sábado, 6 de diciembre de 2014

Roberto Alagna: “Ma vie est un opéra…”




Lo primero que tengo que decir, y que es de justicia hacerlo, es lo siguiente: “Qué bella suena la voz de Roberto Alagna en este disco”.

“Ma vie est un opéra” es el postrer trabajo del tenor francés que acaba de salir a la venta y que ha grabado para el sello discográfico “Deustche Grammophon” acompañado por la London Orchestra al mando de Yvan Cassar, y con el cameo en dos piezas de su actual esposa, la soprano polaca Aleksandra Kurzak.

Fue hace muchos años, a mediados de los años 90, cuando Roberto Alagna empezó a brillar como estrella rutilante en el firmamento de la ópera, en una época donde los grandes tenores del momento, Kraus, Domingo, Carreras, Pavarotti…aún daban coletazos a diestro y siniestro.

Alagna no lo tuvo fácil lidiando con esas reses de tan alto volado. Pero dotado de una bella voz, de un gusto exquisito en el fraseo y una cualidad vocal extraordinaria, y dicho sea de paso, respaldado por una campaña de publicidad al lado de, por aquellos entonces, de su flamante mujer la soprano rumana Angela Gheorghiu, consiguió hacerse con un hueco en los corazones de los que amamos la lírica y adoramos, otro tanto, las voces, sobre todo las de tenor, que tanto escasean, al menos las de gran calidad.

 

El paso de los años

Alagna tiene 51 años y parece que el paso del tiempo ha jugado a su favor, físicamente sin lugar a dudas, pero a nivel vocal también.

Es verdad que estamos ante un disco y no ante un directo, siempre mucho más comprometedor, pero la belleza y la luz de su voz, años después, continúan estando allí. La voz ha seguido un proceso de maduración, y abocada a un repertorio que le va como anillo al dedo, Alagna reluce más que el oro.

Ello se presiente ya en la primera de las piezas, y se va asentando a lo largo de las restantes 16 que nos regala.

Lejos de pensar en notas astillosas o en un timbre velado, de los que alguna vez ha adolecido, Roberto suena extraordinariamente bien en un repertorio, la mayoría de él inédito que se agradece por curioso, por bien ejecutado y escogido excepcionando una única pieza, la prescindible “Magische Töne” de “Die Könegin von Saba” de Goldmark cantada en alemán, donde el tenor suena forzado en un idioma completamente alejado y nada afín a su vocalidad, estilo y temperamento.

Lo que sí que continúa siendo un verdadero lujo, cómo no, es disfrutar de esta bella voz cantando en francés, una delicia, como siempre, y gozar de ese fraseo, de esas palabras tan bien lanzadas al aire, continúan siendo una de las mejores e insuperables bazas del tenor.




Buenas elecciones

Alagna nos propone un buen viaje. Llena su maleta de las músicas de Puccini, Tchaikovsky, Gounod, Rossini, Reyerd, Donizetti, Massenet, Gluck, Goldmanrk, David Alagna y Leoncavallo.

A decir verdad, quizás para mí que soy una amante de Puccini, una de las piezas más interesantes del disco radicaban en las dos arias de Des Grieux de la “Manon Lescaut”. Alagna empieza con mí preferida, “Ah Manon, mi tradisce…” en la que hace gala, como decía al principio de una bella voz, pero de un sentido dramático justo, que sin entrar en el histrionismo, resuelve con inteligencia, con fraseo de matrícula de honor y con ese siempre justo toque de “llanto” en la voz que tanto seduce a mis oídos. Su frase final “Nell´oscuro futuro…di che farai di me” es para levantarse del asiento. ¿Quién puede resistirse a algo tan bien cantado, del que solo pierde una pizca de encanto en su ataque a “la scala dell ´infamia” que le queda un poco rara?

Igualmente preciosista su “Donna non vidi mai” de la misma ópera que da paso a una de la curiosidades, y más acertadas para mí, del disco: el aria “Kuda, Kuda…” del “Eugene Oneguin” cantada en francés de la cual Roberto Alagna hace una sentida interpretación, por voz, por fraseo, por intensidad, pero también por facilidad, característica esta última que se repite a lo largo de todo el disco.

No menos interesante resulta ser un magnífico descubrimiento “Faiblesse de la race humaine… Inspirez-moi, race divine” de la ópera de Charles Gounod “La reine de Saba”, una música de belleza extraordinaria donde una vez más Alagna usa la belleza de su voz, todos sus recursos expresivos y una excelente dicción en francés para conquistar al oyente.

Pero entre tanta ópera, el tenor se da un respiro interpretando junto a su esposa Aleksandra Kurzak una pieza en español “A la luz de la luna” para seguidamente inmiscuirse en una archiconocida tarantela napolitana, salida de la imaginación y genio de Rossini, “La danza”, donde opta por “adaptar” la tan raída pieza, ralentizando algunos tiempos y acelerando otros para sorpresa de aquellos que tantas veces hemos escuchado esta socorrida obra.

Seguidamente Alagna se enfrenta a “Esprits, gardiens de ces lieux vénéres…” de la ópera “Sigurd” de Reyer menos agradecida, a mi gusto, que “La Reina de Saba”, también en francés.



 

El bombón

Para mí, sin vacilar ni un segundo, este lugar debe ser ocupado por el extraordinario y bello dueto junto con la cabaletta de la ópera “Roberto Devereux”, la perla de la Trilogía Tudor.

“Un tenero cuore…Un lampo orribile” junto a Aleksandra Kurzak  nos retornan al Alagna más romántico, al Alagna que luce su voz de sol, su sonrisa y su belleza inigualable, tanto en la primera parte del dueto, como, evidentemente, en la ejecución de la cabaletta, resultando ser un verdadero deleite para alguien como yo que soy poco ducha en el repertorio romántico, y no muy conocedora en profundidad de esta obra donizettinana. Una vedadera joya que hay que escuchar una y otra vez, repetidamente, hasta que los oídos se empapen de tan genial interpretación.

 

Segunda mitad del disco

El tenor incurre una vez más a un repertorio que conoce y sabe que con él conquista corazones y oídos, pues su “Addio Fiorito asil” tiene todos los elementos para hacerlo, como también la menos conocida “Ne pouvant réprimer… Adieu donc” de la “Hérodiade” de Massenet.

Sin embargo, y aunque bien cantada, la voz que utiliza en su “Che farò sensa Euridice” de Gluck, situada más en la zona central, le aleja del brillo de la voz de tenor de la que tanto disfruto, y esta pieza le lleva a la que para mí, como decía al principio es la prescindible, el “Magische Töne”, donde cantando en alemán, no reconozco el estilo del tenor francés.

Interesante el aria escrita por las manos de uno de sus hermanos, David Alagna, y que se traduce en la ópera “Le dernier jour d´un condamné”, en la que “Il est dix heures … Encore sis heures” preceden a la no menos dramática “Vesti la giubba” del Pagliacci de Leoncavallo.

Y aquí, en esta última pieza, es donde encontramos una divergencia: la introducción de la pieza se corresponde con la parte final musicada del aria y la música final de la misma, se corresponde con la parte final de la obra coincidiendo con “La commedia è finita”. A mí parecer destruye un poco el espíritu de esta pieza que adoro, y de la que Alagna hace una buena interpretación sin llegar a ser un Canio de referencia.

 

En resumen un disco altamente recomendable para los amantes de las voces bellas de tenor, para los descubridores de nuevos repertorios, y evidentemente para los fervientes admiradores de Roberto Alagna. Un buen regalo, adelantado, para estas navidades.