viernes, 16 de julio de 2010

Buena música y buenas voces en un marco incomparable.

¿Qué tendrán las noches de verano que siempre tienen algo de especial que las hace mágicas?
No lo sé.

El verano es una estación del año maravillosa, los días apuran sus últimas horas de luz, la gente está alegre, tiene ganas de irse de vaciones, de salir, de disfrutar. Simplemente tienes muchas más ganas de vivir.

Y qué mejor manera de pasarlo bien que asistiendo a una magnífica velada musical (muy de mí gusto), y si puede ser en un espacio al aire libre y acogedor como el Amfiteatro de los Jardines de la Caixa Sabadell.
No negaré que era una noche especial, sí, es cierto, pero ayer me dio la sensación de estar muy lejos de casa por muchos factores: era de noche, era verano, estábamos rodeados de verde, en fin, parecía que nos hubiéramos desplazado a un lugar recóndito de un sitio indeterminado.
La sensación fue muy agradable: tranquilidad y serenidad.

Y la verdad es que la ocasión merecía realmente la pena. Era la primera vez que asistía a un concierto organizado por las “Joventuts Musicals de Sabadell” y el resultado fue, para mí, extraordinario, ya que de entrada estaba dedicado todo a la zarzuela, género por el cual profeso devoción, y había 2 voces interesantes, la soprano Eugenia Montenegro y el barítono Carles Daza acompañados al piano por Josep Buforn.

No se ha hecho mucho eco del evento (y es una lástima), a pesar de que el diario local (Diari de Sabadell) sí que hacía mención de él. Dos cantantes de sobra conocidos en nuestra ciudad pusieron un broche de oro a la jornada de ayer, y cuando asistes con estas expectativas, de entrada no puedes salir defraudada y por estas 2 horas de felicidad, valen la pena los madrugones al día siguiente.

El programa, como decía era un homenaje en sí a una música tan nuestra como es la zarzuela. Hace falta iniciativas así, porque es un género que gusta y se debería potenciar mucho más.
La hora de inicio estaba prevista para las 10 de la noche, hora en que el sol ya ha dejado de asfixiarnos con esos rayos abrasadores y por lo tanto, el ambiente ya se ha vuelto más fresco, hora en que los espacios urbanos, de sobra conocidos, se transforman en un ideal escenario que te transportan a una nueva dimensión mientras la suave brisa de la noche acaricia nuestros cuerpos ligeros de ropa.

Contamos, antes de empezar, con la simpática e informal presentación del concierto, de su organizador, Albert, que rompió el hielo poniendo unos toques de simpatía al concierto que hizo que la gente se relajara alejándose de la formalidad de este tipo de espectáculos.



 
Marinela, Marinela” fue la pieza con la que se abrió el concierto y que interpretó la soprano EUGENIA MONTENEGRO, que ha sido miembro dels Cors dels Amics de l´Òpera de Sabadell, y que el año pasado ganó una plaza en l´Escola d´Òpera, premio que finalizó con la su participación en la ópera “Così fan tutte” en la Faràndula de Sabadell a final de esta temporada, interpretando el papel de Fiordiligi.
Ataviada con un sencillo pero efectivo vestido de color negro, Eugenia Montenegro salió algo titubeante.
Si hay algo que tengo que destacar de esta soprano es su dicción. Es difícil para el oyente, en muchas ocasiones, entender palabra por palabra lo que está diciendo el cantante, pero en su caso, es loable destacar esa virtud.
Para mí empezó un poco floja con esta romanza de “La Canción del Olvido” de José Serrano, ya que a lo mejor hubiera podido suavizarla un poco.

Seguidamente el más esperado de la noche, el barítono CARLES DAZA, voz que sigo desde su primera actuación en nuestra ciudad. Se presentó nada más y nada menos que con la concocidísima “Junto al puente de la peña” también de “La Canción del Olvido” de Serrano.
Traje gris y camisa de color lila pálido que resaltaba con su piel morena apareció en el escenario seguro, pisando fuerte sin cometer el error de quedarse plantado delante del atril. Quizás, a mí gusto, fue la pieza menos acertada para él.

Si se me permite hacer un pequeño paréntesis, lo único que vino a deslumbrar un poco la velada, y nunca mejor dicho, fue la potencia de los focos que había en el escerario, ya que los dos intérpretes, al cantar cerca del piano, estaban en la misma línea y dirección que éstos, hecho que hizo que quedáramos casi cegados y agradeciéramos el gesto de que se desplazaran de vez en cuando al otro lado del escenario para poder ver sus caras.

De una desconocidísima “La tempranica” de Gerónimo Giménez, Eugenia Montenegro nos cantó una también olvidada romanza “Sierras de Granada (...) Ay amante, amantito, amante” de una belleza extrema y además poco difundida, imitando el acento andaluz que requiere el fragmento.

Daza continuó con otra romanza que parece ser le va como anillo al dedo y con la que ya nos convenció el pasado mes de noviembre en las representaciones de la “Maruxa”. Nos referimos a “Aquí n´este sito” que canta Pablo casi al final de la zarzuela. Con un fraseo elegante y seguro nos confirmó el por qué aplaudimos tanto esta intervención en su día.

Bendita cruz” de “Don Gil de Alcalá” del maestro Penella fue otro de los momentos emotivos de la noche. Esta bella romanza intepretada por Montegro, ahora sí, mucho más centrada en el concierto me hizo corroborar lo muy bonito que es este género y cuán especial es para mí. Además siempre se agradece que en este tipo de actos se pongan aquellos fragmentos que son menos populares y que no por ello tienen que ser peores, porque como pudimos comprobar ayer, no es para nada así.
La cantó con mucho más sentimiento, a pesar de que a veces tendía a sonar demasiado fuerte pecando de no regular demasiado el volumen de voz.

Otra de las piezas que parece ser han puesto de moda, relativamente reciente, en los conciertos de zarzuela es la bellísima “Ya mis horas felices” de la cual Carles Daza optó por empezar un poco antes con su “Los cantos alegres de los zagales”. Buena interpretación y diferente de cuando se la escuché por primera vez, el barítono catalán dotó de una extraña melancolía al protagonista de la obra, Germán, un hombre atormentado por una promesa que oculta a su mujer, pero que sin embargo –al contrario de lo que cree ella- está sincera y profundamente enamorado de ella.
Al igual que su compañera, su impoluta dicción y su saber cantar dieron paso a uno de los mejores momentos de la noche, a mí gusto: los dos intérpretes, siguiendo con “La del Soto del parral” de Soutullo y Vert, no de Sorozábal como dice el programa de mano, nos obsequiaron con el también desconocido, como no –a excepción de los amantes del género- y bellísimo dúo “Ten piedad de mís dolores (...) Mí cariño verdadero, mí vida entera”.
Los dos cantantes, compenetrados, cómplices del momento, hicieron gala de sus virtudes canoras y expresivas en este momento. Lástima que en el apartado de propinas no lo repitieran.
Fue en este momento, cuando Eugenia Motenegro se relajó y empezó a cantar más cómoda, e incluso utilizando mínimamente un poco más de expresión corporal, recurso muy bien explotado por otro lado, por su compañero con miradas y reacciones en su cara que hicieron, aún si cabe, mucho más atractivo este, y no me cansaré de repetir, bellísimo dúo.
Qué notas centrales y qué fraseo más bonito el de Daza...
Eugenia confiaba en su compañero. El final de este dúo lo vino a confirmar, puesto que sus ojos se fijaron en la boca de Daza para acabar los dos a compás.


Tal y como había sucedido en la primera parte, Albert, nos presentó el programa de la segunda parte: por un lado un bloque dedicado a la zarzuela catalana, y por otro, un especial “Ruperto Chapí”, compositor del cual, el año pasado, dio una conferencia.

De entrada, y según los datos del programa de mano, se suprimían las dos piezas de “La legió d´honor” y la pesada –por repetitiva- “Carceleras” de “Las hijas de Zebedeo” de Chapí fue reemplazada por el “Ay de mí” de “El rey que rabió” del mismo compositor.



Qué diferente sonó esa “Les neus de les muntanyes” de la “Cançó d´amor i de guerra” en la voz de Carles Daza respecto a la primera vez que se la oí en La Faràndula. Su voz ahora es mucho más redonda y suave, más “hecha” pero no ha perdido algo que le caracterizó ya el primer día que lo escuché en su Silvio del “Pagliacci” y que ya me llamó completamente la atención: su fraseo, su clara dicción y su saber cantar. Ahora la voz ha embellecido y ha ganado en seguridad y aplomo en las notas más extremas de su tesitura.
Perfecto catalán, (la verdad es que ambos hicieron gala de cantar un catalán impoluto y bien pronunciado -y eso no va con el hecho de que sean catalanes- pero sí que escuché el catalán que me gusta, sin acentos que lo desvían de la fonética a la que estoy acostumbrada, un catalán mucho en mí línea).

Eugenia Montenegro nos brindó la sardana de la misma zarzuela, la conocida “En el Vallespir”, faltada quizás de un poco de dulzura y modulación, adjetivos que no impedieron que se llevara por su interpetación una gran ovación.

Y para terminar el capítulo catalán, de nuevo Daza con la segunda (de las tres romanzas para barítono que tiene “La Cançó d´amor i de guerra): “Caminant pel món va el vell pastor...” en la que confirmé, como decía antes, que las notas más extremas se van asentando cada día más.

Ruperto Chapí se apoderó ahora del tiempo del concierto y la primera pieza que se escuchó, totalmente fuera de programa fue el “Ay de mí” de “El rey que rabió”.
Este instante, fue uno de los más emotivos de la noche. Ayer, 15 de julio era el cumpleaños de Albert, pareja de Montenegro y gran amigo de Daza, según explicó la propia soprano.
Quiso dedicarle una canción de Mahler, pero tal y como dijo ella misma “Malher s´ha de fer molt bé”, y por falta de tiempo no pudo estudiar nada. Sus ojos se llenaron de lágrimas y el público la arropó con un caluroso aplauso, y en su lugar nos brindó la romanza anteriormente mencionada.

Por supuesto Daza también se estrenó como improvisado presentador y nos anunció su siguiente y difícil pieza: nada más y nada menos que el monólogo de Simón de “La tempestad”, también del propio Chapí, que consiguió hacerme poner la carne de gallina y arrancó los aplausos enfervecidos del público antes de que acabara de cantar.

Fue momento entonces para que los intérpretes se tomaran un breve respiro para que pudiera lucirse en solitaro el acurado piano que respiraba acorde con los cantantes, JOSEP BUFORN, que interpretó el breve “Intermedio” de “La revoltosa”, obra que precisamente, daba paso a la última pieza oficial del programa, el famoso dúo del Felipe y la Mari Pepa de la misma obra. Bien cantado por ambos, regresando de nuevo la expresión corporal de cuerpos y caras de la que también hicieron gala en el dueto de la primera parte.

Aplausos y más aplausos, los dos cantantes no se hicieron de rogar para el capítulo de las propinas: primero Eugenia con su “En un país de fábula” de “La Tabernera del Puerto” (ésta sí de Pablo Sorozábal) anunciada por ella misma y Carles, al igual que su compañera, nos anunció “Granada” a pesar –tal y como comentó él mismo- de estar a casi 900 km.
En este momento se produjo la segunda anécdota de la noche: Carles empieza a cantar una de las piezas más conocidas por el público y más interpretadas en el mundo de la música, y de pronto, una vez pronunciado “Granada”... se quedó completamente en blanco, a pesar de que una señora del público, y yo misma le apuntamos, a todo volumen, la letra que olvidó.
Pidió disculpas, y el público, igual que momentos antes, había sido recepetivo con Eugenia, arropó al baritono con un cariñoso aplauso y en el segundo intento salió esa “tierra soñada por mí”, matizada con una dicción llena de afirmación y picardía.

En fin, una velada que, por otras cosa, tardaré varios días en olvidar.