lunes, 11 de noviembre de 2013

Amor por la zarzuela en Sabadell



Es absolutamente una pena, y si se me permite, una vergüenza que de un espectáculo cultural, grande y de nivel, como el concierto que se ofreció el sábado en el Teatro de la Faràndula de Sabadell, se haga tan poco eco, y más en una ciudad cuyo nombre es sinónimo de buen hacer operístico.

Parece ser que sólo interesa lo que se organiza, quizás, desde niveles más altos, pero, que el público sabadellense tenga que conocer de un evento así por un único cartel colgado en el teatro, amén de los que se han ido pegando en diversos puntos del centro, y tal como eran pegados, se arrancaban, es realmente, y valga la redundancia una vergüenza.

Y a la cultura, a pesar del aumento del IVA, estratosférico, exagerado e injusto, no se le puede cortar las alas, al contrario. Pero, desgraciadamente en nuestro país interesan más otro tipo de acontecimientos, más populares, más para la gran masa de ciudadanos, olvidando a aquellos que, sin renunciar a los anteriores, nos gusta la música y las buenas voces.

Y la cosa va de vergüenza también en cuanto a la comunicación y traslado de información, porque el medio de prensa por excelencia de nuestra ciudad, el “Diari de Sabadell” debería revisar el contenido de los artículos antes de proceder a su publicación. ¿De vuelta a la censura?

No, por favor, eso nunca, pero un profesional de la comunicación, no una simple aficionada como yo que se dedica a explicar lo que ve, lo que oye y lo que siente cuando asiste a una función, no puede permitirse el lujo de publicar, o dejar que publiquen, un artículo lleno de erratas. Sí, de erratas y sonadas, erratas en un margen de 4 líneas de un mismo párrafo, y eso, desgraciadamente denota el bajo nivel cultural de los comunicadores (que de ser así pueden hacer una búsqueda en Google y seguro que los datos son más fiables) y también el grado y nivel de desidia o de falta de profesionalidad del que escribe y del que publica.

Que me digan que “La Tempranica” es de Gerónimo Giménez, con “G” y no con “J”, puedo pasarlo, aunque no esté bien ortográficamente hablando, pero que me digan en una línea que esta misma obra es de Giménez, y tres líneas más abajo me digan que la ha firmado Torroba al igual que “La del manojo de rosas” que es de Sorozábal (y no de Solozábal que era un jugador de básquet como se escribe cuando el autor habla de la zarzuela “Entre Sevilla y Triana), me hace hervir la sangre, como atribuirle también la “Petenera” de “La marchenera” del buen Federico Moreno Torroba y que ahora den este mérito a Gerónimo Giménez, por desconocimiento sobre lo que se está escribiendo.

Pero no acaba aquí la cosa… Fechas equivocadas con los Premios Manuel Ausensi del cual Carles Cosías fue ganador en 1998 y no en 2004 o hablar de “Elissire d´amore” y no de “Elisir”…

Tantas, tantas erratas le hacen bailar a una la cabeza y lo que más pena me da es comprobar lo poco en serio que se toma su trabajo alguna persona, un lujo que, a día de hoy y con tantos millones de parados, no nos podemos permitir. Pero no ahora que están las cosas como están, sino nunca. Uno por encima de todo tiene que ser un buen profesional en su trabajo, sea del ámbito que sea.

El programa de mano entregado, tampoco está exento de errores. “Torraba” por Torroba, alguna falta de acentuación, etc… en fin… ¿es que nadie revisa las cosas antes de qué se editen?

 

El concierto. Primera parte.

Pero todo esto, que creo es de justicia sacar a colación, no empañó para nada, al menos para mí, la tarde.

La sala no estaba llena. Una mala gestión, una deficiente publicidad del evento, provocó esta extraña situación. Aun así, el público que ocupaba sus localidades en el teatro de la Farándula salió satisfecho. Esto no lo dudé ni un segundo.

El escenario austero. Ni una flor, ni un adorno, nada, nada que diera un poco de color y ambientación a la sala y que rompiera el lutoso negro que presentaba el escenario, nada que ayudara a crear un clima de noche de gala, porque, a pesar del poco bombo y platillo hecho del evento, fue una noche de gran nivel, a la altura, quizás más, de las que se organizan desde los “A.A.O.S”. La falta de relleno brillaba por su ausencia, pero… ¿a quién le importa esto cuando el espectáculo que se ofrece es de primerísimo nivel?
 
 
 

Bajo el título “Romances d´amor” y bajo la conducción del titular de la Orquestra Simfònica del Vallès, RUBÉN GIMENO, se vivió, se palpó, se respiró una intensa tarde-noche de música, de zarzuela, un género por el cual tengo especial predilección, por sus melodías, y por todo lo sentimental que para mí es y por lo que para mí representa.

Era la primera vez que escuchaba a la Simfònica bajo la dirección de su titular, y me sorprendió gratamente. Bien es cierto que la orquesta adolece siempre del mismo defecto, y es que va pasada siempre de decibelios, y eso siempre es un peligro para el cantante que le obliga a forzar mucho la voz. Pero en esta ocasión la orquesta apretó donde podía y secundó bien en las intervenciones vocales.

Cuando se tiene a un buen director, que está pendiente de la orquesta y que además respira con el cantante y permite y deja sacar la expresión más íntima del intérprete, entonces, y solo en estas contadas ocasiones se produce aquello que yo llamo “milagro musical” porque encuentro la expresividad del cantante, y eso, es difícil y a la vez, caro, carísimo de encontrar en un momento en que el márquetin todo lo vale y permite. Injustamente, pero es así.

El programa fue bien escogido y a la vez presentado por un miembro de la orquesta que iba desgranando argumentalmente cada una de las piezas que los cantantes interpretarían. Se agradece siempre el gesto porque aunque yo particularmente, amante del género, supiera ya muchas de las cosas que sacó a relucir, siempre es bueno refrescarlas y aprender otras que desconocía. Me pareció una idea excelente.
 




Tras el inevitable preludio de “El tambor de granaderos” tocado con un vigoroso ritmo y alto volumen, la primera intervención de la tarde correspondió a la soprano de Badajoz, CARMEN SOLÍS a la que no había tenido nunca la oportunidad de escuchar, y después de una floja romanza de Rosa “Los claveles” de Serrano, “¿Qué te importa que no venga?”, acabó por convencerme en el resto de programa.

Y pues qué pasó en “Los claveles”, demasiado vibrato en la voz para mi gusto.

Es absolutamente necesario que diga que, amén de su voz, una de las bazas mejores de Carmen Solís es que la dicción es perfecta. Se entiende cada una de las palabras que sus labios articulan, y ello, al oyente que como yo, que somos amantes de la expresión y de las palabras en el canto, nos llena de satisfacción y nos permite apreciar mejor las interpretaciones y todas las inflexiones de este difícil arte que responde al nombre de lírica, entiéndase ópera, o zarzuela como ha sido en esta ocasión.

CARLES COSÍAS, una de las voces más queridas de Sabadell hizo aparición en el escenario para interpretar la difícil romanza de Juan Luis que Guerrero escribió para “El huésped del sevillano”, la famosísima “Fiel espada triunfadora”. Arriesgada elección pero excelentemente cantada, en la habitual línea que el tenor nos tiene acostumbrados. Agudos seguros y exquisito gusto.

Siguió la soprano con una pieza que se ha ido poniendo de moda hace unos años, la Petenera de “La marchenera” de Torroba en la que de nuevo hizo gala de su fraseo y dicción, dejando ya un poco más atrás el vibrato de la primera pieza.

Y de “La marchenera” a “El trust de los tenorios”… y es que quien no conoce esta estrofa “Te quiero morena, te quiero como se quiere a la gloria”. Lo decía el presentador, “es que cuando el tenor canta esto…” y lo comprobamos los asistentes. Y es que cuando el tenor cantó esta romanza la sala empezaba a tomar la temperatura adecuada. Bella romanza que cuando se canta con ganas, con sentimiento, el resultado solo puede ser el que fue, estallido de aplausos del público. Llena de matices y adornos. Llena de pasión.

Se agradece la incursión de Carmen Solís con su muy bien ejecutada “No corté más que una rosa” de “La del manojo de rosas” de Sorozábal. Una romanza muy bella, que, si se sabe decir bien, con sentido, acentuando bien las consonantes es un éxito ya antes de cantarla. Y Carmen Solís la cantó muy, muy bien. Expresión al servicio de la música, su “Cometí la locura…/ de quererte de veras”, tan sentido, tan verdadero. Y es que las palabras escritas, tienen un poder fortísimo. “Cometí la locura… de quererte de veras”, amor y desamor. Romanzas de amor. Como el propio título del concierto.

Y llegó uno de los momentos más simpáticos de la tarde noche, porque descubrí un fantástico dueto de “El barberillo de Lavapiés” titulado “No hay que quitar los hilvanes”, perfectamente introducido por el presentador, explicando el sentido de la letra del dueto. Atención a las palabras:

No hay que quitar los hilvanes
sin que se acabe la prenda
que si el cosido se tuerce
ya no se vende en la tienda
si te gustan mis hechuras
sin zurcidos ha de ser
o te siento las costuras
y no vuelves a coser.
o te siento las costuras
y no vuelves a coser.


Para un barbero en su oficio
eso no trae desventaja
que cuanto más jabón antes
corre mejor la navaja
pero porque no armes cisma
cuando ya casada estés
sin que lo sientas tú misma
yo te descañonaré
sin que lo sientas tú misma
yo te descañonaré.

Vaya una naja que se trae usted.
Por jugar de manos no hay perder pie.

Ay! que costurera de tan mala fe
vaya una agujita que se trae usted.

Vaya una naja que se trae usted.
Por jugar de manos no hay perder pie.

Ay! que costurera de tan mala fe
vaya una agujita que se trae usted.

Que se trae usted.
Que se trae usted!

Ah! Ay qué barberillo de tan mala fe!
Ah! Ay qué costurera de tan mala fe!

 

Pues aquí la cosa va de hilvanes, de hechuras, de jabón y de navajas. Todo bien escrito. Todo bien colocado. Letra que dice mucho y en cambio no dice nada. La picardía, la mejor aliada de las mentes y de la imaginación, hace lo demás.

Picardía también como aliada de los cantantes. De sus movimientos corporales. De sus sonrisas cómplices en el escenario que hacen disfrutar al público cansado de que se lo den todo claro y a raja-tabla, y a veces también apetece estas dosis de poesía picante que Carmen y Carles supieron calar y transmitir tan bien.

La primera parte finalizó con el dueto de la “Luisa Fernanda” de Torroba “Caballero del alto plumero”, otro gran ejemplo de una letra que dice sin decir, que habla de flores y rosales, de puertas que jardín que se abren, de plumas y plumeros. ¡Cuánto sabían los libretistas de la época acostumbrados a lidiar, día sí, día también, con las tijeras de la censura!.

Excelentemente interpretado por la pareja protagonista y una frase excelente vocal y expresivamente hablando del tenor “va hechizado por los ojos... que le miran desde allí” que capta la quintaesencia del saber expresar, de que la zarzuela, al igual que ocurre en la ópera, o en otros géneros, no es solamente música y texto,  se necesita de la aportación propia del intérprete, de sus vivencias, de sus sensaciones, de sus sentimientos, y sin ello, no se le puede hacer justicia. Cosías es un exponente que lo aúna. Y ello evidentemente se nota.

Con este dueto finalizó la primera parte.

 

Más difícil. Mejores sensaciones. La temperatura aumenta en la sala.

Dos intervenciones individuales de Carmen Solís y un dueto, frente a las 4 de Carles Cosías más un dueto, fue el raro equilibrio que se desencadenó en la segunda parte, y para lo cual no tengo explicación alguna más que un total desconocimiento de la dificultad de las piezas que tenían que interpretarse por parte de los organizadores.

Al final se cayó del programa anunciado el bellísimo, y a la par, difícil dueto de “La leyenda del beso” que fue sustituido por una intervención llena de recursos expresivos, pianos e ilusión en la voz de Carles Cosías, con la ayuda coral del público que asistimos y acompañamos, con más pena que gloria, en la famosa “Evocació al Pirineu” de “La cançó d´amor i de guerra” de Rafael Martínez Valls.

No se entiende tampoco que hagan cantar al tenor, dos piezas de dificultad vocal considerable, como “De este apacible rincón de Madrid” y “La tabernera del puerto”, solo separadas por la ejecución orquestal de el preludio de “El bateo”.

Suerte que las voces son buenas, y pueden con todo…



Después del espumeante preludio de “El barberillo de Lavapiés” excelentemente ejecutado por la Simfònica del Vallès bajo la batuta de su titular el maestro Gimeno, llegó uno de los momentos más especiales, para mí, de la tarde, porque la música de Barbieri daba paso a la de Soutullo y Vert con la inspiradísima “Bella enamorada” de la zarzuela “El último romántico”.

Tengo especial devoción por esta pieza y parece que muchos tenores también, y cuando el tenor la canta, como Carles Cosías hizo el sábado por la tarde, una no deja de preguntarse, cuando escucha a otros intérpretes, que en qué lugar queda la pasión, en qué lugar quedan los sentimientos del cantante, por qué no ponen el mismo entusiasmo en todas las piezas, y les hacen justicia de forma igual.

Me sorprendió su versión porque sinceramente no esperaba el resultado que escuché. Lo que llegó el sábado por la noche a mis oídos fue magnífico y bellísimo. Expresión en estado puro, gusto en el fraseo, un intérprete soñador y romántico capaz de conmover al público con su ejecución, y un director, cómplice de ese estado de embriaguez vocal que rodeaba al tenor en ese momento.  

Fueron cuatro, cinco minutos, los justos que dura la romanza, los suficientes como para llevarnos a sentir, a rozar niveles de excelsa expresión. Me gustó mucho, mucho. No en vano tampoco, “Bella enamorada”, al igual que muchos tenores, como decía, es una de las romanzas que más amo del repertorio zarzuelístico.

De nuevo Barbieri y otra vez en el madrileño barrio de Lavapiés. Carmen Solís interpretó magníficamente “La canción de Paloma” con gracia y perfecta dicción de nuevo. Sin duda es una de las voces que me quiero seguir por lo difícil que es encontrar una voz femenina que al vocalizar se la entienda palabra por palabra.

Y sin dejar Madrid, nos adentramos de nuevo en la “Luisa Fernanda” de la cual Carles Cosías interpretó, por primera vez, la romanza de Javier “De este apacible rincón de Madrid”, la cual precedió a otra romanza bien conocida y de dificultad, también extrema, “No puede ser” de “La tabernera del puerto” de Sorozábal. Y de nuevo aquí Carles hizo gala de su sensibilidad, de intenciones, de expresión, de complicidad con el público.

Cuando una romanza es conocida a diestro y siniestro uno no puede limitarse a cantarla simplemente. La tiene que vivir, la tiene que sentir, debe saber y conocer el significado de las palabras, y sobretodo saber el por qué las dice en ese momento y de aquella manera. Todos estos elementos estaban en su interpretación. Cada pieza tiene una carga emotiva para el intérprete, en un sentido u otro.

Y después de tanta pasión llegó un momento un poco más desenfadado con la ejecución del zapateado de “La tempranica” y su archiconocida “La tarántula e un bicho mu malo” que fue interpretada con especial gracia por Carmen Solís, buscando todo el rato el bicho que al final, aplastó con el zapato. Momento jocoso y desenfadado que dio paso a la ya comentada “Evocació al Pirineu” para cerrar con el bellísimo y largo dueto de “La cançó d´amor i de guerra” del maestro Rafael Martínez Valls, “Per tu Francina meva vaig fer-me forjador”.

Fue precisamente con “Cançó d´amor i de guerra” cuando me reencontré, en Sabadell, con la voz del tenor Carles Cosías. Su Eloy de antaño me gustó, pero el de ahora, mucho más por bello timbre, que ya tenía, por expresión, que también, por facilidad en el canto y por pasión, elemento que acompaña siempre su canto, en este caso extrema. A su lado, de nuevo Carmen Solís con un catalán muy válido y casi perfecto. Sus voces, sus matices, y su aportación cerraron, con broche de oro, la última pieza prevista, oficialmente, del concierto.

Aplausos y bises que pensaba que serían más generosos, porque se limitaron a repetir “La Tarántula” y de nuevo el pícaro dueto de los hilvanes del “Barberillo de Lavapiés”,  y fue un gran acierto, en el que los intérpretes, con miradas cómplices y expresión corporal subliminal, concluían dos horas de música, y debemos agradecerles, al menos a Carmen Solís que no cantara “Las carceleras” de la zarzuela “Las hijas de Zebedeo” de Ruperto Chapí, tan recurrente hoy en día, y cansina donde las haya.

 
Y así fue como se diluyeron dos horas de música. De buena música. De gozar de un buen director pendiente y cómplice con los intérpretes, respirando cerca, muy cerca de ellos, dejándoles libertad para hacer despliegue de su sensibilidad, de sus sentires, y sobre todo por tener el placer de gozar de dos voces frescas, de unos intérpretes que tenían buen entendimiento, de unas voces privilegiadas y capaces de conmover a la sala.
Y sí, es verdad como decía al principio del escrito que se había hecho poca difusión del evento, y la verdad, me da pena por todos aquellos amantes de nuestro género, de nuestra zarzuela, porque gracias a la deficiente gestión, se les privó de gozar de un gran espectáculo en mayúsculas.
Aquellos que no lo hicieron tienen la oportunidad de disfrutarlo en el Palau de la Música el  próximo 30 de noviembre. Un consejo… si podéis, asistid y experimentad lo que viví el sábado por la noche.
 

1 comentario:

Tosca dijo...

Magnífica crónica Brunilda! Te diría que como siempre pero hoy todavía más!

Se nota que disfrutaste de lo lindo y que, así como el director de orquesta, tú también respiras a la vez con cada compás de la música y con cada nota de los cantantes. Dices que derrocharon sensibilidad en su canto pero omites que, para que se obre ese "milagro musical" del que hablas, es indispensable que alguien la recoja y la sienta; alguien como tu. Sin ello no hay milagro y esa noche lo hubo y de los buenos!

Felicidades! Sé que fue una noche especial y muy esperada y me alegro que fuera tan exitosa!

Pd. Cuanta razón tienes sobre la falta de profesionalidad! Si yo te contara....


Besos.