sábado, 21 de enero de 2017

¡Gracias por existir!




Hoy día 21 de enero, todos los amantes de la ópera, pero sobretodo los que lo somos del arte de Plácido Domingo, congratulamos su 76 aniversario.

La pretensión de esta entrada es intentar ser breve y concisa, difícil empresa cuando se trata de hablar de la voz de este inconmensurable artista. Me uno, evidentemente a las felicitaciones que el Maestro Domingo ha recibido y recibe en este día, y las que aún le quedan por recibir. Por tanto, desde lo más profundo de mi corazón, Maestro, le deseo un feliz cumpleaños y mucha salud.

Pero en semejante día, y después de las ya raídas felicitaciones, siempre las mismas palabras y los mismos deseos, en esta ocasión quiero ir un poco más allá, y darle las gracias.

Las GRACIAS en mayúscula porque con su edad, Plácido Domingo aún nos emociona, aún nos enamora y aún conserva el poder y la magia en su voz, en su mirada y en su expresión para hacernos sumergir una y otra vez en este mundo que él adora y del que alimentamos nuestros días monótonos y repetitivos.

Y hoy, rememorando su cumpleaños, me viene a la mente una canción del italiano Eros Ramazzotti.

¿Y sí, se puede pensar qué tiene que ver Eros con Plácido? Musicalmente, poco. Estilos diferentes. Voces, completamente distintas. Pero, las letras, sean de canciones populares, o bien sean grandes palabras de ilustres poetas y libretistas, unen. Hoy, en el día del cumpleaños del Maestro Domingo, del más grande, me permito hacer un guiño a Ramazzotti y a su canción “La cosa más bella”… Escojo el fragmento para mí más sobrecogedor y revelador, aquél que hace retroceder el tiempo hasta mis infantiles 10 años:


Recuerdas el día que te canté
fue un súbito escalofrío
por si no lo sabes te lo diré
yo nunca dejé de sentirlo.
Contigo hace falta pasión
no debe faltar jamás
también maestría pues yo
trabajo con el corazón .


“¿Cómo empezamos? Yo no lo sé…”- reza la canción en su inicio para finalizar con un “Gracias por existir”.

Yo sí sé cómo empezó todo, cómo empezó aquella historia que no tiene fin. Y agradezco al cielo su existencia. Lo que está claro es que, si Plácido Domingo no existiera, el mundo de la ópera, y el mundo entero, tendría que inventarlo.
¡Feliz cumpleaños, Maestro!

sábado, 7 de enero de 2017

“Malèna”, gioa mia





Siempre es un auténtico lujo escuchar la dulce y bella voz de un tenor. Es un placer que todo el mundo debería disfrutar, guste o no el género lírico, al menos una vez en la vida.

Verdaderamente – y reafirmo reiterando mi frase inicial – es un auténtico lujo gozar de la voz cálida y luminosa de ROBERTO ALAGNA en su último trabajo “Malèna”. En éste nos propone un recorrido por el caluroso y temperamental sur de Italia dando un brinco también hasta la interesante, fascinante e inquietante, así como divertida y desenfadada Sicilia, a ritmo de tarantelas y lamentos lejanos, envueltos de fuego y ardorosas pasiones y sones acompañados de mandolinas salpicados del agua de nuestro inmenso y bello mar Mediterráneo.




Robertissimo está en la plena madurez de su carrera, y, a estas alturas, el divo francés de origen siciliano puede permitirse hacer y cantar lo que le venga en gana y le apetezca. Por méritos y por trayectoria. Porque él lo vale. Es así de sencillo y entendedor.

No es su primera incursión en el género. Hace algunos años ya guiñó el ojo a Sicilia con su “Sicilien”, y ahora, regresa con su “Malèna” y en un momento en el que parece que Alagna aviva de nuevo la plena juventud que ya ha dejado en su camino.

El disco nació en un momento personal muy dulce: nueva paternidad a los cincuenta, pero saboreando al mismo instante y por primera vez las mieles de ser abuelo. Ornella, su primera hija, ha sido madre recientemente. Por tanto el cóctel de sentimientos que se mezclan en este trabajo toca lo más profundo del alma de este sensacional intérprete y hacen de “Malèna” un tesoro especial en el haber del tenor. Cocido a fuego lento y cuyo resultado es sencillamente genial.





Paso del tiempo

Ni el transcurso de los años ha podido con él pues, Roberto Alagna sigue brindándonos para nuestro placer esa voz que enamoraba ya en la primera escucha a principios de los años 90 junto con ese depurado fraseo, gusto innato al cantar y esa sonrisa en la voz que lo hacen único.

Oír ahora a Alagna con 53 años continúa siendo un lujo. Y en este repertorio – como en los otros – más. Su voz, mediterránea, encaja en este género como las bien recortadas piezas de un enorme rompecabezas. Toda la luminosidad del sol italiano, toda la sangre, toda la pasión y sentimiento supura  por sus poros y, cuando quien lo recibe, ama como amo yo este género y la voz de este gran tenor, el disfrute lógicamente, se triplica, o más.




El reloj pues, ha respetado al tenor pero, esta clase de discos serían impensables sin la colaboración – afortunado tándem, vive Dios- del director YVAN CASSAR, cuya inteligencia y buen gusto contribuyen a que este trabajo sea una joya, no tanto quizás por la dirección sino por la aportación arreglista que ha realizado que se traduce en un resultado refrescante, original e interesante.

A destacar el impoluto y justo, a la vez que insultante y descarado para bien del uso – como no podía ser de otra manera- de la vocal neutra en las piezas napolitanas, y, la generosa y espectacular dicción en dialecto siciliano. Alagna se siente cómodo, se nota, y se divierte, y su disfrute, a la par, es nuestro disfrute.

Realmente todo un acierto. Bien equilibrado y combinado, con ritmo y sones especiales cuando se requiere, sobre todo en las sicilianas que evocan sonidos volcánicos, fuego, tardes calurosas de verano y de brisas suaves de atardeceres frente al esplendoroso mar azul mediterráneo.





Como un soplo de aire fresco

Alagna se deja llevar y aconsejar por el talento y fantasía de Cassar, sucumbiendo a su acertada inspiración. Y ello le lleva al triunfo. Robertissimo rejuvenece y hace rejuvenecer esas piezas de siempre, ahora revisadas, que ofrecen una lectura más ligera alejándose a veces de la obra original, como ocurre con la raída y explotadísima “’O sole mio”, casi irreconocible.

Sin embargo, lucen acertadas las versiones de un “Torna a Surriento” espectacular perfilado con mucha inteligencia y gusto, con tones sorprendentes que hacen de la pieza una delicia, así como o unas medias voces y susurros en la agradecida “Core’ngrato”. Prescindible quizás “Etna” que no aporta nada al disco más que la evocación en la mente de imágenes volcánicas y de fuego y estallido, simulando el volcán siciliano en plena erupción.

Exquisita la siempre bella “I’ te vurria vasà” y una “Marecchiare” con algún tinte diferente de su original que empieza con un efecto de viejo gramófono, como si en lugar de cantar Alagna lo estuviera haciendo Enrico Caruso y en más moderno, otro de los grandes del género, el querido y añorado Mario Lanza, sobre todo cuando Alagna se conciencia y compenetra tanto con el uso de esas neutras que adoro y eses sonoras de las que Lanza, hacía siempre gala acercándose al napolitano.

Pero, la joya de la corona, después de ese “Torna a Surriento” que me entusiasmó, es para la pieza que abre el disco, y que precisamente, da nombre al trabajo “Malèna”, un homenaje a su pequeña Malèna que es quien ha rejuvenecido y ha vuelto a entusiasmar a este gran tenor. Uno de los grandes de nuestros tiempos. Uno de los mejores que desfilan por los escenarios internacionales. No hay duda de ello.

Alagna acaba esta sentida pieza diciendo “Malèna gioia mia”. No encuentro otro calificativo para resumir mejor este disco. Una pequeña gran joya altamente recomendable.