sábado, 13 de marzo de 2010

Una "Fille" interesante dentro... y aún más, fuera...

La donizettinana “La Fille du régiment” no es, de largo, mí ópera preferida ni lo será nunca, así como no es una obra que pertenezca al estilo musical operístico con el que más me identifico.

Aún así, cuando se anunció la temporada 2009-10 del Gran Teatre del Liceu no dudé, ni por un instante, escoger esta obra para “regresar” al Coliseo de las Ramblas después de un año y medio de ausencia. Y sí, lo confieso, atraída por la esplendorisad y ganas, de escuchar en vivo como suenan –ni más ni menos- que 9 “does” de pecho.

Me dije desde un principio, y ya que no conozco demasiado la obra de Donizetti, que debía prepararla para poder gozarla en el teatro. Sin embargo, los días fueron pasando, y no llegué a hacer este trabajo, y pensé que lo mejor sería dejarse llevar por la volátil música del maestro de Bérgamo, tal y como me sucedión con “L´Elisire d´amore”.
Pero siempre tiene algo de especial cualquier espectáculo operístico al que acudo, sea por un motivo o por otro. Y en esta ocasión fue así. No soy una persona de asistir al teatro “porque toca ópera” ese día sinó atraída por la música o por algún cantante en concreto al cual tengo ganas de escuchar en vivo.

El domingo pasado fue uno de esos días mágicos, y no precisamente por “La Fille du regiment”. Fue especial por dos motivos que voy a explicar por orden cronológico.

El primero porque tuve la gran suerte de compartir impresiones, sentimientos, confesiones, entusiasmo, ganas y alegrías, durante unas cuantas horas que me supieron a poco y con una persona especial –a la que ella ya lo sabe- admiro y quiero mucho. Fueron unas horas llenas de magia y complicidad en las que, por unos momentos, logré olvidar mís cotidianidades y simplemente me dejé llevar por los sentidos.
Apuramos cada uno de los temas que brotaban, de una cosa nos íbamos a la otra, pero no importaba, puesto que llegamos siempre al mismo punto y a la misma conclusión.
La representación la protagonizaba Juan Diego Flórez, pero a penas hablamos de él. Nuestras voces clamaban simplemente dos nombres: Plácido Domingo y Rolando Villazón.

Es soprendente ver y conocer cómo vive la ópera cada uno de nosotros. Todos de manera intensa, pero a la vez tan diferente, y sin embargo, tan igual.
Sí, aquella mañana-tarde que compartí con “mí” Tosca fue increíble. Grácias por dejarme nutrir por tus vivencias y por tus ganas, por tu sensibilidad al narrar las cosas. Grácias, en definitiva, por nada y por todo. Unas horas inolvidables que deben tener fecha de repetición.

Pero la cita no era tan solo con “mi Tosca”, puesto que en el Teatro me esperaba algo también especial: el poder ver un amigo emocionarse y disfrutar con su más idolatrada voz.
Simplemente, por el mero hecho de compartir esos angustiosos minutos antes de la representación con él, de sentir su emoción, de comprenderla, de ver su cara radiante de felicidad cuando el Liceu se vino abajo aplaudiendo la famosa “Pour mon âme” y sus ganas... valió la pena. Es realmente estremecedor vivir estas sensaciones. Pero es aún mejor ver y sentir como lo vive el protagonista.

Por lo tanto, grácias a los dos por hacer que ese domingo fuera más especial “fuera” que “dentro”.



Pasando a la obra, poco podré decir a nivel musical, porque no la conozco demasiado como para poderle hacer una correcta y justa valoración. Así es que me centraré en dar cuatro pinceladas de mís impresiones.

La ópera de Donizetti no me acabó de convencer y seguramente será porque no hice el trabajo previo de interesarme por ella antes de ir. A pesar de ese defecto, sí que debo decir que los intérpretes fueron absolutamente impresionantes.
Quizás al no tener ninguna referencia de esta obra (y la que tenía, era de la misma producción que se vio en el Teatro) contribuyó a que escénicamente se hiciera comprensible y amena, dando un toque de frescura juvenil a la graciosa interpretación de Patricia Ciofi, como Marie, y al creíble Tonio de Juan Diego Flórez.

Después del tropiezo injustificado de PATRIZIA CIOFI en el Liceu con la “Lucia di Lamermoor”, la italiana volvía pisando fuerte al Teatro y encarnó una Marie impoluta de gran nivel vocal y escénico. A pesar de no estarlo, ya que no se anunció nada por megafonía, sobretodo en el primer acto, me pareció que estuviera afónica cuando ejecutaba sus pirotécnicas coloraturas.

Irreconocible y más que solvente, el barítono PIETRO SPAGNOLI en el papel de Sulpice que supo dar muy bien la réplica tanto a la Ciofi como a Flórez.

Pero si hay alguien que se llevó el gato al agua en esta “première” fue sin duda el esperado tenor peruano JUAN DIEGO FLÓREZ. Se avecinaba para él una tarde de éxito, y Flórez no decepcionó a nadie.
Comentábamos antes de entrar que el teatro en pleno se vendría abajo al escuchar los insultantes 9 “does”, empresa al alcance de muy pocos mortales.
Advertida de que podían convertirse en 18 “does”, Juan Diego Flórez arrancó unos grandes y ruidosos aplausos y bravos -entre ellos, los míos- en su interpretación de la “scena” más conocida de la obra.
Se sintió después de su interpretación querido y admirado, y con un público totalmente extasiado se atrevió a repetir esta endiablada proeza vocal.
Sí, damas y caballeros, ni más ni menos que 18 “does” es lo que escuchamos el domingo pasado en el Liceu. Este “bis” era para mí el primero en el Liceu y mí segundo en directo.

Pero a pesar de todo, a pesar de bravearle, me quedé fría con su interpretación que no me emocionó en ningún momento, ni la de él ni la de cualquiera de sus compañeros.
Sé que ahora muchos “florezidos” se me echarán encima, pero esta es la sensación que me dejó la obra y los intérpretes que, a pesar de tener un altísimo nivel vocal, no me acabaron de llegar.
Quizás yo conciba la ópera de otra manera y no acabe de cuadrar con el estilo donizettiano. En cualquier caso, eso no quita elogiar una y otra vez a los intérpretes por sus impolutas intervenciones.

En conclusión y como ya avanzaba en el título, mejor “Fille” fuera que no dentro que hacen, precisamente por esto, especial la tarde del 7 de marzo en el Gran Teatre del Liceu.

4 comentarios:

Moments d'Òpera dijo...

Brunilda,

no em sorprèn que no t'emocionés, doncs a nivell argumental la "fille" no té massa interès. La història és ben simple i previsible i, a més, estàs acostumada a escoltar unes interpretacions que disten molt de l'estil de Flórez i Ciofi.

Ara bé, crec que estarem d'acord que aquesta òpera és una de les produccions més "rodones" que s'han vist darrerament al Gran Teatre. Excel·lents els cantants, i excel·lent la posada en escena.

Per no parlar dels 18 dos que, en efecte, van deixar-me amb cara de "babau" i emocionat fins a la llàgrima, i és que va fer-me molta il·lusió gaudir d'una òpera que fa un temps vaig estar a punt d'anar a veure a NY, però la cosa econòmica ho va impossibilitar.

En fi, una tarda que MAI oblidaré.

Albert

brunilda dijo...

Albert,

Que no l´oblidaràs n´estic segura! Jo tampoc. I si estic d´acord amb tu que la producció és rodona i amb uns cantants excel.lents.

Tosca dijo...

He disfrutado de estas funciones como no creía que pudiera hacerlo. Una efectiva, inteligente y muy buena puesta en escena, unos cantantes excelentes (tanto el primero como el segundo cast) han logrado que, a pesar de no ser esta una de mis óperas preferidas, sea inolvidable. Tan inolvidable como el hecho de haber compartido contigo, Brunilda, sentimientos, vivendias, recuerdos y admiraciones.
¡Gracias amiga!

brunilda dijo...

Grácias a tí por tu paciencia!