sábado, 9 de julio de 2016

La bohème a la fresca


La de ayer en el Liceu era la segunda de las dos representaciones de “La bohème” de las que he podido escuchar este año, la primera de forma presencial en Antibes y la segunda, gracias a Dios, a través de la televisión.

Irrisorio que para gozar de estos espectáculos tengamos que esperar de un año a otro. Es en julio, cuando el calorcito del incipiente verano que acaba de instalarse en nuestras casas empuja a sacar la ópera a la calle para que todo el mundo, para duchos en la materia, para los que están entrando y para aquellos que jamás han visto una ópera puedan disfrutar o descubrir este arte inmenso y tan grandioso junto a aquellos que la amamos tan generosamente y por el cual hace años que nos dejamos seducir: por sus melodías, por las más bellas obras y por las voces de artistas de primera línea que nos visitan en nuestras respectivas ciudades y teatros.

Con “La bohème a la fresca” – bajo este ideal título- el Gran Teatre del Liceu saca cada año la ópera a la calle y en esta ocasión ha aumentado y de forma considerable el número de ciudades y municipios catalanes que se han sumado a tan acertada iniciativa. Hasta 121, incluyendo territorios de Catalunya y también en Menorca. Sin duda alguna, cualquier ocasión es buena para compartir durante dos horas una música como la que dejó escrita el maestro de Lucca. Y una ópera que, a pesar de las altas temperaturas de la noche barcelonense, abriga -si una ya puede inmiscuirse desde el minuto uno en la historia- un ambiente frío, nevado, con rachas de viento y olores típicos y propios de la noche previa al día de navidad. No dejas por ello, claro, de tener menos calor, pero ver nieve aunque sea de mentira en pleno mes de julio alivia o nos ayuda a aliviar un poco el bochorno que estamos sufriendo estos días.





Bohème en los años 30

La dirección de escena de JONATHAN MILLER nos traslada la historia al París de los años 30.

Soy defensora de las puestas en escena clásicas, siempre lo he sido, y me temo que siempre lo seré. No obstante, también me gusta reconocer cuando la modernidad se pone al servicio de lo clásico y, con un lavado de cara, no se desvirtúa la música ni distrae para nada al oyente, pues cuando ocurre lo contrario, apaga y vámonos.

Cuando se entra en el juego de que el director de escena quiere explicar… pues por ahí como que no. Las óperas hace más de 200 años que están escritas y explicadas. “Ya me sé el argumento Sr. Director de escena de turno, por favor, no se moleste a hacer interpretaciones y a pensar por mí. Gracias.”

Sin embargo ayer la puesta en escena que propone Miller me gustó, claro que una Bohème tiene que estar muy mal concebida para que las cosas no cuadren. Me gustaron los decorados, me gustó el vestuario, la escenificación, el juego de luces y el aprovechamiento de espacios que iban cambiando a medida que iba transcurriendo los diferentes actos. Un simple giro, y la historia seguía su propia narración. Con continuidad.

Cuando las cosas se hacen con estilo, y con sentido, me quito el sombrero. La historia de la vela que se enciende y se apaga se resuelve con un apagón de la luz eléctrica y la buhardilla bohemia queda en la penumbra de la noche iluminada por los rayos de la luna. El café Momus aunque pequeño recrea el espacio idóneo. Un poco más de nieve quizás para el tercer acto hubiera venido bien y justa y adecuada la amarillenta luz de la primavera que se cuela por los acristalados ventanales de la buhardilla.

Por tanto, esta Bohème liceísta tenía, a priori, todos los ingredientes necesarios para arrastrar a los aficionados al teatro y a los diferentes espacios en los que se proyectaba la ópera en pantalla gigante. Y también a aquellos que seguimos la función por la televisión.

Vestuario correcto y bonito, patrones elegantes de los años treinta así como también los peinados, y sobretodo, debe comentarse que todos, todos, cuadraban con los personajes: la juventud se adueñaba de los cuatro bohemios protagonistas. Sus movimientos eran flexibles, espontáneos. Actuaban. Daban el tipo, como coloquialmente se dice.



No del todo Puccini

Es mucho lo que se espera, a nivel musical, de una ópera como “La bohème”. Brillo, pasión, sentimiento, lirismo, y cómo no, temperamento, carácter, dulzura y dureza.

Poco de lo aquí definido, a mi parecer, encontramos en la dirección orquestal de MARC PIOLLET, aceptable aunque sin tan siguiera rozar la barrera que separa lo cotidiano de lo extraordinario, quedando un poco a segundo plano. Una lástima para una partitura que encierra mil y un detalles y posibilidades de expresión.





Me sorprendió el Rodolfo de SAIMIR PIRGU que junto al Marcelo de Gabriel Bermúdez y de la soprano ucraniana Olga Kulchynska destacaron en la función de ayer noche.

La voz del tenor albanés es agradable y firme, e intenta sutilezas y medias voces que funcionan cuando, las hace, distinguiendo al artista que tiene la voluntad de sortear y dejar de lado un canto demasiado plano para Rodolfo. Su voz llega a los agudos aunque me falta expresividad y una pizca de dramatismo que compensa con una actuación escénica creíble al lado de una Mimí con la cual jamás tuvo un ápice de química. Él lo intentaba, la miraba, actuaba pero la faz de la soprano italiana siempre estaba en dirección contraria.





ELEONORA BURRATO, o lo que es lo mismo, ayer noche Mimì, está dotada de una voz interesante, por timbre y por buenos centros, con agudos seguros y bien proyectados, pero... Pero no logró transmitirme nada a lo largo de toda la función, y esto en un papel como el interpretado cuesta de digerir y si a eso añadimos, como decía, la falta de química con Pirgu… Quizás en otra función, con otro tenor, en otras circunstancias, logre convencerme más porque el material es bueno. Lo espero firmemente.





Me gustó ya desde su primera intervención el barítono madrileño GABRIEL BERMÚDEZ,  una voz robusta, bien timbrada con la que dotó de apabullante dignidad un personaje para nada fácil que, aunque segundón de Rodolfo, tiene muchos grandes momentos de protagonismo en la ópera. Su interpretación artística me gustó y con Musetta había mucha más compenetración. Aquella que no supe saborear en la pareja protagonista.




OLGA KULCHYNSKA puso voz a la coqueta y pizpireta Musetta, un personaje por el cual no siento especial predilección a pesar de que canta una de las arias de ópera más bellas jamás escrita. Voz interesante y musical que no flirteó en ningún momento con el grito que muchas otras suelen visitar y desgraciadamente con mucha frecuencia cuando afrontan este role.

Amén de una figura extraordinaria, la soprano ucraniana logró hacerme disfrutar en su genial escena del segundo acto, pero sin embargo estuvo un tanto apagada en el tercero y cuarto.

Del resto de Bohemios, todos cumplieron con corrección y acordes a las indicaciones musicales y de escena.

Sin ser “La bohème” más maravillosa de mi vida, una “Bohème” es siempre una “Bohème” y Puccini es siempre Puccini. Hacerle ascos, sería un gran dislate. Hacérselos a la digna representación de ayer, también lo sería, cuando a nivel general se disfrutó de una mucho más que digna versión.


miércoles, 6 de julio de 2016

¡Qué lujo de temporada 2016-2017 en Sabadell!


Contrariamente. Contra todo pronóstico. Este año los sabadellenses estamos de enhorabuena pues hemos conocido a principios de julio los distintos repartos de las óperas que se representarán la próxima temporada 2016-2017 en nuestro Teatre de La Faràndula. Desvelado el suspense que para mí supone cada año tener que esperar hasta septiembre para saberlo, ahora, con esta estupenda perspectiva, se me hará largo tener que aguardar las fechas de estreno de cada una de ellas, pues en definitiva todas son interesantes por un motivo o por otro.

La temporada 2016-2017, se puede definir como equilibrada y bien escogida, a la par que inteligente. Mozart, Puccini – como no, nuestro querido Puccini que no nos falte nunca- y Bizet. Y en el mes de noviembre las “Goyescas” de Granados, en la que intervendrán el barítono CARLES DAZA, y junto a él, las voces de MARTA MATHÉU, ALBERT CASALS y LAURA VILA, bajo la dirección del maestro RUBÉN GIMENO.

Aunque atractivas todas ellas, continuo haciendo una vez más una reivindicación a la ASSOCIACIÓ D´AMICS DE L´ÒPERA DE SABADELL y que apunta, como siempre, hacia nuestro género propio que, desgraciadamente, otro curso más, vuelve a no tener cabida en Sabadell. Me estoy refiriendo, claro está, a la zarzuela.

La zarzuela gusta y llena el teatro. Entonces me pregunto yo, ¿por qué ese empeño en no programarla? ¿Por costes? Quizás sí, y su motivos – que desconozco- tengan desde la A.A.O.S pero siempre se puede recurrir a versiones en concierto, que también funcionan y además bien, o en su caso, a conciertos en los cuales se repasen las mejores páginas del repertorio zarzuelístico, innovando, que hay mucha y muy bonita música para que el público conozca y sin la necesidad de tener que recurrir a las mil y una veces ya interpretadas piezas. Solo falta el empeño, las ganas, la ilusión. Si se quiere, se puede.

Como ya vengo haciendo cada temporada, aquí queda mi petición. Un voto para nuestra zarzuela, por favor, que es querida a lo largo y ancho del planeta.





Y para empezar… un Mozart

Casi hecho con pícara alevosía, y en fechas más que idóneas y propicias, regresa al escenario vallesano -después de unos cuantos años de ausencia- el mito de “Don Juan Tenorio” que se estrenará a finales de octubre y se mantendrá en cartel por diversos teatros catalanes hasta mediados del mes de noviembre.

“Don Giovanni”, quizás la obra maestra del compositor salzburgués contará en esta ocasión para su papel protagonista con una de las mejores voces que han salido de la cantera sabadellense, el barítono CARLES DAZA que debuta este papel en nuestro teatro después de haberlo ya interpretado en una plaza como el Teatro Campoamor de Oviedo y con notable éxito.

Un papel exigente, largo y comprometido al que el barítono catalán imprimirá su sello y características propias, y quien desde hace ya mucho tiempo, la A.A.O.S confía roles que suponen, más que una consolidación del artista una confirmación de sus facultades vocales que han ido mejorando y ampliándose a lo largo de todos estos años. Sin duda, nadie debería perderse esta gran oportunidad que se nos está brindando la A.A.O.S para con este intérprete.

A su lado, TONI MARSOL pondrá vida a Leporello y Donna Anna será intepretada por NÚRIA VILÀ. En esta ocasión, a diferencia de la edición anterior, el papel de Don Ottavio se ha confiado al tenor DAVID ALEGRET, mientras que será EUGÈNIA MONTENEGRO  la encargada de afrontar a Donna Elvira, y la joven SARA BLANCH encarnará a la pizpireta Zerlina. El Masetto de JUAN CARLES ESTEVE y el Comendador de SINHO KIM completan el reparto. Todos ellos bajo la batuta del maestro DANIEL GIL DE TEJADA  con la puesta en escena de PAU MONTERDE.

Este inicio de temporada supone una gran ilusión y un preludio del lujo y brillo que tiene este año.





“Sei splendida e lucente…M'esalto! E n'ho il perché!

Y efectivamente espléndida, luciente y perfecta es la segunda de las grandes óperas que se verán esta temporada. Así reza en el libreto cuando Lescaut se refiere a su hermana en el segundo acto, cuando la ve envuelta de riqueza y lujo. Así lo parafraseo yo para introducir una de las mejores y más excelentes óperas que salieron de la pluma del compositor de Lucca. Pero además, es que aquí, en esta frase, se encierra quizás uno de los momentos más bellos que, para esta ópera, Puccini escribió para el barítono.

Su primer gran éxito, “Manon Lescaut”, es una ópera que nunca se ha representado en nuestra ciudad y a nivel personal, constituye para mí, el bombón de este año. Sus funciones se iniciarán durante el mes de febrero, y que, al igual que “Don Giovanni” también desfilarán por varios teatros de Catalunya.

En cuanto al reparto, pues de nuevo de lujo. Nos visitan otra vez la pareja formada por MARIBEL ORTEGA y ENRIQUE FERRER quienes el año pasado ya nos impresionaron con su Desdemona y Otello respectivamente, por tanto, el éxito está asegurado. La musicalidad de Maribel Ortega al servicio de la pasión y arrebato de Enrique Ferrer.

Pero… es que tiene más peros esta “Manon Lescaut” – y advierto de nuevo aunque sea muy redundante- nadie, absolutamente nadie, debe perderse. ¿Motivos? Pues muchos. Podría ahora hacer alardes de sus inspiradas melodías, de la pasión que se encierra en el entrallado del pentagrama, sus músicas que tan bien retratan y definen los ambientes, personajes excelsamente perfilados, verismo al servicio del goce de los más viscerales oyentes. Y continuaría con su descriptivo y brillante intermezzo, y un cuarto acto que te levanta de la silla y… No acabaría…

Pero como decía, hay otro elemento de esta “Manon Lescaut” que me motiva especialmente y es el lujazo de poder escuchar a CARLES DAZA – por tercera vez en esta temporada- en un papel que creo que a un cantante como él le va como anillo al dedo. No es un personaje, Lescaut, que sea largo o que cante mucho, se limita a ser un espectador de lujo de los acontecimientos aunque también tiene su corazoncito, pero la verdad es que este gran momento suyo – que servía como separador para introducir esta “Manon Lescaut” – es el instante en que se puede lucir y mucho. Y Carles aquí auguro que lo va a hacer así. No me cabe la menor duda.

El “Sei splendida e lucente” viene precedido de un momento en que la música describe a la perfección el mundo volátil y frívolo de palacios fríos y dorados para dar paso a esta aria del barítono que se encadena con la no menos bellísima “In quelle trine morbide” de la soprano y que muere en un apasionado dueto lírico que nos retorna la frialdad del resplandeciente oro del cual es víctima Manon, por ambición desenfrenada.

Siempre he dicho que me encantaría escucharle este fragmento porque es una voz bonita y fresca, que además frasea bien dando siempre la intención adecuada. Ahora por fin podré escuchársela, pero para ello, tendré que esperar hasta el mes de febrero. Carles Daza, un artista que he visto nacer profesionalmente en Sabadell y al quien vengo siguiendo su carrera desde aquél entonces. Me convenció en su día con su Silvio, cuando corría el año 2005. Ahora, 11 años después, con la voz más madura, no tengo la menor duda de que lo mismo hará con este personaje.

Junto al triunvirato ORTEGA-FERRER-DAZA, a su lado, el Edmondo será interpretado por el tenor CARLES CREMADES, mientras que el recaudador Geronte di Ravoir se ha encomendado a JUAN CARLES ESTEVE y el maestro de baile a otro gran conocidísimo de la casa, CARLES ORTIZ.

Con ellos, batuta en mano del maestro DANIEL GIL DE TEJADA, mientras que la producción y dirección de escena está al cargo del tándem JORDI GALOBART – CARLES ORTIZ.

Auguro éxito para esta “Manon Lescaut”… contando los días ya para que llegue el mes de febrero.





Y la más popular

Este honor se le concede esta temporada a la archiconocida y muy representada “Carmen” de Bizet, en la que de nuevo repiten JORDI GALOBART - CARLES ORTIZ en la escenografía, aunque será el maestro SANTIAGO SERRATE quien esté al frente de la ORQUESTRA SIMFÒNICA DEL VALLÈS.

Y entre las repeticiones anda el juego esta temporada, porque ENRIQUE FERRER colgará en el perchero las vestiduras de Des Grieux para enfundarse el uniforme de los Dragones de Alcalá y poner vida y voz a Don José, personaje que, lo mismo que sucede con su Des Grieux, tengo muchas ganas de escucharle. Y ya puestos a pedir… el año pasado fue “Otello”, este “Des Grieux” y “Don José”… Y para el que viene… ¿Por qué no cerrar el círculo con Cavaradossi, otro de los personajes por el que tengo especial estima? Al igual que hacía con la zarzuela al principio de este artículo, aquí dejo por escrito el deseo. Lo más difícil, que se cumpla.

Interesante, y mucho, será también la incursión de LAURA VILA con la Carmen. La mezzosoprano regresa al teatro de la Faràndula de Sabadell con un gran personaje al que puede dotar de múltiples matices y expresividad. La voz es musical y el fraseo excelente. Tengo ganas de saber cómo enfoca y afronta este gran, gran papel.

Al lado de ambos, la musicalidad de la soprano MAITE ALBEROLA que será nuestra Micaela en esta ocasión y de nuevo TONI MARSOL en el corto, pero comprometido papel-bombón que es ni más ni menos el role de Escamillo.

Completan el reparto CARLOS PACHÓN, BEATRIZ JIMÉNEZ, ASSUMPTA CUMI, JORDI CASANOVA, JOAN CARLES ESTEVE y JOAN GARCIA GOMÀ.

Estas funciones darán comienzo en el mes de mayo, y al igual que las dos anteriores, también se podrán disfrutar en otras ciudades de la geografía catalana.



En resumen una temporada completa y con gustos para todos, para aquellos que adoran las melodías de Mozart y para los que amamos el verismo. Obras populares con repartos de auténtico lujo que harán de esta estación un año memorable para la A.A.O.S y para Sabadell.

 

sábado, 2 de julio de 2016

Cuando la juventud se amalgama con la maestría: Plácido Domingo conquista el Bernabeu




El pasado miércoles el estadio del Real Madrid se vistió nuevamente de gala y en esta ocasión no para celebrar la gloria y la conquista de la undécima copa de Europa con los jugadores como había sucedido un mes antes. No. El miércoles no iba de copas ni de trofeos. Todo el meollo se centró en el arte, la cultura, la música y en los sentimientos. Pero también floraron por el ambiente el agradecimiento y el respeto, unidos indisolublemente con la admiración.

Hace tres noches pues que el Santiago Bernabéu sacó una vez más sus mejores galas para homenajear al más grande, a la voz que, al igual que un viejo lobo de mar, sigue surcando aún mares y arrastrando poderosamente a los aficionados a la ópera con el poderío de su carisma y su arte. Ni la peor de las tempestades ha logrado hundir el barco.

Un gran despliegue logístico, chispa e ilusión, mucha ilusión y buenas causas hicieron del evento un éxito rotundo de asistencia en un lugar en el que días antes, la verde hierba madridista, testigo mudo y sufrido de las más grandes victorias de su equipo, había cedido su lugar para transformar el recinto en el escenario de un macroconcierto muy especial.



Plácido en el Alma

Enmarcado en un acto que tenía como telón de fondo la Fundación Alma del Real Madrid. Con ella, el club blanco rendía tributo a los recién cumplidos tres veces veinticinco – como él mismo reza con simpatía- de PLÁCIDO DOMINGO, tenor universal, madridista de pro, socio de honor del club e intérprete del Himno del Centenario. La cita ineludible. Un concierto denominado, sabiamente, “Plácido en el Alma”.

Jamás un título había tenido un gancho y un significado tan especial, tan bonito y tan sentimental. “Plácido en el Alma” aunque la grafía mayúscula maquille, descaradamente y en el mejor sentido de la palabra, el significado que para muchos de nosotros supone la figura de una voz como la suya.

Plácido Domingo cantó de riguroso negro en el templo blanco del equipo de sus sueños y acompañado, arropado y admirado por múltiples artistas de diversas disciplinas que no quisieron perderse el agasajo a un artista que es querido a ambos lados del mundo, irrepetible e único.

Con un BERTÍN OSBORNE en su papel de maestro de ceremonias, y después de que la Orquesta Sinfónica de Madrid interpretara la inevitable obertura de “La forza del destino” Plácido Domingo abrió la velada con un “Nemico della patria” de la “Andrea Chénier” de Giordano, una pieza especialmente conmovedora, por la que siento un real aprecio y que hizo poner al estadio de pie nada más empezar.

La voz de Domingo, sorprendentemente en un estado óptimo llenó hasta el último rincón del templo madridista para así dar paso al también tenor ANDREA BOCELLI que interpretó la difícil “Pour mon ame” de “La Fille du regiment” para después, cantar junto al maestro Domingo el primero de los variopintos dúos que el tenor español interpretó a lo largo de una dilatada noche. En esta ocasión fue el tenor madrileño, cantando pero de barítono, quien secundó al italiano con “Au fond du temple saint” de “Los pescadores de Perlas” de Bizet.



Se intercalaron de por medio cantantes como DIEGO TORRES con su famoso “Color esperanza” mientras que el talento y sentimiento de SARA BARAS se fundió a la perfección con la voz de Plácido Domingo firmando uno de los momentos más emotivos.

En la tarde noche madrileña iba ya asomando el crepúsculo que, inexorable, caía desplomado desde el cielo, haciendo subir la temperatura del momento.

Después de un “No puede ser” para el que solo puedo decir que me tocó el alma, ahora sí, escrito en minúscula, ambos, como si todo a su alrededor se hubiera desvanecido sellaron uno de los instantes mágicos de la velada. El desgarro de la copla “Ojos verdes” en la garganta de Domingo, que interpretó de forma sentida, susurrada y lanzando cada palabra al aire con arte y maestría, fueron bazas suficientes para que Sara Baras se dejara seducir – lógico ante esta gran voz- y ofrecernos lo mejor de sí.


Otros momentos significativos
Y aunque creía lo contrario cuando leí en su momento la larga lista de artistas que acompañarían al Maestro, debo decir que Plácido cantó y mucho a lo largo de la noche. Y es de agradecer.

Con IL VOLO, grupo que según Domingo descubrieron sus nietos pequeños, entonaron la bellísima “Non ti scordar di me”. Cuatro voces excepcionales encima de las tablas. La incipiente juventud arropada por la sabia experiencia.

Todos ellos, todos los presenten admirando la versatilidad y la capacidad camaleónica de Plácido Domingo. Del más grande.

El tango “Volver” al unísono con JUANES dejó también un especial regusto y un saludo a los muchos y numerosos argentinos que también comparten con los españoles, nuestra voz más universal.

Y con todo ello, la noche iba avanzando, ligera, y con más sorpresas. Una sin par “Granadinas” de la zarzuela “Los Emigrantes” entonó Domingo antes de acompañar al piano a BERTÍN OSBORNE en una irreconocible versión de “My way”. Un pianista de lujo que incluso cantó un par de frases de esta inmortal canción, popular y bella donde las haya, que en la voz de “La voz” sonó siempre mucho mejor.

Para Domingo, la actuación siguiente tuvo, como no, especial condescendencia. Una vez su hijo PLÁCIDO DOMINGO JR.  interpretara la preciosa “Sabor a mí” cuyo fraseo tiene bastante de Plácido padre, ambos, se unieron para cantar otro de los exitazos de principios de los 80, el “Perhaps love” del tristemente fallecido John Denver.

El “Seré” de PABLO ALBORÁN en la voz de Domingo sonó extraordinariamente bien y los dos intérpretes, marcaron uno de los momentos más esperados por el público que llenaba el estadio. De nuevo la juventud unida con la maestría.

Podría hablar y hablar de ello, pues la noche fue larga y el arte allí encima inmenso, pero, como todas las cosas, siempre hay una pieza con la cual, de entre todas, es para una la más especial. Y en un acontecimiento como este no podía ser de otra manera.





Adoro

Sí. Su voz, su carisma, su arte, su talento y la capacidad que tiene Domingo de seguir emocionándome como el primer día. Y con 75 años…

Es difícil decantarse por uno o por otro momento, por lo tanto, me permito la licencia de quedarme con tres: en primer lugar su “Nemico della patria” seguida de su “No puede ser”, piezas que ya le había escuchado.

Pero el premio, la medalla de oro va en esta ocasión para el dueto que Plácido Domingo hizo con el almeriense DAVID BISBAL. Ese “Adoro” de Armando Manzanero tuvo el poder y la magia que solo dos voces como las suyas pueden transmitir en sus respectivas disciplinas. La melodía es bella. Lo que explica, pura felicidad. La emoción del momento, la sorpresa que me tenían reservada y todos mis sentimientos a flor de piel, provocaron en mí lágrimas, unas de las tantas que ya había derramado a lo largo de la noche.

¿Adoro? Sí. Lo adoramos y no es por menos.


E in un sol bacio, abbraccio tutte le genti amar

Todos querían lo mismo. Un abrazo, una foto, un recuerdo, unas palabras, una mirada, un apretón de manos y un beso del Maestro.

Y generosamente el Maestro Domingo tuvo para ellos todo esto y más. Sólo una fuerza de la naturaleza es capaz de ello. Los únicos hombros que pueden soportar el peso de la fama de una forma completamente ligera. Este es Plácido Domingo. Un extraordinario artista.