martes, 31 de mayo de 2011

Tres años ya... increíble.




No puedo dejar pasar este día que es tan especial para mí: hoy se cumplen tres años desde que escuché a Plácido Domingo por primera vez en el Liceu: la función, una inmejorble Walkyria que aún conservo y conservaré para siempre jamás grabada en mí memoria ya que fue una de las mejores noches vividas en un teatro de ópera.

Vaya pues mí recuerdo para él.

jueves, 19 de mayo de 2011

19 de mayo de...1961: 50 años. Suma y sigue.



Fecha en la cual un jovencísimo tenor que respondía al nombre de Plácido Domingo, debutó como primer tenor en Monterrey en el papel de Alfredo Germon de "La Traviata" de Verdi.

Y desde entonces han llovido la friolera de 50 años y Domingo sigue.
Y parece que hay para tiempo, ya que según leí tiene compromisos hasta 2015, año en que tendrá 74 primaveras, solamente.

Coincidencias de la vida, "La Traviata" fue la primera ópera que escuché con dos años, y el primer tenor a quien se la escuché fue a Plácido. Más tarde sería también la primera ópera que grabaría en vídeo.



Podría decir, a estas altura, muchas cosas sobre Plácido Domingo, nada que no haya quedado ya escrito. Pero hoy es un día especial: son las bodas de oro de Plácido con la ópera.

50 años de éxitos. 50 años disfrutando de su voz. 50 años en que ha dado lo mejor de sí en un escenario. 50 años entregado al público. 50 años admirado. 50 años en los cuales no han faltado sus detractores.

Sí, nos ha regalado 50 años de su vida y nos ha enseñado a amar la ópera. Son 50 años que llevamos queriéndole y admirándole.

Grácias por ello, Maestro. Dios le conserve la salud, la voz y esa pasión que pone en todas las cosas que hace.

Grácias y muchas felicidades. Pocos artistas llegan donde Vd. ya hace años que ha llegado.

lunes, 16 de mayo de 2011

Numero quindici, a mano manca, quatro gradini, faciatta bianca...


Uno de los momentos que más me gustan del “Barbero”…quizás el que más de dos horas y pico de música… en fin…

Pensaba… Creía que… con tesón y voluntad (sobretodo, mucha voluntad) “El barbero de Sevilla” ocuparía, no un lugar privilegiado en mí corazón, puesto que el cariño no se puede forzar, pero si un lugar entre aquellas óperas que sin ser mis preferidas, puedes hacerlas llevaderas, sin arrancar grandes entusiasmos.

Pero no, no fue así. He intentado en este último año escucharla con cariño e incluso ha habido trozos que no me han desagradado… pero aún así… vuelvo a mís orígenes: Rossini no me gusta y me aburre.

Y no podré echar la culpa esta vez a los intérpretes, porque todos, absolutamente todos fueron de calidad y estuvieron magníficos… o a la puesta en escena, clásica pero sencilla y funcional. No.
Como digo los gustos no se pueden forzar: o entras o no entras, esto está claro, y yo con Rossini, no me llevo bien.

Precisamente, esta ópera era la escogida por los A.A.O.S para concluir la presente temporada en nuestro teatro de La Faràndula de Sabadell. Había abundancia de público pero no se logró colgar el letrero de “No hay entradas”. Es comprensible (para mí almenos, y secundo esa situación).

Si hay algo que no puedo soportar cuando voy a un teatro de ópera, es la impertinencia de la gente: uno se lo puede pasar bien, puede disfrutar con la obra, y más con el “Barbero” que da lugar a ello, pero, hay algo que se llama respeto a los demás, y es muy molesto que detrás de ti tengas a un individuo que se pasa la ópera riéndose, desconcentrando a la gente. A mí me desconcentró mucho, y entre que la obra no me gustaba y este señor, pasé una tarde para nada agradable.
Nada agradable, entre otras cosas, que me reservo de escribir por respeto.

La escena de PAU MONTERDE funciona a la perfección, con un dominio de los blancos y un claro juego de luces de NANI VALLS, como siempre impecables.
La escenografía gira sobre sí misma y da el espacio perfecto de una plaza a los pies del balcón de Rosina, y el interior de la casa del Doctor Bartolo, con muchas escaleras que los intérpretes no paran de subir y bajar.

El vestuario, firmado por els A.A.O.S, sencillo y efectivo, acabó de encajar en una función marcada por el buen gusto y el sabio equilibrio.

DANIEL MARTÍNEZ fue el encargado de dirigir la obra, quien ejecutó un buen preludio y estuvo muy atento a los cantantes durante toda la representación, manteniendo bien el volumen.

Quizás las expectativas de la tarde estaban puestas en el cantante que interpretaba el ròle principal de la ópera, Fígaro, encarnado por el barítono catalán CARLES DAZA.
Se nota la evolución del intéprete, vocal y escénicamente. Crecido de volumen respecto de las otras interpretaciones que le he escuchado y con un dominio de la escena considerable.
Quizás dejando de lado su “Largo al Factotum”, para mí, mejorable, estuvo magnífico en el resto de la obra. Su canto entendedor (sobretodo en los pasajes rápidos) y sus limpias coloraturas le hicieron merecedor de una de las mayores ovaciones de la tarde.
Puede que esta sea su consolidación en Sabadell. Lástima que no disfruté de la ópera.

El conde de Almaviva fue cantado por el tenor barcelonés ALBERT CASALS quien posee una muy buena línea de canto, pero me dio la sensación de que el papel le pesaba un poco, sobretodo al principio. Fue ganando en seguridad a lo largo de la tarde.

NATALIA GAVRILAN a quien ya había escuchado hace algunos años en la Adalgisa de la “Norma”, ofreció una Rosina, para mí, un poco pasada de volumen. Su voz quizás no es suficientemente ligera y ágil para este comprometido ròle, pero supo abordarlo llevándolo a su terreno, sin complicaciones y con sencillez.

Caso a parte, es el Doctor Bartolo del veterano ENRIC SERRA, que según la prensa local, ha interpretado el personaje más de 180 veces. Y se nota. Su saber estar, su aplomo en el escenario es de sobresaliente. Lástima que la voz no responde como años ha, el paso del tiempo es inexorable para con los artistas, pero su maestría y veteranía fueron elementos que le llevaron a cosechar, también, una gran ovación por parte del público sabadellense.

MARC PUJOLofreció un fresco Don Basilio. Su aria más popular “La Calumnia”, sin ser una interpretación de ensueño fue una de las que más me gustaron de la tarde. Es una voz a seguir.

Sorpresa con la Berta de EUGENIA MONTENEGRO, su voz destacaba sobre todo en las interpretaciones conjuntas, con un timbre bello y volumen considerable. Junto a Daza, una de las más aplaudidas, y junto a Daza, también valga la redundancia, recibió por parte del público un ramo de flores.

Breve papel el de Fiorello interpretado por EDUARD MORENO, quien me gustó bastante a pesar de que tan solo tiene unas frases. Una lástima.

En resumen, una buena tarde musical con un nivel altísimo vocalmente. Para la temporada que viene están anunciadas “ElisirD´Amore”, la segunda parte del concierto de “Homenaje a la zarzuela”, “Aida” y “Romeo y Julieta”.
Promete ser una gran año.

Por cierto, lo olvidaba, me encontré en el hall del teatro con una señora de Barcelona que me comentó que había visto “Die Walküre” del MET.
Ilusa de mí, le comenté, “sí ayer la pasaban en el cine... ¿cómo fue?”... y me contesta, “no, no, que la vi en Nueva York con Kaufmann”... ¡¡Ufffffff... con Kaufmann!!! Y en el MET... un teatro al cual tengo pendiente de ir un día... espero que no sea muy lejano.

“Expliqui, expliqui...” empecé... creo que fue el mejor momento de la tarde.

miércoles, 11 de mayo de 2011

"The phantom of the opera is there... inside my mind"

No podía dejar pasar la oportunidad de estar en Londres y no asistir a uno de los musicales más famosos y más representados de la historia: “El fantasma de la ópera”.

Desde que se estrenó la obra de Webber, hace más de 25 años, ha estado siempre en cartel y con un lleno absoluto.
La historia del músico, hombre desfigurado por nacimiento que oculta su deformidad tras un máscara es una narración que conmueve porque ama, porque siente las mismas pasiones que otro hombre, sentimientos que jamás le serán correspondidos.
Sólo hallará compasión en Cristine, la mujer a quien ha enseñado canto y de la cual está enamorado. Obsesionado. Ella es la única que amansa a este engendro de la naturaleza.

La función se ofrecía en el Her Majesty’sTheatre, en la calle Haymarket, a dos pasos de Picadilly Circus. Había sesión de tarde y de noche.
Asistimos a la de la tarde pensando que habría menos gente, pero lo cierto es que el teatro estaba lleno.

Y en el momento en que te dispones a disfrutar de este musical, igual que me ocurriera el domingo por la tarde en el Covent Garden, es imposible no pensar en la película que se estrenó en 2005 y que, me apasionó tanto que la repetí tres veces en el cine y una infinidad de veces más en casa.

A pesar de ello, la obra en el teatro está lograda en todos los aspectos, juegan con los efectos visuales inclinando las rampas cuando el Fantasma lleva a Cristine a su mundo de oscuridad. Hay barca, luces que salen de debajo del escenario.
La magia deambula ya desde la sombría primera escena de la subasta. La lámpara, objeto de la subasta, valga la redundancia, se enciende y asciende casi hasta el centro del teatro donde permanece. No cae la lámpara a diferencia de la versión cinematográfica de 2005 y de tantas otras muchas propuestas anteriores a la misma.

Están en el escenario todos los elementos, y las voces en directo hacen aún más especial la melódica obra de Lloyd Webber.

Todos los cantantes secundarios dan especialmente la talla. Pero sin duda los protagonistas de la obra, exceptuando a Raúl que tiene su mayor lucimiento en el “That´s all I ask for you” en la terraza de la ópera, son el Fantasma y Cristine.

La voz de JONH OWEN-JONES es más atenorada que oscura pero retrata un personaje atormentado  y deseperado aunque en los momentos en que pretende seducir a Cristine, en su “The music of the night” le falta un poco más de centralidad y expresividad. Quizás una voz un tanto más grave hubiera encajado mejor. Lo mismo ocurre con su “The point of no return” del final de la obra, que aún siendo cantado de forma extraordinaria, me fue inevitable pensar en la magnífica actuación del actor Gerard Butler que dio vida al fantasma en el cine.
Excepto estos dos puntos, estuvo magnífico en el resto de la obra.

Aquí dejo estos dos fragmentos en la interpretación de Butler:
 


La Cristine de la portuguesa CRISTINA ESCOBAR dotó al personaje de la dulzura que requiere este role haciendo muy buena pareja musical tanto con el fantasma como con Raúl.

El Raúl de OLIVER EYRE fue correcto sin destacar de forma sobresaliente.

Una experiencia sin duda inolvidable que abría un gran fin de semana musical.


martes, 10 de mayo de 2011

El "Werther" de Don Rolando en el Covent Garden


Londres, Covent Garden, Werther, Rolando Villazón, Sophie Koch, Antonio Pappano, Benoît Jaquot... una combinación perfecta de ingredientes que aseguraban, de entrada un éxito y una muy buena tarde operística.
Como no podía ser de otra manera, en la fecha en que se celebraba el día internacional de la ópera, yo estaba ni más ni menos que en Londres, dispuesta a disfrutar de mí primera tarde en el Covent Garden.

Quería que todo saliera perfecto. Era mucha la ilusión que ponía en esa función que tanto significa para mí y de una producción que conozco a la perfección dada su difusión por la televisión y más recientemente en DVD en unas representaciones que tuvieron lugar el año pasado en la Bastilla de París.

En Londres, la batuta del maestro Plasson, quien dirigió en París, era sustituida por la de Antonio Pappano, mientras que el tenor muniqués Jonas Kaufmann era reemplazado por su colega mexicano, Rolando Villazón. Repetía la Charlotte de Sophie Koch y el Bailly de Alain Vernhes.

En una situación como ésta, y después de haber visto hasta la saciedad la producción de la Bastilla, me era muy difícil llegar al Covent Garden y olvidarme completamente de la actuación de Kaufmann. Además, Rolando Villazón “calca” los movimientos del alemán y, en mí caso, eso era un aliciente más que me hacían pensar en Kaufmann y entrar en el juego de las comparaciones.

Sí, las comparaciones son odiosas, pero es inevitable hacerlas. Pero esa situación dura solo unos minutos, quizás los iniciales, porque luego te dejas llevar por el fuego y la pasión que Rolando le pone al personaje, del cual hablaré más tarde.

A las tres en punto, haciendo gala de la puntualidad británica, el maestro PAPPANO se ponía enfrente de la orquesta de la R.O.H y empezaban a sonar los primeros compases de la obra.
Era la primera vez que escuchaba “Werther” en directo. Una obra que en estos momentos es muy importante para mí, ya que me ha hecho descubrir una música que siempre había estado a mí lado pero que, por motivos que desconozco, he tardado en disfrutar plenamente y de captar todos los matices y maravillas que encierra esta ópera.

Massenet apunta ya en ella unos tímidos “leimotiven”, hilos conductores de la obra que más tarde desarrollaría Wagner, con una gran dimensión, en sus obras.
Pappano capta a la perfección la obra massenetiana. Deja brillar a la orquesta, y acompaña sigilosamente a los cantantes. Y aprieta con volumen donde puede apretar convirtiéndose en un perfecto aliado de los cantantes.


Gran Charlotte la de SOPHIE KOCH, la cual ya tenía presente de la grabación de París con Kaufmann. Si bien allí ya deja entrever toda su fuerza y dulzura en este personaje, escucharla en directo es realmente impresionante. La Sra. Koch tiene un volumen muy considerable aunque por televisión, no me daba esa sensación al lado del vozarrón de Kaufmann, aún así, nunca se vio ahogada por la voz del alemán.
Sin lugar a dudas, Sophie Koch es una de las grandes intérpretes, actualmente en este papel, personaje que ya le ha hecho cosechar más de un éxito a nivel internacional, como el obtenido recientemente en Madrid.
Su Charlotte es impenetrable. Deja sufrir a Werther y su rostro ni se inmuta. Su canto al lado de Werther es gélido, a pesar que arde de amor por él, y su voz sabe encontrar ese equilibrio que la hace impenetrable a los ojos de Werther. Ninguna nota traiciona su sentido del deber, nunca se deja llevar por la pasión que siente por  Werther, hasta el último acto, cuando le declara su amor.
Grande su escena de la lectura de las cartas. Estremecedora en su  personaje, dando una expresividad sumamente superior a la ofrecida en París, aunque debo decir que la televisión a veces engaña y hace inapreciables esos pequeños detalles que se captan tan bien en el teatro y no en el sofá de casa.

Brava Sophie Koch, una gran dama dentro y fuera del escenario.


Pero lo más interesante de esta función era ver a ROLANDO VILLAZÓN en su regreso al coliseo londinense, con un papel que psicológicamente está a años luz del temperamento del cual hace gala el mexicano en todo momento.
Werther es un personaje sufrido y torturado que solo lloriquea ante Charlotte. Introvertido y profundamente infeliz por propia voluntad. Ama con desenfreno, y es correspondido, pero la consumación de ese amor es imposible. Es consciente de ello, pero aún así no claudica.
Las leyes del romanticismo y del equilibrio, el deber y el sacrificio se imponen una y otra vez,  y el destino, inexorable, separa a los dos enamorados.

El Werther de Rolando es pasional, la sangre hierve en sus venas. Sus movimientos iniciales son puramente (y esforzadamente) románticos, comedidos, pensados con razón y no con el corazón.
A medida que avanza la obra, sobretodo en el segundo acto, su canto se torna ardiente y apasionado, tiene que luchar contra el personaje intimista, que le pesa, para abrir su canto al amante deseoso y debocado que contiene una pasión enfermiza por aquella mujer.
La voluptuosidad de su canto mata al héroe romántico y aparece un Werther rayando el verismo: su canto respira totalmente pasión por los cuatro costados.
Su Werther rodea a Charlotte con sus brazos, se abalanza sobre ella en un impulso incontrolable, y le roba un beso ya en el segundo acto. Y en el tercero se lanza literalmente sobre Charlotte en la más pura decalración de una pasión que tiene que controlar. Y sufre... sufre desesperadamente y eso lo plasma en un canto que le induce casi al llanto, al desespero.


Resbaló Rolando en el tercer acto y rodó por el suelo en una escena que quedó al natural. “Rien” – dice Werther (y Rolando, también,  que no se hizo daño grácias a Dios). Charlotte se ha escondido y Werther clama a la naturaleza que ya puede abrirse su tumba. Está dispuesto a morir de amor, resignado, apareciendo de nuevo el personaje romántico que, de un tiro, se suicida por amor.
Su suicidio es plano, no da la sensación de angústia ni de éxtasis en ese momento supremo y que otros cantantes logran en esta escena, a mí parecer.

 
Respecto a la voz, decir que, ya lo noté en el concierto de Barcelona hace un mes, más o menos, la voz de Rolando ha perdido brillo pero no ha perdido las notas que continúan estando allí.
Pasado un perqueñísimo desjuste en su entrada, bordó el personaje dando como siempre más del 100% en el escenario inundando a todos sus colegas con su enería y alegría.
El Rolando de ahora canta más mesurado, no tan desbocado como años ha, más concentrado y su visión más “verista” del personaje la cual no me desagrada en absoluto la borda, pues no me imaginaría a alguien como Rolando Villazón haciendo un Werther puramente romántico, mesurado.

Sin duda, no. Rolando necesita expresar toda su pasión con el canto, con el gesto, con su cuerpo y plasma lo que podríamos llamar un “anti-Werther”, opuesto al original que marca el personaje dotándolo de personalidad propia, de una personalidad latina alejándose de la frialdad romántica y alemana del role.

Sin duda un gran “Werther” el de Rolando. Su voz bella y bien timbrada (símbolo de identidad del mexicano) inundó la sala del Covent Garden.
Mí primer Covent Garden.

ERI NAKAMURA  y AUDUN IVERSEN cumplieron correctamente en sus respectivos papeles de Sophie y Albert, sin destacar.

Colapsada la salida de artistas, llena de gente aguardando la salida del tenor. Tres cuartos de hora tardó Rolando en salir y para todos tuvo un gesto amable, una sonrisa, un momento.
La generosidad de la persona es aún superior a la grandeza del artista.

Grácias Rolando.

Mi primera ópera en el Covent Garden

Había llorado en la ópera. Me había emocionado con la música de Puccini, de Verdi, de Wagner y de tantos otros muchos compositores. Mís ojos se habían llenado de lágrimas al ver el cariño que el público es capaz de transmitirle a un intérprete, pero nunca en la vida había llorado en un teatro –que anhelaba pisar- nada más entrar y ver su inmensidad.

Y pensar que en Covent Garden se han representado óperas, muchas de las cuales figuran entre mís versiones preferidas: “Otello”, “Manon Lescaut”, “Les Contes de Hoffmann”…


La Royal Opera House (R.O.H) está considerada como uno de los cuatro teatros más importantes del mundo, junto al MET, la Scala y la Staatsoper de Viena. Un teatro que he visto infinidades de veces en la televisión y del que siempre decía: “Un día estaré allí, un día pisaré este teatro”.
Se cumplió este fin de semana otro de mis sueños musicales. Por fin he conocido el Covent Garden.

Ubicado en una zona inmejorable, peatonal casi casi al 100%, flanqueado por el mercado lleno de gentes, de colores, de restaurantes, de todo… Allí se palpa un ambiente especial, y sin embargo, el Covent Garden parece que se oculte del gentío y algarabía de la que hace gala la plaza que lleva el mismo nombre.

Contrasta, no obstante, la zona moderna con la adoquinada plaza. Una puerta giratoria por la cual se accede a las taquillas del teatro ubicada en plena plaza adoquinada del Londres antiguo, del Londres de “My Fair Lady”.
Sin embargo entras en el recinto y encuentras la alta tecnología: la tienda de la R.O.H provista de una pantalla plana en la que proyectan ópera o ballet, músicas, ambas, que se escuchan desde la calle grácias a dos altavoces que están situados justo encima de la puerta giratoria.



Dentro del teatro, los constrastes se hacen igual de patentes: la sobriedad y tradiciones inglesas combinadas con la modernidad del s. XXI.
Los pasillos están  forrados de madera y enmoquetados, las paredes llenas de fotografías de los intérpretes que a lo largo de los años han ido desfilando por el coliseo londinense dejando escuchar allí sus voces: Joan Sutherland, Kiri Te Kanawa, Angela Gheorghiu Plácido Domingo, José Carreras, Luciano Pavarotti… y tantos más… todo hecho a la antigua usanza.
E incluso dentro de la sala: palcos a la antigua de madera oscura, y salidas con escaleras laterales en platea, con ausencia de palco real en un país eminentemente monárquico.
La sensación de sopresa y admiración es grande una vez entras en la sala. No es quizás uno de los coliseos más bellos, si se compara con el Liceu o con la Scala e incluso con la Fenice de Venecia, pero el Covent Garden tiene algo especial.
Tampoco creo que sea más grande que otros teatros, pero tiene una aura especial, algo que le da un encanto único y hace que sea uno de los teatros que todos los aficionados a la ópera deseamos pisar algún día.



Sin lugar a dudas, el Covent Garden es un lugar de peregrinación para todos aquellos que amamos la ópera. Ya lo he pisado, lo he vivido y lo he sentido. La ópera escogida fue “Werther” de Massenet interpretada por Rolando Villazón y Sophie Koch, de la cual hablo en el siguiente post.