martes, 19 de octubre de 2010

Taratata… Mon dieu c´est magnifique!

Lo tenía todo.

Casi absolutamente todo para salir del teatro desilusionada una vez más y refunfuñando, de paso.
Tan solo un ingrediente del plato “bieitiano” me motivaba para acudir al Liceu ayer tarde, y era, ni más ni menos, que la dulce voz de Roberto Alagna.



Había leído, había escuchado bastantes y diferentes opiniones acerca de esta “Carmen” que inauguraba el curso en el teatro de las Ramblas. Posturas a favor, otras en contra, y la sombra de su estreno en un ya lejano 1999 dentro del marco del Festival de Peralada (dicho de paso, que fue un escándalo) eran motivos más que suficientes y de considerable peso para acudir con bastante reticencia a esta representación, que de no ser, repito, por la presencia de Alagna, no hubiera ido, haciendo pesar una vez más mis prejuicios y mi visión más “clásica” de la ópera.

Y estaba en mis trece cuando entré en la aún fría platea del teatro.

Pero bastó dos segundos de música. Sí, tan solo dos segundos de música para darme cuenta que, a pesar de todas las ideas preconcebidas con las que iba al teatro, aquella tarde sería una buena velada musical.
El ritmo frenético, ágil, cercano con el que el maestro MARC PIOLLET atacó las primeras notas se metió en mi cuerpo y, sin darme cuenta, ya estaba inmersa en la acción.
Detalles de gran calidad que hacía tiempo no escuchaba en la Orquesta Simfònica del Liceu que sonó, en mi opinión, muy superior que en otras funciones.
Casi al final de la ejecución de la famosísima obertura, di las gracias interiormente al Sr. Bieito por tener el detalle de dejarla sonar a telón tirado, sin presentarnos ningún elemento que en aquel momento pudiera romper la comunión entre la música y el público, una de las claves de esta producción que a lo largo de la obra se repetiría en los momentos cruciales y más íntimos de los protagonistas principales.

Musicalmente (y aún no había escuchado las voces) ya me tenían en el bolsillo, pero… aún quedaba lo más difícil, la producción.

Pero qué gran sorpresa cuando se levantó el telón: un escenario casi vacío, con la única presencia de una cabina telefónica y de un poste, en el que más tarde colgarán la bandera española. El coro vestido con uniforme de la legión, bien conjuntado.

Por el momento estaba viendo “Carmen” y no había ningún elemento que me diera a pensar que el director de escena me quería contar “su historia”, incluso la aparición de una Micaëla con vestuario un tanto “hippi” no me hicieron descuadrar para nada la acción.

Excelente trabajo el coro de niños en la escena del cambio de guardia, momento en que eché en falta la presencia del tenor, pero la mayoría de recitados se eliminaron y esto hizo que tuviéramos que esperar aún un poco más para gozar de la voz y presencia de Roberto Alagna.
El Coro titular del Liceu, para mí de gran nivel vocal ayer por la tarde. Grandes voces, bien diferenciadas y matizadas, y escénicamente bien dirigidos. Quizás el punto álgido de ambas instituciones llegó al final del cuarto acto con sus “Le voici le quadrille”: bien cantado, bien interpretado, realista. Sensacional este momento final.

Tendría, en el aspecto escénico destacar muchas cosas, pero quizás la que más satisfacción me dio es el gran trabajo, a nivel artístico de los cantantes. Su credibilidad como personajes perfectamente dibujados por Bieito y sobre todo su realismo como tales encima del escenario. Así pues, y dejadme que cite de nuevo el nombre de Alagna.
Su primera aparición, una vez finalizada la habanera. Lo encontramos apoyado en el poste y a punto de encender el cigarrillo. Se lo lleva a la boca y al verse observado por la gitana, acerca sus manos a los labios y no lo enciende. Al cabo de un rato, cuando ve que Carmen juguetea con otro oficial se repite el mismo movimiento con el mismo final al sentirse de nuevo mirado por ella. Y no solo fue en esta escena. La expresión facial y corporal del tenor (de cuya flexibilidad hace alarde en el tercer acto cantando el dueto con Escamillo saltando encima de los coches y subiendo a ellos con un simple salto) fue realmente impresionante.

Es verdad que hubo algún detalle (bastantes) de connotación sexual en casi todos los protagonistas, escenas quizás más próximas a la disciplina del séptimo arte y que en el celuloide no nos molestan (e incluso las vemos y digerimos con toda naturalidad) pero que en un directo, y en la ópera, siguen chocándonos aún. No evidentemente de la misma forma que lo pudo hacer once años ntrás en su estreno en el festival ampurdanés, pero que, ahora, más curtidos con esta clase de producciones arriesgadas y atrevidas, no dejan, por ello, de sorprendernos.
Bieito puso también algún toque “picante” para hacer correr más de la cuenta a las mentes de los asistentes, como la escena en que Zúñiga se desabrocha el cinturón… con la simple finalidad de que Don José ate las manos a Carmen.

De todos modos, no creo que sea necesario algunas de las escenas más subidas de tono que nos regalaron: entiéndase cuando Carmen se quita las bragas en la escena de seducción al soldado degradado… la bajada de la cremallera al militar cuando, la gitana, encima de Don José, intenta convencerle de que abandone la vida militar y la siga… el bailarín completamente desnudo ante el toro de Osborne, o la pasional revolcada de ambos protagonistas en la escena final de la obra.
Momentos de los cuales, sin desvirtuar la esencia de la obra ni traicionarla para nada, se pueden prescindir de ellos.

Antes de pasar a hablar de las voces hacer mención de que todos los cantantes principales daban entera credibilidad a sus personajes: una escultural Béatrice Uria-Monzon, un bello y frágil Roberto Alagna como Don José y un chuleta Erwin Schrott en Escamillo, hicieron aún más creíble, si cabe, esta función cuya visceralidad respiraba por todos lados.

Pasemos pues a la parte vocal:


BÉATRICE URIA-MONZON fue una Carmen más creíble a nivel escénico que vocal. Para mi faltó un poco de cuerpo y volumen en la voz, así como una pizca más de graves y profundidad, sobre todo en la escena de las cartas en el tercer acto, cuya ejecución me pasó bastante desapercibida. Poco lucida en su habanera o en el aria “Les tringles de sistres…” donde también eché en falta volumen, vivacidad e intención.
Sin embargo interpretó con bastante convicción el dueto final al lado de Alagna. Su Carmen a nivel vocal no acabó de convencerme, sin embargo a nivel escénico no me fue indiferente, ya que además de interpretar muy bien a su personaje, goza de un atractivo físico impresionante, lo que le ayuda, evidentemente, en la ejecución de la obra.



Era la segunda vez que escuchaba a ROBERTO ALAGNA en directo, y la primera en el Liceu.
No miento al decir que la voz del francés, la dulce voz de Alagna me encanta, pero quedé sorprendida al oírlo porque me pareció estar escuchando al Roberto Alagna de hace ya bastantes años, al Roberto Alagna de voz dulce, redondeada, llena de matices y expresión, que lejos queda de personajes que ha cantado que para nada le van ni estilística ni musicalmente hablando.
Su sensacional fraseo en francés es una delicia para los oídos y esa genial interpretación vocal y artística, le hicieron merecedor de los más ruidosos aplausos de la tarde.
Con genio y con carácter abordó el dueto final de la obra, y con extrema dulzura su aria “La fleur que tu m´avvais jeteé” que le supuso un gran aplauso y lluvia de bravos.
En el primero encontramos al Don José atormentado, curtido en palizas que le ha dado la vida de bandolero, al hombre que sabe, que ha vivido… en la segunda nos presenta al hombre que no conoce mujer, el hombre dulce y entregado, que canta casi al oído de Carmen una de las mejores declaraciones de amor de toda la literatura operística.
Qué más puedo aportar a su interpretación… pues que me encantó. Simplemente.


Gran sorpresa la interpretación del barítono uruguayo ERWIN SCHROTT. Lo escuché en este mismo personaje en la inauguración de la temporada pasada de la Scala de Milán, y no me convenció. Ni su voz, ni su chulesco personaje.
Cambié de opinión en el Liceu: primero porque tan solo emitir dos palabras me di cuenta que la interpretación vocal era completamente diferente a la realizada en el coliseo milanés: más cuerpo, más centro, mejor intención, si cabe. Además, vocalidad a parte, debo decir que su entrada fue espectacular. Espectacular como lo es él mismo propiamente: ataviado con traje gris y camisa blanca con un par de botones del pecho desabrochados y sombrero, me dio la sensación de estar viendo al bailarín Julio Bocca bailando un tango.
De nuevo Schrott hizo gala de su chulería (quizás demasiada) pero que para el personaje ya le va bien. No me gustaron para nada esas “arrastradas” de voz como si fuera un roquero, quedándome de toda su interpretación con su “Si tu m´aime, Carmen”, dulce, redondo, central. En fin, bello a los oídos.
Pase de torero con el sombrero solicitando –casi exigiendo- un grito unísono de “olé” por parte del respetable barcelonés, cerraron para Schrott una tarde de éxito.

MARIA POVLAVSKAYA encarnó a una Micaëla bien cantada con unos agudos perfectos, quizás en su aria del tercer acto un poco justos de volumen, hecho que para nada empaña una brillante actuación. No entendí su paso tan lento a la hora de salir a recibir los aplausos, cuando todos sus compañeros salieron con mucha energía.

Correctos el resto del reparto vocal.

En esta ocasión, la representación era la última de esta primera etapa que repetirá en el mes de julio, no salió Bieito a saludar. Seguramente no le hubiera gritado “bravo” como lo hice con Alagna, pero tampoco hubiera puesto, en esta ocasión, mala cara.

Próxima cita “Rigoletto” en la Faràndula, a la espera de lo que ocurra con el recital de Jonas Kaufmann que se canceló.

6 comentarios:

Moments d'Òpera dijo...

Una altra convençuda! jeje Celebro que hagis passat una bona tarda al Liceu!

Quan vas a veure Rigoletto? Jo hi seré demà, nit d'estrena.

Albert

brunilda dijo...

Doncs realment, i contra tot pronòstic, va ser genial Albert!

Hi vaig el diumenge al Rigoletto... quines ganes que en tinc ja...

Moments d'Òpera dijo...

OK. Doncs ja llegiràs la meva crònica! ;)

brunilda dijo...

I tant, Albert! Espero que la disfrutis... ja tinc ganes de veure el Diari de Sabadell d´avui per saber una mica més del montatge... Aquesta vegada ni banderoles al carrer han posat (almenys al centre). No si la crisi aqeusta...

Tosca dijo...

Una extraordinaria función en la que todo brilló. Cantantes, coro, orquesta y escenografía, todos con gran nivel para conseguir un trabajo redondo.
Alagna... INMENSO!!

brunilda dijo...

¡Ciertamente, querida Tosca!