viernes, 11 de noviembre de 2011

Los primeros 40 años de Plácido Domingo en el Covent Garden

Covent Garden.
La cita era la semana pasada cuando se celebró los 40 años de debut del gran Plácido Domingo en la R.O.H.

Aunque como siempre digo, a pesar de no poder estar allí físicamente, en la distancia mi pensamiento estaba en la capital británica, arropando como una más del público, la celebración organizada en honor de nuestro tenor.
Afortunadamente, nos queda el audio del acontecimiento.

Plácido Domingo. Qué decir de él a estas alturas de su carrera que no se haya dicho ya... El omnipresente, el incombustible Plácido Domingo volvió a demostrar porque a pesar de sus casi 71 años, sigue siendo el mejor: su entrega, su apasionamiento, sus ganas, su ilusión hacen que cada vez que los escuchas te emociones si cabe aún más.

Fue Rigoletto, fue Simon y Otello. Dos partes de barítono muy exigentes, y una de tenor, no menos fácil que las anteriores. Y sí, nunca deja de sorprenderme, porque, a pesar de que han pasado los años y el pelo negro del moro de Venecia se ha plateado con el tiempo, su aplomo, su expresión y sentimiento continúan estando presentes en el guerrero creado por Shakespeare y musicado por Verdi.

Con Rigoletto y Simon apareció el padre. Ha cambiado el papel de galán enamorado por el del hombre protector. Ya no es el amante apasionado, el "bueno" de la ópera, aquel por el cual la soprano y la mezzo se disputan su amor. No, ahora es el padre que  volca toda su experiencia en la hija, Gilda y Amelia, respectivamente.
Aparece el sentimiento protector versus la pasión. Y está, física y mentalmente en su papel. Y de qué manera...

70 años y Plácido suma y sigue.

De los tres actos que cantó, empezaré con "Otello", papel talismán en la carrera de Plácido y que ha llevado por todos los teatros del mundo.



Su fuerza continua estando allí. El alma de Otello sigue presente en su interpretación: sólo hace falta escuchar su primera nota de entrada, ese "Si" que le lanza a la cara de Desdémona.
Sí, por un momento pensé estar escuchando al Otello de años ha, pero lo cierto y para ser justos, el acto de Otello fue donde el milagroso Plácido mostró más dificultad. La exigencia del personaje es grandiosa y es una de aquellas situaciones en que la sabiduría pasa por encima de la fuerza, porque Plácido dibujó un Otello maduro pero lleno de expresión y sentimiento. La expresión por encima de la vocalidad, resultando indudablemente creíble.

Donde me dejó sobrecogida fue en su tercer acto de "Rigoletto" sobretodo en lo que respecta a la escena final con Gilda. que fue simplemente sobrecogedora.



No sé si algún día se planteará llevar al bufón al teatro y representar la obra enteramente, pero de hacerlo, sería uno de los más grandes acontecimientos en el mundo de la ópera.
En su interpretación encontramos la ternura, en su escena final, pero también el desprecio al Duca, claramente marcado en su expresiva voz.
Poder gozar aún de esto es algo que no tiene precio.



Qué decir de su Simon...magnífico y como siempre la expresividad al servicio de la música, en un ròle de barítono que, a mí entender, le va como anillo al dedo. Nunca había escuchado un Simon tan cercano, tan humano y tan desesperado.
Es verdaderamente una pena no poder contar con las imagenes enteras de este magno acontecimiento. Supongo que todo se andará, con el tiempo.

Plácido Domingo volvió a demostrar a todo el mundo el por qué a sus 70 años continúa llevando la corona de rey en el mundo de la ópera.

Grácias, Maestro. Nunca le estaremos lo suficientemente agradecidos por hacernos partícipes de su voz.