sábado, 30 de abril de 2016

Simon Boccanegra en el Liceu: El poder de los poderosos




La de ayer noche fue la tercera y última de las representaciones de “Simon Boccanegra” que el Maestro Domingo interpretaba estos días en el Liceu de Barcelona.
La de ayer, fue la segunda vez que le escuchaba en una ópera verdiana en el Teatro de las Ramblas con el añadido de estar escenificada, pues siempre le había visto allí en versión concierto.
La de ayer por otro lado, concluía unos especiales fastos para el artista: nada más y nada menos que sus cincuenta años de debut en este teatro y de relación con el público liceísta.
La de ayer sin duda, será otra de las noches a guardar en la retina y en la memoria que se irán sumando en mi especial haber con el cantante.
Pero de lo que estoy casi segura de poder afirmar es que la de ayer no será ni mucho menos la última de sus funciones en el coliseo barcelonés, siempre que la salud le respete mínimamente, porque sus notables ganas de continuar se mantienen intactas a sus 75 años.

Carga emocional
Al cabo de tres horas desde que empezaran a sonar los primeros compases, el público del Gran Teatre del Liceu -lleno hasta la bandera y sin ninguna localidad libre- rendía su especial tributo a todo el elenco artístico, pero, de forma especial y estruendosa, al gran Plácido Domingo.
El teatro en pleno de pie, desde la primera fila de platea hasta la última fila del quinto piso aplaudiendo sin parar. Gran emoción. Ello, obligó al artista a adelantarse por dos veces. Los bravos y el entusiasmo brotaban y paseaban con descaro por el teatro, intentando poner punto y final a una noche llena de estallido sentimental.
Buenas vibraciones y atmósfera festiva para los cantantes que llenaban el escenario.
Emotividad más que justificada para quien fue el alma de este Simon.
Pero también sentimientos a flor de piel para aquellos que fuimos a disfrutar y a sentir, dejando de lado prejuicios, aspectos técnicos, adecuación de voz, y de todas estas cosas de las que tanto se ha hablado desde que Domingo aterrizó el pasado lunes en Barcelona.
En definitiva, aquellos que somos aficionados vamos al teatro a sentir. A disfrutar. A dejar que la música nos subyugue. A dejarnos embrujar y seducir por el arte del cantante. A recibir generosamente los sentimientos que estos transmiten y proyectan e inundan nuestros cuerpos y anidan en nuestros corazones. Vamos, en definitiva, a gozar de un terremoto de sensaciones que se traslucen de la interpretación emotiva del artista. Vamos pues, y repito de nuevo, a sentir. Con el corazón. Con el alma. Con todos los sentidos.
Los aplausos a un inconmensurable artista como es Domingo no dejaron indiferente a nadie, se mire desde la perspectiva que se mire. Vivir las tres horas de ayer noche no tiene precio… Como tampoco lo tiene vivirlo al lado de alguien a quien quieres mucho y que es cómplice por voluntad propia de la ilusión de otra persona. Eso, este pequeño gran detalle, esta pequeña gran armonía solo se encuentra en la figura de una madre. Y por ello, le doy las gracias de corazón, aunque como consecuencia de la emoción por mi vivida, se levante hoy con el brazo lleno de moratones.

Cuadros, cubos y espejos
Y como ya viene siendo una pesada losa, este “Simon Boccanegra” liceísta se apuntó al carro de las escenografías modernas que a pesar de no ser de mi gusto, tenía la decencia – gracias a Dios- de que no molestaba ni distraía en exceso al espectador.
La distracción mayoritaria fue, como siempre, la tos incontenida y sin sofocar de algunos de los asistentes a la representación. Una lástima tener que decir que la de ayer, fue una de las funciones más ruidosas de muchas a las que he asistido en el Liceu.
La escena que firma JOSÉ LUÍS GÓMEZ nos presenta un espacio completamente atemporal, y a ello también contribuyen las vestiduras que ALEJANDRO ANDÚJAR propone para el vestuario, prendas bastante más que actuales, entre las cuales se erige, siempre elegante, el frac que el Dux luce en la escena del consejo, el cual, no tenía que haberse quitado.
El decorado, a base de composiciones cúbicas con voluntad de espejo, asimilaba claramente la idea de un rompecabezas dando un buen juego para separar y crear espacios. La única cosa positiva era que cuando los intérpretes daban la espalda al público, sus caras, se reflejaban, ayudando a no perder ni un ápice de expresión.
Poca química artística es la que hubo con los protagonistas principales, sobretodo en la pareja protagonista Amelia-Adorno. Un poco más con el Dux, sin embargo, que estuvo puesto en su papel durante toda la obra.


Entrallado musical
El maestro MASSIMO ZANETTI al frente de la ORQUESTRA SIMFÒNICA DEL LICEU mantuvo un buen pulso a lo largo de toda la obra, acompañando y secundando discreta, pero de forma efectiva, a los cantantes. Tan solo en los primeros minutos de la obra me pareció que sonaba quizás con un exceso puntual de volumen que no se repitió a lo largo de la representación.
Es de justicia nombrar y resaltar la intervención del COR DEL GRAN TEATRE DEL LICEU, que en las óperas de Verdi toma gran protagonismo y del cual se hizo eco desde la primera aparición consiguiendo el gran clímax en el momento final de la escena del consejo.




La soprano nata en Gran Canaria, DAVINIA RODRÍGUEZ debutaba en el Gran Teatro del Liceu, con una baza más que ilusionante. Hacer el debut en un coliseo como el barcelonés y al lado del más grande, era para ella, sin duda algo muy especial.
Lució una voz firme, interesante me pareció al principio y con un tanto de timbre oscuro que hace que la voz no sea homogénea cuando pasa del centro a la zona más alta. Su discurso fue bueno pero faltó algún matiz, algún piano, alguna sutileza más, adjetivo que se le olvidó un poco en más de un momento. Escuchando su voz me daba la sensación de que la voz se le quedaba pegada a la garganta, y ello le hacía entumecer su instrumento.
Su aria “Come in quest´ora bruna” no fue premiada con ningún bravo. Los primeros que escuchó fueron siempre en escenas conjuntas, aunque en la ronda final de aplausos fue muy bien recibida.



Llovieron bravos al finalizar su aria “Cielo pietoso rendila” a la que ayer puso voz el tenor mexicano RAMON VARGAS. Hizo una buena creación de Adorno con voz solvente, que llegaba, sin embargo ha perdido aquel brillante esmalte que antaño tenía, aunque se mostró regular a lo largo de toda la representación.



El Fiesco de FERRUCIO FURLANETTO también fue uno de los más aplaudidos y le encontré en bastante buena forma, si bien a nivel escénico la caracterización de su personaje brillaba por su ausencia.

Sin embargo la imponente voz de ELIA FABBIAN se erigió ya desde su primera intervención en una de las más interesantes. Buena voz, buen timbre. Amplitud y volumen abalaron los bravos más que merecidos a lo largo de los aplausos.





Porque es un Maestro
Sólo hay una palabra para describir lo que Domingo hizo ayer por la noche en el Liceu, y con la que estoy completamente de acuerdo.
Sólo se puede calificar así y es de justicia que cite al artífice del comentario. Éste, no es otro que mi hermano, que desafortunadamente no vivió la función, pero la ha revivido conmigo desde ayer noche. Y al relatar – aún incrédula- de cómo alguien es capaz de emocionar de la manera que ayer lo hizo Domingo, simplemente concluyó con esta afirmación: “Porque es un Maestro”.
Sabio, mi hermano.
No voy a entrar a hablar del estado de la voz PLÁCIDO DOMINGO porque cada uno lo ve con diferentes ojos y lo escucha con diferente oído.
Tampoco quiero hacer apología del intérprete, pues sería entrar en un bucle y dar de comer a aquellos que disfrutan de un manjar que no son capaces de disfrutar de otra manera que no sea con pena y mala gana, recordando al artista que Domingo ha sido. Y que es aún. No olvidemos el matiz.
Particularmente le escuché muy bien de voz y muy regular a lo largo de toda la función de ayer, sorprendiéndome gratamente.
Pero, no, no voy ahora tampoco a hablar de ello. Cada uno que juzgue lo que crea.
Simplemente me limitaré a decir lo siguiente: que cada uno escoja a quién quiere ir a escuchar. Que elija a quién quiere ir a disfrutar, con quién quiere gastarse el dinero de unas entradas – por cierto nada baratas. La oferta es variada y amplia.
Pero sí que quiero concluir con la siguiente reflexión: que un cantante; que un intérprete; que un ARTISTA como es este señor que responde al nombre de Plácido Domingo consiga con 75 años a sus espaldas que a cada frase se me ponga la carne de gallina, es cómo para pensárselo, porque hay muchos de 40 y pico que no me provocan ninguna clase de sentimiento ni sensación.

2 comentarios:

Monica Menconi dijo...

Me ha emocionado cada palabra de tu comentario Teresa. Es así también como yo lo veo respecto de todo lo que se viene diciendo del GENIO que es Plácido Domingo. Es Maestro, claro que sí, es...es....y se pueden agregar todos los adjetivos que admita la RAE, pero lo tenemos, lo estamos disfrutando desde hace tanto y lo seguiremos disfrutando. Porque también de eso se trata: del goce! La gente no anda por ahí regalando su amor a los artistas porque si, la gente no es tonta, la gente gusta de la ópera, de todo el complejo espectáculo que ella significa y manifiesta su gozo y placer como sabe y como puede. Me voy a permitir una "herejía" digamos...PD es Iron Man: el mejor de los super héroes, el más sabio, el más astuto, el más sincero, el que anticipa, el que ayuda y colabora, en definitiva el que justifica la existencia de todo el resto.

Teresa Roca dijo...

Querida Mónica, gracias por tus palabras. No voy a añadir nada más. Lo has dicho todo y estoy completamente de acuerdo aunque ya sabes que comparar a Plácido con superhéroes y todas estas cosas, no me va.