martes, 21 de febrero de 2012

¡Felicidades, A.A.O.S! Enhorabuena, Sabadell.



Ganas. Ilusión. Entusiasmo. Compromiso y responsabilidad.

Adjetivos que montaje tras montaje han caracterizado a los A.A.O.S. y hoy no puedo empezar a hablar de ellos sin transmitirles mi más sincera felicitación. Decirles que salí entusiasmada ayer por la tarde de la Faràndula y darles las gracias por tener el coraje de afrontar una obra tan difícil de montar, no sólo a nivel escénico, sinó también a nivel vocal.

Estamos en tiempos de crisis, venimos escuchándolo desde hace más de tres años y lo venimos sufriendo, y por ello es más que loable que en estos momentos se monte una obra tan faraónica, y nunca mejor dicho como “Aida”.
No se representaba en el escenario vallesano desde 1998, si no voy equivocada, pero ha valido la pena esperar y rencontrarnos con una ópera tan magnífica como esta.
Los grandes teatros quizás no hubieran podido afrontarla, pero en Sabadell sí. Sabadell es una ciudad de retos, y els A.A.O.S responden a los mismos. Con un presupuesto ínfimo dan siempre lo mejor de sí, y siempre gracias a los profesionales con los que cuentan en esta casa: evidentemente me estoy refiriendo al tándem CARLES ORTIZ-JORDI GALOBART, que sacan partido a todo: decorados y vestuario reciclados, un buen juego de luces de NANI VALLS y esto no sería posible sin la confianza que les brindan desde la A.A.O.S.

Tengo que quitarme el sobrero. Ya podrían aprender los señores del Liceu… en Sabadell no nos hacen falta grandes presupuestos para dignificar a la ópera y para hacer disfrutar al público. Y encima, nos mantenemos… de momento.


“Aida” es una obra que tiene el éxito asegurado: grandes escenas corales archiconocidas, ballet, vistosidad, etc… pero también tiene momentos intimistas alejados de lasmacroescenas a la que todos asociamos para esta gran ópera y realmente tiene que hacerse muy mal para no provocar en el público ningún escalofrío.

Los decorados, a base de telas transparentes a blanco y negro en las cuales había colosos egipcios y jeroglíficos jugaban bien como separadores de escena, a destacar sobre todo la escena de coronación de Radamés, donde al fondo del escenario se divisa, entre estos velos, a la sacerdotisa invocando al dios Fthà.
Hubo de todo, trono real y ballet que vino a sustituir la marcha triunfal por falta de extras, recurso acertado, ya estaba el escenario demasiado cargado como para hacer desfilar a tres comparsas que hubieran rallado el ridículo de una escena en que es permisible que salga de todo, incluso en algún montaje, caballos.
Pero si hubo una escena que me gustó especialmente fue el diseño de la tumba de Radamés y Aida en forma de triángulo y con escaleras, y mientras ellos entonaban su “Oh terra addio, addio valle di pianti”, Amneris llora la muerte de su amado encima la tumba, dando la sensación de que en la escena había dos niveles.

Respecto al vestuario, predominó el rojo, el blanco de los sacerdotes, y evidentemente el negro. Algún que otro desajuste, por ejemplo Amonasros, el padre de Aida no iba pintado de negro; Radamés más que un soldado egipcio parecía un samurai y fue a combatir con el pueblo etíope sin espada. Todo ellos detalles sin importancia que no merman en absoluto el mérito de la representación.

La OSV estuvo dirigida en esta ocasión por otro habitual, y querido, de la casa: el italiano ELIO ORCIUOLO que respiraba siempre con los cantantes y supo controlar muy bien el volumen de la densa orquestación verdiana, y especialmente inspirado en las escenas más intimistas.
El coro dirigido por su titular, y también director de orquesta, DANIEL MARTÍNEZ GIL DE TEJADA sonó, al igual que la orquesta, especialmente bien en escenas que requerían menos volumen, sin embargo, en los momentos más fuertes como el “Gloria a l´Egitto” y los dos concertantes finales del segundo acto junto al resto de solistas causaron gran sensación.

El papel protagonista de la obra, Aida, fue encomendado a la soprano canadiense, YANNICK-MURIEL NOAH, ganadora del Premio dels A.A.O.S en el Concurso Jaume Aragall, celebrado en Sabadell el año 2010.
Es una buena voz sin ser de una belleza extraordinaria y tiene hecho el personaje. Sabe reducir la voz y saca volumen cuando es necesario, lástima que en algún momento me daba la sensación que la voz le quedaba colocada en la garganta, sobretodo en el registro medio-grave.
Correcta a nivel escénico se llevó una gran ovación a la finalización de la obra.

Radamés fue interpretado por el tenor coreano JI MUYUNG HOON, también ganador de un premio en el Concurso Jaume Aragall en el año 2006. Me sorprendió su voz puesto que puede soportar, sin dificultad aparente,  una obra y un personaje tan difícil.
En algún momento, sobretodo al principio, me pareció que le faltaba un poco de aire pues cortaba bastante las frases, pero continuó el resto de la obra sin ningún tipo de problema vocal. Al menos, yo no aprecié ninguno.
Lo que sí que se echa en falta en obras como esta es un poco más de implicación en el personaje, a nivel expresivo con la voz (había algún momento que cantaba un poco como una máquina).
A diferencia del resto de sus compañeros, escénicamente el tenor no existió. Se plantó en el escenario a cantar, pero no a actuar. Quizás aquí sí que se hubiera necesitado un poco la “vara” del director de escena.

MARIA LUISA CORBACHO como Amneris, después del tenor, mí personaje preferido de “Aida”. Es una mujer enamorada que sufre por un amor no correspondido, y llora y suplica y se arrodilla a pesar que es la hija del faraón.
A mí gusto, empezó un poco desigual. Me faltaba ese carácter que se espera de un gran personaje como es Amneris.
La voz no es especialmente nada del otro mundo, hay graves pero justos, sin embargo el agudo es bastante suficiente. Pero le falta un poco de corporeidad a la voz especialmente en el registro central.
Su interpretación ganó a partir del segundo acto, y escénicamente suplió alguna carencia vocal, hasta erigirse en una de las triunfadoras de la tarde.

Junto a ella, destacar las intervenciones, aunque breves, del barítono ISMAEL PONS. Me convenció como Amonasro, y su voz respondió perfectamente a las exigencias del papel. Como ya pudimos comprobar en su reciente actuación en el Homenaje a la zarzuela, Pons está en un momento vocal, para mí, dulce. Su recia voz de barítono llenó de autoridad al teatro.

IVÁN GARCÍA, interpretó a Ramfis, pero para mí gustó quizás le faltó un poco de profundidad para un personaje como el sumo sacerdote egipcio.

Breve intervención del tenor barcelonés ALBERT DEPRIUS como mensajero y como siempre efectivo el bajo MARC PUJOL, en esta ocasión como Rey y padre de Amneris.

Caso a parte es el de la soprano EUGENIA MONTENEGRO en el papel de sacerdotisa. Desde la A.A.O.S le van dando oportunidades a esta soprano que se está convirtiendo en una auténtica, de momento, secundaria de auténtico lujo.

En resumen una muy recomendable función que viajará en breve a Lleida, Girona, Reus, St. Cugat, Vic, Manresa, Viladecans i Granollers dentro del ciclo de “Ópera a Catalunya”, y que si tenéis oportunidad, no lo dejéis escapar.

La próxima producción, y la última de esta temporada en Sabadell, llegará el mes de abril con “Romeo y Julieta.

jueves, 16 de febrero de 2012

"Thaïs" en Valencia: el argumento

Hace unos días comentaba la nueva ópera que Plácido Domingo incorpora en su repertorio, "Thaïs" de Massenet. Aquí dejo el argumento de la misma para ir calentando motores:




ACTO I
Egipto, siglo IV. El monje cenobita Athanaël regresa a su comunidad religiosa después de realizar un viaje a Alejandría. En conversación con Palémon, líder de la congregación, y con sus compañeros, explica lo escandalizado que viene tras encontrar la ciudad sumida en la lujuria y el pecado. Athanaël atribuye este desorden espiritual a la cortesana Thaïs, sacerdotisa consagrada al culto a Venus, a quien recuerda haber conocido de joven, antes de tomar los votos.
La comunidad se retira a descansar. Athanaël tiene un sueño en el que ve a Thaïs desnuda mostrando sus encantos delante de la gente. Cuando se despierta, siente la obligación de regresar a Alejandría para intentar redimir a la cortesana. Pese a las advertencias de Palémon para que no intervenga en la vida de los demás, el monje parte por el desierto rumbo a la ciudad del pecado.
En Alejandría, Athanaël visita a Nicias, un amigo de su juventud que está loco por Thaïs y ha malgastado su fortuna con ella. El monje le explica la misión que le trae de nuevo a la ciudad, pero su viejo conocido cree imposible lo que pretende y se ríe. Aun así le ayudará y le presentará a Thaïs, quien acudirá a su casa invitada a cenar esa misma noche. Cuando ella aparece, el monje la mira con desaprobación y firmeza. Thaïs se desconcierta al oír su sermón y lo ignora, aunque está dispuesta a aceptar el reto que éste le propone de acudir a su palacio para intentar convencerla de que abrace su fe.


ACTO II
Lujosa mansión de Thaïs. La cortesana se mira ante el espejo de su dormitorio y medita sobre cómo será la vida cuando su belleza se marchite. Llega Athanaël, quien le confiesa que el amor que siente por ella es espiritual. Trata de convencerla para que siga su doctrina, con la que alcanzará la eternidad y se liberará del pecado y de la muerte. Sus palabras apocalípticas al principio la horrorizan, pero poco a poco una paz interior se va apoderando de ella y comienza a sentirse feliz. Desde fuera se escucha la voz de Nicias que la llama a seguir divirtiéndose. Ella lo rechaza, si bien aún duda: se debate entre el lujo y Dios. Entonces, Athanaël le dice que la esperará fuera al amanecer. Por la noche, Thaïs medita en la intimidad sobre la espiritualidad del alma.
La cortesana sale en busca del monje para expresarle su intención de seguirle por la senda de la santidad. Él la conducirá hasta un convento, pero antes deberá prender fuego a su mansión y deshacerse de todas las pertenencias, a lo que ella accede, renunciando incluso a una estatuilla por la que sentía especial cariño. En la plaza se oye un alboroto provocado por Nicias y sus amigos que han ganado mucho dinero en el juego. Cuando Athanaël les anuncia que Thaïs se ha consagrado a Dios y partirá con él, se burlan de ellos. La multitud congregada en el lugar no desea que Thaïs se marche y se dispone a apedrearla junto al monje. Entonces, Nicias, con intención de salvarlos, lanza unas monedas de oro para distraer a la gente. Thaïs y Athanaël huyen.

ACTO III
Zona desértica. Thaïs y Athanaël se dirigen al monasterio de las Hijas Blancas que dirige la madre Albine. Se detienen en un oasis a descansar. Ella está agotada y apenas tiene fuerzas para caminar. El monje le explica que este sufrimiento es la penitencia que debe realizar para purgar sus pecados. Pero cuando ve que a Thaïs le sangran los pies, siente lástima por ella y va en busca de agua. Le besa los pies y la consuela. Ella le da las gracias por su amabilidad y por haberla conducido a la salvación. Ya en el monasterio, las monjas dan la bienvenida a Thaïs. Ella se despide del monje y le besa las manos con amor y admiración. Athanaël, consciente de que ya no volverá a verla, se derrumba emocionalmente.
Athanaël se encuentra de nuevo junto a sus hermanos cenobitas. Han pasado veinte días y no consigue borrar a Thaïs de sus pensamientos. Se ha dado cuenta de que ahora la ama como ser humano y además la desea. Entonces, tiene un sueño en el que ve a Thaïs en el patio del monasterio en estado moribundo. Angustiado, se despierta y maldice al Cielo. Decide que irá a verla por última vez, con intención de poseerla.
Albine acoge con alegría y esperanza la visita de Athanaël. Éste ve con preocupación e impotencia el cuerpo debilitado de Thaïs que yace bajo la sombra de un árbol, rodeada del cariño de las demás religiosas. La penitencia ha acabado mermando su salud. Athanaël se arrodilla ante Thaïs y le declara que lo que siente por ella es amor físico, deseo. Ella, a las puertas del Cielo y en pleno éxtasis místico, no comprende las palabras del monje y muere embriagada de serenidad y felicidad.

En este enlace que dejo se puede ver un torzo de la producción de Götteborg, que es la que se llevará también a Valencia:



viernes, 10 de febrero de 2012

Athanäel: el nuevo personaje de Plácido Domingo

Si hace a penas dos meses, nos sorprendía con una nueva incursión en el repertorio barroco interpretando al dios Neptuno en la ópera "La isla encantada", ahora le toca el turno a este singular personaje de la ópera massenetiana citada anteriormente, y con Athanäel van ya casi la friolera de 140 personajes.

El próximo 25 de marzo, Plácido Domingo debuta el papel de Athanäel de la ópera "Thaïs" de Massenet en el Palau de les Arts Reina Sofia de Valencia. Con un cartel, casi con todas las entradas agotadas, el incombustible Plácido, para la delicia de sus seguidores se pondrá en el papel de este monje que intenta redimir a la cortesana Thaïs de una vida llena de lujúria conduciéndola a un convento enmedio del desierto para asegurar su salvación.




"Thaïs" es una ópera bastante desigual con momentos orquestales brillantes, como el solo de violín conocido como "La meditación de Thaïs", o escenas corales realmente preciosas, pero sin duda el atractivo principal de estas funciones estará en la presencia de Plácido Domingo en el escenario valenciano.
Domingo está muy unido a Valencia, ya que el "Centre de Perfeccionament Plácido Domingo" radica precisamente en esta ciudad, y además, es en uno de los teatros españoles en los cuales esta temporada podrán gozar de su presencia de forma dilatada, ya que además de cantar en "Thaïs" dirigirá "Tosca" los días 19 y 22 de abril y de nuevo, batuta en mano con "Le Cid" los días 24, 27 y 30 de abril.

En "Thaïs" estará acompañado por la soprano Malyb Byström en el papel principal de la obra y por el tenor Paolo Nafale como Nicías (role que en principio estaba anunciado Celso Albelo), todos bajo la batuta de Patrik Fournillier con dirección escénica de Nicola Raab en una producción importada de la Ópera de Götteborg.

Aquí dejo algunas fotos de la producción realizada precisamente en Götteborg: