miércoles, 22 de enero de 2014

Mí regalo de cumpleaños para Plácido: radiografía de su 2013


La primera entrada del año, como no podía ser de otra manera, está dedicada a la voz y a la figura que es el alma mater de este blog, a Plácido Domingo, quien, precisamente hoy, cumple 73 años.

Felicidades, Maestro.
Atrás deja un año lleno de tributos a Verdi, de ajetreado ir y venir de escenarios de los más variopintos países  del mundo tal como nos tiene acostumbrados, de debuts en diferentes roles, y un año en que, una inoportuna embolia pulmonar, hizo temblar de miedo a nuestro tenor y también a aquellos que somos amantes de su arte, aunque el propio artista diga, o quiera convencerse, de que el traspiés fue más ligero de lo que realmente fue, o pudo haber sido.
 
 


Si hacemos un repaso a la temporada anterior, fue en marzo cuando Domingo se enfundó el traje de Giorgio Germont en el MET, role que, sinceramente, estaba deseando oírle desde que el tenor empezó a flirtear con las partes baritonales del repertorio operístico.
Por condición, y por aspecto físico, Domingo era Germont padre. Grande, imponiendo toda su voz y maestría. Sus primeras notas, “Madamigella Valery” inundaron el coliseo neoyorquino y antes de que abriera la boca, el público que llenaba aquella tarde el teatro, entre los cuales también estaba yo, le obsequió con un espontáneo aplauso justo en el instante mismo en que Plácido pisara el escenario.

Vivir emociones semejantes, en el teatro más grande del mundo, en el teatro que es el sueño de todos los aficionados a la ópera, y además teniendo la gran suerte de escuchar en él la voz que hizo que 8 horas de avión quedaran tan solo en una agradable anécdota, así, de esta manera y con esta predisposición fue muy fácil encontrar, no voy a decir el punto justo de la euforia, porque la euforia en ese caso fue completamente desmesurada, pero sí que fue sencillo disfrutar al máximo posible una actuación, para mí, especial e inolvidable.

 
Pero Germont solo había sido el primer escalón en ese recién acabado año Verdi. A él siguió, en otra de las ciudades que más adoro  –Londres- varias representaciones del “Nabucco”, en las que Plácido Domingo daba vida al rey de Babilonia que da nombre a esta popular ópera verdiana.

Un montaje moderno, con ropa de calle. Moderno como lo había sido también “La Traviata” en el MET en el archiconocido montaje de Willy Decker que popularizaron en 2005 la pareja operística de moda en aquellos tiempos, la rusa Anna Netrebko y el mexicano Rolando Villazón.
Pero Domingo, es siempre Domingo, y su voz, aunque no esté en el más óptimo estado, siempre se lleva el gato al agua, aunque a mi parecer no tiene la necesidad de participar en ese tipo de montajes tan transgresores, que nos hacen creer que un perro es un gato y que un gato es un buey. Pero bueno… él sabe lo que hace. Supongo… claro.

 
Sin embargo, cuando más avanzada estaba ya la temporada, cuando nuestro tenor se encontraba entre su gente, en Madrid, rodeado de su familia, cuando se disponía a actuar en el Teatro Real con la obra del finado Daniel Catán, “Il Postino”, el 8 de julio saltó la triste noticia: Domingo no podría encarnar al poeta Pablo Neruda porque acababa de ser hospitalizado aquejado de una embolia pulmonar, todo ello, un día después de celebrar los 23 años desde que se realizó el Concierto de los Tres Tenores en las Termas romanas de Caracalla.

Nunca había visto arder las redes sociales como aquél día. Todos, miles de gentes, aficionados a la ópera y otros enamorados de la música y del arte, todos, todos nosotros estuvimos apoyando al tenor, deseándole los buenos días cada mañana y orando por su pronta recuperación. Y es que la comunión entre Domingo y todos sus seguidores fue tal que no se podía leer los mensajes de apoyo al tenor en Facebook o Twiter sin que a más de uno, entre los cuales también me encontraba, derramáramos lágrimas de emoción.
Fue entonces cuando me di cuenta, ante una situación tan poco deseable, de lo mucho que se quiere a Plácido Domingo y no solamente en su Madrid natal o en España, sino en el resto del mundo. Fueron unas muestras de cariño como nunca antes se le había prodigado al artista. En lo bueno y, evidentemente, en lo malo. Todos estábamos con él.
 
 
 
¿Y alguien fue tan iluso de pensar que Plácido estaría 4 semanas de reposo?
Me da la risa. De verdad.

No. Conociendo a Plácido como conocemos, nadie podía creerse que lo haría, pues al día siguiente de ser dado de alta le veíamos aparecer en el Teatro Real para presenciar el ensayo general de “Il Postino” en el cual, debutaba, un nieto suyo.

No podía haber sido de otra manera. El gusanillo del teatro, la fuerza que le da la ópera. Todo ello, las partituras, el polvo del escenario, las largas horas de ensayo, la noche del estreno, los aplausos, el contacto con sus fans, todas estas piezas constituyen el engranaje de su vida. Esto le da vida. El escenario. La música.

Y Domingo siguió y sigue adelante.
 
 
 

Tres semanas después iniciaba los ensayos en Salzburg de una nueva ópera que añadía a su lista. Giacomo de la “Giovanna d´Arco” también de Verdi y junto a Anna Netrebko fue la muestra que nos evidenció que la embolia pulmonar padecida aún no hacía un mes había dejado al tenor en bastante buena forma vocal.
Se notaba quizás el esfuerzo que Plácido realizaba en sus intervenciones, pero, la voz, el timbre bellísimo que siempre le ha acompañado y la expresión puesta al servicio de la música, todo esto y más, es lo que volvía a regalarnos y que nosotros volvíamos a recibir de buen grado.
Y pasaron los días fatídicos de ese interminable mes de julio.
Agosto vino cargado de todo un fajo de actuaciones en Verona. Se celebró en esta ciudad su concurso “Operalia”, y Plácido continuaba al pie del cañón. Cada día era un nuevo reto y con una motivación suficiente para encarar la nueva temporada que ya asomaba.

Pasó el calor del verano, y aún nos aguardaba en septiembre el lanzamiento de su disco de arias baritonales de Verdi. Mientras tanto, Domingo ya tendía la mano a un nuevo personaje, el malvado Conde di Luna de “Il trovatore” en la ciudad de Berlín, nuevamente acompañado por Netrebko y ambos dirigidos por Daniel Barenboim, en otro de estos montajes actuales tan desafortunados que no hacen sino que empañar una carrera que está escrita con letras de oro. Una verdadera pena que Plácido se preste a formar parte de esas producciones faltas de la más mínima inteligencia por parte de los directores de escena. Pero como decía con el “Nabucco”… él sabrá lo que hace. Pero a mí, no me gusta. Lo siento.


Domingo único
No hay en el mundo de la ópera personaje semejante a Domingo: es quien más ha cantado, quien más ha grabado y quien más personajes alberga en su haber. Nadie le gana en números. Nadie le gana en récords. Nadie, le gana en voz. Nadie, le gana en nada.
Domingo ha sido único. Es único. Y parece ser que nuestro incombustible tenor, haciendo oídos sordos y dando un puñetazo de cordura a su salud, ha decidido continuar regalándonos su arte. Bienvenido sea, pues.

5 comentarios:

Monica Menconi dijo...

Perfecto racconto de un año "a mil" como nos tiene acostumbrados EL MAS GRANDE, solo teñido por el susto de Madrid y su participación en puestas de dudoso gusto. Pero Placido es Placido y es UNICO y asi sera siempre y asi lo amaremos SIEMPRE! Feliz cumpleaños INMORIBLE! (nuevo adjetivo, aun no reconocido por la RAE, pero necesario porque los demas estan agotados)

maria luisa dijo...

Da gusto leerte. Coincido contigo al 100%. Ya queda poco para el "Simon" en Valencia

maria luisa dijo...

Da gusto leerte. Coincido contigo al 100%. Ya queda poco para el "Simon" en Valencia

brunilda dijo...

Gracias Marisa. Sé que somos de la misma opinión. Lo sé.
Pues afortunadamente ya queda poquito, aunque se va a pasar leeeeeeeeeento, y esto pensando que no haya contratiempo de última hora y no la suspendan. Vamos a cruzar los dedos.
Qué ganas que llegue el mes de marzo....

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