martes, 10 de mayo de 2011

Mi primera ópera en el Covent Garden

Había llorado en la ópera. Me había emocionado con la música de Puccini, de Verdi, de Wagner y de tantos otros muchos compositores. Mís ojos se habían llenado de lágrimas al ver el cariño que el público es capaz de transmitirle a un intérprete, pero nunca en la vida había llorado en un teatro –que anhelaba pisar- nada más entrar y ver su inmensidad.

Y pensar que en Covent Garden se han representado óperas, muchas de las cuales figuran entre mís versiones preferidas: “Otello”, “Manon Lescaut”, “Les Contes de Hoffmann”…


La Royal Opera House (R.O.H) está considerada como uno de los cuatro teatros más importantes del mundo, junto al MET, la Scala y la Staatsoper de Viena. Un teatro que he visto infinidades de veces en la televisión y del que siempre decía: “Un día estaré allí, un día pisaré este teatro”.
Se cumplió este fin de semana otro de mis sueños musicales. Por fin he conocido el Covent Garden.

Ubicado en una zona inmejorable, peatonal casi casi al 100%, flanqueado por el mercado lleno de gentes, de colores, de restaurantes, de todo… Allí se palpa un ambiente especial, y sin embargo, el Covent Garden parece que se oculte del gentío y algarabía de la que hace gala la plaza que lleva el mismo nombre.

Contrasta, no obstante, la zona moderna con la adoquinada plaza. Una puerta giratoria por la cual se accede a las taquillas del teatro ubicada en plena plaza adoquinada del Londres antiguo, del Londres de “My Fair Lady”.
Sin embargo entras en el recinto y encuentras la alta tecnología: la tienda de la R.O.H provista de una pantalla plana en la que proyectan ópera o ballet, músicas, ambas, que se escuchan desde la calle grácias a dos altavoces que están situados justo encima de la puerta giratoria.



Dentro del teatro, los constrastes se hacen igual de patentes: la sobriedad y tradiciones inglesas combinadas con la modernidad del s. XXI.
Los pasillos están  forrados de madera y enmoquetados, las paredes llenas de fotografías de los intérpretes que a lo largo de los años han ido desfilando por el coliseo londinense dejando escuchar allí sus voces: Joan Sutherland, Kiri Te Kanawa, Angela Gheorghiu Plácido Domingo, José Carreras, Luciano Pavarotti… y tantos más… todo hecho a la antigua usanza.
E incluso dentro de la sala: palcos a la antigua de madera oscura, y salidas con escaleras laterales en platea, con ausencia de palco real en un país eminentemente monárquico.
La sensación de sopresa y admiración es grande una vez entras en la sala. No es quizás uno de los coliseos más bellos, si se compara con el Liceu o con la Scala e incluso con la Fenice de Venecia, pero el Covent Garden tiene algo especial.
Tampoco creo que sea más grande que otros teatros, pero tiene una aura especial, algo que le da un encanto único y hace que sea uno de los teatros que todos los aficionados a la ópera deseamos pisar algún día.



Sin lugar a dudas, el Covent Garden es un lugar de peregrinación para todos aquellos que amamos la ópera. Ya lo he pisado, lo he vivido y lo he sentido. La ópera escogida fue “Werther” de Massenet interpretada por Rolando Villazón y Sophie Koch, de la cual hablo en el siguiente post.

2 comentarios:

Tosca dijo...

Mi primer Covent también tuvo a Rolando como protagonista. Fue un Hoffmann,la misma producción que estrenó Plácido en su momento y que grabé en mi memoria de tanto verla.......
¡Fue extraordinario!

Corro a leer el siguiente post........

brunilda dijo...

Pues otra coincidencia más, Tosca!!!