martes, 12 de agosto de 2014

“Della gloria d´Otello è questo il fin”: Roberto Alagna en "Otello"

Desde que Domingo colgó las vestiduras y los mantos de “Otello” no ha salido ningún intérprete que, aunque nunca jamás a su altura, pueda ser un modesto o digno sucesor de este personaje tan fascinante.
Si exceptuamos que hoy en día, y muy faltado de todo lo que Domingo tenía y ofrecía en el escenario, el único “Otello” más o menos creíble o potable que podamos encontrar actualmente en el escenario es José Cura,  una puede constatar cómo está el mundo de la ópera. Sin embargo debo decir a favor de Cura que el argentino ha hecho bastante suyo su papel sin caer en el error de querer copiar al gran y mejor moro de Venecia que haya dado la historia de la ópera y es, quizás, el Otello más creíble que se pueda ver en el escenario.
 
¿Por qué el “Otello”?
“Otello”, la penúltima ópera del maestro Verdi. La obra que todos los tenores aspiran y sueñan con cantar algún día, pero cuidado, se tiene que tener primero de todo la voz para poder afrontarlo.
¿Qué tiene esta ópera que envenena las mentes y las gargantas tenoriles? Sin duda es una de las más grandes óperas compuestas jamás, y la adaptación del libreto hecha por Boito unido a la estupenda música del genio de Busetto, hacen que ella sea, incluso aún mejor, que la propia obra escrita por Shakespeare.
De entrada, pues, es una obra que tiene todos los elementos para seducir al público, pero también al intérprete que la afronta, pero como decía, sin tener la voz adecuada para hacerlo, esta ópera no puede funcionar.
Ramón Vinay, Jon Vickers, Mario del Monaco, Vladimir Atlantov, Johan Botha, José Cura son algunas de las voces del pasado y del presente que han flirteado con esta ópera, e indiscutiblemente y para mí, sin lugar a dudas, el gran Plácido Domingo, que ha cantado e interpretado como nadie esta ópera y este personaje.
Todo es cuestión de gustos, pero Plácido Domingo ha sido quien mejor ha representado al Moro de Venecia: por voz, por expresión, por comprender el alma de este personaje atormentado, lleno de celos y que sufre de un complejo de inferioridad tan brutal que le llevan a una autodestrucción sin posibilidad alguna de cura. Y porque ha sido el único con la suficiente capacidad física y mental para poderlo hacer a lo largo de más de 25 años.
 
 
 
Lanzarse a una piscina sin agua
Precisamente esto es lo que ha hecho, o está haciendo estos días el tenor francés ROBERTO ALAGNA.
Me confieso “Alagnista” de pro, me encanta su voz y la forma de interpretar sus personajes. Y aquí está el matiz “sus personajes”, porque el “Otello” no es suyo, nunca podrá estar en su largo haber de roles, precisamente porque no se adecúa a su voz ni a su temperamento.
Roberto Alagna está dotado de una bella voz mediterránea y a la vez de un gusto exquisito y sentido de la expresión difícil de encontrar y un elegante fraseo. Una voz que enamora a la primera escucha y cuyo canto es capaz de subyugar incluso al más insensible de este mundo.
Por eso sus “Bohème”, sus “Faust”, sus “Manon” o sus “Romeo” o “Nemorino” me gustan tanto. Por eso los tengo destacados en un lugar especial, pero, tener la osadía de atreverse con un “Otello” es por un lado, un acto de valentía y por otro, un arrebato de inconsciencia bárbara que puede, perjudicarle a la larga, si es que no lo ha hecho ya, tal como le pasó al abordar personajes como Manrico, Canio e incluso Turiddu, o Rodrigue de “Le Cid”.
Otello es un personaje que necesita una voz un tanto oscura, y la de Alagna no lo es. Su voz solar, mediterránea llena de luz, es insuficiente para el héroe vencedor de los musulmanes.
Y no solamente le falta esta oscuridad, no, le falta la agresividad, le falta autoridad, le falta expresión, concentración.
Su interpretación no es libre. Tiene que estar tan pendiente de su canto, un canto que le va grande y no puede con él que todo ello va en detrimento para que el francés pueda “interpretar” al Moro.
Su Otello no da miedo. No es brutal. Puedes mirarle a los ojos y Alagna no despierta en Desdémona el más mínimo ápice de pavor. ¿Dónde están sus celos? ¿Dónde está su rabia? ¿Dónde está esa explosión, esos berrinches, esos gritos de Otello cuando Yago le pone por delante la mentira que acaba de urdir?
Simplemente no está. Parece que tanto le da. Su personaje no es, ya desde el principio, creíble, y ello, le condiciona el resto de la obra.
Es quizás en el último acto, cuando ya ha superado el grueso más difícil de esta enrevesada partitura donde Alagna “intenta” ponerse acorde con la ópera, al menos, lo prueba queriendo rozar esta tan importante credibilidad que no ha encontrado desde el minuto 1 de la ópera.
Falta volumen, falta sangre, falta pasión, falta brutalidad, pero también falta diferenciar y contrastar con la voz los momentos íntimos con Desdémona de los ataques furibundos de celos del guerrero que lleva dentro. Un Otello completamente pasivo y una partitura que para Alagna es una cuesta más difícil y dura de afrontar que si estuviera encima de una bicicleta a punto para subir el Tourmalet.
Por tanto, podría definir con una frase bien escueta lo que le falta a Roberto Alagna para ser un buen Otello: le falta TODO.
Esperemos, pero, que esto sea simplemente un resbalón en su carrera, una simple aventura de verano, y que tenga el suficiente sentido común para no regresar de nuevo al Moro de Venecia.
 
Los otros intérpretes
Tampoco estuvieron a la altura para firmar un “Otello” en condiciones, más o menos, salvados quizás por una suficiente ejecución de la Orquesta Philarmonique de Radio France con el maestro MYUN WHUN CHUNG, que ya dirigiera, años ha, el último “Otello” que grabara Plácido Domingo para la Deustche Grammophon.
 
INVA MULA enfundada en su traje blanco de Desdémona, cuenta con una única baza: hace gala de unos pianísimos sutiles y bien encarados, aunque la voz pierde interés en los pasajes donde debe haber “forte”, pues su tendencia es ir a rozar el grito y la voz pierde harmónicos.
La química con Alagna no era precisamente muy explosiva que digamos, pues Alagna no tenía tampoco la cabeza para centrarse en el trabajo actoral del personaje.
 
SENG-HYON KUO en el papel de Yago tampoco estuvo a la altura de este “Otello”, que como he dicho, de altura está muy faltado.
Yago es un personaje casi tan protagonista como el propio Otello. Es un personaje maléfico, lo sabe el público, pero Otello no, por tanto, maldad y aparente nobleza son dos de las cosas que debe reflejar su canto, y que evidentemente, no reflejo este barítono, supongo que coreano.
Una voz justa, tímbricamente sin interés y de un trabajo actoral deficiente.
 
No dedico más al resto del elenco de una representación que no puede alcanzar la calidad que se espera cuando encima del escenario hay intérpretes de la talla y la categoría de un Roberto Alagna.
Otro “Otello” en la colección que restará, sin lugar a dudas, como una mera anécdota.

3 comentarios:

Monica Menconi dijo...

En casi todo de acuerdo contigo. Faltó nombrar a Vladimir Galouzine, Aleksandr Antonenko. Este último siempre mejor que el anterior. No se me hace muy justo una crítica tan dura para una primera perfomance. Insisto, es su primera vez. Los cantantes de ópera son tan humanos como nosotros, pero con una sensibilidad hiperdesarrollada. No habría que darle un tiempo para ver si consigue madurar su personaje, trabajarlo un poco...más alla de su voz que también podría adaptarse más. Que por ahora le queda grande el personaje es cierto. Que no transmitió lo que se debe, también. Pero resulta que la ópera es un todo y la puesta y el lugar fueron muy bellos, el vestuario tambien, y como bien dijiste la dirección orquestal estuvo en un gran nivel. Y deberíamos verla en vivo, juzgar sobre una transmisión de tv u online es riesgoso. A Iago obviamente podemos devolverlo a China ya mismo.No sé....creo que habría que darle una chance a Alagna para ver si puede trabajar en profundidad esto y mejorarlo. Podría ser....como no. Pero.... quedarnos con la intriga?

brunilda dijo...

Yo creo, Mónica, que cuando a un cantante no le va determinado repertorio, mejor dejar esa partitura encima del escritorio o aún mejor, esconderla en un cajón y no ir a ella, a menos que, aún estando fuera de estilo, seas capaz de llevarte el gato al agua, darle la vuelta, siempre fiel a tu vocalidad y estilo y bordarlo.

Podría haber sido mucho más dura con Roberto, y me sabe muy mal escribir eso sobre él porque sabes que es un cantante que me gusta mucho y me hace disfrutar escuchando su voz, pero, no con el "Otello".

Roberto no tiene la voz, ni la condición física y mental para afrontar un reto como este, y aunque lo trabaje, como tu sugieres, nunca estará cómodo con él, pues echará a perder una bonita voz que, con el paso de los años (y los años no pasan en balde parara nadie) ya ha ido perdiendo aquel brillo, aquel sol, aquella mediterraneidad de la que hace gala un instrumento tan privilegiado como el suyo.
Para mí es una lástima no poderle disfrutar con esta ópera, le prefiero con Romeo o con Des Grieux.

Posibilidad de mejorarlo... siento ser tan dura... per no lo creo.
Besos,

Monica Menconi dijo...

Quizas tengas razon....