sábado, 2 de julio de 2016

Cuando la juventud se amalgama con la maestría: Plácido Domingo conquista el Bernabeu




El pasado miércoles el estadio del Real Madrid se vistió nuevamente de gala y en esta ocasión no para celebrar la gloria y la conquista de la undécima copa de Europa con los jugadores como había sucedido un mes antes. No. El miércoles no iba de copas ni de trofeos. Todo el meollo se centró en el arte, la cultura, la música y en los sentimientos. Pero también floraron por el ambiente el agradecimiento y el respeto, unidos indisolublemente con la admiración.

Hace tres noches pues que el Santiago Bernabéu sacó una vez más sus mejores galas para homenajear al más grande, a la voz que, al igual que un viejo lobo de mar, sigue surcando aún mares y arrastrando poderosamente a los aficionados a la ópera con el poderío de su carisma y su arte. Ni la peor de las tempestades ha logrado hundir el barco.

Un gran despliegue logístico, chispa e ilusión, mucha ilusión y buenas causas hicieron del evento un éxito rotundo de asistencia en un lugar en el que días antes, la verde hierba madridista, testigo mudo y sufrido de las más grandes victorias de su equipo, había cedido su lugar para transformar el recinto en el escenario de un macroconcierto muy especial.



Plácido en el Alma

Enmarcado en un acto que tenía como telón de fondo la Fundación Alma del Real Madrid. Con ella, el club blanco rendía tributo a los recién cumplidos tres veces veinticinco – como él mismo reza con simpatía- de PLÁCIDO DOMINGO, tenor universal, madridista de pro, socio de honor del club e intérprete del Himno del Centenario. La cita ineludible. Un concierto denominado, sabiamente, “Plácido en el Alma”.

Jamás un título había tenido un gancho y un significado tan especial, tan bonito y tan sentimental. “Plácido en el Alma” aunque la grafía mayúscula maquille, descaradamente y en el mejor sentido de la palabra, el significado que para muchos de nosotros supone la figura de una voz como la suya.

Plácido Domingo cantó de riguroso negro en el templo blanco del equipo de sus sueños y acompañado, arropado y admirado por múltiples artistas de diversas disciplinas que no quisieron perderse el agasajo a un artista que es querido a ambos lados del mundo, irrepetible e único.

Con un BERTÍN OSBORNE en su papel de maestro de ceremonias, y después de que la Orquesta Sinfónica de Madrid interpretara la inevitable obertura de “La forza del destino” Plácido Domingo abrió la velada con un “Nemico della patria” de la “Andrea Chénier” de Giordano, una pieza especialmente conmovedora, por la que siento un real aprecio y que hizo poner al estadio de pie nada más empezar.

La voz de Domingo, sorprendentemente en un estado óptimo llenó hasta el último rincón del templo madridista para así dar paso al también tenor ANDREA BOCELLI que interpretó la difícil “Pour mon ame” de “La Fille du regiment” para después, cantar junto al maestro Domingo el primero de los variopintos dúos que el tenor español interpretó a lo largo de una dilatada noche. En esta ocasión fue el tenor madrileño, cantando pero de barítono, quien secundó al italiano con “Au fond du temple saint” de “Los pescadores de Perlas” de Bizet.



Se intercalaron de por medio cantantes como DIEGO TORRES con su famoso “Color esperanza” mientras que el talento y sentimiento de SARA BARAS se fundió a la perfección con la voz de Plácido Domingo firmando uno de los momentos más emotivos.

En la tarde noche madrileña iba ya asomando el crepúsculo que, inexorable, caía desplomado desde el cielo, haciendo subir la temperatura del momento.

Después de un “No puede ser” para el que solo puedo decir que me tocó el alma, ahora sí, escrito en minúscula, ambos, como si todo a su alrededor se hubiera desvanecido sellaron uno de los instantes mágicos de la velada. El desgarro de la copla “Ojos verdes” en la garganta de Domingo, que interpretó de forma sentida, susurrada y lanzando cada palabra al aire con arte y maestría, fueron bazas suficientes para que Sara Baras se dejara seducir – lógico ante esta gran voz- y ofrecernos lo mejor de sí.


Otros momentos significativos
Y aunque creía lo contrario cuando leí en su momento la larga lista de artistas que acompañarían al Maestro, debo decir que Plácido cantó y mucho a lo largo de la noche. Y es de agradecer.

Con IL VOLO, grupo que según Domingo descubrieron sus nietos pequeños, entonaron la bellísima “Non ti scordar di me”. Cuatro voces excepcionales encima de las tablas. La incipiente juventud arropada por la sabia experiencia.

Todos ellos, todos los presenten admirando la versatilidad y la capacidad camaleónica de Plácido Domingo. Del más grande.

El tango “Volver” al unísono con JUANES dejó también un especial regusto y un saludo a los muchos y numerosos argentinos que también comparten con los españoles, nuestra voz más universal.

Y con todo ello, la noche iba avanzando, ligera, y con más sorpresas. Una sin par “Granadinas” de la zarzuela “Los Emigrantes” entonó Domingo antes de acompañar al piano a BERTÍN OSBORNE en una irreconocible versión de “My way”. Un pianista de lujo que incluso cantó un par de frases de esta inmortal canción, popular y bella donde las haya, que en la voz de “La voz” sonó siempre mucho mejor.

Para Domingo, la actuación siguiente tuvo, como no, especial condescendencia. Una vez su hijo PLÁCIDO DOMINGO JR.  interpretara la preciosa “Sabor a mí” cuyo fraseo tiene bastante de Plácido padre, ambos, se unieron para cantar otro de los exitazos de principios de los 80, el “Perhaps love” del tristemente fallecido John Denver.

El “Seré” de PABLO ALBORÁN en la voz de Domingo sonó extraordinariamente bien y los dos intérpretes, marcaron uno de los momentos más esperados por el público que llenaba el estadio. De nuevo la juventud unida con la maestría.

Podría hablar y hablar de ello, pues la noche fue larga y el arte allí encima inmenso, pero, como todas las cosas, siempre hay una pieza con la cual, de entre todas, es para una la más especial. Y en un acontecimiento como este no podía ser de otra manera.





Adoro

Sí. Su voz, su carisma, su arte, su talento y la capacidad que tiene Domingo de seguir emocionándome como el primer día. Y con 75 años…

Es difícil decantarse por uno o por otro momento, por lo tanto, me permito la licencia de quedarme con tres: en primer lugar su “Nemico della patria” seguida de su “No puede ser”, piezas que ya le había escuchado.

Pero el premio, la medalla de oro va en esta ocasión para el dueto que Plácido Domingo hizo con el almeriense DAVID BISBAL. Ese “Adoro” de Armando Manzanero tuvo el poder y la magia que solo dos voces como las suyas pueden transmitir en sus respectivas disciplinas. La melodía es bella. Lo que explica, pura felicidad. La emoción del momento, la sorpresa que me tenían reservada y todos mis sentimientos a flor de piel, provocaron en mí lágrimas, unas de las tantas que ya había derramado a lo largo de la noche.

¿Adoro? Sí. Lo adoramos y no es por menos.


E in un sol bacio, abbraccio tutte le genti amar

Todos querían lo mismo. Un abrazo, una foto, un recuerdo, unas palabras, una mirada, un apretón de manos y un beso del Maestro.

Y generosamente el Maestro Domingo tuvo para ellos todo esto y más. Sólo una fuerza de la naturaleza es capaz de ello. Los únicos hombros que pueden soportar el peso de la fama de una forma completamente ligera. Este es Plácido Domingo. Un extraordinario artista.