miércoles, 28 de mayo de 2014

Lazos sólidos. Nudos que no se deshacen. Corazones que enseñan. Corazones… que cantan.


 
“Manchega…flor y gala de la llanura…
Manchega… te quiero por tus ojos y por tu boca…”
 
Estas frases, tan bonitas y a la vez tan bien musicadas por el maestro Guerrero, fueron una de las primeras que mi abuelo me cantó en el balcón de casa, en pleno verano y con un calor de justicia, pero que yo recuerdo con gran claridad, como si fuera ahora mismo.
Puedo aún verle sentado en su butaca con el periódico en las rodillas, un refresco en la mesita y un cigarrillo en la mano derecha. Yo, en pantalón corto y camiseta de tirantes, sentada en el suelo, y embobada ante tal descubrimiento, ante tal maravilla que, gentilmente, compartía conmigo.
Creo que en ese momento algo dentro de mí cambió. Descubrí el poder de la música. O la sensibilidad por ella. Se abrían las puertas a lo que, en breve, se convertiría en mi gran fascinación.
 
Estaba y aún estoy locamente enamorada de la voz de mí abuelo. Tenía un bonito timbre, sentía enormemente lo que cantaba –fuera lo que fuera - y además, tenía algo que a veces echo en falta a muchos intérpretes: tenía gusto cantando.
Nunca le escuché cantar por cantar. Siempre adornaba la pieza, siempre le emanaba la pasión del corazón, siempre lo cantaba con fe. Con seriedad. La música para él, al igual que para mí, era mucho más que un pasatiempo. Era, es, una forma de vida.
 
Bien cierto es que uno puede aprender a cantar, claro que se puede. Se puede aprender la técnica del canto, también se puede, pero, el gusto a la hora de cantar es innato. Se tiene o no. Y él lo tenía. Y mucho, a pesar de no dedicarse profesionalmente al canto.
 
“Manchega…” (Juan Pedro)
 
“Déjame seguir…” – dice Sagrario a Juan Pedro.
 
Y Sagrario, poniendo la mano en los labios de Juan Pedro, acalla al joven gañán. Así lo cantaba Mirna, me decía. Mirna Lacambra, la soprano sabadellense impulsora de la A.A.O.S.
 
 
 
Pero dejando de lado este estupendo trozo de “La rosa del azafrán”, por el cual, y por razones obvias, siento especial predilección, mi primer recuerdo musical consciente, dentro de este mundo maravilloso de la zarzuela, y que viene intacto a mi memoria, parte de algo tan simplemente extraordinario y bello como:
 
“Caballero de Gracia me llaman
Y efectivamente, soy así….
Pues sabido es que a mí me conocen
Por mis amoríos todo Madrid…”
 
Una de las piezas más populares y más cantadas de “La Gran Vía”.  Un precioso vals que sirve para hacer alarde personal de un pintoresco personaje como es el Caballero de Gracia, un transeúnte más del Madrid de principios del sigo XX que pasea su chulería durante una caminata por esa gran y famosa arteria de más de un quilómetro, y que une la calle Alcalá hasta Plaza España.
Tenía por aquellos entonces casi tres añitos cuando me dedicaba a cantar frases (o a estropearlas, quizás sería mejor utilizar este término) que ni sabía qué eran, pero que yo, en mi voz reproducía porque se las oía cantar a mí abuelo.
 
La música, y especialmente la zarzuela, van en mi caso, indisolublemente ligadas a él.
 
Fue, como siempre he dicho, el impulsor de mí amor por la música. Me enseñó muchas zarzuelas, y alguna que otra aria de ópera, pero, fueron de las primeras lo que más pudo mostrarme y hacerme querer y respetar.
 
Amante del género y defensor de su valía, me dejó este magnífico y rico legado repleto de bellas melodías, de letras inolvidables, de momentos de su infancia para recordar, todos ellos, mezclados con los de la mía.
 
Gracias abuelo, gracias por semejante y tan gran regalo, gracias por ese haber lleno de música, de consejos y de valores personales, pero, ¿sabes qué es lo que nunca me enseñaste en todos estos años?
Pues como yo te diría, a son de bolero, cantando, como siempre hacía a la mínima insinuación, pues que en definitiva no me enseñaste cómo voy a vivir sin ti, sin tenerte a mi lado, sin que me cantes y sin que me enseñes más cosas.
 
Desde allí donde estés, desde el cielo, al que has accedido sin necesidad de llevar pasaporte ni seña de identidad alguna, desde allí estoy segura que tu voz seguirá dictando mi camino.
 
Tu voz ha callado con la muerte, pero tu corazón sigue aun hablándome y cantándome. A través de la música, a través del recuerdo, con un gesto, con un olor…
 
 
T´estimo molt, avi.
 
 

6 comentarios:

Monica Menconi dijo...

Que bello y tan sentido comentario para recordar y honrar una figura tan entrañable de la familia como es el abuelo.

Tosca dijo...

In memoriam.

https://www.youtube.com/watch?v=o3q9hYV3PRM&feature=kp

¡ COMO OLVIDAR A QUIEN QUISE TANTO!

brunilda dijo...

Gracias Mónica. Se merece esto y mucho más.

Besitos,

brunilda dijo...

Tosqueta...

Quan estimes, no oblides....

Tonia dijo...

¡Qué bonito! Me he emocionado....

brunilda dijo...

Gràcies Tònia!!! Sé que ho dius de cor.