jueves, 23 de agosto de 2012

Jonas Kaufmann: el sueño de una noche de verano en Peralada

 


“Cielo” y “Chiù” fueron la primera y la última palabra que se escuchó ayer en la clausura de la 26ª edición del Festival de Peralada.

 
Casi tres horas de ópera que pasaron en un suspiro en una cálida noche en los jardines del Castell de Peralada, y que afirmaron, por si alguien a estas alturas aún tiene dudas, que Jonas Kaufmann es, en la actualidad, uno de los mejores tenores.
 
Después de la cancelación en 2010 en el Liceu de Barcelona, con su esperada “Die Schöne Müllerin”, había mucha expectación para escucharle, y más después del parón forzado que le llevó a no pisar ningún escenario desde el mes de abril hasta mediados de julio que se presentó de nuevo con un concierto en Linz.
 
Si bien ha dejado patente su gran estado vocal con sus recientes “Ariadne auf Naxos”, “La Bohème” y “Carmen” en el curso del presente Festival de Salzburg, lo cierto es que tenía ganas de escucharle nuevamente en vivo  constatando que su regreso ha sido realmente espectacular y en excelente estado vocal.
Por ello debemos agradecer a la organzación del Festival de Peralada que hayan conseguido que ayer por la noche Jonas Kaufmann nos brindara, con una inconmensurable entrega, un concierto que estará presente en la retina y en los oídos de los afortunados que asistimos al mismo durante mucho tiempo.
 
 
Tenor y público compenetrados
 
La de ayer son de aquellas noches en las cuales, para sentir, tienes que estar presente. No basta con que alguien lo cuente. Estas veladas tienen que vivirse y respirarlas, sentirlas, emocionarte con el arte del cantante, dejarte llevar y reponder a cada uno de los impulsos con los que tu cuerpo reaccione.
 
Sí, Jonas Kaufmann es un tenor mediático, y solo con pronunciar su nombre lleva aparejado el adjetivo de calidad en una época en la que, las grandes voces de tenor, de tenor en mayúsculas, escasean.
En este caso, podemos decir que grácias a Dios tenemos la suya, permitiéndonos disfrutar de toda una gama de estilos completamente diferentes, porque el alemán no se encasilla en ninguno.
Kaufmann es un artista inquieto y versátil que hasta ahora ha llevado su carrera sin tener prisa, y con mucha sensatez. Esperamos que en los años venideros continue de la misma manera para que nosotros, los amantes de la ópera podamos gozar muchos años de su voz.
 
Y decía que Kaufmann y el público estaban en plena comunión. Nada más salir al escenario, se escucharon ya los primeros bravos (sin haber cantado aún). Estas palabras se repitieron a lo largo de toda la noche. Sin cesar. Aria tras aria.
 
Ayer por la noche, Peralada se convirtió en el epicentro de la lírica.
Lo de ayer, fue una completa embriaguez musical de la cual nadie se levanta una con resaca sino con una euforia post-operísitica.
 
 
La versatilidad del artista: su gran regalo
 
 
 
 
 
De Ponchielli a De Curtis, pasando por Zandonai, Bizet, Mascagni, Giordano, Wagner, Puccini... Kaufmann optó por la fórmula del concierto: obertura-aria que siempre funciona.
 
Era la clausura del Festival, gran broche de oro para los tiempos que corren y Kaufmann nos regaló un gran concierto, acompañado por la Orquestra de Cadaqués dirigidos ambos por JOCHEN RIEDER.
Ni la una ni el otro, estuvieron para mí, a la altura quizás por falta de ensayos, pues en algún momento puntual hubieron algunos pequeños desajustes entre músicos y cantante.
 
La Orquestra de Cadaqués sonaba fuerte, muy fuerte. Sobretodo en la Obertura de la “Forza del destino” (qué no podía faltar, claro), pero estos decibelios de más no impedieron disfrutar de la voz de Kaufmann que superaba en cada intervención la barrera sonora.
 
La anécdota de la noche, nada más empezar los primeros acordes de dicha Obertura: el maestro se detiene porque creo que a algún músico se le había roto una cuerda de algún instrumento. Dio una pequeña explicación pero no acabé de entender muy bien.
En esos momentos, cuando paró y se giró, me temía lo peor. Pero no fue así y al cabo de un par de minutos salió de nuevo para ejecutar, ahora sí, esta tan tocada pieza.
 
El clima iba creciendo a cada compás, a cada nota, esperando la tan deseada entrada del tenor alemán.
 
Gran, gran ovación para Kaufmann por parte del público que llenaba ayer los jardines del Auditori nada más salir escena.
Para la ocasión escogió un vestuario informal: con barba de cuatro días, en la primera parte pantalón y camisa negra con un par de botones desabrochados y una ligera pseudo-americana de color gris que ponía de manifiesto su esbelta figura, más propia quizás de un artista de pop que de un cantante de ópera.
En la segunda parte, se quitó la americana y ataviado de riguroso negro, con la camisa encima del pantalón, Kaufmann abordó el resto de repertorio para adentrarse, después, ante la reacción del público en el capítulo de las generosas, vale decirlo, propinas.
 
En el público se escuchó de todo, sobretodo y en la mayor parte, del público –evidentemente- femenino: desde “eres el mejor del mundo” hasta llegar al inevitable “guapo”. Primera fila era casi en su totalidad dominado por rostros femeninos, por si alguien tenía la duda de ello.
Cierto que la voz debe estar, o debiera, por encima del físico. Desgraciadamente, en la época de la tiranía de los directores de escena, parece que prima la belleza por encima del arte.
Si en el caso de Jonas Kaufmann hay arte y musicalidad, versatildad de estilos e inteligencia en su carrera, y además, todo ello acompañado de un buen físico, ¿qué más se puede pedir, no?
Bienvenido sea, pues, no nos vamos a engañar a estas alturas.
 
 
Primera parte: camino al escándalo
 
 
Empezó el concierto, después de la Obertura de “La Forza del destino” con la difícil aria de “Cielo è mar” de “La Gioconda” de Ponchielli.
Su “Cielo” tenía ya de entrada un aire diferente al grabado en su disco para la “DECCA” titulado “Verismo”.
Sus “pianisimos” y sus cambios de color en la voz, de los oscuros centrales a los brillantes agudos, enloquecieron al público. Y la noche no había hecho más que empezar.
 
En un primer momento pensé que era arriesgado empezar un concierto con esta aria que nada tiene de fácil, pero Kaufmann es valiente y dejó de un lado el tanteo y el calentamiento de la voz y se lanzó directamente a una piscina sin agua. El resultado: un público entregado que le brindó un clamoroso bravo cuando escuchó el apianado y luego forte “Ah vien”.
 
Siguió el bellísimo “Intermezzo” de la ópera “Manon Lescaut”, pues en una noche así no podía faltar el rey del sentimiento musical, nuestro querido Giacomo Puccini.
Esta pieza orquestal es una de mís preferidas y que pertenece a una de mís óperas preferidas, valga la redundancia. Pero a mí gusto, en la parte central del mismo, un pelín demasiado lento. Y es que no puedo olvidar la genial ejecución que en su día dirigiera el maestro Bruno Bartoletti para la EMI.
 
“Giulieta son io”, fue la segunda aria que nos regaló Kaufmann y que pertenece a la ópera “Romeo et Julieta” de Riccardo Zandonai. Pieza olvidada y que el tenor ha desenpolvado en su disco “Verismo”.
Gran interpretación la suya moviéndose en la zona central en la que desplegó su bello timbre oscuro, poco frecuente en el registro tenoril, pero que le identifica y caracteriza.
Kaufmann es un cantante que además sabe frasear y esto quedó demostrado en piezas posteriores, como “La fleur que tu m´avvais jetté” o con el “Improvviso” de la “Andrea Chenier” de Giordano.
 
Siguió un festín bizetiano con diversos fragmentos operísticos de “Carmen”, los primeros compases de la obertura levantaron al público y a la misma siguieron “Preludio del tercer acto” y la “Danza bohemia”, todas ellas como aperitivo a la gran creación del tenor bávaro: “La fleur que tu m´avvais jetté” uno de sus caballos de batalla, indiscutiblemente, y en esto, creo que no puede haber punto de discusión.
 
Siempre he dicho que Kaufmann me gusta más en repertorio francés que en el italiano, para el cual, en según que momento necesito un poco más de dulzura ya que su oscura voz me esconde este adjetivo. Pero sea en francés o en italiano, el tenor sabe comunicar y sabe frasear. Sabe el significado de las palabras que canta y lo explota al máximo.
No corre cuando canta y su canto es generoso y potente. Y su “flor” es un claro ejemplo de ello, optando siempre por el final en piano y culminando con un magnífico “Carmen, je t´aime” de un personaje que, enamorado, le dice estas palabras a la oreja de su amada.
Y con “Carmen” Kaufmann, si se me permite, rebentó el Auditorio. Él lo sabía y era consicente de ello. Finalizó el aria y el público enloquecido empezó con un recital de bravos obligando al tenor a salir a saludar nuevamente para recibir aquellos estruendosos aplausos.
 
Poco a poco iba subiendo la temperatura en el Auditorio, y después del “Intermezzo” de la “Cavalleria Rusticana” de Mascagni, llegó otro de los platos principales y atractivos de la primera parte, ni más ni menos que la comprometida “Mamma, quel vino è generoso” de la misma ópera y compositor.
Aquí demostró nuevamente su dominio del fraseo con una muy buena versión de esta aria de despedida de Turiddu. Kaufmann tiene agudos, y qué agudos. Su voz no tiembla en las alturas y se pasea por ella con facilidad y sin titubear. Sin esfuerzo, y con toda naturalidad.
Será un gran Turiddu y no deberíamos – si podemos- perdernos su interpretación en teatro.
 
Sin embargo en esta aria, quedó en su segundo “Si io non tornassi” corto de fiato, algo que en un cantante de la categoría de Kaufmann no le queda bien, pero fueron tantos sus momentos brillantes que evidentemente se queda en una pura anécdota.
Un Kaufmann temperamental, poco usual en el carácter del tenor germano, levantó al público que continuaba gritando bravos y más bravos ante lo que acababa de escuchar.
 
Con este ambiente y subidón de temperatura, concluyó la primera parte del concierto, augurando, una segunda a la misma altura, por lo menos.
 
 
 
Segunda parte: cóctel de Rossini, Giordano, Wagner, Puccini, opereta y napolitanas
 
Toda esta mezcla es la que disfrutamos en la segunda parte.
 
Tras la obertura del “Guillermo Tell”, Kaufmann nos hizo retroceder a las épocas de la Revolución Francesa, presentándonos una aproximación a lo que puede ser su Chénier.
No habrá que perderse la incursión del tenor en esta ópera verista, pues puede ser, cuando llegue el día, un acontecimiento a nivel mundial. Ayer descubrimos su versión del poeta que se encara con la nobleza francesa. Temperamento y excelente en su zona aguda, me dio la sensación que está preparando el personaje que podría llegar en breve.
 
Antes de que pronunciara “Un dì all´azurro spazio guardai profondo”, una enfervecida señora le lanzó un sonoro bravo y se oyeron unos tímidos aplausos seguidos de unos “shtsssssss” del público concentrado en la pieza que no rompió para nada la magia del momento.
Y llegó el turno de Wagner, compositor frecuentado por el tenor alemán y con el cual ha conseguido un gran éxito a nivel internacional.
 
Tras el preludio del acto tercero de “Lohengrin”, Kaufmann interpretó el “Winterstürme” de “La Walkyria” con un alemán lógicamente impoluto. Es un canto a la primavera, al amor que acaba de nacer entre los hermanos welsungos, y al vigor de sus cuerpos y el canto quedó empañado por una, a mi gusto, errónea ejecución de la orquesta que marcaba un ritmo demasiado lento obligando al cantante a ralentizar su canto.
 
El preludio del primer acto de “Lohengrin” anunciaba ya que el concierto estaba terminando, y sin dejar de tocar la orquesta apareció Kaufmann para regalarnos su “In Fernem Land” de absoluto lujo que hizo que se me pusiera la carne de gallina con sus agudos y su sensacional final.
 
 
 
Arde Peralada
 
 
 
Ardía en aplausos, en delirio, en bravos, en incredulidad ante lo que acababa de escuchar. Noches como éstas cuestan. Cuestan mucho. Pero fuimos afortunados y la vivimos.
 
No se si el propio Kaufmann esperaba una reacción similar. Nunca lo sabremos.
Después del dificilísimo programa ofrecido Kaufmann estaba fresco como una rosa. Contento y agradecido. Si bien es un artista que apenas se inmuta encima de un escenario, pudo sentir ayer la conexión tan difícil de encontrar entre público y artista. Estábamos a sus pies dispuestos a escuchar, aún, más regalos.
Y Kaufmann fue muy generoso en el capítulo de los bises.
 
Bastaron escuchar las primeras notas del “Adiós a la vida” de “Tosca” para presagiar que lo que venía después del concierto, sería tanto o más interesante que lo anterior.
Su Cavaradossi es diferente de otros grandes Marios de los cuales, creo que sobraría nombrar en estos momentos ya que no viene al caso. Y ello me gusta porque ya sea con la Tosca, o en cualquier otra obra que le escuches, tiene la gran virtud e inteligencia de no copiar a nadie.
Su “E lucevan le stelle” es la de un hombre más enamorado que rememora sus momentos más íntimos con Tosca, que la de un hombre desesperado. Sabe y logra diferenciar los dos momentos de esta, indiscutiblemente bellísima aria: al principio enamorado y al final, desesperado. Pero no desesperado a la forma latina, sino a la germánica, más fría, si se quiere, pero absolutamente válida y bien ejecutada.
 
Esta fue la última pieza operística que Kaufmann nos cantó.
 
Luego se paseó por el mundo de la opereta con un “Du bist di Welt für mich” y con un relax total abordó el “Non ti scordar di me” para seguir con “Ombra di nube” y finalizar con una –para mí- soprendente y sentida versión de “Core´ngrato” con toda la fogosidad en su garganta y donde quedó en un momento otra vez corto de fiato, pero a aquellas alturas de concierto ¿quién recuerda esto?
 
Y con ello finalizó la Gala. Igual hubiera podido continuar con un par de bises más, ¿quién sabe?, enferveciendo al público una vez más, un público que rozaba completamente el delirio después de una gran noche de música.
 
¿Puede alguien resistirse al encanto de esta voz? Sinceramente, yo, no puedo.
 

martes, 7 de agosto de 2012

Il bacio tuo mi da, l´eternità...




Ni “Aida” ni “Turandot”, ni “Il trovatore” serán obras por las cuales el tenor francés Roberto Alagna pase a la historia de la ópera.

Se ha dicho de todo en estos últimos días acerca de las funciones de Orange de la “Turandot” que cantó el tenor. Yo tan solo tengo la referencia del vídeo del día 31 de julio, y no he escuchado la representación anterior, así es que me limitaré a dar mí opinión acerca de su actuación.

Lo cierto es que, cuando una piensa en esta gran ópera de Puccini, la asocia directamente a voces que la abordaron con excelsitud en el pasado, como Corelli (al que nunca le temblaron los agudos), Pavarotti o Domingo.

Roberto Alagna, de cuya voz y presencia disfrutamos en el Liceu hace un par de meses con su impecable Maurizio de la “Adriana Lecouvreur”, ha debutado en Orange, cita ineludible del tenor para con sus seguidores, el difícil papel de Calaf, el príncipe desconocido.



Roberto no estaba quizás en una de sus mejores noches, y eso en una obra como la citada, pasa factura. Repito no he escuchado la del primer día, pero grácias al vídeo de la función del 31 de julio he podido escuchar a un más que dignísimo Alagna afrontando ese difícil personaje.

Teniendo en cuenta que cantaba con un fuerte dolor de garganta, y que no canceló, sólo por esto me merece todo mí respecto y admiración. Un coraje bárbaro e intentando dar lo mejor de sí aún expuesto a algún apurillo en el “No, no princepessa altera, ti voglio ardente d´amor” con la cual se lanzó sin red y cumplió. Al igual que con su dulce y mesurado “Nessiun dorma” que fue objeto de unos aplausos bastante atronadores.

No sé si estoy en lo cierto pero me pareció que su “Non piangere Liù” estaba más bajo, la voz sonaba más baritonal y no por ello menos atractiva.

Sí, el tenor “jugaba” en casa, y eso siempre se nota en el cariño que su público incondicional pone en los aplausos.

Ahora, después de haber cancelado algunas actuaciones debido a una micosis en la laringe, solo esperamos una pronta recuperación para Roberto Alagna, uno de los tenores que ameniza mís tardes de ópera veraniegas.

Ánimos, Roberto.

lunes, 6 de agosto de 2012

Passione

No cabe duda de que el italiano es un idioma querido por todo el mundo, por la manera en cómo suena y por lo fácil que a muchos nos resulta su aprendizaje.

Pero también lo es en el caso de todos los amantes de la ópera. Es la lengua de la pasión, la que respira por los poros de los cantantes y nos llega hasta nuestros oídos en palabra y en música.

Una vez vi en televisión una encuesta en la que el reporteo, micrófono en mano, salía a la calle a preguntar a los españoles cuál era su palabra favorita en español, y “amor” ganó por goleada, si mal no recuerdo.

Yo no estoy de acuerdo. No hubiera dicho “amor”.

La misma pregunta me hice yo pero reflexionandolo en italiano, y hay dos palabras que me fascinan: “insieme” (juntos) y evidentemente “passione” (pasión).

“Passione” qué palabra tan bonita que describe sin dejar nada en el tintero el carácter latino que compartimos españoles e italianos, nuestra manera de hacer las cosas y la entrega puesta en cada una de ellas.



Y precisamente, pasión, es lo que Plácido Domingo muestra en el escenario.

Es época de vacaciones y con ellas tiempo de recuperar aquellas grabaciones que se amontonan a lo largo del año y que por falta de tiempo no has podido escuchar.
También es tiempo de desenpolvar aquellas óperas que no calan tan hondo como las que acostumbras a devorar durante la temporada.
Es entonces al acudir a ellas cuando una piensa lo que se pierde en el transcurso del año.

Y precisamente ayer tocó el turno a “La gioconda”. Sin duda no será jamás para mí la ópera con la cual me iría a una isla desierta, pero sí que he de reconocer que hay fragmentos de una belleza y pasión fuera de límites.

La pasión de Plácido en sus intervenciones hacen ponerte la carne de gallina. He aquí pues al tenor, al gran, gran artista que es. Su maravillosa voz al servicio de la genialidad de Almicare Ponchielli y su temperamento que da vida a Enzo Grimaldi dejan a flor de piel todos los sentidos.
¿Alguien puede cantar este fragmento con más pasión y virilidad? Lo dudo.
Su “Deh non turabre...” es apasionado, y nunca mejor dicho. Para mí, insuperable.



jueves, 2 de agosto de 2012

Del "Perhaps love" al "Parla più piano"

En la España de los años ’80 hubo un disco que fue una auténtico “bombazo” en su época. Llevaba por título “Perhaps love”.

Con este nombre tan sugerente el tenor madrileño Plácido Domingo se introducía en el mundo de la canción “pop” haciendo dueto con el tristemente desaparecido Jonh Denver. La canción en cuestión, escrita si no voy errada, por el propio Denver, dio la vuelta al mundo.

Tendrían que pasar muchos años para que pudiera escuchar esta canción gracias a un disco que me regaló mí querida Fedora. Sólo entonces pude comprender el por qué “Perhaps love” tuvo tanto éxito. Un tema precioso donde los haya, y a la par, interpretado por dos voces compenetradas al 100%.



Más tarde me di cuenta que su música sirvió de banda sonora a uno de los anuncios más esperados de todo el año, el del cava catalán “Freixenet”, en el cual, Domingo, junto a una jovencísima Ana Obregón interpretaban, también a dúo y en español, con la letra adaptada, su “Luz de navidad”.

Casi 30 años después, y después de las muchas incursiones del tenor en varios estilos musicales no estrictamente operísticos (boleros, rancheras, napolitanas, tango, copla y un largo etcétera géneros), Domingo lanzará un nuevo disco, en exclusiva con SONY CLASSICAL dedicado al mundo del pop, en la que se anuncian canciones como “Time after time” que ya grabó en sus años mozos, el tan laureado tema de la película ganadora de once estatuillas Oscar Titanic” y su “My heart will go on” (no sabemos si a dúo o no con Céline Dyon) o un interesantísimo “Parla più piano” de “El padrino” (que no hace tanto grabó el también tenor Roberto Alagna en su disco “Pasión”, con una interpretación de auténtico lujo).

Habrá que esperar pues a que se ponga a la venta, a partir del próximo 15 de octubre, para disfutar de esta nueva incursión de Plácido Domingo en el mundo del “pop”.

De mientras, ya que no sabemos como sonará este "Parla più piano" en la voz de Plácido, disfrutémolas en la voz del gran Roberto Alagna.



miércoles, 1 de agosto de 2012

Bodas de Oro para Plácido Domingo y Marta Ornelas

Se cumplen hoy, 1 de agosto,  50 años desde que Plácido y Marta se casaron y además este año celebran sus bodas de oro. 

Muchas felicidades.