lunes, 12 de octubre de 2015

De Galanteos y galanteando en Madrid




 Este sábado 10 de octubre, se inauguraba la temporada 2015-2016 del madrileño Teatro de la Zarzuela con una de aquellas rarezas de nuestra genial música española que ha quedado, por más de siglo y medio, olvidada en algún más que apolillado cajón de este Teatro.
“Galanteos en Venecia” fue estrenada el 24 de diciembre de 1853 en el Teatro Circo de Madrid y ha sido recuperada y desempolvada ahora en un tiempo en que la inspirada música de Barbieri está en pleno auge. Recordemos que en la temporada pasada, el Teatro de la Zarzuela repuso la producción de “Los Diamantes de la Corona”, y ahora, se ha dado la gran oportunidad de que el público conozca las bellas e inspiradas melodías de la música de este gran maestro y que han desfilado por el escenario a lo largo de casi tres horas.


PACO MIR, su director de escena, concibe y presenta la obra como si estuviera tratándose del rodaje de una película, lo cual permite hacer gala entre el “directo” y la “ficción” con un extraordinario y bien mesurado juego de luces que ambienta, de forma sensacional, la noche azul y oscura iluminada por la luz de la luna en el primer acto; los brillantes y resplandecientes salones del segundo y el brumosa y tenebrosa madrugada del tercero.
Y todo ello sin romper un ápice la esencia de la obra que fluye con continuidad a pesar de los cortes técnicos y necesarios para que el público no olvide que forma parte de un rodaje. Para ello, Mir se apoyada en las intervenciones del simpático PEPÍN TRE al lado de la serena y muy metida en su papel de regidora, MARIBEL LARA, que entretienen al público con su parte cómica.

La obra tuvo una gran acogida la noche del sábado y al inicio del tercer acto, al aparecer la corpórea silueta de un bajel en el escenario, unos espontáneos aplausos irrumpieron en la sala matando el silencio que imperaba gracias a la música introductoria del mismo, efectivamente ejecutada por el maestro CRISTÓBAL SOLER.

Gran detalle de Paco Mir en la ronda de aplausos del sábado (el domingo no salió a saludar) que no se dejó a nadie por nombrar y dar agradecimiento al trabajo efectuado en equipo: vestuario, iluminación, ayudante de dirección, todos los que los ojos del espectador no ven y que están detrás del escenario… Rasgo de profesionalidad que me gustó y esperaba se repitiese en la función de ayer, aunque no fue así.

Vestuario de lujo, decorados más que efectivos, reaprovechados, girados en muchas ocasiones, pero que simulaban lo que tenían que aparentar, los canales y casas venecianas y su noche seductora con la luz de la luna como centinela cómplice de intrigas y pasiones, de conquistas y de raptos, de confusiones y de enredos, de amor y de rondas.


La desconocida música de Barbieri

Teniendo en cuenta que una vez estrenada se representó durante unos 20 años y después cayó en el olvido, “Galanteos en Venecia” brilla por sí misma, combinando entre sus melodías acentos claramente italianos en los lirismos del tenor, y también de clara influencia española como en las arias coreadas del personaje de Don Juan. Delicadas son las arias de Laura y realmente la obra gira entorno a la Condesa Grimani, pues es ella, con sus intervenciones la que permite adentrarnos en el enredo de la historia, primero con el dueto con Don Juan, a pie del canal en plena noche, y consecuentemente en el arrebatador terceto y gran final del segundo acto.
Por tanto, bellas son las intervenciones individuales, así como también las escenas de conjunto, desafiantes, frescas y divertidas.

Esperemos que con esta recuperación, “Galanteos en Venecia” no vuelva a quedar olvidada y pueda presentarse este gran espectáculo con cierta continuidad, además, el misterio y el encanto de una ciudad como es Venecia, arrastra a cualquiera al Teatro invitando a ir a visitar sus canales a quienes no conocen esta hechizante ciudad.

Burbujeante la ejecución de CRISTOBAL SOLER que brilla con pulso al igual que la ejecución coral, de gran nivel, y que secunda y respira con los cantantes y logra, sobretodo en las introducciones, recrear el misterio que envuelve la noche veneciana, sus canales, y sus brisas.



Cuadre de voces y de personajes

Si hay algo que sorprende gratamente en esta obra es que los cantantes que encarnan a los distintos personajes están más que clavados física y psicológicamente con sus personajes: la delicadez y belleza de Laura que le viene como anillo al dedo a la sutil SONIA DE MUNCK, el carácter abrumador e imponente de la condesa Grimani encarnada por la mezzosoprano CRISTINA FAUS, la calidez y arrebato pasional y nobleza de CARLES COSÍAS como Conde Grimani, la sobriedad y elegancia del conquistador Don Juan en la voz de JOSÉ ANTONIO LÓPEZ, y la comicidad y espontaneidad de JUAN MANUEL PADRÓN como Pablo, y la gran presencia escénica de ANTONIO TORRES como Andrés, el enamorado de Laura, y la siempre serenidad de FERNANDO LATORRE que interpretaba al ciego Marco, padre de Laura.
Por lo tanto, de entrada, el ingrediente principal para hacer creíble la obra ya estaba de manifiesto. Solo faltaba que las voces respondieran a las expectativas. Y sí, respondieron.





La soprano SONIA DE MUNCK se puso en la piel de la dulce y afligida Laura. Con una voz de timbre bello y bien proyectado, acometió sus arias con elegancia, soltura y estilo, hasta hacer lograr enmudecer la sala en la función de estreno mientras entonaba, subida en el barco, su gran aria final “La muerte anhelas dulce bien mío”, que fue justa y gratamente aplaudida.





Mención especial merece para mí la actuación de la mezzosoprano CRISTINA FAUS con una voz rotunda, que llega, que emociona. De timbre bello y dicción excelente mandaba en el escenario tanto en sus intervenciones vocales, como habladas, especialmente inspirada en su gran escena y dúo con Don Juan, y actuando siempre sin que su personaje perdiera fuelle.


Dos tenores ha habido este fin de semana pisando las tablas de la Zarzuela, y dos tenores con voces interesantes.





Quien prefiera un timbre bello, una dicción impoluta, una voz con dulzura y gusto extremos, se inclina y se queda sin duda con la voz de CARLES COSÍAS. Sutilidad y pianos cuidados en su romanza introductoria “Es mi bella veneciana…” corta, pero de gran belleza.
Pero si se le prefiere en su vis arrebatadora y desafiante, con carácter más heroico, sin lugar a dudas, una se enamora de su gran escena del final del segundo acto, en su enfrentamiento con Don Juan y el resto del elenco y coro, cual si fuera un Edgardo donizzetiano en su “Maledetto, maledetto sia l´istante…”.

Pero si además de su voz cantada, una se quiere reír con él, se le debe escuchar en sus diálogos con Pablo poniéndose al nivel del criado olvidando su amanerada aristocracia. Si en cambio lo que una busca son declaraciones sutiles de amor y sentimientos, no se tiene que perder su escena hablada del tercer acto con la Condesa Grimani y en cómo cambia el registro de su voz, más impetuosa y luego dulce casi suplicante.

Agudos bien asentados y proyectados, de volumen más que imperioso, su caracterización del personaje fue excelente, amén de su interpretación escénica, siempre actuando y expresando con la cara y la mirada.

Por otro lado, si lo que se busca es un tenor con un poco más de tintes cómicos, de esos que se ganan al público ya en la primera escena, lo justo es mencionar la interpretación de JUAN MANUEL PADRÓN, que se recrea en el personaje de Pablo, el lazarillo de Marco, el padre ciego de Laura. Simpático en su escena de “la borrachera” del segundo acto, cantando y simulando estar completamente ebrio, es uno de los personajes que, contribuyen, indiscutiblemente a dar continuidad al enredo forjado por la Condesa, por Don Juan y por él mismo.





Grata, gratísima sorpresa fue para mí toparme con la espléndida y noble voz del barítono JOSÉ ANTONIO LÓPEZ, que daba vida al conquistador Don Juan. Un timbre dotado de belleza, volumen, y con buena dicción. Impone con su instrumento y su presencia escénica, siendo uno de los más aplaudidos durante la representación y en las rondas de aplausos. Un descubrimiento a tener en cuenta y una voz a seguir.

Correctísimas intervenciones del resto del reparto, destacando la de ANTONIO TORRES como Andrés y la de FERNANDO LATORRE como Marco.

Sin lugar a dudas, una de las ofertas de esta temporada de Zarzuela que nadie debería perderse, hay que ir y dejarse envolver por las maravillas que ofrece esta obra de Barbieri. A Madrid, estos días, se va a galantear… y nunca mejor dicho.