viernes, 27 de abril de 2012

20 años de la "Domingo Edition"


Efectivamente, se cumplen en este 2012, 20 años del lanzamiento de una de las colecciones más ambiciosas que se han dedicado a un inconmensurable artista como es Plácido Domingo y, mediante la cual, el sello alemán Deustche Grammophon, congratulaba los 20 años de relación profesional con el tenor español.

La “Domingo Edition” fue presentada en Hamburgo aprovechando el curso de unas representaciones de “Otello” que el tenor ofreció en dicha ciudad. Esta obra, curiosamente, la cual ha llevado a todos los escenarios del mundo, no se encuentra entre las grabaciones que se recopilan en ella, puesto que Domingo la grabaría junto con la soprano Cheryl Studer un año más tarde y para el mismo sello.


Los años ´90...

Para mí, hablar de la “Domingo Edition” en los años ´90 era estar ante un gran abanico de títulos operísticos, la mayoría de los cuales nunca había escuchado y que tardaría años en hacerlo, y ante los cuáles, dada mí recién incorporación a este fascinante mundo, no sabía si estaba o no preparada para enfrentarme a aquellas obras con nombres tan sugerentes como “Werther”, “La fanciulla del west” ó “Manon Lescaut”, todas ellas óperas que con el tiempo, se han conventido en óperas imprescindibles para mí.

En una época en la cual no había la cantidad de información a la que hoy en día estamos habituados a encontrar, tener acceso a algo como la “Domingo Edition” para mí era una quimera, únicamente factible en mís mejores sueños y dado su precio, el cuál un día me atreví a preguntar – 25.000 ptas. de la época- hacían de ella algo completamente inalcanzable para mí.

La “Domingo Edition”, pronunciada literalmente como se escribe por mí desconocimiento de inglés en aquel momento, quedaría como una ilusión de mí infancia. Y así continúa por años que hayan pasado.

Hubiera vendido mí alma al diablo por un ejemplar, y ahora, 20 años después y con una perspectiva totalmente diferente, aunque quizás no pactaría con Satán, me seguiría haciendo ilusión tener, en un sito de honor, aquella maravillosa colección.


El cofre del tesoro




Puedo aún recordar cómo era la caja: mitad roja y mitad negra, separada ambas por una línea de color blanco, y unas letras doradas en mayúscula que identificaban el título del recopilatorio, con el tenor ataviado con los mismos colores de la colección. Años más tarde, sabría – si no recuerdo mal- que aquél vestuario pertenecía a una nueva producción de “Pagliacci” que tenía la firma de Jean Pierre Ponelle.

Nunca tuve la caja entre mis manos, nunca pude ni tan siquiera tocarla, pero alguno de los compacts discs que contenían (también se ditó en casete), cayó en mis manos.

Lo recuerdo perfectamente, era el disco de “Un ballo in maschera” en la que Plácido Domingo, enfundado en una chaqueta de color anaranjado y peluca blanca, con la cabeza cabizbaja reflexionaba ante la luz de un candelabro.

Riccardo.  Así se llamaba el personaje de esta ópera de título que, al igual que me ocurría con “Domingo Edition”, no sabía pronunciar, y la “ch” de “maschera” era para mí, precisamente eso, una “ch”.
No podía dejar de pensar en cómo sonaría esa obra, qué explicaría, por qué Plácido iba vestido de aquél modo. Era todo curiosidad y ganas de saber.

Grácias al mismo conocí por primera vez cómo firmaba mí idolo. Puedo aún verme, bloc en mano, copiando de pie en unos grandes almacenes su firma en un papel cuadriculado que tengo aún guardado como un tersoro. Me pareció bonita, todo su nombre estampado en un papel, y poco a poco, iba conociendo detalles de aquél personaje que con tan sólo 10 años, me había cautivado con su voz.


20 años después

Cuándo una mira atrás y pienso en esos momentos de mí infancia, no puedo dejar de sentir nostalgia por ellos, porque aunque con unos cuantos años más en mí bagaje de la vida, mís ilusiones y recuerdos continúan estando frescos e intactos,  pero la “Domingo Edition” ha sido olvidada por mucha gente. No para mí que la recordaré siempre con cariño a pesar de no poder haber gozado nunca de ella.

Agradecimientos

Evidentemente no puedo finalizar este post sin dar las gracias a Mercedes Giménez por haberme proporcionado estas magníficas fotos de la colección y que ayudan a nutrir gráficamente las palabras que suscribo y sin las cuales, la entrada, sería menos atractiva. Muchas gracias, Mercedes.