miércoles, 5 de julio de 2017

José Cura, el otro Otello de nuestros días






Quizás no sea el mejor Otello. No quizás no. Pero es más que un digno Otello. Quizás no sea la voz que tenga en mente para el Otello. No, quizás no. Pero cumple más que con creces. Quizás no sea lo que esperas de Otello. No. Quizás no. Pero el enfoque me ha gustado.

Este reciente “Otello” de la Ópera de Wallonie interpretado por el tenor argentino JOSÉ CURA es en mi opinión, una más que interesante alternativa al “Otello” que estos días está representando el alemán JONAS KAUFMANN en la R.O.H de Londres.

No entraré en comparar personajes y voces. Ambos son dos grandes cantantes. E inteligentes, y, en el gusto personal de cada uno de nosotros está el apostar por uno o por otro. Y para gustos, como decimos, los colores. Los dos tienen sus cosas buenas y también detalles a corregir, pero, si hoy llevo aquí esta versión grabada en la ópera de Wallonie es precisamente para alardear y poner sobre la mesa el trabajo de un cantante como José Cura que ha sabido reinventarse a sí mismo y con un role tan complejo y difícil como el Otello verdiano. Es simplemente una cuestión de justicia y de profundo reconocimiento a este artista.





Un “Otello” que es “Otello”

Producción a mi estilo. Clásica y con vestuario acorde, gracias a Dios, que ambienta, no distrae y que entra por los ojos proporcionando al oyente una sensación de satisfacción por adelantado antes de que empiece a transcurrir la música y la acción.

Aquí el director de escena STEFANO MAZZONIS DI PRALAFERA no juega con el simbolismo a cada momento, y se agradece. Deja que el discurso siga por si solo apoyado en el trabajo escénico de los cantantes. Pero sí que quiero destacar un detalle que me gustó, y es cuando en plena tempestad, cuando Otello lucha para amarrar su nave al puerto, Yago, que está jugando con un barco de juguete lo hunde en una pecera. Sabemos que Yago es malo. De entrada. Pero nos lo confirma y corrobora su gesto. Para que no queden dudas.

Por otro lado también hubo detalles que no me convencieron porque, ¿a santo de qué Otello apuñala a Desdémona?

En medio de tanto equilibrio, siempre tiene que haber el elemento discordante que da la nota aunque, a pesar de ello, no empaña para nada una más que digna función.



Orquesta y coro

Y aunque al principio decía que no haría comparaciones – de voces- aquí me es inevitable. Y lo es porque, en menos de una semana, dos “Otellos” escuchados. Dos orquestas diferentes y dos directores musicales completamente opuestos.

No hay ni punto de comparación en cuanto a orquesta. Aquí, los profesores de la ORQUESTA DE LA OPERA ROYAL DE WALLONIE, inclusive los coros, pierden la partida frente a la brillante y electrizante orquesta de la ROH. Y los coros, igual. Hay menos voces y no lucen tanto en una ópera donde tan importantes son,  sobre todo en el primer acto cuando empieza con la tempestad.

El director musical PAOLO ARRIBAVENI también queda relegado a segundo plano, cuando su opositor en el podio responde al nombre de Antonio Pappano. No añado nada más al respecto. Ya se sabe que… a buen entendedor…



Cumpliendo

La Desdemona de la soprano CINZI FORTE no es una gran voz. Ni atractiva al oído ni extremandamente llena de matices, pero, cumple con su papel de Desdemona al que no dota de carácter inclinándose por una psicología clásica del personaje. Como de toda la vida.



PIERRE-YVES PROUVOT asume el papel de Yago. Es una voz que no destaca ni por buena ni por mala, pero le permite afrontar todas las dificultades del personaje. Quizás en algún momento hubiera tenido que imprimir un poco más de malicia, no digo que no, pero estuvo en todo momento en su papel y muy bien compenetrado con José Cura, el gran pilar y atractivo de esta versión que hoy comento.





Sorprendente Cura

Y merece por ello un apartado especial en solitario con un análisis vocal y artístico-psicológico del personaje.

Si tuviera que calificar, con un solo adjetivo la voz de JOSÉ CURA es que la voz suena sorprendentemente sana. No hay ni rastro de aquellas oscuridades que años ha había asociado a la voz del tenor argentino. Sí, francamente, me sorprendió que con unos cuantos “Otello” en sus espaldas y con la friolera de 54 años la voz suene tan limpia. Tan sana. Y se me perdone que me repita pero es que sana es como me llegó a mí.

Sí que es verdad que ello no quita que tenga sus momentos en los cuales reconoces al impetuoso José Cura y el estilo de canto al que fue acercándose y que hizo que yo me alejara precisamente de él por apostar por una línea canora demasiado brusca faltada de elegancia. Cierto es que la voz no sufre con los estragos de una endiablada y tremenda partitura, y su voz le da para cantar, de sobra, este arduo personaje. Y en esta función lo demuestra una vez más.

Ayer, sin embargo, me encontré con alguien inteligente que ha sabido reeducarse a sí mismo. Recuerdo sus tonos brunitos de sus primeras incursiones operísticas y también su aproximación primeriza al personaje de Otello. La voz ha cambiado. Él ha cambiado. Y la interpretación también.

Cierto es que a todos nos viene en mente cuando hablamos de Otello al guerrero desquiciado, al que sufre complejo de inferioridad, aquel hombre que ruge de ira tan o más fuerte que el León alado de Venecia, el amante despechado y celoso que no razona sino que actúa, y el marido que – sabiéndose cornudo- actúa y trata a su esposa con fatal brutalidad.




Cura ha reinterpretado el personaje. Su Otello no tiene 40 años. Ha traspasado la línea de los cincuenta, sus sienes se han plateado y ha alcanzado la madurez, y dota al personaje de reflexión dando pleno sentido a su genial razonamiento del segundo acto “pria del dubbio l´indagine, dopo il dubbio, la prova, doppo la prova, Otello ha sue leggi supreme”.

Con ello, consigue diferenciar claramente en el primer acto al Otello maduro que llega vencedor de la batalla, con el ímpetu justo del hombre acostumbrado a luchar en más de cien batallas y lleno de honores. La dulzura con la que aborda el dueto del final del primer acto muestra al amante reposado, no al impetuoso cuya sangre arde en las venas al ver la figura de su esposa.

Pero es que en el segundo acto, a pesar de que Yago ya le ha lanzado el dardo que envenena su mente, Otello continua tratando a Desdemona con una sorprendente prudencia y precaución: desde la reflexión, desde la duda, con un respeto que otros Otellos ya han perdido al oír simplemente el eco de las emponzoñadas palabras de Yago. Y no es hasta que jura vengarse de ella que Otello-Cura da el cambio. A raíz de ello, el tono de voz con el que se dirige a Desdemona aumenta y se vuelve más altanero a medida que va perdiendo el respeto hacia su persona y su trato, se torna brutal e implacable, y ello, sin recurrir a tópicos tan típicos como el exceso de gritos, el exceso de ademanes para mostrar la locura y la rabia interior de un ser que se ha convertido en la marioneta de Yago.

Llega pues a un cuarto y último acto donde borda su escena final y aun sabiendo de la injusticia que acaba de cometer, el león no es tan fiero como lo pintan: “Ecco è il leon” y se saca de la manga un sensacional “E tu, come sei pallida, e stanca, e muta…” con dos “Desdemona” brutalmente diferenciados: dulce, amoroso y lleno de pasión contenida para dar paso a un segundo desgarrador y fuera de sí, completamente desquiciado.




Realmente la visión del personaje que imprimió José Cura, más que aceptable y coherente me encantó.

No es lo mismo tener en nuestro haber personal 30 años, 40 o 50. La vida enseña. Las experiencias nos hacen crecer y mejorar en muchos casos. La edad nos ayuda a reflexionar, a acercarnos al sosiego en contrapartida a la impetuosidad e impulso del cuerpo y cerebro joven que actúa, en muchas ocasiones, sin pensar.

Cura da un giro a Otello. Y me gusta. Por ello aplaudo esta introspección y este trabajo de buceo en el alma de Otello intentando sacar la luz a un personaje que de entrada ya tachamos de oscuro porque comete un brutal e injusto asesinato. ¿Es realmente tan malo Otello?

Otello no es nada más que un hombre. En el fondo,  Otello, no es nada más que un pobre hombre.

2 comentarios:

Monica Menconi dijo...

Pocas veces tenemos la oportunidad de ver dos Otellos tan seguido y tan diferentes, claro que lejos de mi hacer siquiera una comparación; es que no corresponde. Cuando vi completa esta versión de José Cura me subyugó. Le vi hacer muchos Otellos a José, en diferentes momentos de su vida, y esta última es de una contundencia, profundidad y autenticidad impresionantes. Has hecho un excelente análisis de la versión y coincido casi en su totalidad. Personalmente no me gustó que, ya muerta Desdémona, culmine la ópera con Iago y Otello muertos a cada lado de su cama. Sigo prefiriendo la exánime intimidad del matrimonio. De sus muchos Otellos me quedo con aquel de Buenos Aires (una puesta espléndida del gran Beni Montresor, que sí sabía, y mucho, del buen gusto y estética de una versión moderna) con Veronica Villarroel. Fue un huracán! Y luego con este porque los años, al igual que el buen vino que tuvo el preciso "reposo en barrica", permiten que al degustarlo uno perciba ese sabor redondo y de "permanencia en boca" que otorga el tiempo de añejamiento. No se me escapa (como a él tampoco...) que José, además de su voz y la inteligencia con que la utiliza, tiene el plus de un físico privilegiado, es un actor consumado, es muy bien parecido, exuda una virilidad muy potente y es un animal escénico. Bravo!!!!

Teresa Roca dijo...

Querida Mónica,

No hace falta ningún comentario más. Completamente de acuerdo.

Besos.