lunes, 27 de febrero de 2017

Sabadell dignifica una interesante “Manon Lescaut”







Por tercer año consecutivo. Una vez más. Objetivo cumplido y con creces. La ASSOCIACIÓ DELS AMICS DE L´ÒPERA DE SABADELL en su afán de crecimiento incesante lo ha vuelto a lograr.

Ayer tarde, el Teatre de la Faràndula de Sabadell acogía la última de las tres funciones que se han representado en nuestra ciudad. La ópera escogida para esta ocasión, “Manon Lescaut” de Puccini.

Tras el enorme éxito de las presentadas en temporadas anteriores, las antecesoras a la de ayer – Turandot y Otello- afirman y reafirman una vez más que, no importan lo limitados que sean los recursos y las condiciones de trabajo cuando detrás de todo ello hay un gran trabajo y mucho recurso a falta de los mismo. Ideas, creatividad, inteligencia y sobretodo, pasión por lo que se está haciendo. Y tras todo esto, es justo y necesario destacar, una vez más, una figura que hace muchos años que tiene un importante peso en la casa, y me estoy refiriendo, claro está a CARLES ORTIZ que, junto a JORDI GALOBART, en el diseño de la escenografía, ponen encima del escenario, una versión de corte clásico en la que, prácticamente todo encaja. Prácticamente.

Desconozco cuál será el reto que asumirá la A.A.O.S para la próxima temporada, pero la ascensión al pico de la gloria ha empezado con fuerza, y nada hace prever que no continúe siendo así.



Una Manon que es Manon

Y claro está me estoy refiriendo en primer lugar a la propuesta del tándem ORTIZ-GALOBART. Quizás podría reprocharse que el vestuario es una pizca más moderno que el de la época, que quizás el maquillaje era un tanto exagerado, sobre todo para Manon en el segundo acto, pero, aun así, la cosa funciona.

Bien recreada la posada de Amiens del primer acto. Falta de recargo decorativo en el segundo así como del oro que deslumbra la vista a Manon, optando por una estancia elegante y espaciosa que no hace más que recordarnos el vacío interior del que adolece su protagonista.

Buen juego de luces en el tercer acto recreando el puerto de Le Havre donde en el fondo del decorado se adivinaba la silueta del barco que llevará al exilio a Manon y Des Grieux.

Hasta aquí, todo interesante y coherente, sin embargo, en el cuarto acto se rompe la harmonía. Lo que debe ser el desierto de Lousiana es nada más y nada menos que los decorados girados, con una serie de bultos en la parte central del escenario cubiertos con una sábana.

Es difícil crear ambiente con una apuesta tan fría y tan gris alejada totalmente de la calidez abrasante del desierto. Ni un indicio de rayo solar posándose sobre la piel de los protagonistas. Su vestuario, casi impecable, no casa para nada para ambientar dos fugitivos que hace días que vagan por una tierra inhóspita, desolada, sin agua y sin comida.

Lástima porque el nivel estaba siendo de campanillas.



Un Puccini que sonó a Puccini

Es quizás la de ayer, “Manon Lescaut” una de las mejores interpretaciones que le he escuchado al maestro DANIEL MARTÍNEZ GIL DE TEJADA. Concentrado, con matices, atento siempre a los cantantes, especialmente al coro, logró que la ORQUESTRA SIMFÒNICA DEL VALLÈS sacara lo mejor de sí, excepto en momentos puntuales, donde el volumen de los profesores pasaba por encima de las voces cual tsunami arrasando una playa entera. Ello sobretodo en el concertante del tercer acto, donde las voces de los protagonistas principales – Manon, Des Grieux y Lescaut- deben luchar con las respectivas voces de sus colegas, además del coro, y con la de la orquesta, en un fosado, el de la Faràndula, para nada idóneo para controlar la potencia de decibelios que exhibió ayer por la tarde.

Buena ejecución del precioso y siempre agradecido “Intermezzo”, al que si bien en algún momento le faltó un poco de pulso y luz, pero que se solventó con una lectura clásica de buen gusto.



De menos a más

Así es como definiría, en términos generales, la parte vocal de esta “Manon Lescaut”, dado que el primer acto fue el más decepcionante de cuantos se representaron. Se respiró el chispeante ambiente de la juventud agolpada en la posada, pero algo no acabó de cuajar. Desajustes vocales, prudencia y reservas, todo ello para dar paso a los tres actos siguientes en los cuales, se pudo escuchar una Manon que supera la expectativa con bastante buena nota, aunque todos los cantantes principales, sin excepción, pasaron más de un apurillo técnico en todos los actos.



El papel de la protagonista, que tenía que cantar la soprano jerezana Maribel Ortega, recayó en la voz de la española de origen búlgaro SVETLA KRATEVA que fue la voz más regular de la función. De principio a fin. Voz interesante que sabe matizar y regular bien en cuanto a volumen se refiere, aunque en la zona más alta algún agudo pudiera sonar un tanto al extremo.

Aplaudida con ganas por el respetable sabadellense fue su preciosa aria del segundo acto “In quelle trine morbide” al igual que su “Sola, perduta, abbandonata” en el cuarto, dignificó un personaje, difícil y complicado de por sí, con mucho peso y de extrema dificultad.

Des Grieux fue interpretado por el tenor madrileño ENRIQUE FERRER, al que ya tuvimos el placer de disfrutar el año pasado con su “Otello”. Ferrer posee una voz con medios que luce mucho más en las partes más dramáticas y no tanto en las más suaves y románticas. Por esto, empezó a brillar a partir del segundo acto en el dueto con Manon manteniendo el nivel en el resto de actos. Pasó apuros. Muchos. Pero supo sortearlos con inteligencia con la ayuda de un canto temperamental lleno de fuerza y de una interpretación escénica más que creíble, aunque durante el primer acto, nada hacía prever que así sería. Sí, resultó que había química entre los dos protagonistas y esto en una ópera como “Manon Lescaut” se agradece con creces.



ENRIC MARTINEZ-CASTIGNANI presentó un estupendo Lescaut, un papel en que su única aria –“Sei esplendida e lucente”- que precede a la de Manon “In quelle trine morbide” dejó lucir una voz bien timbrada de barítono, con un volumen interesante y más que suficiente para este breve papel.



Mención especial para el Geronte de JOAN CARLOS ESTEVE, tanto a nivel artístico como vocal. Es un intérprete joven, y después de escuchar a Gerontes que no pueden casi con su alma, se agradece la savia nueva de una voz en una buena expansión, con una figura ágil y estilizada que – aunque para nada cuadra con la imagen del baboso, rechoncho y pervertido viejo- se agradece, en esta ocasión, por frescura. Es un Geronte que, artísticamente no da asco ni cae antipático, pero en lo vocal imprime su sello personal.



El tenor CARLOS CREMADES fue quien puso voz al desenfadado Edmondo, amigo y compañero de Des Grieux, amante del enredo y del madrigal. “Giovinezza è il nostre nome…” con este clamo, inicia uno de los momentos más bellos de su intervención, un tanto deslucida ayer tarde, ¿quizás debido a un proceso catarral? Su breve papel dejó entrever, tras alguna nasalidad, que el timbre que hay tras ella es interesante.



En cuanto al resto del reparto, todos sin excepción supieron estar a la altura de una ópera, para nada fácil, llena de pasión y sentimiento por la cual, la A.A.O.S ha apostado y fuerte. En definitiva, recomendable.

Finalizadas las tres funciones en Sabadell, Manon se va de viaje a Reus, Girona, Sant Cugat, Manresa, Tarragona, Granollers y finalmente a Lleida. Finalizado el periplo por Catalunya, colgarán los elegantes vestidos y pelucas y se empezará a preparar la “Carmen” para el próximo mes de  mayo, con la que concluirá la temporada trigésimo quinta de ópera en nuestra ciudad, Sabadell.


sábado, 11 de febrero de 2017

El arte de escuchar. El arte de saber escribir




Roberto Herrscher, cronista musical argentino, nos propone en su libro “El arte de escuchar” un viaje musical que se sustenta en tres pilares, los mismos en los que se divide esta recopilación de reseñas y reportajes, escritas a lo largo de dos décadas y publicadas en dominicales y revistas especializadas.

Herrscher empieza fuerte y apuesta en el primer apeo de esta ruta por los personajes. En este primer bloque desfilan ante nuestros ojos personajes como Calixto Bieito. El capítulo es interesante por su planteamiento más allá de la polémica que despierta el director de escena en cuestión. Tres óperas diferentes: “Don Giovanni”, “Macbeth” y “Un ballo in maschera”. Primero nos deleitamos y nos situamos en la escena tal cual reza en el libreto, para pasar en un abrir y cerrar de ojos a la propuesta de Bieito. El contraste y la diferencia es absolutamente abismal.

Emotivo el capítulo dedicado al apuntador del Liceu, nuestro querido Jaume Tribó, una de los personajes más queridos del mundo de la ópera y uno de los que saben más, de ópera y de historia del teatro al que está tan vinculado y al que tanto quiere, su (nuestro) Gran Teatre de Liceu.

Se repasa también las facetas del director Lorin Maazel y de la familia Savall, pero donde marca diferencia – y mucha- es cuando habla de su compatriota Astor Piazzolla. Lógico y comprensible. Este capítulo adquiere una emotividad diferente, más personal, más visceral y que, sin dejar de ser algo ya publicado, se erige en un alarde y demostración de cariño a la patria, a sus gentes y a su música.

Lo que es incomprensible e inconcebible, sin embargo, es el capítulo dedicado al tenor Plácido Domingo, con el que empieza esta recopilación. En él se dedica a explicar las idas y venidas y los entresijos de la gala homenaje que se hizo al gran artista madrileño en el Teatro Real de Madrid cuando cumplió los 70 años. No explica nada que no supiera ya, aunque siempre es un placer revivir y releer jornadas tan especiales para este gran tenor y también para los que nos contamos entre sus aficionados, pero, lo que es imperdonable es el baile de fechas de las que adolece esta crónica. Erradas están las fechas de debut como Alfredo Germont en Monterrey, también la de la primera actuación en Viena, así como sus primeras andanzas en el Metropolitan de Nueva York (aquella famosa “Adriana Lecouvreur al lado de la gran Renata Tebaldi), sus “Luisas” en Madrid, e incluso la fecha de su boda. ¿Dónde queda el contraste de datos? ¿Dónde queda la profesionalidad del cronista, del periodista?

Sorprendre. Y sorprendre mucho en épocas en que… en caso de dudas, solo tenemos que acudir a internet y corroborar. Con un clic. Así de fácil.



El segundo pilar de este libro se cimienta en los viajes de Herrscher. Barcelona, Bayreuth, Sevilla, Madrid, Cuenca…un largo recorrido por festivales y templos operísticos, especiales para el autor, que si bien le permiten pisar por los sitios más venerados del aficionado, poco aporta a la obra y al lector. Solo genera aquella sana envidia del que quiere y no puede.

Y finalmente, el grueso postrero del libro se concentra en las experiencias personales del propio cronista, vividas en solitario o al lado de su hijo, y al igual que las anteriores, todas ellas ya publicadas anteriormente.

La obra recopilada por tanto, no innova, no motiva, no añade ningún toque de originalidad para quien lo lee, aunque aporta conocimiento musical en géneros que no están vinculados estrictamente a la ópera y que, de no haber sido recogidos en la obra, hubiera seguido sin conocer. Y por ello, sólo por ello, es interesante darle una lectura.

El libro concluye informando acerca de la actualidad de las vidas de los personajes que Herrscher nos presenta, y lo hace dejando los artículos tal cual escribió en su momento y los retoma, a todos ellos, hasta el 1 de noviembre de 2015.

Una obra amena para el amante del reportaje y de la escritura meramente periodística que nutre al lector de las experiencias de las que se ha nutrido, previa y personalmente, el propio autor.



Si hoy estoy escribiendo esto…

Dejando más allá lo más o menos interesante que puede resultar la lectura de todas estas crónicas vestidas en forma de libro, lo cierto es que, como reza este separador es – y valga la redundancia- que si hoy estoy escribiendo esto es gracias a la generosidad de un buen amigo que un buen día decidió regalarme este ejemplar.

Gracias al musicógrafo catalán Albert Ferrer Flamarich, he conocido más de Jordi Savall, he revivido de nuevo el incendio del Gran Teatre del Liceu, he conocido la realidad de un centro de educación secundaria del Raval de Barcelona y he vuelto a recordar el triste accidente de Germanwings.

Recomiendo leer a este joven licenciado en Historia del Arte por el dominio de las palabras y conocimiento que imprime en sus crónicas, por su – a veces acidez- y también por su mordacidad. Un estilo que cala y seduce, porque es diferente y alejado de la típica crónica musical que todos tenemos en mente. Savia joven. Savia nueva. Inteligencia y agudeza visten sus trabajos y a pesar de su juventud entre los años 2004 y 2006 coordinó la publicación especializada en zarzuela y ópera española “Sarsuela 2000 Zarzuela”, además de presentar diferentes programas radiofónicos para emisoras locales, faceta con la que ahora, también continúa.

En la actualidad podemos leerlo en las publicaciones de “Audio Clásica”, "Codalario", y también en el “Diari de Sabadell”, nuestro periódico local con el que participa desde el año 2010 y que nos permite a los sabadellenses de disfrutar de crónicas firmadas por alguien que sabe de lo que está hablando y que lo explica bajo el ojo crítico de alguien que es un perfecto conocedor de nuestra lengua (su catalán es exquisito y provoca adicción) y del estilo y género sobre el cual escribe.

Talento de sobras que desperdician publicaciones especializadas o periódicos de mucha más tirada en favor de crónicas más estándar, cuyos autores se limitan a explicar por encima las funciones a las cuales asisten sin aportar un ápice de interés o de curiosidad a quien lo está leyendo.

Para quien no conozca su trabajo, les invito a conocerlo. No se arrepentirán. Es de los que escriben y hacen pensar. Pocos musicólogos lo consiguen.