lunes, 26 de julio de 2010

¿Me gustaría hoy la ópera?...

Está mal que uno diga esas cosas de sí mismo, pero cada vez me siento más afortunada de que mí amor por la ópera naciera grácias a la voz de Plácido Domingo.

Aquel señor tan elegante, vestido de frac en aquel lejano concierto de Caracalla consiguió, con la magia de su voz llegarle a una niña, que era entonces, a lo más profundo de mí alma con su “No puede ser”, magistralmente interpretado.



Me he perdido muchas actuaciones suyas en directo, pero las he visto por televisión, aunque no es lo mismo, pero aún así, siempre ha logrado emocionarme y hoy, veinte años después, continúo con la misma ilusión que en los primeros días en que acababa de descubrirle.

Y estos días más que nunca, porque... cuánto me gustaría estar en Madrid presenciando esas funciones del “Simon”, viviendo y sintiendo un sinfin de sensaciones que solo te proporciona el directo, estando cerca de ese gran artista inagotable e incansable, generoso y entregado, que a sus casi 70 años, sigue poniendo a los coliseos operísticos en pie y recibiendo ovaciones vertiginosas función tras función, dándonos en cada una de las funciones no el 100% sino el 500% de toda su vitalidad... de su voz... de su alma...

Si alguien quería borrar del mapa operístico a Plácido Domingo, podrá comprobar que se ha equivocado, porque Domingo, el gran Plácido Domingo ha vuelto después de su operación con más fuerza aún si cabe, con más ilusión, con más temple y serenidad, con una vitalidad sanamente envidiable.



Me gusta mucho la ópera, no hay duda de esto, pero a ello ha contribuído sin duda el saber hacer, la voz, la gestualidad, todo, todo lo que ha aportado este gran cantante a este mundotan complejo que a pesar de esto, entra en tu vida de forma sencilla, directa y lo mejor de todo es que ya nunca jamás te abandona.
¿Es como una droga la ópera? Pues quizás podría definirse así... ¿hay alguien que pueda prescindir de ella una vez está imerso en ella? Sería interesante desarrollar algún día esto.

Siempre me hago esta reflexión: si en el mundo de la ópera no hubiera existido la figura de Plácido Domingo, esa bellísima voz que, cante lo que cante, te llega; esa virtud camaleónica de ser un “Otello” y luego ser un “Nemorino” genial, ese arte de dominar cada una de las palabras, decirlas y lanzarlas dándole todo el sentido y sentimiento que deben tener, etc... sin todo esto, si ahora tuviera que empezar de cero, ¿me gustaría la ópera? Pues... probablemente no.

Sin el gran Plácido Domingo nos hubiéramos perdido muchas cosas, muchos sentimientos, muchas sensaciones, muchas emociones, muchos nervios, muchas noches en que hubiéramos podido dormir porque no tendríamos en nuestro cuerpo la sensación de nerviosismo que me provocan sus actuaciones, pero también sin esta gran voz, si no hubiéramos conocido al artista, nunca hubiéramos conocido a la persona, que si cabe, es mejor que el cantante.

Sin duda, sin Plácido Domingo, sin el Maestro Domingo, sin la persona que más admiro en el mundo, no sabría que es la ópera.

Por esto le estaré eternamente agradecida por permitir que conociera lo más maravilloso de mí vida.


2 comentarios:

Fedora dijo...

Me uno a cada una de tus palabras, por todo lo que nos ha aportado y lo felices que nos ha hecho.

brunilda dijo...

Grácias Fedora!