lunes, 5 de noviembre de 2012

Floja "Tosca" en Sabadell

 
 
 
 
Oh Scarpia, avanti a Dio!!
 
Con esta última frase y con la orquesta ahogando los últimos compases de la obra, Floria Tosca, descubre el engaño del barón Scarpia y termina la celebérrima ópera del compositor Giacomo Puccini mientras ella se arroja desde el Castel Sant´Angelo de Roma. Scarpia ha ganado la partida.
 
Precisamente, “Tosca” era el título con el cual quedaba inaugurada el pasado día 31 de octubre la presente temporada de ópera en nuestra ciudad, el primero de los tres títulos operísticos que se representarán en esta temporada, a parte de la esperada tercera edición del Concierto Homenaje a la Zarzuela, que viene a sustituir la zarzuela representada con la que la A.A.O.S empezó a hacer hueco en las temporadas sabadellenses al tan, por mí querido, género español.
A pesar de ser un domingo por la tarde y del atractivo que tiene esta ópera para todos los aficionados, el Teatre de La Faràndula no presentaba un lleno total a pesar de que desde la A.A.O.S se ha asumido el incremento del IVA y no se ha tocado el precio de las entradas que ya se había fijado en el mes de julio.
 
 
Escenografía y dirección de escena
 
El presupuesto es reducido, conscientes somos de ello, y los medios son los que son y se aprovechan casi siempre bien gracias a la inteligencia de CARLES ORTIZ y JORDI GALOBART, aunque no siempre se consiga el efecto deseado.
Aún tengo en mente la genial “Aida” que montaron en febrero del año pasado y ante la cual, continúo sacándome el sombrero.
 
Con algún que otro elemento reciclado de otros montajes, se presentó una “Tosca” completamente de corto clásico, muy a mí gusto, donde todo, acción y libreto, debe cuadrar al céntimo con lo que se ve encima del escenario. El vestuario también, acorde, recurría al tópico “los de blanco son los buenos” y “los de negro son los malos”, colores que se rompen tan solo con el vestido de fiesta de color rojo que Tosca luce en el segundo y tercer acto.
Por lo tanto, en este sentido, no se puede pedir más.
 
Bien resuelto el primer acto que sitúa la acción dentro de la iglesia de Sant´Andrea della Valle, con un gran cuadro de María Magdalena que pinta Cavaradossi, y menos acertada la puerta de la Capilla de la Marquesa Attavanti.
 
Sin lugar a dudas, el segundo acto fue el más lucido escenográficamente hablando. Varios elementos sin cargar el escenario y los justos para imaginar el acogedor salón donde Scarpia urde su trama para gozar de los favores de Tosca y eliminar, de paso, a Cavaradosi.
 
El tercer acto, que se desarrolla en la terraza del Castel Sant´Angelo, fue quizás el menos espectacular y sin el ángel que amenaza con su espada, pero no hubo nada en él que rozara la incoherencia.
 
Si bien la escena funcionó, no puedo decir lo mismo acerca de la dirección de escena en la que se palpaba la fría relación entre la pareja protagonista. Tosca y Cavaradossi son amantes, no debemos olvidar esta premisa, así es que lo lógico es que haya un juego cariñoso entre ambos en el primer acto. Sé que es muy difícil concentrarse en el canto y actuar a la vez, pero cuando estás acostumbrada a ver tanta realidad entre la pareja protagonista, cuando has visto tanta química entre tenor y soprano, resulta notorio frío y decepcionante encontrar que no hay ni una pizca de chispa en su interpretación.
En esta ocasión, creo que la tripleta central Cavaradossi-Tosca-Scarpia no estuvo, escénicamente, bien dirigida: ni Cavaradossi tenía ni tan siquiera carácter para aguantar el peso de su relación con Tosca, ni ésta jugueteaba a su antojo con el pintor creyéndose que él simplemente es un títere en sus manos, ni Scarpia fue el malo malísimo de la tarde que todos esperamos.
 
Y lo que para mí es más grave es precisamente que Scarpia en ningún momento de la ópera produjera al espectador asco o terror, puesto que el personaje dibujado ayer por la tarde era de la de un señor bonachón con el cual te irías a cenar, porque no cae mal, porque no es lascivo ni cruel en ningún momento.
 
Por esto creo que CARLES ORTIZ, el director de escena, debió haber perfilado mucho más la personalidad y psicología de cada uno de ellos.
 
Y no solamente debió haber cuidado esto, sino también pequeños detalles de escena que, cuando te encuentras con voces sumamente extraordinarias, estas nimiedades carecen de importancia porque los cantantes hacen llegar al público la magia de su interpretación, pero cuando éstos no logran este efecto, todo, absolutamente todo, adquiere relevancia.
 
Detalles como hacer escapar a Cavaradossi y Angelotti por la capilla de la Marquesa Attavanti y dejar la puerta cerrada no hace sino que contravenir el propio libreto, porque el Sacristán, sorprendido, observa que la capilla está abierta: “Aperta!!! Arcangeli… È un’altra chiave” dice su personaje, pero sin embargo, Cavaradossi en su fuga con Angelotti, la deja cerrada, y si estuviera cerrada, no sería motivo de sorpresa para él.
 
 
 
Dirección musical
 
Pequeñeces, las anteriores, que malbaratan una gran ópera como es la “Tosca”, pero lo peor es observar cómo el personaje se prepara para reaccionar ante una determinada palabra o ante un determinado momento musical, porque está esperando siempre a la orquesta, y no al revés.
 
La orquesta siempre debe de estar al servicio del cantante y no al revés. No me cansaré nunca de decirlo, la orquesta acompaña al intérprete y el director debe ser consciente de ello. Nunca puede primar su protagonismo en detrimento del cantante. Es la orquesta quien debe esperar y mimar al cantante.
 
Ello produjo que en muchas ocasiones el cantante, ante los ojos del público, preparara la reacción ante su siguiente frase musical, precisamente porque estaba esperando a que la orquesta acabara de lucirse en algún compás.  Y el efecto resultó feo, y más en una ópera como “Tosca”, una de las reinas del verismo, en la que el gesto es importante, pero siempre tiene que parecer espontáneo ante un determinado compás, ante un determinado “leitmotive” o ante una determinada palabra.
Al revés no puede funcionar porque se palpa la artificialidad del teatro y no la naturalidad.
 
Por ello, y porque la orquesta sonaba atronadora sobretodo en la parte del metal, no me gustó la dirección del maestro GIL DE TEJADA, el cual alargó y ralentizó a la Simfònica del Vallès de manera descarada en el momento en que Scarpia entra en la capilla de la Marquesa Attavanti y encuentra el abanico con el cual inducirá la, de su ya por sí celosía, a Floria Tosca.
Estas alargadas, y otras durante la función, hacían notorios los silencios de los intérpretes, y no hacían sino que afear la expresividad del cantante.
Quizás el maestro Gil de Tejada tenía motivo para hacerlo, y lo desconozco, pero no me gustó.
 
El verismo se canta, sí, pero lo que se canta es como si se estuviera hablando, y alguien que está teniendo una conversación resolutiva no hace estas largas pausas.
 
 
Los intérpretes
 
El papel protagonista y que da título a la ópera fue encarnado por la soprano madrileña SAIOA HERNÁNDEZ, habitual de la casa desde hace ya algunos años, y que se va reafirmando como una soprano de gran carácter.
Tiene voz, agudos y centro, y Tosca es un personaje difícil y lleno de matices. Reprocharle quizás tanta seriedad en su personaje, era una Tosca que no se relajaba ni en los momentos en que debe juguetear con Cavaradossi, pero lo cierto es que es una voz importante y de efecto, sobretodo cuando de los extremos agudos pasa a la zona central.
Estoy segura que a medida que vaya rodando el personaje puede llegar a ser una gran Tosca, y en la función de ayer por la tarde, fue muy regular en su interpretación.
 
Con Saioa sabes que ascenderá al agudo, y que lo hará sin problema, pero hay más cosas además del agudo: está la expresividad, los matices, el saber respirar donde se debe y no cuando se quiere, temas todos ellos a corregir y que, a pesar de ello, visto el resto de la representación y los aplausos del público, Saioa, junto al Scarpia del barítono Ismael Pons, fueron los triunfadores de la tarde.
 
 
Sin duda ayer no fue el día del tenor JAVIER AGULLÓ, con una voz completamente nasal hasta el hastío del oyente, insegura en la zona aguda y para nada interesante en el centro que sonaba, siempre, valga la redundancia nasal.
Pasó muchos apuros en el primer acto, sobretodo en el temido “La vita mi costasse, vi salverò” en la que se hizo patente lo que se adivinaba ya en el aria “Recondita armonia” y el subsiguiente dueto con Tosca.
Más enérgica fue su “Vittoria, Vittoria” en el segundo acto, pues había podido reposar ya la voz, pero todos los problemas que ya habían aparecido en el primer acto, como fiato al límite e inseguridad en los agudos, y notas casi rascadas rozando la afonía volvieron a manifestarse en el tercer acto, en el que cantó un discreto “E lucevan le stelle” y dueto final con Tosca.
 
No sé si cantaba resfriado o qué le pasaba, pero lo cierto, es que de las tres veces que le he escuchado (Madame Butterfly y Los cuentos de Hoffmann) es en la representación en que ha estado peor, y sinceramente desde la A.A.O.S deberían plantearse si es una voz adecuada para presentarlo ante el público de Sabadell y del resto de localidades catalanas en que se representará esta Tosca.
 
 
ISMAEL PONS, cumplió como siempre con su cometido. No posee una voz de timbre bellísimo, pero es un cantante solvente y sabes exactamente lo que dará y lo que puedes esperar de él.
En algún momento, y no es solamente en el caso de Pons, sino con el resto de intérpretes, el gran volumen de la Orquesta Simfònica del Vallès velaba las voces de los cantantes, haciéndoles, casi inaudibles en las primeras filas de platea.
Lo único que debo reprochar a Pons es la caracterización del personaje, pero esto es cuestión de una mala dirección de escena y de profundización del personaje.
Me gustaría destacar, de los personajes secundarios, especialmente la intervención de XAVIER AGUILAR una voz a seguir que dotó de la gracia a un personaje como es el Sacristán, y lo hizo a la antigua usanza, con un ligero toque de comicidad que hace simpático a este entrañable papel. El público sabadellense lo recompensó con un gran número de aplausos, que compartió con Saioa Hernández e Ismael Pons.
 
 
En definitiva una flojísima tarde de ópera en Sabadell, en medio del dulce momento por el cual atravesaba la A.A.O.S. Una piedra en el camino para ellos que les obligará a ponerse rápidamente las pilas, a reflexionar, a trabajar y a cuidar una infinidad de detalles para que en “Nabucco”, que se representará en febrero, salgo todo redondo.

2 comentarios:

Tosca dijo...

Como siempre, has hecho una magnífica crónica. Detallada, obejtiva y sentida, tanto que te sientes como en la platea de la Farándula.

Una autentica lástima que no haya estado a la altura del nivel habitual de l'ôpera de Sabadell. Espero que la próxima esté mejor.

Por lo que la asistencia de público se refiere, hace días, desde que empezó la temporada en el Liceu, que observo que este teatro tampoco ha presentado un lleno absoluto en ninguna de las funciones (espero que Elisir luzca un llena total). Esto es algo que empieza a preocuparme y mucho....
petons.

brunilda dijo...

Gràcies Tosca! Una pena no poder-ho disfrutar com és degut.

Petonets.

Això del Liceu és dramàtic també, però ja se sap que en els temps que corren, assistir a l´òpera s´està convertint en un luxe, en una època en que ja s´havia assimilat tot el contrari. Una pena.