en directo.
 
El día que Plácido Domingo deje la ópera, la ópera se va a sentir muy huérfana, y sus seguidores, más huérfanos aún.
 
Larga vida al Maestro Domingo. Y gracias por estos 23 años de ópera que me ha brindado, y gracias por estos primeros 18.
 
Mi primer contacto musical con él cumple hoy su mayoría de edad. Soplaré pues 18 velitas.
 

lunes, 11 de noviembre de 2013

Amor por la zarzuela en Sabadell



Es absolutamente una pena, y si se me permite, una vergüenza que de un espectáculo cultural, grande y de nivel, como el concierto que se ofreció el sábado en el Teatro de la Faràndula de Sabadell, se haga tan poco eco, y más en una ciudad cuyo nombre es sinónimo de buen hacer operístico.

Parece ser que sólo interesa lo que se organiza, quizás, desde niveles más altos, pero, que el público sabadellense tenga que conocer de un evento así por un único cartel colgado en el teatro, amén de los que se han ido pegando en diversos puntos del centro, y tal como eran pegados, se arrancaban, es realmente, y valga la redundancia una vergüenza.

Y a la cultura, a pesar del aumento del IVA, estratosférico, exagerado e injusto, no se le puede cortar las alas, al contrario. Pero, desgraciadamente en nuestro país interesan más otro tipo de acontecimientos, más populares, más para la gran masa de ciudadanos, olvidando a aquellos que, sin renunciar a los anteriores, nos gusta la música y las buenas voces.

Y la cosa va de vergüenza también en cuanto a la comunicación y traslado de información, porque el medio de prensa por excelencia de nuestra ciudad, el “Diari de Sabadell” debería revisar el contenido de los artículos antes de proceder a su publicación. ¿De vuelta a la censura?

No, por favor, eso nunca, pero un profesional de la comunicación, no una simple aficionada como yo que se dedica a explicar lo que ve, lo que oye y lo que siente cuando asiste a una función, no puede permitirse el lujo de publicar, o dejar que publiquen, un artículo lleno de erratas. Sí, de erratas y sonadas, erratas en un margen de 4 líneas de un mismo párrafo, y eso, desgraciadamente denota el bajo nivel cultural de los comunicadores (que de ser así pueden hacer una búsqueda en Google y seguro que los datos son más fiables) y también el grado y nivel de desidia o de falta de profesionalidad del que escribe y del que publica.

Que me digan que “La Tempranica” es de Gerónimo Giménez, con “G” y no con “J”, puedo pasarlo, aunque no esté bien ortográficamente hablando, pero que me digan en una línea que esta misma obra es de Giménez, y tres líneas más abajo me digan que la ha firmado Torroba al igual que “La del manojo de rosas” que es de Sorozábal (y no de Solozábal que era un jugador de básquet como se escribe cuando el autor habla de la zarzuela “Entre Sevilla y Triana), me hace hervir la sangre, como atribuirle también la “Petenera” de “La marchenera” del buen Federico Moreno Torroba y que ahora den este mérito a Gerónimo Giménez, por desconocimiento sobre lo que se está escribiendo.

Pero no acaba aquí la cosa… Fechas equivocadas con los Premios Manuel Ausensi del cual Carles Cosías fue ganador en 1998 y no en 2004 o hablar de “Elissire d´amore” y no de “Elisir”…

Tantas, tantas erratas le hacen bailar a una la cabeza y lo que más pena me da es comprobar lo poco en serio que se toma su trabajo alguna persona, un lujo que, a día de hoy y con tantos millones de parados, no nos podemos permitir. Pero no ahora que están las cosas como están, sino nunca. Uno por encima de todo tiene que ser un buen profesional en su trabajo, sea del ámbito que sea.

El programa de mano entregado, tampoco está exento de errores. “Torraba” por Torroba, alguna falta de acentuación, etc… en fin… ¿es que nadie revisa las cosas antes de qué se editen?

 

El concierto. Primera parte.

Pero todo esto, que creo es de justicia sacar a colación, no empañó para nada, al menos para mí, la tarde.

La sala no estaba llena. Una mala gestión, una deficiente publicidad del evento, provocó esta extraña situación. Aun así, el público que ocupaba sus localidades en el teatro de la Farándula salió satisfecho. Esto no lo dudé ni un segundo.

El escenario austero. Ni una flor, ni un adorno, nada, nada que diera un poco de color y ambientación a la sala y que rompiera el lutoso negro que presentaba el escenario, nada que ayudara a crear un clima de noche de gala, porque, a pesar del poco bombo y platillo hecho del evento, fue una noche de gran nivel, a la altura, quizás más, de las que se organizan desde los “A.A.O.S”. La falta de relleno brillaba por su ausencia, pero… ¿a quién le importa esto cuando el espectáculo que se ofrece es de primerísimo nivel?
 
 
 

Bajo el título “Romances d´amor” y bajo la conducción del titular de la Orquestra Simfònica del Vallès, RUBÉN GIMENO, se vivió, se palpó, se respiró una intensa tarde-noche de música, de zarzuela, un género por el cual tengo especial predilección, por sus melodías, y por todo lo sentimental que para mí es y por lo que para mí representa.

Era la primera vez que escuchaba a la Simfònica bajo la dirección de su titular, y me sorprendió gratamente. Bien es cierto que la orquesta adolece siempre del mismo defecto, y es que va pasada siempre de decibelios, y eso siempre es un peligro para el cantante que le obliga a forzar mucho la voz. Pero en esta ocasión la orquesta apretó donde podía y secundó bien en las intervenciones vocales.

Cuando se tiene a un buen director, que está pendiente de la orquesta y que además respira con el cantante y permite y deja sacar la expresión más íntima del intérprete, entonces, y solo en estas contadas ocasiones se produce aquello que yo llamo “milagro musical” porque encuentro la expresividad del cantante, y eso, es difícil y a la vez, caro, carísimo de encontrar en un momento en que el márquetin todo lo vale y permite. Injustamente, pero es así.

El programa fue bien escogido y a la vez presentado por un miembro de la orquesta que iba desgranando argumentalmente cada una de las piezas que los cantantes interpretarían. Se agradece siempre el gesto porque aunque yo particularmente, amante del género, supiera ya muchas de las cosas que sacó a relucir, siempre es bueno refrescarlas y aprender otras que desconocía. Me pareció una idea excelente.
 




Tras el inevitable preludio de “El tambor de granaderos” tocado con un vigoroso ritmo y alto volumen, la primera intervención de la tarde correspondió a la soprano de Badajoz, CARMEN SOLÍS a la que no había tenido nunca la oportunidad de escuchar, y después de una floja romanza de Rosa “Los claveles” de Serrano, “¿Qué te importa que no venga?”, acabó por convencerme en el resto de programa.

Y pues qué pasó en “Los claveles”, demasiado vibrato en la voz para mi gusto.

Es absolutamente necesario que diga que, amén de su voz, una de las bazas mejores de Carmen Solís es que la dicción es perfecta. Se entiende cada una de las palabras que sus labios articulan, y ello, al oyente que como yo, que somos amantes de la expresión y de las palabras en el canto, nos llena de satisfacción y nos permite apreciar mejor las interpretaciones y todas las inflexiones de este difícil arte que responde al nombre de lírica, entiéndase ópera, o zarzuela como ha sido en esta ocasión.

CARLES COSÍAS, una de las voces más queridas de Sabadell hizo aparición en el escenario para interpretar la difícil romanza de Juan Luis que Guerrero escribió para “El huésped del sevillano”, la famosísima “Fiel espada triunfadora”. Arriesgada elección pero excelentemente cantada, en la habitual línea que el tenor nos tiene acostumbrados. Agudos seguros y exquisito gusto.

Siguió la soprano con una pieza que se ha ido poniendo de moda hace unos años, la Petenera de “La marchenera” de Torroba en la que de nuevo hizo gala de su fraseo y dicción, dejando ya un poco más atrás el vibrato de la primera pieza.

Y de “La marchenera” a “El trust de los tenorios”… y es que quien no conoce esta estrofa “Te quiero morena, te quiero como se quiere a la gloria”. Lo decía el presentador, “es que cuando el tenor canta esto…” y lo comprobamos los asistentes. Y es que cuando el tenor cantó esta romanza la sala empezaba a tomar la temperatura adecuada. Bella romanza que cuando se canta con ganas, con sentimiento, el resultado solo puede ser el que fue, estallido de aplausos del público. Llena de matices y adornos. Llena de pasión.

Se agradece la incursión de Carmen Solís con su muy bien ejecutada “No corté más que una rosa” de “La del manojo de rosas” de Sorozábal. Una romanza muy bella, que, si se sabe decir bien, con sentido, acentuando bien las consonantes es un éxito ya antes de cantarla. Y Carmen Solís la cantó muy, muy bien. Expresión al servicio de la música, su “Cometí la locura…/ de quererte de veras”, tan sentido, tan verdadero. Y es que las palabras escritas, tienen un poder fortísimo. “Cometí la locura… de quererte de veras”, amor y desamor. Romanzas de amor. Como el propio título del concierto.

Y llegó uno de los momentos más simpáticos de la tarde noche, porque descubrí un fantástico dueto de “El barberillo de Lavapiés” titulado “No hay que quitar los hilvanes”, perfectamente introducido por el presentador, explicando el sentido de la letra del dueto. Atención a las palabras:

No hay que quitar los hilvanes
sin que se acabe la prenda
que si el cosido se tuerce
ya no se vende en la tienda
si te gustan mis hechuras
sin zurcidos ha de ser
o te siento las costuras
y no vuelves a coser.
o te siento las costuras
y no vuelves a coser.


Para un barbero en su oficio
eso no trae desventaja
que cuanto más jabón antes
corre mejor la navaja
pero porque no armes cisma
cuando ya casada estés
sin que lo sientas tú misma
yo te descañonaré
sin que lo sientas tú misma
yo te descañonaré.

Vaya una naja que se trae usted.
Por jugar de manos no hay perder pie.

Ay! que costurera de tan mala fe
vaya una agujita que se trae usted.

Vaya una naja que se trae usted.
Por jugar de manos no hay perder pie.

Ay! que costurera de tan mala fe
vaya una agujita que se trae usted.

Que se trae usted.
Que se trae usted!

Ah! Ay qué barberillo de tan mala fe!
Ah! Ay qué costurera de tan mala fe!

 

Pues aquí la cosa va de hilvanes, de hechuras, de jabón y de navajas. Todo bien escrito. Todo bien colocado. Letra que dice mucho y en cambio no dice nada. La picardía, la mejor aliada de las mentes y de la imaginación, hace lo demás.

Picardía también como aliada de los cantantes. De sus movimientos corporales. De sus sonrisas cómplices en el escenario que hacen disfrutar al público cansado de que se lo den todo claro y a raja-tabla, y a veces también apetece estas dosis de poesía picante que Carmen y Carles supieron calar y transmitir tan bien.

La primera parte finalizó con el dueto de la “Luisa Fernanda” de Torroba “Caballero del alto plumero”, otro gran ejemplo de una letra que dice sin decir, que habla de flores y rosales, de puertas que jardín que se abren, de plumas y plumeros. ¡Cuánto sabían los libretistas de la época acostumbrados a lidiar, día sí, día también, con las tijeras de la censura!.

Excelentemente interpretado por la pareja protagonista y una frase excelente vocal y expresivamente hablando del tenor “va hechizado por los ojos... que le miran desde allí” que capta la quintaesencia del saber expresar, de que la zarzuela, al igual que ocurre en la ópera, o en otros géneros, no es solamente música y texto,  se necesita de la aportación propia del intérprete, de sus vivencias, de sus sensaciones, de sus sentimientos, y sin ello, no se le puede hacer justicia. Cosías es un exponente que lo aúna. Y ello evidentemente se nota.

Con este dueto finalizó la primera parte.

 

Más difícil. Mejores sensaciones. La temperatura aumenta en la sala.

Dos intervenciones individuales de Carmen Solís y un dueto, frente a las 4 de Carles Cosías más un dueto, fue el raro equilibrio que se desencadenó en la segunda parte, y para lo cual no tengo explicación alguna más que un total desconocimiento de la dificultad de las piezas que tenían que interpretarse por parte de los organizadores.

Al final se cayó del programa anunciado el bellísimo, y a la par, difícil dueto de “La leyenda del beso” que fue sustituido por una intervención llena de recursos expresivos, pianos e ilusión en la voz de Carles Cosías, con la ayuda coral del público que asistimos y acompañamos, con más pena que gloria, en la famosa “Evocació al Pirineu” de “La cançó d´amor i de guerra” de Rafael Martínez Valls.

No se entiende tampoco que hagan cantar al tenor, dos piezas de dificultad vocal considerable, como “De este apacible rincón de Madrid” y “La tabernera del puerto”, solo separadas por la ejecución orquestal de el preludio de “El bateo”.

Suerte que las voces son buenas, y pueden con todo…



Después del espumeante preludio de “El barberillo de Lavapiés” excelentemente ejecutado por la Simfònica del Vallès bajo la batuta de su titular el maestro Gimeno, llegó uno de los momentos más especiales, para mí, de la tarde, porque la música de Barbieri daba paso a la de Soutullo y Vert con la inspiradísima “Bella enamorada” de la zarzuela “El último romántico”.

Tengo especial devoción por esta pieza y parece que muchos tenores también, y cuando el tenor la canta, como Carles Cosías hizo el sábado por la tarde, una no deja de preguntarse, cuando escucha a otros intérpretes, que en qué lugar queda la pasión, en qué lugar quedan los sentimientos del cantante, por qué no ponen el mismo entusiasmo en todas las piezas, y les hacen justicia de forma igual.

Me sorprendió su versión porque sinceramente no esperaba el resultado que escuché. Lo que llegó el sábado por la noche a mis oídos fue magnífico y bellísimo. Expresión en estado puro, gusto en el fraseo, un intérprete soñador y romántico capaz de conmover al público con su ejecución, y un director, cómplice de ese estado de embriaguez vocal que rodeaba al tenor en ese momento.  

Fueron cuatro, cinco minutos, los justos que dura la romanza, los suficientes como para llevarnos a sentir, a rozar niveles de excelsa expresión. Me gustó mucho, mucho. No en vano tampoco, “Bella enamorada”, al igual que muchos tenores, como decía, es una de las romanzas que más amo del repertorio zarzuelístico.

De nuevo Barbieri y otra vez en el madrileño barrio de Lavapiés. Carmen Solís interpretó magníficamente “La canción de Paloma” con gracia y perfecta dicción de nuevo. Sin duda es una de las voces que me quiero seguir por lo difícil que es encontrar una voz femenina que al vocalizar se la entienda palabra por palabra.

Y sin dejar Madrid, nos adentramos de nuevo en la “Luisa Fernanda” de la cual Carles Cosías interpretó, por primera vez, la romanza de Javier “De este apacible rincón de Madrid”, la cual precedió a otra romanza bien conocida y de dificultad, también extrema, “No puede ser” de “La tabernera del puerto” de Sorozábal. Y de nuevo aquí Carles hizo gala de su sensibilidad, de intenciones, de expresión, de complicidad con el público.

Cuando una romanza es conocida a diestro y siniestro uno no puede limitarse a cantarla simplemente. La tiene que vivir, la tiene que sentir, debe saber y conocer el significado de las palabras, y sobretodo saber el por qué las dice en ese momento y de aquella manera. Todos estos elementos estaban en su interpretación. Cada pieza tiene una carga emotiva para el intérprete, en un sentido u otro.

Y después de tanta pasión llegó un momento un poco más desenfadado con la ejecución del zapateado de “La tempranica” y su archiconocida “La tarántula e un bicho mu malo” que fue interpretada con especial gracia por Carmen Solís, buscando todo el rato el bicho que al final, aplastó con el zapato. Momento jocoso y desenfadado que dio paso a la ya comentada “Evocació al Pirineu” para cerrar con el bellísimo y largo dueto de “La cançó d´amor i de guerra” del maestro Rafael Martínez Valls, “Per tu Francina meva vaig fer-me forjador”.

Fue precisamente con “Cançó d´amor i de guerra” cuando me reencontré, en Sabadell, con la voz del tenor Carles Cosías. Su Eloy de antaño me gustó, pero el de ahora, mucho más por bello timbre, que ya tenía, por expresión, que también, por facilidad en el canto y por pasión, elemento que acompaña siempre su canto, en este caso extrema. A su lado, de nuevo Carmen Solís con un catalán muy válido y casi perfecto. Sus voces, sus matices, y su aportación cerraron, con broche de oro, la última pieza prevista, oficialmente, del concierto.

Aplausos y bises que pensaba que serían más generosos, porque se limitaron a repetir “La Tarántula” y de nuevo el pícaro dueto de los hilvanes del “Barberillo de Lavapiés”,  y fue un gran acierto, en el que los intérpretes, con miradas cómplices y expresión corporal subliminal, concluían dos horas de música, y debemos agradecerles, al menos a Carmen Solís que no cantara “Las carceleras” de la zarzuela “Las hijas de Zebedeo” de Ruperto Chapí, tan recurrente hoy en día, y cansina donde las haya.

 
Y así fue como se diluyeron dos horas de música. De buena música. De gozar de un buen director pendiente y cómplice con los intérpretes, respirando cerca, muy cerca de ellos, dejándoles libertad para hacer despliegue de su sensibilidad, de sus sentires, y sobre todo por tener el placer de gozar de dos voces frescas, de unos intérpretes que tenían buen entendimiento, de unas voces privilegiadas y capaces de conmover a la sala.
Y sí, es verdad como decía al principio del escrito que se había hecho poca difusión del evento, y la verdad, me da pena por todos aquellos amantes de nuestro género, de nuestra zarzuela, porque gracias a la deficiente gestión, se les privó de gozar de un gran espectáculo en mayúsculas.
Aquellos que no lo hicieron tienen la oportunidad de disfrutarlo en el Palau de la Música el  próximo 30 de noviembre. Un consejo… si podéis, asistid y experimentad lo que viví el sábado por la noche.
 

sábado, 12 de octubre de 2013

Regresa la zarzuela a Sabadell



 
Ya podemos sacar las agendas y marcar en ella dos fechas: 9 y 30 de noviembre, porque la zarzuela regresa a Sabadell y al Palau de la Música de Barcelona de la mano de la soprano CARMEN SOLÍS  y del tenor CARLES COSÍAS, ambos acompañados por la Orquestra Simfònica del Vallès, todos ellos bajo la batuta del maestro RUBÉN GIMENO.

Bajo el título “Romances d´amor” los dos intérpretes pondrán voz a las romanzas y duetos más populares y queridos por el público, y de las cuales podemos avanzar el programa:

Programa

R. Chapí: El Tambor de Granaderos, preludio
J. Serrano: Canción del olvido: "Canción de Marinela"
J. Guerrero: Huesped del Sevillano: "Fiel espada..."
F. Chueca: Agua, azucarillos y aguardiente, preludio
F. Moreno Torroba: La Marchenera. Petenera. "Tres horas antes..."
J. Serrano: El Trust de los Tenorios: "Te quiero"
F. A. Barbieri: El barberillo de Lavapies: "No hay que quitar los hilvanes"
F. Chueca: Preludi d'El Bateo
R. Soutullo i J. Vert: El último romántico: "Bella Enamorada"
F. A. Barbieri: El barberillo de Lavapies. Escena de Paloma
F. Moreno Torroba: Luisa Fernanda: "Desde este apacible rincón"
T. Bretón: La Verbena de la Paloma, preludio
G. Giménez: El barbero de Sevilla: "Me llaman la primorosa"
P. Sorozábal: La tabernera del Puerto. "No puede ser"
Martínez Valls: Cançó d'amor i de guerra

 
Sin duda dos tardes para que los amantes de la zarzuela, entre los cuales me encuentro, disfrutemos al máximo de nuestro género lírico.

El Teatre de la Faràndula de Sabadell será el recinto en que se acogerá el primero de estos dos conciertos, aunque, a menos de un mes para el evento, aún no se sabe dónde tienen que comprarse las entradas a pesar de estar ya anunciado desde hace unos días en el teatro sabadellense.

El Palau de la Música, ha contado para la ocasión con una mejor organización y ya se pueden adquirir las mismas.

Esperemos que los intérpretes, al finalizar el programa oficial decidan obsequiarnos con alguna propina que propiciará culminar, sin duda, una estupenda tarde-noche de música española.

viernes, 11 de octubre de 2013

Una decepcionante "fanciulla" vienesa.




Me es muy difícil imaginar una Fanciulla del West que no esté ambientada, precisamente en el West, en el oeste, porque si uno de los atractivos o ganchos que tiene esta ópera de Puccini, aparte de pasajes musicales bellísimos aunque en conjunto la obra es irregular, es que con un buen decorado y una buena ambientación, el éxito está casi asegurado, amén de una pareja – o trío protagonista, si se me permite- que funcione.
 
Y en esta ocasión, ni decorado, ni ambientación, ni trío para mí funcionan, y la ópera tambalea ya desde su inicio con la fría y nunca mejor dicho germánica dirección de FRANZ WELSER-MÖST que dejó la pasión pucciniana a los pies de la tarima.
 
Cuando una escucha a Puccini espera encontrar pasión, sentimientos, orquesta abundante siempre al borde del desbordamiento, grandes olas de sonido que abriguen a las voces que están encima del escenario dejando, piel y voz, para transmitir lo que, el de Lucca, dejó escrito en el pentagrama.
Desafortunadamente, en esta ocasión no encontré nada de ello, la música no supuraba pasión y los cantantes intentaban, en vano, meterse en sus personajes y dar vida a esas tres almas solitarias del oeste que van en busca de oro, de amor y de saciar deseo contenido.
 
Fue ya en el momento del breve preludio, que apunta ya uno de los más bellos momentos de la ópera, y que Puccini decidió que sería para el tenor cuando me di cuenta de que aquello no podría sostenerse a lo largo de tres horas. Si con estos primeros compases, unos de mis preferidos, la sublime música de Puccini no acertó a ponerme la carne de gallina, sospeché lo que, a medida que iba avanzando la obra, se produjo: decepción total, orquesta y cantantes.
 
Bien es cierto que la puesta en escena tampoco ayudaba en absoluto a crear el ambiente del lejano oeste. Hay grabaciones existentes en el mercado de esta ópera de Puccini, alguna más minimalista, como la de la Scala de Milán, otra, en una gran producción para el Metropolitan firmada por Gian Carlo del Mónaco, y otra que se realizó en el Covent Garden de Londres, confieso que mí preferida, que de diferente manera, ambientan a la perfección las vidas de esos tres personajes principales: bandido, camarera de la Polka y sheriff del lugar.
Es por ello que, teniendo como precedente estas tres grandes puestas en escena choque la que se presenta en Viena que ambienta la obra, no se sabe bien dónde, y convierte la Polka en un chiringuito móvil, la cabaña de Minnie en una caravana en medio de no sabemos tampoco donde (desde luego, no de un monte) y la mina del tercer acto en una estación de ferrocarril, y quizás de los tres escenarios, sea el que más acorde vaya en esta producción.
 
 
 
Vestuario, es otra cosa aparte, y nos presenta a una Minnie nada femenina ni apocada, completamente fuera del role habitual que tenemos del personaje. El vestuario de Dick Jonhson, quizás rayaba un poco el del bandido habitual que siempre nos han presentado y el Rance, el sheriff, ataviado de policía, como que no.
 
Pero además de todas estas libertades de escena, lo más irrisorio es el hecho de que Minnie y Jonhson abandonan California ¡¡¡en globo!!!!. La escena me recordó a “La vuelta al mundo en 80 días”, cuando Phileas Fogg y su fiel criado Picaporte embarcan en globo con el objetivo de dar la vuelta al planeta para ganar una apuesta.
El detalle de escena que más me gustó, y que siempre he venido reclamando en todas las diversas producciones que he visto de esta obra es que lo primero que hace Minnie al llegar al lugar donde están a punto de ahorcar a su amante es quitarle la soga del cuello.
 
Y si bien a pesar de todas estas incongruencias musicalmente hubiera funcionado, a estas horas estaría ya enfrascada en hacer un minucioso análisis de ello, pero, como decía al principio de esta entrada, para mí los intérpretes estuvieron desencajados, sobretodo el barítono que no me gustó en absoluto.
 
 
Minnie es un personaje con una tesitura altísima para la soprano, bien es sabido. Lo podemos comprobar en cualquiera de las grabaciones que existen en disco o bien en las versiones filmadas. Ya es un hito para la voz que la interprete que intente no rozar el grito, pues muchas de ellas tienden a ir hacia él.
El caso de NINA STEMME es sin lugar a dudas, y en relación a otras Minnies escuchadas la que menos lo roza, aunque en algún momento le es inevitable, como al final de su “Laggiù in soletà” y en algún momento puntual del segundo acto.
La voz no es precisamente bella ni dulce para el personaje, y no sabe imprimir la inocencia en el primer acto, ni la pasión, ni esa fiebre del amor recién descubierto por Jonhson ni la heroicidad en el tercero.
Además, a nivel escénico, no funciona químicamente con Kaufmann.
 
 
De un cantante como JONAS KAUFMANN una siempre espera más y más, ya que por algo es hoy en día una de las mejores voces del panorama tenoril.
Este Jonhson era su primera incursión del bandido. Vocalmente no puedo reprochar que no alcanzara sus notas, hizo agudos a diestro y siniestro, sin tiritar. Agudos desafiantes y descarados que sin embargo, no son, al menos para mí, suficiente baza para que su personaje me convenza.
Supongo que en parte por la manera de enfocarlo teatralmente, pero sobre todo por la voz porque Kaufmann no supo imprimir dulzura en su “Quello che tacete me lo ha detto il cor”, o en el que debiera ser un apasionadísimo “Io non ti lascio più…” del segundo acto.
 
Es verdad que Jonhson es un bandido, aparentemente sin sentimientos, pero la historia que se narra demuestra lo contrario, está enamorado de Minnie desde la primera vez que la vio, porque Minnie significa un soplo de aire fresco en su ahogada y pestilente vida de bandido.
Y por ello su canto debe ser más apasionado, más romántico, más sentido, más impetuoso, más electrizante.
 
Sé que las comparaciones son odiosas, cierto es, pero no puedo dejar de pensar en que todo ello, todo lo descrito, todo aquello que Plácido Domingo tiene y le sobra al interpretar a Jonhson y que tanto me gusta y me apasiona, que me llega hasta el fondo de mí alma, que me hacen ver al bandido y no al tenor, a Kaufmann le falta. Y le falta enormemente, al menos para este personaje y en esta función.
 
No le doy el 100 por 100 de la culpa a él, pues es su primera vez para con el role, pero estoy segura que con un director que hubiera sabido exprimir todo el jugo a la partitura de Puccini y hubiera sabido transmitir el sentimiento pucciniano a los intérpretes, la cosa habría cambiado y mejorado mucho. Estoy pensando por ejemplo en un Antonio Pappano. ¿Quién mejor que él, en los tiempos que corren, para lograr ese milagro?
 
Escénicamente, la forma de moverse, las reacciones ante las explicaciones de Minnie, la forma de andar, pues no, seguía viendo a Jonas y no a Jonhson. Supongo que con el tiempo, y cuando llegue a madurar el personaje, quizás pueda mejorarlo, no solo a nivel artístico, sino también a nivel vocal, imprimiendo el carácter apasionado que requiere y que él, con el paso del tiempo, sabrá – espero- imprimir.
 
 
Un caso a parte es el Rance de TOMASZ KONIECZNY, voz desagradable, velada y sin carácter. Poca cosa puedo decir más de una interpretación que de las tres, fue la que menos me convenció.
 
 
¿Y Puccini, dónde estaba Puccini? En Viena, no… claro está…
 
No estaba, se marchó al ver el decorado y los ensayos. Decidió cogerse unas vacaciones y se quedó reposando en su casa de Torre del Lago porque, de quedarse en Viena, le hubiera dado cualquier tipo de acuchón. Y Giacomo, nuestro querido maestro del sentimiento y de las pasiones decidió revisar “La fanciulla del west”. Se fue a un gran almacén, compró un aparato reproductor de DVD y decidió comprarse las tres versiones de Plácido Domingo.
 
Al llegar a casa, y después de haber instalado el aparato, y configurarlo bajándose los correspondientes drivers de internet, Puccini se sentó en el sillón eléctrico.
Reclinó y ajustó a medida su flamante poltrona recién estrenada, le dio al “play” del mando a distancia tal como le indicaron al comprarlo y como le decía el libreto de instrucciones que había estudiado minuciosamente, y, como por arte de magia, en el televisor de pantalla plana con HD y visión 3D de última generación comprada hacía justo una semana antes, empezaron a sonar los primeros compases, sus compases escritos años ha, y visionó, cómodamente, enfundado en su pijama, la ópera.
 
Puccini se emocionó con la ejecución brillante de Lorin Maazel aunque se puso las manos en la cabeza cuando la Zampieri iba al agudo, pero, cuando hizo entrada Plácido Domingo, el buen Giacomo se dio cuenta de que el bandido cobraba vida en su voz. Se reincorporó. Se irguió y escuchó atentamente.
 
Siguió entusiasmado un buen rato, rindiéndose ante la magia de la tecnología que acababa de descubrir porque en sus mejores tiempos, no existía.
 
Estudió detenidamente DVD tras DVD: Scala, MET y Covent Garden, alimentándose del arte de los grandes cantantes que formaban el elenco, gozando de la pasión e impetuosidad del Jonhson de Plácido Domingo, con el que lloró de emoción. Por fin había encontrado al bandido que había definido y que, ahora, vivía en el cuerpo y garganta del madrileño.
 
De pronto, Puccini recibió un Whatsapp.
 
Se lo envié yo, y lo transcribo: “Maestro, acabo de finalizar “La fanciulla del west” que han cantado en Viena. No hace falta que se la descargue de youtube. Disfrute los DVD que tiene ya en su haber. Estoy segura que Dick Jonhson, el auténtico Dick Jonhson, el mejor Dick Jonhson, está ahora mismo dentro de su reproductor de DVD, disfrútelo, es incomparable, inigualable e insuperable”.
 
El maestro Puccini, no muy ducho aún con las nuevas tecnologías, leyó mi Whatsapp, y contestó con un simple emoticono con una sonrisa.
 
El de Lucca y yo estábamos de acuerdo. Finalicé los Whatsapp guiñándole el ojo.