sábado, 30 de abril de 2016

Simon Boccanegra en el Liceu: El poder de los poderosos




La de ayer noche fue la tercera y última de las representaciones de “Simon Boccanegra” que el Maestro Domingo interpretaba estos días en el Liceu de Barcelona.
La de ayer, fue la segunda vez que le escuchaba en una ópera verdiana en el Teatro de las Ramblas con el añadido de estar escenificada, pues siempre le había visto allí en versión concierto.
La de ayer por otro lado, concluía unos especiales fastos para el artista: nada más y nada menos que sus cincuenta años de debut en este teatro y de relación con el público liceísta.
La de ayer sin duda, será otra de las noches a guardar en la retina y en la memoria que se irán sumando en mi especial haber con el cantante.
Pero de lo que estoy casi segura de poder afirmar es que la de ayer no será ni mucho menos la última de sus funciones en el coliseo barcelonés, siempre que la salud le respete mínimamente, porque sus notables ganas de continuar se mantienen intactas a sus 75 años.

Carga emocional
Al cabo de tres horas desde que empezaran a sonar los primeros compases, el público del Gran Teatre del Liceu -lleno hasta la bandera y sin ninguna localidad libre- rendía su especial tributo a todo el elenco artístico, pero, de forma especial y estruendosa, al gran Plácido Domingo.
El teatro en pleno de pie, desde la primera fila de platea hasta la última fila del quinto piso aplaudiendo sin parar. Gran emoción. Ello, obligó al artista a adelantarse por dos veces. Los bravos y el entusiasmo brotaban y paseaban con descaro por el teatro, intentando poner punto y final a una noche llena de estallido sentimental.
Buenas vibraciones y atmósfera festiva para los cantantes que llenaban el escenario.
Emotividad más que justificada para quien fue el alma de este Simon.
Pero también sentimientos a flor de piel para aquellos que fuimos a disfrutar y a sentir, dejando de lado prejuicios, aspectos técnicos, adecuación de voz, y de todas estas cosas de las que tanto se ha hablado desde que Domingo aterrizó el pasado lunes en Barcelona.
En definitiva, aquellos que somos aficionados vamos al teatro a sentir. A disfrutar. A dejar que la música nos subyugue. A dejarnos embrujar y seducir por el arte del cantante. A recibir generosamente los sentimientos que estos transmiten y proyectan e inundan nuestros cuerpos y anidan en nuestros corazones. Vamos, en definitiva, a gozar de un terremoto de sensaciones que se traslucen de la interpretación emotiva del artista. Vamos pues, y repito de nuevo, a sentir. Con el corazón. Con el alma. Con todos los sentidos.
Los aplausos a un inconmensurable artista como es Domingo no dejaron indiferente a nadie, se mire desde la perspectiva que se mire. Vivir las tres horas de ayer noche no tiene precio… Como tampoco lo tiene vivirlo al lado de alguien a quien quieres mucho y que es cómplice por voluntad propia de la ilusión de otra persona. Eso, este pequeño gran detalle, esta pequeña gran armonía solo se encuentra en la figura de una madre. Y por ello, le doy las gracias de corazón, aunque como consecuencia de la emoción por mi vivida, se levante hoy con el brazo lleno de moratones.

Cuadros, cubos y espejos
Y como ya viene siendo una pesada losa, este “Simon Boccanegra” liceísta se apuntó al carro de las escenografías modernas que a pesar de no ser de mi gusto, tenía la decencia – gracias a Dios- de que no molestaba ni distraía en exceso al espectador.
La distracción mayoritaria fue, como siempre, la tos incontenida y sin sofocar de algunos de los asistentes a la representación. Una lástima tener que decir que la de ayer, fue una de las funciones más ruidosas de muchas a las que he asistido en el Liceu.
La escena que firma JOSÉ LUÍS GÓMEZ nos presenta un espacio completamente atemporal, y a ello también contribuyen las vestiduras que ALEJANDRO ANDÚJAR propone para el vestuario, prendas bastante más que actuales, entre las cuales se erige, siempre elegante, el frac que el Dux luce en la escena del consejo, el cual, no tenía que haberse quitado.
El decorado, a base de composiciones cúbicas con voluntad de espejo, asimilaba claramente la idea de un rompecabezas dando un buen juego para separar y crear espacios. La única cosa positiva era que cuando los intérpretes daban la espalda al público, sus caras, se reflejaban, ayudando a no perder ni un ápice de expresión.
Poca química artística es la que hubo con los protagonistas principales, sobretodo en la pareja protagonista Amelia-Adorno. Un poco más con el Dux, sin embargo, que estuvo puesto en su papel durante toda la obra.


Entrallado musical
El maestro MASSIMO ZANETTI al frente de la ORQUESTRA SIMFÒNICA DEL LICEU mantuvo un buen pulso a lo largo de toda la obra, acompañando y secundando discreta, pero de forma efectiva, a los cantantes. Tan solo en los primeros minutos de la obra me pareció que sonaba quizás con un exceso puntual de volumen que no se repitió a lo largo de la representación.
Es de justicia nombrar y resaltar la intervención del COR DEL GRAN TEATRE DEL LICEU, que en las óperas de Verdi toma gran protagonismo y del cual se hizo eco desde la primera aparición consiguiendo el gran clímax en el momento final de la escena del consejo.




La soprano nata en Gran Canaria, DAVINIA RODRÍGUEZ debutaba en el Gran Teatro del Liceu, con una baza más que ilusionante. Hacer el debut en un coliseo como el barcelonés y al lado del más grande, era para ella, sin duda algo muy especial.
Lució una voz firme, interesante me pareció al principio y con un tanto de timbre oscuro que hace que la voz no sea homogénea cuando pasa del centro a la zona más alta. Su discurso fue bueno pero faltó algún matiz, algún piano, alguna sutileza más, adjetivo que se le olvidó un poco en más de un momento. Escuchando su voz me daba la sensación de que la voz se le quedaba pegada a la garganta, y ello le hacía entumecer su instrumento.
Su aria “Come in quest´ora bruna” no fue premiada con ningún bravo. Los primeros que escuchó fueron siempre en escenas conjuntas, aunque en la ronda final de aplausos fue muy bien recibida.



Llovieron bravos al finalizar su aria “Cielo pietoso rendila” a la que ayer puso voz el tenor mexicano RAMON VARGAS. Hizo una buena creación de Adorno con voz solvente, que llegaba, sin embargo ha perdido aquel brillante esmalte que antaño tenía, aunque se mostró regular a lo largo de toda la representación.



El Fiesco de FERRUCIO FURLANETTO también fue uno de los más aplaudidos y le encontré en bastante buena forma, si bien a nivel escénico la caracterización de su personaje brillaba por su ausencia.

Sin embargo la imponente voz de ELIA FABBIAN se erigió ya desde su primera intervención en una de las más interesantes. Buena voz, buen timbre. Amplitud y volumen abalaron los bravos más que merecidos a lo largo de los aplausos.





Porque es un Maestro
Sólo hay una palabra para describir lo que Domingo hizo ayer por la noche en el Liceu, y con la que estoy completamente de acuerdo.
Sólo se puede calificar así y es de justicia que cite al artífice del comentario. Éste, no es otro que mi hermano, que desafortunadamente no vivió la función, pero la ha revivido conmigo desde ayer noche. Y al relatar – aún incrédula- de cómo alguien es capaz de emocionar de la manera que ayer lo hizo Domingo, simplemente concluyó con esta afirmación: “Porque es un Maestro”.
Sabio, mi hermano.
No voy a entrar a hablar del estado de la voz PLÁCIDO DOMINGO porque cada uno lo ve con diferentes ojos y lo escucha con diferente oído.
Tampoco quiero hacer apología del intérprete, pues sería entrar en un bucle y dar de comer a aquellos que disfrutan de un manjar que no son capaces de disfrutar de otra manera que no sea con pena y mala gana, recordando al artista que Domingo ha sido. Y que es aún. No olvidemos el matiz.
Particularmente le escuché muy bien de voz y muy regular a lo largo de toda la función de ayer, sorprendiéndome gratamente.
Pero, no, no voy ahora tampoco a hablar de ello. Cada uno que juzgue lo que crea.
Simplemente me limitaré a decir lo siguiente: que cada uno escoja a quién quiere ir a escuchar. Que elija a quién quiere ir a disfrutar, con quién quiere gastarse el dinero de unas entradas – por cierto nada baratas. La oferta es variada y amplia.
Pero sí que quiero concluir con la siguiente reflexión: que un cantante; que un intérprete; que un ARTISTA como es este señor que responde al nombre de Plácido Domingo consiga con 75 años a sus espaldas que a cada frase se me ponga la carne de gallina, es cómo para pensárselo, porque hay muchos de 40 y pico que no me provocan ninguna clase de sentimiento ni sensación.

jueves, 21 de abril de 2016

Breve crónica de una atropellada “Bohème”






Fue  en Antibes, esta bella localidad de la costa azul francesa bañada por nuestro luminoso mar Mediterráneo, el escenario propicio en el que el pasado martes día 19 de mayo se estrenara una poco tradicional “Bohème”, que el director de escena DANIEL BENOIN ambienta en la revolución de mayo del año 1968.

En ella los cuatro bohemios Rodolfo, Marcello, Schaunard y Colline, se enfundan vestiduras modernas sin perder un ápice el espíritu de la obra, mientras que Mimì luce pelo planchado al estilo ondulado, símil de las tan explotadas planchas de los años 80 que pusieron de moda personajes tan variopintos como Alaska en la llamada “movida madrileña”. Todo ello, da paso a unos trajes de color blanco en el cuarto acto, y que en la distancia, parecían de algodón, muy propicios e idóneos para la estación de primavera.

Escenario multicolor y con movimiento constante, alcanza sin embargo –a mi gusto- su punto álgido de ambientación poética y romántica que requiere la obra, al final del primer acto, cuando una azulada luz inunda la buhardilla de Rodolfo y sus amigos, mientras – insólitamente- nieva dentro de la habitación. Que alguien me lo explique, esto, por favor.



La producción, que ya se había realizado hace ya unos años en Niza y en otras ciudades francesas, contaba para tal ocasión con un Rodolfo de lujo y a la par, si se me permite, una de las mejores y más bellas voces de tenor de la actualidad: Carles Cosías, del que entraré a hablar después.



Rarezas

Circunstancias más que atropelladas marcaron esta “Bohème”. Situaciones que siempre procuro evitar cuando voy a la ópera. Prisas, nervios, estrés, día cargado de trabajo, horas intempestivas de llegar al teatro, poco relax, y por si fuera poco, sin la certeza de que aquella mañana, que empezó bastante de madrugada, acabaría en la ópera disfrutando de una voz de tenor que adoro. De no ser así, de no ser por lo que me aporta la belleza de su voz, mí final de día hubiera sido, sin duda, mucho más tranquilo, pero también, tedioso. Aburrido. Mortalmente agobiante. Diferente. Y así fue como, sorprendentemente empezó para mí el día de ayer, largo también donde los haya.

Confieso pero, valió la pena el recorrido, aunque, para ser sincera, hacer esto no es ir en las mejores condiciones para gozar de una partitura tan bella e inspirada como es “La bohème” de Puccini, ni tampoco para hacer un análisis o repaso meticuloso, punto por punto, como acostumbro a hacer siempre. No se dio la posibilidad, las circunstancias mandan, y el cansancio vence al personal y es una lástima, en una producción llena de ideas de las cuales, con sosiego, estoy segura hubiera podido decir muchas cosas. Pero sí gocé de la voz que como decía, motivó todo este torbellino atropellado de ir y venir, de mareos en carretera y de soportar, con aplomo y buena cara, comentarios cercanos, que una preferiría haber evitado. Hay gente para todo y muy faltada de sensibilidad. Musical, evidentemente; pero también en otros sentidos. Pero esto, es otro cantar.



En materia
La ORCHESTRE REGIONAL DE CANNES PACA comandada por el maestro GYORGY G. RÀTH supo mantener y recrear el ambiente desenfadado y luego romántico, festivo, decisivo y trágico que impera en cada uno de los actos, acompañando bien a los cantantes, aunque en algún momento puntual sonando con demasiada fuerza.





La expectación y las miradas estaban puestas de antemano en la presentación en Antibes de la soprano francesa NATHALIE MANFRINO, que fue una Mimì exquisita con una voz sólida, bien timbrada, con refinamiento y fácil al agudo. Artísticamente bien puesta en el personaje marcado por Benoin y su voz se acopló muy bien con la del tenor.



Un tenor que resultó ser, para su suerte – o no- un tenor de lujo que también acaparó miradas. CARLES COSÍAS nos ofreció una versión extraordinaria del poeta Rodolfo. Su voz corría bien por la sala y llegaba llena de luz y musicalidad. De sentimiento.

Y quiero matizar el adjetivo luminosidad, algo que ya dije hace unos días en este mismo lugar a raíz de una actuación suya en la localidad tarraconense de Valls. Su voz suena – siempre ha sido así- pero ahora más acentuado, de manera libre y fácil. Y a pesar de que está cantando algo muy difícil, la sensación de simplicidad en la proyección es absolutamente aplastante. Por Antibes desfiló también su cuidado fraseo, ese gusto innato que tiene al hacer música. Rodolfo, sin duda, es uno de sus grandes personajes. Y se nota que lo quiere. En el fondo, es bastante Rodolfo. Si la primera vez que se lo escuché en Oviedo me encantó, ahora, años después y con una mayor madurez vocal desarrollada, el intérprete, que se encuentra en un momento muy dulce profesionalmente, nos permite gozar de una versión mejorada y más matizada.

¡Qué fácil es hablar de una voz como la de Cosías que transmite ya desde el primer minuto de la ópera!. Reivindico una vez más desde aquí que se le den más y mejores oportunidades. Se las merece por mérito propio.


Una voz a tener en cuenta la del Marcello de GIUSEPPE ALTOMARE, bien timbrada y amplia que contrastaba con el interesante y musical instrumento de DONATA d´ANNUNZIO LOMBARDI, no tan bello quizás, pero que dejó detalles de gran calidad a lo largo de toda la función.


Del resto de bohemios reconvertidos en “hippies” destacar el buen trabajo de BERNARD INBERT como Schaunard y el descubrimiento de la voz de ANTONIO DI MATTEO como Colline, que además de ser poseedor de una voz de bajo bella de naturaleza, cuenta además con un espectacular físico.


Brevedad

Dicen que lo breve, si bueno, dos veces bueno. Breves han sido en esta ocasión mis impresiones. El ajetreado día vivido, y las circunstancias avalan la síntesis. No hay más.

Lluvia de aplausos para los intérpretes. Una función para mi redonda en la que encontré lo que había ido, improvisadamente, a buscar. Dos representaciones más se pueden aún ver, hoy día 21 y también, la última de ellas el sábado día 23 festividad de Sant Jordi. Pues… piénsenlo… en lugar de regalar una rosa o un libro, según el caso, a los enamorados de la ópera y de las buenas voces, regalen “La bohème” de Antibes. No por la producción. No por la transposición. No para polemizar. Simplemente para disfrutar una vez más de nuestro querido Puccini y para quienes no conozcan aún su voz, de Carles Cosías. Vale la pena. Sin exagerar. Pura verdad.


viernes, 15 de abril de 2016

Luz en la oscuridad : “Nit de clàssics” a Valls (03/03/2016)




Aunque lleguen mis impresiones con un poco de retraso, no quiero dejar pasar la oportunidad para hacer mención del acontecimiento musical que tuvo lugar el pasado día 3 de marzo en el Teatre Principal de Valls dentro del marco “Nit de clàssics” que organiza “Amics de la Música de Valls” y “Joventuts Musicals de l´Alt Camp”. El resultado, pues un variado e interesante concierto que reunía a 3 fantásticas, a la par que interesantes voces, acompañadas todas ellas, por la no menos excelencia de la pianista Anna Crexells.

La soprano Miki Mori, la mezzo Laura Vila y el tenor Carles Cosías fueron los encargados de poner a flor de piel los sentimientos de los presentes en la sala. El repertorio, equilibrado pero difícil, y quizás mal distribuido en cuanto al orden de las actuaciones vocales se refiere, pues en repetidas ocasiones, a lo largo de las dos partes del espectáculo, los cantantes intervenían en dos piezas seguidas (en el caso de Laura Vila, hasta tres) sin darles lugar a un breve descanso entre las dos interpretaciones. Este hecho pero, no mermó en absoluto la calidad de y queda como mera anécdota.
La nota triste, aunque no discordante, fue que desafortunadamente que la soprano japonesa Miki Mori cantaba afectada por una laringitis aguda, y ello, le pasó un poco de factura sobretodo en la primera parte del concierto, a mi parecer mucho más exigente que la segunda. A pesar de ello, debo decir que a medida que avanzó la noche, fue creciendo de menos a más, alcanzando buenas cotas de interpretación.
Imponente y segura la voz de la mezzo Laura Vila tanto en sus intervenciones en solitario como acompañada. Dicción excelente -que se agradece y mucho- gusto y matiz, color interesante y notas más que suficientes fueron sus mejores bazas, y también, en mi opinión, fue luciendo más y más conforme el concierto iba alcanzando temperatura.
¿Y qué puedo decir de la que ha sido considerada como la mejor voz masculina del año según la Asociación de Amigos de la Lírica? ¿Qué puedo decir de la voz de Carles Cosías de la que tantas veces he hablado ya en este lugar, insistiendo una y otra vez de que ya es hora de que se le reconozca más su mérito y se le den más oportunidades de las que se le ofrecen actualmente?
Sin duda hacer esto me supondría entrar ahora en un bucle de repeticiones y confeccionar una lista, larga y repleta de elogios que de corrido sabemos – y saben- todos aquellos que conozcan la voz de este tenor. Por este motivo, iré haciendo eco de ellas desgranándolas a medida que vaya comentando mis impresiones sobre una noche de finales de invierno, oscura como tocaba, que sin embargo estuvo llena de luz. De aquella misma luz, cegadora y cálida, de la que gozamos en un brillante mediodía en plena primavera. Pura magia lo ocurrido aquella noche en Valls.

Cuestión de imagen
Aunque el separador se preste a ello, no voy a hablar ahora del vestuario de los intérpretes, no, no se trata de ello aunque el título, un tanto sugerente, confunda. El sendero que voy a emprender es otro bien diferente.
Los que me conocen, y que me conocen bien no se extrañan ya, a estas alturas, cuando les hablo de las imágenes que me sugieren la música o las voces. La asociación me es tan fácil y tan espontánea como lo es para otra persona -que no haya perdido los principios básicos de la educación y de la cortesía- decir un “Buenos días” por la mañana.

Por ello, y también por la imagen, quiero empezar a hablar de la primera pieza del concierto, el dueto “Parigi, o cara” de “La traviata” de Verdi que interpretaron MIKI MORI y CARLES COSÍAS.
Empezaron el dúo justo en las frases previas de Violeta, que rezan así mismo: “Alfredo!
Ah, tu il vedesti? ei vien! l'affretta”
para dar pie a la entrada de Alfredo con su “O mia Violeta”. Y aquí, se produjo, para mí, un momento mágico. La entrada de Cosías fue como la de un haz de luz que entra poderosamente a través de una ventana, con arrebatadora fuerza y se posa entera iluminando una habitación. Esta es la imagen (aunque sea difícil de ver) que vino a mi mente cuando escuché su voz irrumpir en la sala. Una voz limpia, clara, fácil, bella y radiante, llena de cálido matiz, y mordiendo maravillosamente cada una de las palabras que pronunciaba. Sé que es muy difícil explicar o transmitir el efecto que produce una voz al escucharla porque, entre otras cosas, no todos la recibimos y percibimos de la misma forma. Pero, no obstante, yo lo sentía así y aquí queda dicho.
La soprano japonesa que no estaba en la mejor de sus condiciones cumplió con su cometido arropada siempre por la generosidad de un compañero como Cosías siempre respetuoso.
Quizás en algún momento del dueto el tempo fue demasiado rápido aunque esto no empaña, para nada, la interpretación conjunta.



Compromiso de nuevo para MIKI MORI que, después de “La Traviata”, tuvo que enfrentarse al exigente “Vals de Musetta” de “La bohème” de Puccini de la que sin embargo, supo sortear con técnica y sabiduría sus múltiples dificultades.


Para su primera intervención de la noche, la mezzo LAURA VILA escogió la comprometida aria “Per questa fiamma indomita” de “Anna Bolena” de Donizetti, repleta de exigencias y agilidades y en las que ya dejó traslucir sus facultades y recursos.
Después, junto a Miki Mori, de nuevo, se pusieron en la piel de Agalgisa y Norma, respectivamente, en el bellísimo dueto de la “Norma” de Bellini: “Mira o Norma”, el cual encierra por un lado una melodía flotante y volátil, serena, que fluye y funciona y acaricia bien el oído del espectador, pero, por otro lado, requiere también de una exigencia extrema del dominio de la coloratura en su parte final “Si finno all´ore estreme” y que puso a prueba las agilidades de ambas intérpretes, que salvaron con mucha más que absoluta corrección.



Y llego de nuevo el turno de CARLES COSÍAS con una – si se me permite- magistral y emotiva interpretación de un “Lamento de Federico” de la que el tenor ha hecho ya uno de sus caballos de batalla. Aquellas palabras tan bien lanzadas y pronunciadas, sus pianos, sus matices, sus dinámicas y esa intención y belleza le hicieron valeroso de los primeros bravos de la noche. Y la forma en cómo hace llorar la voz en su “Mi fai tanto male” –efecto que me encanta- explicando la pena del protagonista… no tiene desperdicio. Algún día tendré que preguntarle cómo lo hace…

La primera parte se cerró con un difícil terceto del “Nabucco” verdiano, con la intervención de los tres protagonistas que no dejó para nada, indiferente a nadie, en una pieza que acostumbra a ser poco programada en los conciertos.

Y lo mejor… en la segunda parte
“Belle nuit, o nuit d´amour”, la famosa Barcarola de “Los cuentos de Hoffmann” dio inicio a una espectacular segunda parte. Por acertado repertorio, por interpretación y por superación de los intérpretes que venían de una primera exigente y que para nada había sido en ningún momento fácil.
Este dueto, en las voces de MIKI MORI y de LAURA VILA inundó de belleza y de sutilidad la sala, constituyendo uno de los momentos más brillantes y emotivos de la noche.



La música en las manos, y nunca mejor dicho, de la pianista ANNA CREXELLS dio un breve descanso a los intérpretes. Crexells acompaña a los cantantes desde la discreción que le corresponde al acompañante, valga la redundancia, pero siempre con matiz y atenta a las voces. Exquisita fue su única intervención en solitario de “A la mémoire de Maurice Ravel” musicada por Ricard Viñes.

Y retornaba al escenario de nuevo la voz de CARLES COSÍAS para interpretar el “Bella enamorada” de “El último romántico” de Soutullo y Vert. De nuevo nos encontramos cara a cara con el genial fraseo y bella voz del tenor. Si tuviera que tildar su intervención con dos adjetivos – aunque pondría muchos más- estos dos serían luz y facilidad.
Cosías nos deleita en esta ocasión con una sentida y luminosa versión de esta romanza que tanto adoro, haciéndola un tanto diferente de otras que ya le había escuchado sin perder por ello un ápice a la hora de imprimir en ella su personalidad, a la que siempre es fiel. Sus pianos, sus matices y sus notas altas, impolutas. Además pone al servicio de nuestros oídos, la belleza tímbrica, con la cual cuenta ya de origen en su haber, y suaviza a la par un ideal e impecable fraseo. Una interpretación de manual. Un auténtico lujo.



Seguidamente, sin abandonar la zarzuela, LAURA VILA  ofreció una fantástica interpretación de la romanza de Rosa de “Los claveles” de José Serrano, “Qué te importa que no venga”, quizás una de sus mejores interpretaciones de la noche, y a la que supo dar el matiz y sentido justo con un fraseo equilibrado y exquisito.
Y otra vez, intervención de la mezzo junto a la soprano Miki Mori en la famosa habanera “Todas las mañanitas” de “Don Gil de Alcalá” cada vez más presente en los conciertos y de forma absolutamente justa, pues la belleza del fragmento, lo demanda.

Inmersos ya plenamente en el mundo de la zarzuela, llegó uno de los fragmentos más esperados de la noche. Al menos para mí ya que venía de la mano de una obra por la cual, tengo especial predilección, “La dolorosa” del maestro Serrano.
Esta zarzuela está llena de sentimientos latentes pero desgraciadamente interiorizados en los corazones de los personajes quizás por cuestiones de guion ya que alguien que está recluido en un convento tiene que mesurar y pensar bien qué clase de interpretación y enfoque le dará al personaje.
El dueto entre sus protagonistas, Dolores a quien daba vida la mezzo LAURA VILA y el hermano Rafael, al que ponía voz CARLES COSÍAS era un plato fuerte con una interpretación, creo, muy acertada, quizás más en la balanza del tenor.
Cosías opta por dejar traslucir la serenidad y la calma, el apaciguamiento que requiere el santo lugar donde se encuentra, por voluntad propia, recluido, cual si fuera el Des Grieux massenetiano cuando afronta su “Ah fuyez douce image”. Su voz vuelve de nuevo a imprimir belleza sin caer en el error de presentar un fraseo dramático, del que sin embargo otras voces de tenor han hecho a veces gala, y que también funciona. Creo que capta bien la psicología del personaje, sabiendo transmitir a Dolores confianza y también la protección que precisa la mujer. Y sale airoso y victorioso en el cometido. ¿Cómo se puede serenar a alguien que necesita encontrar la serenidad en un camino lleno de obstáculos? Pues simplemente con voz suave que sugiera confianza, equilibrio y calma. Y esto Cosías, lo captó a la percepción y su opción, válida al extremo, me gustó y lo disfruté, a la  vez que me hizo pensar en esta particular interpretación.
Paralelamente, todo el aplomo del tenor, se reflejó también en la interpretación de Laura Vila que también escogió la misma línea que Cosías, pero que – en mi opinión- su personaje no está en la misma situación que el del hermano Rafael. A Dolores le ha golpeado duramente la vida, sufre y tiene un gran pesar, además de un hijo pequeño con el cual no sabe dónde ir a caer muerta, que diríamos de forma coloquial. Por eso creo que en su “Maldito el cobarde que manchó mi frente y hiere y miente, si le recuerdan su delito” debería haber imprimido un poco más de carácter. Pero, simplemente se trata de una opinión a nivel personal que no oscurece ni invalida para nada la versión que ambos nos ofrecieron.

Con especial placer escuchamos de nuevo a la soprano japonesa cantar una pieza de zarzuela y además en un perfecto y limpio catalán. MIKI MORI me sorprendió con su romanza “En el Vallespir” de la “Cançó d´amor i de guerra” del maestro Martinez Valls, para después, seguidamente al lado de CARLES COSÍAS cantar el bello dueto de “Per tu Francina meva”, de la misma obra.
Las voces se fundieron bien, con fraseos, ambos, extraordinarios y de nuevo la luminosa voz de Cosías hacía las delicias del público.


Inevitable colofón
Sorpresa la mía al escuchar los primeros compases de uno de los duetos más famosos de la opereta, sino el más famoso, que es el de “Lippen schweigen” de “La viuda alegre” de Lèhar, pues era la primera vez que oía a este tenor cantar en alemán. Y al final de todo, y como no podía ser de otra manera, la noche concluyó con el inevitable, pero bello y siempre agradecido, brindis de “La traviata” de Verdi, pieza que el publicó palmeó discretamente.

Una gran noche que combinó la belleza, el buen gusto, el fraseo noble y bien matizado. Una noche de superaciones y de sorteo de dificultades y con creces. Una noche llena de luz en la que todo brilló amablemente. Una noche para disfrutar. Una noche en la que disfruté. Y mucho.
El programa hacía mención de que se tendrá la oportunidad de escuchar pronto la exquisitez de la soprano japonesa Miki Mori en la “Madame Butterfly”, y que Laura Vila ya había deleitado al público de Valls en numerosas ocasiones.  Pero la misma publicación rezaba que Carles Cosías era la primera vez que cantaba en este ciclo de “Nits de clàssics”, pero, visto lo visto y escuchado lo escuchado, estoy segura que la colaboración va a ser algo mucho más que puntual. Y sinceramente, así deseo que sea para el público del Teatre Principal de Valls.