lunes, 27 de abril de 2015

"Turandot" en Sabadell: "Crollasse il mondo…"

Aunque haciendo el símil de que el mundo hubiera sido como una manzana partida en dos trozos, y que éstos hubieran ido dando tumbos a diestro y siniestro, nada ni nadie hubiera impedido a l´Associació dels Amics de l´Òpera de Sabadell presentar en nuestra ciudad, por primera vez, la monumental ópera póstuma del gran Giacomo Puccini, “Turandot”.
Si hay algo de lo que va sobrada els A.A.O.S es en empeño, en entusiasmo y en ilusión, todas ellas virtudes secundadas por un magnífico trabajo en equipo que se ha ido consolidando y afianzando a lo largo de 33 años. Y cuando mayor es el reto, mejor es el resultado, como hemos podido comprobar temporada tras temporada.

Ayer por la tarde tuvo lugar la tercera función de las 12 programadas y que despegaron el pasado miércoles en nuestra ciudad y que a partir de este momento podrá también disfrutarse en Reus, Lleida, Viladecans, Girona, Manresa, Tarragona, Granollers, Sant Cugat del Vallès i Vic. Y es así, con gran éxito de crítica y público como concluye la presente temporada de ópera en Sabadell.

 
Presentar una obra del calibre de “Turandot” es un enorme desafío para los grandes teatros, los teatros llamados de primera categoría a los que todos puedan venirnos en mente, teatros no faltos de recursos económicos ni escénicos, pero, como todas las grandes expectativas, cuando mayores son, cuando más resultado esperas, cuando más alta es la cima más decepcionante es en ocasiones el producto ofrecido y mayor y más dolorosa es la caída y el resultado.
Sin embargo en Sabadell, aunque es un buen referente en el circuito operístico catalán, se afronta todas y cada una de las funciones desde la modestia, desde la falta de recursos sustituidos por la inteligencia del equipo que está detrás de cada una de las representaciones.
Expectativas altas que se alcanzan trabajando con ganas, con ilusión y con empeño desde la más absoluta modestia. Esto es lo que ocurre en Sabadell, gran trabajo, duro porque sí, con resultados más que notorios y que una vez más pudimos comprobar los asistentes a la  función de ayer.

Destacar que la producción era clásica, una “Turandot” en Pekín, con vestuario, más o menos con ecos orientales que viajan desde la pureza de Turandot, con vestido blanco en el segundo acto, hasta el rojo pasión del tercero, pasión y sangre que ha encendido Calaf con la resolución del tercer enigma.

Todo ello, aunado por una buena caracterización en maquillaje de NANI BELLMUNT y peluquería de GISELA MIRET, y como siempre, genial juego de luces “marca de la casa” de NANI VALLS que recrearon el sabor de la brisa nocturna de ya bien entrada la madrugada al inicio del tercer acto.

 

Refuerzos musicales

Y en Sabadell no nos tiembla el pulso para afrontar estas óperas, como tampoco tiembla cuando de pedir colaboración se trata.

El Cor dels Amics de l´Òpera estuvo ayer secundado por la Polifònica de Puig-Reig y la Coral de l´Agrupació Pedagògica de Sant Nicolau, y aquello fue realmente espectacular, sin duda alguna fue una de los grandes ases que l´A.A.O.S se guardaba en la manga. Un auténtico lujo.

Difícil tarea pues para el maestro DANIEL GIL DE TEJADA que supo lidiar con las tres agrupaciones, por un lado, y batuta en mano, por otro, con la Orquestra Simfònica del Vallès. Atento y concentrado durante toda la obra respirando con los cantantes pero especialmente con las entradas corales.

La Simfònica sonó fuerte, pero Puccini debe sonar fuerte y en algún momento pasó un poco de factura sobretodo en la escena de los enigmas y subsiguiente escena de Turandot, aunque en esta ocasión, no como otras, fue algo puntual, pues si de algo adolece la Simfònica del Vallès es que siempre suena demasiado fuerte, pero recordemos que el fosado de la Faràndula tampoco es el idóneo para tal cometido.

 

De princesas, de príncipes y de esclavas

Pues de esto va este fantasioso cuento chino. Las princesas y los príncipes se casan, las esclavas mueren de amor.

 
MARIBEL ORTEGA, protagonista indiscutible de estas funciones sabadellenses, afrontó lo inafrontable, pues la entrada “In questa reggia” es un poco como hacer el triple salto mortal sin red.
Una aria altísima que requiere un gran volumen, lo tiene, pero también requiere, y no todas las sopranos que se han enfrentado a este role lo han conseguido, y es el hecho de cantar sin gritar. Ardua tarea, pero Maribel lo logró. Su voz se elevó más allá de las notas que marca la partitura, aquellas que están por encima del pentagrama flotando en el ambiente, que Puccini dejó por ahí pululando porque de altas que son no supo dónde colocarlas.
Dejando aparte esta concesión humorística, si se me permite, Maribel Ortega reunió la voz, la interpretación y la frialdad de la princesa china. Sus agudos claros, sin trampa ni engaños, sin excesivos “portamenti”, directos, bien colocados y seguros.
Sólo quedó un poco abrumada en algún momento puntual de su escena posterior al “In questa reggia” por el sonido atronador de la Simfònica. Brava Maribel!
 
El príncipe desconocido fue ANDRÉS VERAMENDI, tenor peruano, desconocido, valga la redundancia, también para mí.
Veramendi tiene voz y volumen suficiente pero la tensión le jugó alguna mala pasada. Su canto no fue relajado. Los músculos de la cara estaban tensos aunque su concentración era máxima.
Cuando afloraban los nervios la voz tendía a irse hacia la zona de la nariz afeando el sonido con claros y molestos sones nasales en detrimento también de una dicción que quedaba nula, como nula también quedaba cuando buscaba el agudo y las notas más comprometidas.
Debe ganar confianza en sí mismo, y sobre todo relajación.
Aún así, rascando casi un accidente en la resolución del tercer enigma en el segundo acto, afrontó un difícil papel sorteando, con algún apuro menos evidente, el  momento más popular y esperado de la ópera, el famoso “Nessun dorma”.
 
La dulce Liù fue en esta ocasión EUGÈNIA MONTENEGRO que cantó con seguridad, con volumen mucho más que suficiente. Tenía interés en escucharle un role de esta envergadura, y lo cierto es que, tiene un buen material.
Liù es un personaje rico en matices, y ella tendió bastante a cantarlo todo un poco demasiado forte e igual sin hacer mucha distinción de los pasajes más líricos y de los más intimistas en cuanto a la regulación del volumen se refiere.
Pero puliendo esto y con más rodaje puede hacer cosas muy bonitas, pues el elemento principal está.
 
Trío de máscaras
Uno de los mayores logros de la función fue la buena coordinación vocal y artística de los tres ministros de Turandot, el trío Ping, Pang, Pong.
Irreconocibles Carles Daza y Marc Sala, asiduos de la casa, como también el tercero en discordia Bartomeu Guiscafré al que no tenía el gusto de haber escuchado nunca.
 
Evidentemente el que tiene más papel es Ping, o lo que es lo mismo el barítono CARLOS DAZA, pintado de verde para la ocasión. He seguido y sigo la carrera de este cantante desde que debutó como profesional con su Silvio de Pagliacci en 2005 también en Sabadell. Ya por aquellos entonces dije que era una voz emergente, buena. Dotado de una excelente dicción, en cualquiera de los idiomas que lo haya escuchado, Daza, mandó por encima de Pang y Pong. Vocalmente impecable, su voz ha ganado cuerpo al igual que artísticamente. Se nota ya su rodaje y bagaje profesional. ¡Bravo Carles! Como siempre, uno de los mejores, no me defraudó en absoluto.
 
Pero la gracia de Ping, no sería tal sin la intervención de sus compañeros, Pang y Pong, o lo que es lo mismo, de MARC SALA que posee una bonita voz de tenor, bien timbrada, y de BARTOMEU GUISCAFRÉ que también estuvo francamente bien.
 
Sin duda alguna el entendimiento entre los tres artistas es indispensable para no hacer cansina una escena (la del inicio del segundo acto) que musicalmente es preciosa, pero que, mal presentada, acaba abrumando al más ferviente amante de la música pucciniana.
 
Secundarios de lujo
Claro está el emperador de DALMAU GONZÁLEZ, así como el mandarino de JUAN CARLOS ESTEVE y el Timur de ELIA TODISCO que venían a completar un reparto de unos doscientos profesionales entre solistas, coros y orquesta.
Evidentemente la reacción del público no podía ser otra que arrancarse en aplausos y más aplausos, griterío general, entusiasmo, e ilusión.
 
Una ilusión hecha realidad gracias al trabajo bien hecho de estos profesionales que cada día nos ofrecen mejores y mayores expectativas, como la que ya han generado con el anuncio, pendiente de confirmación de las voces, de la temporada siguiente, pues si este año el reto ha sido “Turandot”, el que viene va a ser el “Otello”.
Un “Otello” en Sabadell, en mi ciudad, mí ópera preferida. Eso no me lo voy a perder yo aunque como decía al principio el mundo se parta en dos y ruede como ruede.
Bravi tutti, y por favor, seguid ilusionándonos.

sábado, 11 de abril de 2015

El pack “Cav / Pag” de Jonas Kaufmann en Salzburg

El binomio más famoso del mundo de la ópera. Un “tanto monta…monta tal…”
 
No se entiende ni se concibe la “Cavalleria Rusticana” si detrás no va seguida de “Pagliacci”. Así nos hemos acostumbrado a ellas, y, aunque por regla general se presente siempre en primer lugar la de Mascagni, he de confesar que por costumbre, y porque así lo vi por primera vez, prefiero delante la ópera de Leoncavallo. Pero, todo es cuestión de gustos, y el orden de factores no altera en este caso el producto.
Y es que en estos días se ha representado este tándem en el Festival de Pascua de Salzburg, ciudad austríaca en la cual supura y se respira la música por todos y cada uno de sus recónditos rincones y que es frecuentada con asiduidad por Jonas Kaufmann, sobre quien recaía, como siempre, el mayor interés de estas funciones por ser la primera vez que el tenor bávaro se enfrentaba a estas dos obras.
 
 
 
 
Y con incongruencias empezamos
Como acostumbra a ser ya desde hace años, pero aun así, nos sigue sorprendiendo el mismo disco rayado.
Ahora le ha tocado el turno a la “Cavalleria”, una obra muy arraigada a la pasión y a las costumbres pueblerinas, y atada excesivamente al concepto de familia, en la cual, un giro en su argumento, desmonta toda la obra. Y esto es lo que pasa en esta representación.
El “nuevo” argumento no pega ni con pegamento. Choca y desmonta la historia original. Como muestra, por qué le pide Turiddu a su madre, cuando este se encuentra a las puertas de la muerte, que cuide de Santuzza y le haga de madre, si en realidad el director de escena, PHILIPP STÖLZ, ya nos enseña en la primera escena que Turiddu vive con Santuzza y además tienen un hijo. ¿No será pues de cajón que Mamma Luccia, aquí ya convertida en “Ava Luccia” cuidará de su nuera y de su nieto en falta de su hijo?
Otra: si tenemos en cuenta que Turiddu y Lola viven un amor clandestino, un amor correspondido, pero imposible, ¿cómo se le ocurre a Turiddu, que ya va pasadito de copas, marcarse un baile a lo payaso en medio de la plaza del pueblo, delante de sus vecinos, y encima zarandear a la mujer de otro y cogerla en brazos? Pero si se supone que nadie tiene que saberlo…
Y cómo estas más… Alfio convertido en un “capo” mafioso y lo de Mamma Luccia, no tiene nombre…o el “Intermezzo” ejecutado viendo los tejados de la ciudad un poco al estilo “Chim Chimney”… de “Mary Poppins”…
 
 
 
Sí que es cierto que la idea de mostrar la escena a varios niveles es un recurso socorrido e inteligente, que a veces cuadra y a veces no. La obra se ve desde todos los puntos de vista, por un lado el del pueblo, siempre desde el nivel inferior, mientras que los protagonistas muestran sus verdaderas caras, pasiones y sentimientos en el nivel superior. Esto ayuda a conocer quizás la vertiente íntima del personaje, su introspección más profunda, pero poco aporta en una obra como “Cavalleria” de por sí incisiva, directa, pasional y temperamental donde lo íntimo se intenta ocultar por apariencias que no son tales sino que son verdades.
Mejor para mí la escena en “Paglliacci”. El espacio íntimo y real de los protagonistas se convierte en público y consecuentemente en farsa cuando atraviesan el escenario para actuar. La pena, los celos, las pasiones refrenadas y también las no refrenadas dan paso a la pantomima. “Show must go on”, el espectáculo debe continuar, pase lo que pase, estando contentos, estando tristes, estando buenos o estando malos. Pero en esta ópera la farsa quiere, pero no puede rebozar la realidad y no lo logra ni con pintura en la cara que esconda la tristeza, ni con vestidos aparatosos que protegen cuerpos destrozados por el dolor que sienten. Acaba y debe acabar aflorando la visceralidad de los personajes, y la supuesta comedia es engullida por la realidad latente de sus corazones heridos y agrietados por las vicisitudes de la vida.
Por este motivo aplaudo la idea de que el “Intermezzo” presente a Canio pintándose, reflexionando, con la vista absorta, con el corazón en un puño y hecho trizas, con movimientos instintivos de cabeza que sugieren incredulidad de lo que acaba de ver. Canio ha dado. Y ha dado mucho, pero no recibe nada.
 
 
 
Quizás a nivel escénico fue una de las mejores aportaciones de la obra.
 
Al son de Mascagni y de Leoncavallo
O de intentar ir a estos sones, pues el director de orquesta CRHISTIAN THIELEMMANN opta, sobretodo y más marcado en la “Cavalleria”, por tiempos lentos que en nada ayudan al desarrollo de una acción que debe ir un poco más rápida y punzante. Alarga innecesariamente y hace que el drama pierda pulsación.
Más adecuado en “Pagliacci” con una música que se presta más a ejecutar con algo más de brío, pero pecó de lo mismo ya comentado, en general.
La Orquesta de la Staatskapelle de Dresden presenta un buen sonido, mientras que el coro no estuvo especialmente brillante.
 
Santuzza, Alfio, Lola y Mamma Luccia
El primer de los roles fue encarnado por LIUDMILA MONARSTYSKA, a quien le faltan graves y contrastes en la voz para afrontar un role como el de Santuzza. Su personaje no es pasional, es frío y distante, la mediterraneidad y el temperamento brillan por su ausencia, pero esto es algo a nivel general en todo el reparto, y carece además, respecto a sus intervenciones con Kaufmann de la chispa y química que tiene que haber para estos dos roles.
 
 
 
Tres cuartos de lo mismo sucede con AMBROGIO MAESTRI, que para el “nuevo papel” que le otorga el director de escena está bien pero vocalmente es otra historia dado que en algún momento su prestación vocal tendía a rozar bastante el grito.
Correcta la Lola de ANNALISA STROPPA y también correcta la Mamma Luccia de STEFANIA TOCZYSCA.
 
El primer Turiddu de Kaufamnn
Como todo lo que hace el tenor muniqués, genera expectación. Pero como viene sucediéndome desde hace un tiempo con él, todo lo que le he visto en el último medio año me ha decepcionado – a excepción de su disco de canciones berlinesas.
Espero más de un cantante que tiene facultades y voz para afrontar estos roles, que tiene ricos matices y sentido de la interpretación, pero que carece de algo fundamental para afrontarlos y es la sangre. O la pasión. O el temperamento. Y también, dicho sea de paso, la dulzura en la voz que es lo que en definitiva acaba enamorando al oído del espectador y oyente.
Sí. Llámesele como quiera, pero, carece de ello para encararse en primer lugar con un Turiddu.
No puedo decir, claro está, que Kaufmann no tenga las notas y la voz para hacerlo y hacerlo bien, pero Turiddu necesita temperamento y parece que esto no acaba de entenderlo. El carácter de su Turiddu continúa siendo germánico, frío, de acero. Sí, lo intenta, quiere y no puede, pero no consigue las pulsaciones que necesita este peculiar siciliano.
Puedo entender, en la versión cuadriculada de Stölz que cante una siciliana suave, cuando en realidad, allí te esperas ya la primera explosión de la noche, un Turiddu lleno de pasión, ávido de amor por Lola, y que viene de pasar una noche con ella y está tan feliz, contento y satisfecho que de su garganta emerge y saca toda la pasión y fuego habido y por haber. Y la siciliana suave se justifica cuando ves que la está cantando en su casa, en la que convive con Santuzza y su hijo, por lo tanto, lo hace en voz baja para no despertarlos, para no levantar sospechas, acción incomprensible sin embargo cuando al final de la obra se dedica a zarandear en público a la mujer de Alfio.
Quitando esto, Kaufmann no es Turiddu. El dueto con Santuzza le pesa, su canto es arrastrado e inconmensurablemente rígido en exceso – quizás por la dirección lenta en este momento- y quede sus cuerdas vocales sale como atropellado.
Más correcto y centrado en su despedida a Mamma Lucia, con las notas bien colocadas pero que no emocionan, y respecto al brindis… lo dejo en anécdota… hace tanto el payaso con Lola que soy incapaz de valorar qué cantó.
No, no me convence, y si a esto añadimos la falta de química con Santuzza, una mira para un lado y Kaufmann todo el rato con la vista absorta, como aquel que mira pero no mira nada en concreto, con los ojos en el vacío, hacen que, una obra tan sublime como es “Cavalleria rusticana”, acabe convirtiéndose en algo tortuoso con la gran ventaja que sólo dura una hora y poco.
Acaba. Apagas y vámonos. A otra cosa.
 
Pagliacci, a otro nivel
Curioso siempre que, en la mayoría de ocasiones, cuando se representan estas dos obras juntas, acaba saliendo siempre mejor ésta. El por qué… pues no sabría decirlo, porque la de Leoncavallo es tanto o más exigente que la de Mascagni, pero es así. Quizás la obra, el argumento, el colorido, la farsa…se presta más a ejecuciones más concentradas y trabajadas.
Evidentemente, y comparándola con la “Cavalleria” ya comentada, si tengo que escoger entre una y otra representación, me quedo en general con este “Pagliacci” que sin ser una versión que pase a los anales de la ópera, está mucho más equilibrada, por voces, por escena y por congruencia respecto a su argumento original, que no cambia.
 
 
 
Cambia el vestuario, cambia el decorado, cambia el maquillaje, cambian las voces, pero la esencia genuina de esta ópera se mantiene intacta, con algún punto negro, sí, como el hecho de que Tonio nos presente la obra con el coro detrás, y no solo en el escenario dirigiéndose al público real, al de la sala. Pero quitando este grano, el resto del engranaje funciona bien.
 
MARIA AGRESTA encarna una buena Nedda a nivel vocal, aunque carece también de fuego y de pasión sobretodo en el dueto con Silvio.
Más carencias: aunque no al nivel de la Santuzza de Monastyrska, no alcanza tampoco la química deseada ni con Kaufmann ni con Alessio Arduini, cantando todo el rato dirigiéndose a Thielemann, en lugar de a sus colegas.
¿Es que tanto cuesta meterse en la piel del personaje y hacerlo un poco más natural?
 
Me gustó el Tonio de DIMITRI PLATANIAS. Su voz no es para nada desagradable y ejecutó un “Prologo” correcto, quizás eché en falta algún que otro matiz expresivo, pero en general, y teniendo en cuenta que se comió el agudo el “Incomminciate”, le apruebo con buena nota.
 
No así me pasó con el Silvio de ALESSIO ARDUINI. Siento debilidad por el personaje de Silvio, al igual que me sucede con el de Canio. Personajes completamente opuestos, el primero lleno de pasión y lirismo, de romanticismo; el segundo lleno de temperamento y resignación, un personaje que roza a Otello, que tanto me subyuga.
Silvio es un bombón para un barítono con una bella voz, y Arduini tenía mucho tipo pero la voz, para mí, áspera y sin matiz, sin intención ni gusto.
 
En cambio me gustó el Beppe de TANSEL AKZEYBEK. Una voz bien timbrada que cumplió más que correctamente con sus breves intervenciones.
 
Canio kaufmaniano
Introspectivo. Falto de brutalidad. Echo en falta en Kaufmann todos los elementos interpretativos necesarios para encarnar un personaje como Canio.
Su Canio es más cerebral como nos apunta al son del “Intermezzo”. Su pantomima, es realmente una pantomima en el sentido estricto de la palabra. No te lo crees como personaje, porque no es en ningún momento el personaje.
Se acaba de enterar que Nedda le pone los cuernos y ni una gota de sudor recorre su frente. Sus movimientos corporales son ensayados, marcados. Nunca se pasa de la raya, y no deja nunca dar rienda suelta a la pasión porque la razón le domina en todo momento. No ha lugar a la improvisación porque está todo calculado y ajustado al milímetro.
Kaufmann es un Canio que en la escena final no da miedo, ni artísticamente ni vocalmente. No aterroriza a nadie, ni siquiera cuando cuchillo en mano se abalanza sobre Nedda y se lo clava en el vientre. Su actuar, de nuevo comedido, quizás más centrado en lo vocal que en lo artístico, le pasa factura y quita drama al drama que se avecina.
 
 
 
Debo decir, sin embargo, que a nivel vocal estuvo más acertado en “Cavalleria”, es más Canio que Turiddu, pero Canio requiere algo más que la voz. Canio necesita genio, brutalidad. Bondad al principio de la obra e inspiración un tanto más lírica en su “Sperai tanto il delirio accecato m´avvea….” para regresar del viaje sentimental a la realidad, ya de por si triste, del pobre payaso.
Agudos seguros, firmes, descarados y bien ejecutados, Kaufmann no tiene problema a nivel vocal dado que arremete el personaje con seguridad, pero… siempre me queda el pero de falta de temperamento, de sangre, de visceralidad, porque Canio es un personaje visceral, actúa a impulsos, a calentones, y sin embargo a Kaufmman estos calentones los pasa por alto.
Este es el regusto amargo que me queda de su interpretación, que una cosa es grabar las arias y los fragmentos en disco, y la otra bien diferente es encarar estos roles encima de un escenario, con una escena que despista más que guía y con un resto de elenco que parecen salidos todos del Polo Norte bien lejos, y nunca mejor dicho, del clima solar de nuestro mediterráneo.
Señores, se trata de verismo, de sangre, de pasión, de celos, de impulsos, de pulsaciones, de irracionalidad de conductas, de explosión de sentimientos y no de actuaciones de frío mármol sin ton ni son que acercan al oyente a una realidad que para nada tiene que ver con la idea original.
 
No pasarán estas funciones a la historia de la ópera. No. Se han cantado e interpretado demasiado bien y eso, pasa factura en los oídos de los amantes duchos en este tipo de repertorio. Se requiere la realidad encima del escenario que retrata, propiamente, la realidad de la vida misma.
¿Y cuál es esta realidad?
Pues que Canio al sentir que lleva cuernos le coge un ataque de celos y arremete contra quien sea, como sea y donde sea. Deberá el buen Jonas mejorar sus versiones y entender, como decíamos, lo que es la pasión y el impulso. Ponerle carácter. Mientras se empeñe en hacer estos personajes de esta manera, a lo Kaufmann, Kaufmann, valga la redundancia, no me va a convencer en ellos.
Veremos qué pasará cuando el bávaro afronte el Otello… pero esto…ya será otro cantar.