jueves, 30 de junio de 2011

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Después de triunfar en el Chatelet de París con las funciones de “Il postino”, Plácido Domingo ofrece hoy la última representación de la ópera de Daniel Catán en la capital francesa.



Después, su próxima cita ya es con el respetable de Barcelona que le aguarda ansioso. Le quedan exactamente siete días para presentarse ante el público del Liceu. Yo todavía tendré que esperar un poquitín más, 10 días en concreto para poder volver a disfrutar nuevamente de su voz en directo.

Se van a hacer eternos estos días aguardando ese “Tamerlano”, la ópera de Händel con la que Domingo nos volverá a regalar, en Barcelona, su voz.

lunes, 13 de junio de 2011

“La Walkyria” en el MET por Jonas Kaufmann


Mucha era la expectación que me suscitaba el debut de Jonas Kaufmann con la ópera de Wagner, “Die Walküre”, ni más ni menos que en Metropolitan.
Le había escuchado a modo de adelanto su “Winterstürme” en el disco dedicado a arias alemanas y se la había ya escuchado, ya completa, en audio.


Pero para mí, que estoy acostumbrada a “ver” la ópera, necesitaba verle en escena. Tenía ganas de ver el enfoque que le daba a Siegmund el tenor germano y más, después de ver el par de videos que se colgaron en la propia web del teatro norteamericano.

Es pues comprensible que las miradas y las atenciones estuvieran, precisamente, puestas en él.
Me hubiera gustado poder gozar de la representación en el cine: pantalla gigante y volumen a “tuti plen”, pero cuando no es posible una tiene que resignarse y aprender a esperar. Y esta espera se vio recompensada.
Después de dos decargas fallidas, a la tercera fue la definitiva.

Empezaré a hablar de la puesta en escena, que me pareció ya en el primer acto, realmente interesante.

En la primera escena, mientras el maestro Levine ejecuta el preludio, 24 plataformas hidráulicas, convierten el enorme escenario del MET en el bosque por el cual Siegmund corre perseguido por sus enemigos, quienes llevan, enmedio de la oscuridad, unos farolillos.
Siegmund los despista mezclándose en la foresta y llega a casa de Hunding, donde de las 24 platadormas, dos sugieren el fresno en el cual aguarda, clavada hasta la empuñadura, la espada que Wälse prometió a su hijo en un momento de extrema necesidad.
El resto de plataformas, forman la morada de Hunding.En el exterior de la casa, nieva, mientras, en el interior, Siegmund cae muerto de cansancio.
Una escenografía sencilla, que resuelve cada uno de los actos de manera sencilla eficaz: tanto sirven para recrear un bosque, que el Walhalla, o que las montañas rocosas envueltas del fuego mágico con el que Wotan circunda a su hija Brunilda por haberle desobedecido.

Respecto al vestuario, me gustó especialmente el de las walkyrias, coronas con alas, escudos y lanzas, para mí, se mezcló junto a la escenografía, un poco lo clásico, con lo moderno.
Y éste cóctel funcionó a la perfección.
Otros detalles que me gustaron y fueron sugerentes: las sombras que se proyectan en el fondo del escenario cuando Siegmund relata su infancia y la pérdida de su padre a Hunding y Sieglinde.

Pero también es justo hablar de lo artístico: los personajes estaban compenetrados entre sí. Sin ser explosiva, la química entre Siegmnund y Sieglinde funcionaba y la cámara trató de mostrar ese amor naciente entre los gemelos welsungos mediante las miradas que se cruzan ambos o simplemente con un roce de manos.
Química, pero, meramente germana acusando más frialdad que calidez llegando, en cierto momento, a pecar de estáticos.


Espectacular para mí la escena de la Cabalgata, resuelta con clara eficacia, claro que a ello también contribuyó de lleno la dirección orquestal del maestro JAMES LEVINE.
Físicamente muy deteriorado ejecutó una Walkyria de manual. Ya en el primer acto me pareció estar escuchando una ópera desconocida, puesto que, el preludio que nos propone, me dejó detalles musicales que en ningún otro director había sabido encontrar hasta ahora.
Un nuevo preludio con una multitud de matices que sugieren aún más los pasos del welsungo huidizo, su respiración en busca de aliento, las pulsaciones de las venas que brotan en la cara y cuello de Siegmund...

Y así en toda la obra. Bravo, bravo Levine.

A EVA MARIA WESTBROEK ya la había escuchado hará ahora 2 años, en directo, en el Palau de les Arts de Valencia, junto al Siegmund de Domingo.
Entonces no acabó de agradarme y sin duda el motivo es porque la Sieglinde la tengo asociada a la voz, para mí, más aterciopelada de la Meier y a quién se la he escuchado muchas veces.
Sin embargo, Westbroek encontró su mejor momento en el segundo acto ya que en el primero me faltó quizás, un poco más de dulzura.

El Hunding de HANS-PETER KÖNIG no me resultó tan antipático como otros Hundings que he escuchado. Parecía un gigante sacado de un cuento de hadas: era enorme y daba perfectamente la imagen.

Me encantó el Wotan de BRYN TERFEL que dotó al Dios de los Dioses una voz bien timbrada, llena de matices y de intenciones.
Y además, al igual que comento en el caso de Hunding, daba el personaje. Terfel es altísimo, solemmne, pero también un “déu de pa sucat amb oli” como diríamos en catalán (un calzonazos, vaya), pero la escena de la muerte de Siegmund estuvo realmente arrebatador.
La expresividad de su voz se puso al servicio de su personaje. Un Wotan más “padre” que “Dios”.

DEBORAH VOIGT me encantó en su largo papel de Brunilda, salvando inteligentemente, todas las dificultades de la partitura.

La Fricka de STEPHANIE BLYTHE cumplió su cometido así como el resto de Walkyrias que desplegaron sus mejores recursos vocales en la famosa escena de la Cabalgata.

Y finalmente JONAS KAUFMANN.

Él era el punto de mira en esta representación, como he comentado. Había debutado un par de semanas antes el Siegmund en el coliseo norteamericano y el revuelo creado entorno a él era grande. Sin duda el protagonista de la velada indiscutiblemente era él.

Estoy segura que si Wagner levantara la cabeza hubiera querido para su Siegmund una voz como la del muniqués. Recia, fuerte, oscura, sin ningún ápice de dulzura, una voz de héroe y no de humano.
La humanidad y la dulzura es lo que eché en falta su ejecución del primer acto, que es donde se rebela el amor incestuoso de los hermanos welsungos, pero claro, los hermanos son germanos y no mediterráneos, y la pasión entre ambos no traspira por sus poros.

Me es muy dfícil poder hacer una valoración con imparcialidad de su aportación, ya que, me era inevitable compararlo, una y otra vez, con el Siegmund de Plácido Domingo.
El madrileño fue el primero a quién le escuché este personaje: su pasión, sus movimientos, su timbre vocal, su dulzura es algo que no encontré en este primer acto.
No digo que esté mal cantado, no, por favor, dado que Kaufmann está llamado a ser el mejor Siegmund que podemos y podremos encontrar en años venideros. No, Kaufamnn elabora “su” propio Siegmund: germano y menos sutil que el apasionado y ardiente del de Domingo.

Kaufmann afronta el Siegmund desde un lado más intimista, sobretodo en el primer acto, pero sin embargo, es en las dos escenas del segundo acto (primero con Sieglinde y luego con Brunilda) donde saca –para mí, lo mejor de sí, donde rebela su temperamento, donde vemos al Siegmund más humano.
Es en este momento donde Kaufmann puede pasear la sala neoyorquina todas las sutilezas y matices que caracterizan la voz de este tenor: cambios de color, apianamientos y expresividad se ponen todas ellas al servicio de la música.

Nos presenta un Siegmund joven, esbelto, dotado de una voz de tenor heróico adecuada para el personaje. Su voz no sufre y aguanta sin dificultad el maratoniano primer acto. Sus “Wälse, Wälse” y los dos “Nothung” finales estan bien mantenidos y ejecutados. Al igual que en su “so blühe denn, Welsungen-Blut”, en la que su voz no tiembla ante el agudo final con el que concluye el primer acto.

Es “su” Walkyria, sin duda, y el público supo apreciarlo y recompensarlo con una “standing ovation” nada más asomar su figura en el escenario en los aplausos finales.
Es un gran Siegmund, ya, y estoy segura que cuando haya rodado más el personaje, su ejecución será doblemente impresionante.

viernes, 10 de junio de 2011

"Maitechu mia"


Parece que fue ayer.
Era pequeñita cuando ese grabó este fragmento: "Maitechu mia" con "Mocedades" y el tenor Plácido Domingo.
Recuerdo habero visto por televisión y soy consciente de este recuerdo a pesar de la corta edad que tenía y hoy, en este blog he encontrado de nuevo esta joya.

Simplemente no tengo palabras porque ha sido empezarlo y ponerse la carne de gallina: un joven y guapo Plácido Domingo secundado por un grupo vocal estraordinario.

Poca cosa puedo añadir más a esta maravilla. Simplemente puedo disfrutarlo una y otra vez. Aquí lo dejo:

jueves, 9 de junio de 2011

Un mes y... "Tamerlano" en Barcelona

Por fin. Ya era hora.

Falta exactamente un mes para mi función de "Tamerlano", con Plácido Domingo, en el Liceu. Hoy empieza la cuenta atrás de un mes que se me va a hacer larguísimo.
Llevo un año esperándolo... (suena anuncio de turrón, pero es así).



Además, aprovechando que Domingo estará por nuestros lares, el Gran Teatre del Liceu aprovechará para entregarle la Medalla de Oro de esta entidad, el día 2 de julio y le homenajeará con una cena.

Así es que, con un mes de antelación, le damos la bienvenida a Barcelona.

martes, 7 de junio de 2011

¡Feliz cumpleaños, Roberto!




El tenor Roberto Alagna cumple hoy 48 años.  Y parece que fue ayer cuando empecé a escucharle... y de ello hará ya unos trece o catorce años.
Pues lo dicho: "Muchas felicidades" y que podamos gozar por muchos años más de su voz.

Os dejo con dos canciones de su espectáculo "C´est magnifique!", un homenaje a Luis Mariano: