jueves, 24 de septiembre de 2009

Es el Panda, es el Panda...

Si de las 24 horas que tiene el día y que a Plácido Domingo le cunden como si tuviera 48… Si en algún momento en que pueda permitirse el lujo de darse un minuto de respiro y en este tiempo tiene curiosidad por entrar en internet y ¿por qué no? Soñemos… que esto aún es gratis…

Pues si en algún momento de calma entra en la red y casualmente se topa con este blog y esta entrada, que piense que en ella no hay nada de burla. Nada en absoluto porque, tanto esta como el resto de comentarios que están hechos en este rinconcito, dedicado precisamente a aquél que me descubrió la ópera, estan hechos con todo mi cariño y respeto, con todos mis recuerdos y todas las emociones que tengo y he tenido a lo largo de todos estos años.

Por esto, cuando en el blog de mí querida Fedora vi esta foto de Plácido Domingo con un oso panda en su regazo me vino inmediatamente una imagen muy bonita de mi niñez: retrocedí en el tiempo, a los años 80 cuando para escuchar las cintas de cassete tenía que ir al radio cassete del coche de mí abuelo.


Y casi siempre sonaba esta música: “Es el Panda, es el Panda, un osito que aún no anda, es el Panda es el Panda, que ha nacido en Madrid”.

Sí, sí, lo que estáis pensando, efectivamente. Sí, Enrique y Ana. Ana y Enrique. Siempre sus voces nos acompañaban en nuestras excursiones domingueras…
Los de mí generación los recordarán con cariño. Los más mayorcitos pensarán “la lata que daban los niños –en aquellos entonces, nosotros- con la musiquita…”


Con ellos nos aprendimos las tablas de multiplicar. Yo los recuerdo con cariño y nostalgia. Y sí, aunque la canción del Panda no la firme Puccini, sólo con recordarla se me pone la piel de gallina…