lunes, 17 de agosto de 2009

Cura... es mucho Cura.

Cura… es mucho Cura.

Y que cada cuál interprete estas palabras como quiera.

Tal y como comentó el propio Cura, en 20 años de carrera como profesional de la ópera, era la primera ocasión en que el tenor, hispano-argentino, como recalcó él mismo, ofrecía en solitario un concierto en el territorio español. Y el pueblo de Peralada tuvo el honor de ser el primero.

El concierto de José Cura ponía fin al XXIII Festival del Castell de Peralada y para la ocasión escogió un programa, precisamente, nada fácil, lo cual es de agradecer. Un repertorio hecho a mi medida en cuanto a gustos musicales se refiere: verismo 100 por 100.
Y por ello y por escucharle nos desplazamos allí sufriendo temperaturas infernales que se apaciguaron nada más ponerse el sol y caer la noche. Ya con el cielo oscuro y al entrar en los Jardines del Castell de Peralada noté una sensación agradable de frescor, de aire limpio y sosiego. De ópera. La noche acompañó al temperamento de Leoncavallo y Verdi y a la sutilidad y armonía de Puccini.


Era la primera vez que asistía al Festival de Peralada, movida sinceramente, por el arriesgado repertorio y por el amor que tengo por esa clases de ópera y con la ilusión de escuchar a Cura en solitario, esperando que estuviera simplemente bien, correcto.
Era un concierto al que debía ir mí hermano, no por el programa pero sí por el cantante, que lo adora. Incluso escucha grabaciones operísticas porque quien las canta es José Cura.

El tenor estuvo acompañado por la Orquesta Nacional Clàssica d´Andorra dirigida por el maestro MARIO DE ROSE colaborador de Cura en los últimos años. Hizo sonar la orquesta fuerte. Muy fuerte. Pero no hay orquesta que se resista al vozarrón de Cura. Porque tiene volumen. Mucho volumen.
Ejecutó varias piezas orquestales en solitario. Dos en la primera parte y dos en la segunda. Un Leoncavallo (Intermezzo de Pagliacci), un Verdi (Obertura de Nabucco) que sonó fortíssima. Y en la segunda parte dos Puccinis (la Tregenda de Le Villi y el intermezzo de Manon Lescaut), quizás estos dos más acertados que los primeros.

Pasemos pero a hablar del protagonista de la velada.
JOSÉ CURA como digo es mucho José Cura. Es un personaje que levanta odios y pasiones por dondequiera que vaya. De entre las ocasiones en que he tenido la oportunidad de verle actuar en directo, puedo constatar que ha levantado muchas más pasiones que odios y lo cierto es que ayer por la noche levantó al Auditorio de Peralada.


Salió todo de negro con la camisa por encima del pantalón. Con barba ya canosa, pero encima del escenario, su presencia escénica es impresionante. Empezó con “Pagliacci”, primero con el prólogo para barítono (ya sabemos que Cura hace lo que le da la gana con su registro vocal) para continuar, después que la Orquesta interpretara el Intermezzo de la ópera homónima, con el desgarrado “Vesti la Giubba”.
Salió al escenario con un silla, se sentó en ella y cantó toda la pieza sentado como si estuviera cantando la ópera y al finalizarla, mientras la orquesta estaba ejecutando los últimos compases, se levantó, cargó la silla en su espalda como si fuera una silla de montar e hizo mutis por la izquierda (mirando desde el patio de butacas).
Con esta pieza arrancó los primeros bravos de la noche.

Siguió con las dos arias del “Otello” el “Dio mi potevi” y el “Niun mi tema”, para mí mucho mejor en la segunda que en la primera, y mucho mejor cuando dosifica ese “genio” escénico que tiene.

Si algo debo decir a favor de Cura y de este concierto es que pienso que escogió un repertorio demasiado dramático para ser intepretado en concierto. Me explico: ya es de por sí difícil interpretar estas arias dentro de la ópera y aún más lo es hacerlo en concierto poniéndose psicológicamente en el momento sin tener el apoyo del arco del personaje a lo largo de la ópera, del decorado y del momento mágico que solo la ópera es capaz de reunir. Pero Cura parecía estar “dentro de la ópera” (porque él confía en sus facultades vocales y genio escénico y poder de seducción y convicción de sus admiradores más fieles). Ese genio que tanto apasiona a sus fans.

Pidió a los técnicos de luz que enfocaran las últimas filas para que pudiera ver al público agolpado en el recinto y dirigiéndose a todo el auditorio dijo: “Un concierto no es una ópera”, explicó Cura, “Un concierto es como una noche de amor. Y el amor con la luz apagada a mí no me gusta nada”.
Cura amenizó la noche con su espontaneidad y simpatía. Improvisó de presentador, de showman, de director de orquesta y de actor. Un hombre completo que logró arrancar sonrisas en el público.
La segunda mitad empezó con un circense “Tra voi belle”, sin director de orquesta en el podio, Cura “saltando” con su voz la pieza y preguntando dónde estaba el director porque lo había “perdido”. Éste apareció, frac en mano, casi al final de la pieza, y Cura le colocó el frac y el director concluyó la pieza.
El tenor había cambiado la camisa negra por una de blanca.

Siguió para mí la mejor intervención de la noche: el “E lucevan le stelle” de la “Tosca” con una interpretación matizada “made in Cura”, pero a su manera, matizada.
Sinceramente me duele, que alguien con las facultades de Cura, -todos sabemos la voz que tiene- sea capaz de cantar dulce en determinados momentos, de saber comunicar y en cambio el resto del tiempo esté cantando a lo bruto. Unas veces rozas el delirio y en otras…
¿Por qué no se sosiega un poco, menos temperamento (excepto cuando se necesite) y un poco más de matiz?. ¿Es tanto pedir?
No obstante la seguridad con la que se mueve en el escenario es admirable y en los Puccinis quizás es donde, a mí gusto estuvo mejor, sobretodo en los tres centrales: Tosca, Turandot y Fanciulla.

Acabó el programa con un bien ejecutado y temperamental “Hai ben raggione” de “Il Tabarro” para dar paso a tres propinas acompañadas, como no de espectáculo y jugueteo de Cura con el público, no sin que antes retumbara el auditorio con aplausos y ruido de pies en las tablas.
Cura alardeaba de que cunato más fuerte canta, más lo aplauden. Cierto es. A más volumen, la gente cree que mejor es la interpretación… bueno. Todo es opinable y respetable. Me reservo mís opiniones.

Como primer regalo de la noche “Addio, fiorito asil” de la Butterfly. Después de ella Cura cantó suavecito una canción argentina con música de Gustavino (no recuerdo el nombre pero la había ya escuchado en el disco titulado “Anhelo” que hace unos años grabó).
Entre muchos de los comentarios de Cura que nos brindó durante la noche, referenció como no el insoportable calor, que si bien el público, relajado y ameno no notaba (a pesar que yo durante toda la segunda parte tuve que abanicarme) él sí, y el director también.
Nos comentó que la canción argentina con música de Gustavino la cantaría sin gritar, y que hicieramos la prueba de escucharle con los ojos cerrados para relajarnos.
Se dirigió hacia las dos arpistas, se puso en cuclillas y cantó acompañado de arpegios.
Arrancó un sensacional bravo desde la mitad de la platea y salió a saludar con las dos arpistas, que rodeó con sus brazos.

Y finalmente, dijo “hace mucho calor, pero aún tengo ganas de cantar más”, y como lo que había cantado anteriormente era “poco para él”, concluyó con el “Nessun dorma”. El delirio.
Gritos, ruidos, bravos y alegría. Unas tres o cuatro veces salió a saludar y la gente no quería marcharse, pero no había nada más que cantar.
Acercó una partitura casi al borde del escenario y con el gesto “está en blanco” se despidió de nosotros .

Concluía la edición de este año con broche de oro. Caras de satisfacción en el público (la mayoría), caras de escepticismo y caras de decepción también había.

Cura acababa de conquistar a Peralada.

5 comentarios:

teresa dijo...

¡VAYA CONCIERTO! pues debió ser todo un espectáculo. La verdad es que has conseguido despertar mi curiosidad respecto a Cura, tan denostado habitualmente por los "expertos". No lo he escuchado nunca en directo, pero, si tengo ocasión, no me lo pierdo!

Tosca dijo...

Me interesó mucho este tenor cuando ganó Operalia. Me hice con su cd de Puccini y, sin desagradarme, no me entusiasmó. Esperé a escucharle en directo en el Liceu y, en las 3 ocasiones que lo he hecho ( Il Corsario, Otello y Andrea Chenier), no he podido “conectar" jamás con él. Tiene muy buena voz pero, para mi gusto, escasa musicalidad y exenta de sutileza. Estoy de acuerdo contigo Teresa cuando dices que “canta a lo bruto”.
Aunque la última vez que le escuché me dije a mi misma que no volvería a hacerlo ( me ofendió con su falta de sutileza y un fraseo tosco) estoy dispuesta, pasado ya el enfado, a intentarlo de nuevo. Quién sabe! Igual llega el día en que puedo reconciliarme con él y puedo llegar a disfrutar escuchándole. Potencial no le falta, pero…..

Anónimo dijo...

Teresa no ha dicho que canta a lo bruto, lo ha dicho Brunilda

Tosca dijo...

Glups, anónimo, tienes razón! Es Brunilda quien lo ha dicho, me confundí de nombre!
Gracias por aclararlo!

brunilda dijo...

Coincido contigo querida Tosca! A mí también me gustaba mucho cuando inició su carrera recién salidito de Operalia.
Su cd de "Puccini Arias", para mí es y con diferencia, lo mejor que Cura ha aportado al mundo de la ópera.
Después empezó a cantar de esta manera tan brusca que a día de hoy continua manteniendo, y solo cuando intenta ser más sutil es cuando sale el mejor potencial del cantante.
Por eso me duele que alguien con sus facultades, pudiendo cantar con otro tipo de estilo, lo haga de esa manera (que si bien es su sello personal) no aporta ningún beneficio a los oídos de la gente.
En fin, como digo, Cura es mucho Cura y nunca dejará de sorprendernos.