viernes, 30 de abril de 2010

Un Simon de cine, y nunca mejor dicho

Bendecidos por la nueva tecnología, la ciudad de Sabadell acogía por primera vez en el cine Imperial una retransmisión de ópera vía satélite, en alta definición y en riguroso directo desde uno de los templos operísticos por excelencia, el Teatro alla Scala de Milán.

No ha sido, no obstante, muy difundida esta emisión, pero aún así, tenemos que estar contentos por esta maravillosa iniciativa, que se repetirá en tres ocasiones más, el diez de junio con una “Tosca” desde el Teatro Carlo Felice de Génova, a la que seguirá una zarzuela y un ballet en fechas aún por determinar.

Por lo tanto, la idea es buena y esperamos que tenga una continuidad.

Se anunció, aunque erróneamente, que era el esperado debut mundial de Plácido Domingo en su primer role como barítono verdiano. Evidentemente el que confeccionó el programa no debía saber que el Maestro Domingo ya había debutado este papel baritonal en Berlín el pasado mes de noviembre, personaje que también ha repetido recientemente en el Metropolitan de Nueva York, y siempre con unas críticas excelentes.

Pero esto es lo de menos, sea como sea, lo importante es que la ópera “nos ha llegado” a casa, y cualquier ocasión es buena para disfrutar del arte y la musicalidad del Maestro.

La dirección de escena corría a cargo de FEDERICO TIEZZI y no me acabó de gustar, quizás porque tengo muy en mente la producción metropolitana firmada por el regista Giancarlo del Monaco. Un poco estática y llena de simbologías (cipreses, el espejo final...) que una no sabe bien del todo a que está aludiendo, pero sin embargo no llega a molestar.

El vestuario lo firmaba GIOVANNA BUZZI y es un poco tres cuartos de lo mismo: juega con los colores azul, amarillo y blanco, y, sin ser un Simon de referencia, quería aproximarse al espíritu de la obra.

Se puede decir que la obra empezó bastante puntual con un BARENBOIM en el foso, que no acabó de gustar al público scaligero llegando a ser abucheado en su salida en el segundo acto.
No conozco a la perfección esta ópera verdiana, por tanto no puedo aportar mucho o compararla, inclusive, con otras direcciones, pero si algo sé seguro es que Verdi tiene que sonar a Verdi, y para mí gusto creo que le faltó un poco de arrojo y sentimiento, y quizás un poco más de fuerza.



Pasemos pues a la parte vocal donde sin duda el protagonista principal de la velada era, como no, ni más ni menos que PLÁCIDO DOMINGO.
Pienso que en la actualidad, su voz cuadra muy bien con este personaje, con el Simon Boccanegra mayor – me refiero -, aunque no tanto con el joven Boccanegra que lo enfoca con una tesitura quizás más atenorada.
En los dos actos la voz sonó bien, reposada, fácil. Se nota el parón forzado en su voz y lució unos colores centrales envidiables, y se creció a medida que iba avanzando la obra.
Fue estremecedora su escena en el último acto: la escena de su muerte en la que sacó todo ese espíritu dramático que te hace creíble el personaje. Ayer no era Plácido Domingo, era el dux genovés Simon Boccanegra, siguiendo en la línea que nos tiene acostumbrados.
Su interpretación no defraudó a nadie. Fue el cantante más aclamado en la ronda de aplasos, de la que por cierto, no dieron hasta el final.

La Amelia de ANJA HARTEROS fue segura y completa. Para mí fue una sorpresa, ya que a pesar de no tener una voz de ensueño, el timbre es agradable y cumplió con su cometido.
Posee una voz clara acentuada con algunos oscuros que hacen que cuando la escuchas por primera vez soprendan un poco.

FABIO SARTORI dotó a Gabriele Adorno de una voz tímbricamente rica. La voz no es desagradable, no obstante pasó algún apuro en algún momento de la representación. Es una lástima que su físico no le ayude.

Injustos, para mí, los abucheos a FERRUCCIO FURLANETTO, aunque si bien es cierto que empezó con una voz un tanto rara, sin profundidades, más como “abaritenorada”, pero se creció a medida que iba transcurriendo la ópera.

Uno de los más aplaudidos fue el barítono MASSIMO CAVALETTI que afrontó con gran aplomo el papel de Paolo y el publico milanés supo recompensar.

Al final, aplausos en la Scala y también en el cine para el Maestro.

Y ahora que ya hemos probado la ópera en el cine, queremos más, una temporada estable que vendrá a complementar la oferta operística que cada año proponen desde l´A.A.O.S en nuestra ciudad.

miércoles, 28 de abril de 2010

Un Sant Jordi diferente.

En ese día, en el que las calles se tiñen del color rojo de las rosas recién abiertas por los primeros soplos de la primavera..., en ese día, en el que en la mayoría de los balcones y ventanas catalanas se llenan de ondeantes y orgullosas señeras..., en ese día, en que las calles de mí ciudad están abarrotadas de gente y aún así me gusta pasear por ellas, de parada en parada, mirando libros, oliendo la fragancia de las rosas de los más variopintos colores, en ese día en que celebramos la festividad de Sant Jordi, patrón de Catalunya, rebautizado a nivel nacional como día del libro... precisamente, en ese día tan especial, ponía rumbo a Milán.

Era como si algo me impulsara a ir allí. Una semana antes se había montado toda esa psicosis aérea a raíz de la erupción del volcán islandés. Todo el espacio aéreo europeo quedaba bloqueado por una inoportuna nube de ceniza que amenazaba, incesante, a todos aquellos que teníamos que viajar.

Y como no, yo también sufrí ese miedo. Incluso llegué a plantearme no ir a Milán. Entró en mí el temor al oír que las cenizas podían llegar a calentar tanto el motor hasta el punto de pararlo, así es que, aquel mismo domingo, enmedio de todas estas notícias decidí tramitar la cancelación. No perdía nada ya que viajaba a Milán sin tener entrada para el “Simon Boccanegra”, pero a la vez, sí perdía mucho.



Llegué a tomar conciencia de mi nueva situación: había planeado un fin de semana genial en Milán, y en cuestión de una hora, esa ilusión se había desmoronado. Me mentalicé de que no lo habría. Pero... siempre hay un pero.

Poco a poco la crisis aérea fue remitiendo, y de hecho el jueves me levanté con una sensación extraña en el cuerpo: algo me tiraba muy fuerte desde Milán. Algo o “alguien”...
Así es que decidí que me iba. Se habían abierto la mayoría de los aeropuertos y no estaba dispuesta a perder el dinero del avión ni renunciar a un fin de semana que tenía que ser maravilloso.

Así es que retomada la decisión, hice las maletas el día antes y el viernes a Milán.

Sin lugar a dudas, el día 23 de abril pasará a formar parte de la historia de mí vida. El día empezó mal, pero al mediodía ya iba por buen camino.

La primera buena notícia del día: era Sant Jordi y aunque el tiempo no acompañaba mucho no llovía. Recibí las rosas de rigor y a cinco minutos de salir del trabajo, me dan la estupenda notícia: por primera vez en Sabadell se retransmitía en directo una ópera en los cines, y esa primera ópera era ni más ni menos que “Simon Boccanegra”, la ópera que hacían en la Scala de Milán, y la que tenía que haber visto en directo en el templo de la ópera por excelencia, la ópera por la cual, a pesar de no tener entradas, hice casi 1000 Km. y por la que decidí desafiar esa nube de cenizas que, por suerte, ya estaba remitiendo.

Fue una notícia estupenda, vería por segunda vez a Plácido Domingo en pantalla gigante: la primera fue cuando tenía 2 años y algún recuerdo vago tengo de aquella tarde de sábado, aunque ninguno relacionado con la ópera.


 
Con estos ánimos nos dirigimos al aeropuerto y después de tener un vuelo agradabilísimo, escuchando “mí” Bohème preferida (con Domingo y Caballé), llegamos con bastante puntualidad a Milán.

Cogimos un taxi para que nos dejara en el hotel. El taxista se llamaba Rosario, y no era una mujer, era un hombre oriundo de Sicilia, y nos explicó que allí este nombre se pone a los hombres. Hablamos con él un rato y me llevo un recuerdo muy agradable y entrañable. Incluso me tarareó una siciliana.
Gesto que le honra, que sin cobrarnos más de lo establecido, nos paseó por el centro ciudad para que pudiéramos apreciar el Duomo ilumininado. “Ora sì, siamo a Milano”- le dije.




Eldía siguiente, sábado, empezó bien pero aquella tarde no pude ver la Scala en todo su esplendor, pero sí a la mañana siguiente, la del domingo. Impresionante el coliseo milanés, no podía que creer que en aquel teatro que se levantaba majestuoso ante nuestros ojos se hubieran estrenado tantas óperas. Ahora ya formaba parte de esta historia.


 
Por aquellos pasillos se había paseado el Maestro Verdi. En aquel escenario, aún caliente de la función del día anterior, había cantado el Maestro Domingo.
Toda la magia se filtraba entre los palcos del teatro.



Para la crónica del "Simom Boccanegra", tendré que esperar mañana a escucharla en el cine.

lunes, 26 de abril de 2010

¿Tocada por la varita mágica...?

Cuando me lo dijeron el viernes al mediodía no me lo podía creer: por primera vez, -y creedme- lo estaba deseando, se va a pasar una ópera en el cine en mí ciudad, Sabadell. Este jueves a las 20.00h. de la tarde tengo una cita con Plácido Domingo y su "´Simon Boccanegra" scalígero. Y lo mejor de todo, en alta definición y al lado de casa.

Se puede pedir algo más? Los deseos se hacen realidad. Solo tienes que desearlo con fuerza y las ilusiones se cumplen.

 

martes, 20 de abril de 2010

Más de volcán

Es el tema estrella estos días en todos los telediarios y periódicos. Este maldito volcán islandés ha alterado los planes de las gentes en toda Europa. Un caos aéreo sin precedente y que por lo que parece, hay para días... Recemos que no se despierte el Katia, que entonces acaban ya también con nuestros planes de vacaciones.

Pero no solamente somos nosotros los que sufrimos las consecuencias, también el Maestro Domingo se ha quedado en tierra. Ayer tenía que ofrecer un concierto en Moscú, y por lo que se ve, los moscovitas se van a quedar con las entradas en las manos, ya que sólo ha llegado el director de orquesta. Os dejo el enlace y copio la notícia por si alguien tiene problemas con el link: 




Suspendido el recital de Plácido Domingo al no poder volar a Moscú

Por Agencia EFE – Hace 1 día

Moscú, 19 abr (EFE).- El recital de Plácido Domingo que debía celebrarse hoy en la capital rusa ha tenido que cancelarse ya que el cantante español no ha podido desplazarse a Moscú a causa de las restricciones que rigen en los cielos europeos como consecuencia de la erupción volcánica en Islandia.
"El concierto de Plácido Domingo, previsto para el 19 de abril, se aplaza. Debido a las restricciones en el espacio aéreo europeo, tan sólo pudo llegar a Moscú su director de orquesta", indica un comunicado oficial de los organizadores del recital.

Todavía no se ha fijado una nueva fecha para el recital muy esperado por el público moscovita tras el regreso de Domingo a los escenarios el pasado viernes, después de la operación a la que fue sometido hace algo más de un mes por un cáncer de colon.

domingo, 18 de abril de 2010

Volare, oh, oh... Cantare, oh,oh,oh,oh...

Dice así una bella canción italiana cantada por Domenico Modugno.

Y es tal el caos aéreo que se ha organizado en todo Europa debido a esta nube de cenizas que estos días no se habla de otra cosa. Mucha gente ha quedado afectada por ella: fines de semana que prometían han quedado solo en una ilusión, pero afortunadamente las ciudades no se mueven de sitio y allí las encontraremos la próxima vez que queramos volar hacia ellas.

El Maestro Domingo tenía que viajar hacia Moscú para ofrecer un concierto. Ahora está en Milán y precisamente haciendo una masterclass y desconozco si viajará o no a Moscú, aunque lo más probable es que no.
Contra la naturaleza no se puede luchar, es lo único que el ser humano no ha logrado dominar.

Mientras tanto, tendremos que conformarnos con este "Volare" de Domenico Modugno, una de las canciones más bonitas de la música italiana:

sábado, 17 de abril de 2010

La notícia que todos estábamos esperando

Esto es lo que estaba esperando desde el día 8 de marzo, fecha para no olvidar: por la mañana una nevada cubre mí ciudad, y por la noche, la peor de las notícias que podía recibir en aquella semana: Plácido Domingo, el Maestro Domingo, había sido operado de cáncer de colon. Me quedé tan tocada que no podía ni reaccionar.

Me ha costado, a día de hoy creo que aún no lo he asimilado, ni creo que lo haga jamás, pero tiempo al tiempo, y durmiendo se ven las cosas de diferente manera, almenos es lo que intento.

Por fin el Maestro Domingo volvió a ofrecernos su voz, y para ello se presentó en la Scala con el papel de Simón Boccanegra de la ópera homónima de Verdi. Según algún artículo la unanimidad en su interpretación no fue al 100% - incluso en el Períódico de Catalunya- habla de algún que otro abucheo, ensombrecido por unos sonorísimos bravos y enormes muestras de cariño.
Se puede estar o no al 100%, pero hay algo que se llama "respeto" y eso, al público, no se nos puede olvidar.



No he silbado nunca en un teatro (y he escuchado cantantes que lo han hecho especialmente mal), pero por el mero hecho de subirse a un escenario y hacer algo tan difícil como es cantar, tan solo por ello merecen mí respeto y admiración.

Se puede o no estar de acuerdo con la actuación de Plácido Domingo cantando el Boccanegra, pero, a ese sector del público escalígero que se dedicó a hacer el tonto que no se les olvide lo que es el respeto. Además, tan solo por lo que significaba esta reaparición (tan solo seis semanas después de haber sido intervenido de algo muy importante y serio) y por la dilatrada y excelente carrera del tenor, el público debería haber tenido un poco más de consideración, aunque ya sabemos que nunca llueve al gusto de todos, ¿verdad?

Aquí os dejo el enlace de la crónica de "El País" e igualmente copio el texto por si alguien tiene problemas al acceder.






Plácido Domingo se reinventa


Superado el cáncer de colon, el artista, convertido en barítono, afronta en La Scala el papel de Simon Boccanegra

AGUSTÍ FANCELLI - Milán - 17/04/2010

Vota Resultado 37 votos El ambiente en La Scala de Milán, ayer, era el de las grandes inauguraciones de temporada, aunque sin los reflejos mundanos que suelen iluminar cada 7 de diciembre. Plácido Domingo volvió a subirse al mítico escenario tras la operación a la que se sometió el pasado marzo para extirpar un tumor. Se diría que el quirófano ha renovado sus energías, pues afrontar el papel principal de Simon Boccanegra, una de las páginas mayores de Verdi para barítono, precisamente en este teatro, donde ha triunfado tantas veces como tenor, no es ninguna bagatela. Pero está visto que a él no lo tumba ni el cáncer.

Su interpretación del dux-corsario genovés es profundamente lírica. Él asume la falta de un registro bajo más poderoso, pero compensa esa merma con su incomparable fraseo y un sentido inigualado de la musicalidad. Al final de la función, en una improvisada rueda de prensa, bromeaba: "Cuando escuchaba cantar a los tenores de este coro maravilloso siempre me preguntaba qué hacía yo allí cantando con ellos. Ahora, con los barítonos y los bajos que tiene, ya ni te cuento". Su personaje de Simon Boccanegra gustó al público, que le recompensó al final con calurosos aplausos. No faltó, por supuesto, alguna manifestación contraria, sin duda partidaria de una interpretación más canónica. Él dio por bueno que la unanimidad no fuera completa: "Si no esto no sería La Scala". Por lo demás, aseguró que se sentía "al 100%" de sus posibilidades y que de retirarse, nada: "Yo no me retiraré, si acaso me retirará mi voz".

Quien se llevó la peor parte en tema de contestaciones fue el director, Daniel Baremboim, que impuso unos tiempos excesivamente dilatados para el gusto italiano, siempre partidario del brío. A cambio, en la tarea concertadora, buscando los empastes, estuvo supremo. De la orquesta sobresalieron los metales y, por supuesto, el coro, que sabe pasar del susurro al pleno pulmón.




El resto del reparto cosechó consensos, tanto la Amelia de Anja Harteros, como el Gabriele Adorno -el papel de tenor que Plácido ha cantado en varias ocasiones en La Scala- de Fabio Sartori y el imponente Jacopo Fiesco de Ferruccio Furlanetto. Muy convencional la puesta en escena, dirigida por Federico Tiezzi. Convencional, hasta que, hacia el final, aparece un imponente espejo que refleja toda la sala, no se sabe a cuento de qué.

La actual temporada de La Scala está viviendo una fiebre dominguista sin precedentes, desde la gala que el tenor protagonizó en diciembre para celebrar sus 40 años de colaboración con el teatro. Lo hizo en esa ocasión cantando el Sigmund de La valquiria, que no es muy representativo de su trayectoria, pero el público italiano está acostumbrado a sus saltos mortales, desde aquel lejano 7 de diciembre de 1969 en que, con apenas 28 años, debutó en Ernani. Tras haber pasado por los principales papeles verdianos y postverdianos, en 1991, ya en la era de Riccardo Muti, se descolgó con un Parsifal que torció el gesto de los aficionados -¡Wagner, el gran rival de Verdi, inaugurando una temporada!- hasta que no le escucharon y hubieron de rendirse a la evidencia. En los años siguientes ya no les sorprendió escucharle en papeles como el Vidal Hernando de Luisa Fernanda o el Cyrano de Franco Alfano.

Lo inaudito es que, 40 años más tarde, Plácido Domingo sigue reinventándose. Próximamente llevará su Simon a Londres y Madrid, pero la campanada definitiva la dará en septiembre en Mantua, en una producción de la RAI dirigida por Zubin Mehta: Rigoletto, nada menos. ¿Cabe esperar a partir de ahí su consagración definitiva como barítono? Quién sabe.

El ciclón dominguista en Milán no concluye sin embargo con estas representaciones del Simon Boccanegra. La ciudad ha sido escogida este año como sede de Operalia, el concurso que el cantante impulsa desde 1993. El 2 de mayo Plácido cogerá la batuta de la Filarmónica de La Scala para acompañar a los ganadores en la gala final. Por cierto, recientemente ha asegurado que él jamás se había presentado a un concurso y que, de haberlo hecho, no habría ganado, pues antes se habría muerto del susto. Pero no hay que creerle: un tenor que canta el Simon Bocanegra en La Scala no conoce el miedo. Por ésas.

jueves, 15 de abril de 2010

16-4-10: un antes y un después

Quien nos iba a decir el primero de enero, cuando muchos estábamos disfrutando del Concierto de Año Nuevo para dar la bienvenida a este año 2010 y mientras otros finalizaban la despedida del fatídico 2009 que, para nuestro admirado Maestro Domingo, esta fecha significaría un antes y un después en su carrera musical, pero también en su vida.

Sin lugar a dudas éste será un día a recordar para todos aquellos que le seguimos: el día de su reaparición en los escenarios después de su intervención quirúrgica del pasado mes de febrero (me ahorro decir al tipo de intervención al que fue sometido, que por todos es sabido, y simplemente por el motivo de que me gustaría olvidarlo lo antes posible, si algún día puedo llegar a hacerlo).

Plácido Domingo –hombre- es, evidentemente, una superfuerza de la naturaleza, lleno de entusiasmo y amor por la vida y por su trabajo. Una vez más lo ha demostrado plantando cara a todas las adversidadades.
Irradiando optimismo por los cuatro costados, aunque con una serenidad propia de aquel que toma conciencia de una situación, el Maestro apareció en rueda de prensa en Milán presentando un aspecto más que admirable (tal y como podéis comprobar en el link del post anterior).
Precisamente, este viernes, estrena “Simon Boccanegra” en el gran templo de la ópera por antonoasia: el Teatro alla Scala. Estoy segura que las muestras de cariño van a ser impresionantes. El tenor, ocmo es sabido, interpretará el role del barítono que da nombre a la ópera de Giuseppe Verdi.




Aunque a decir verdad, tengo una espinita clavada: cómo me hubiera gustado que este retorno a los escenarios hubiera sido en España para poderle acoger con todo el carino que su gente profesa por él.

Nadie es profeta en su tierra, sí, es verdad, y con Plácido se puede aplicar muy bien este dicho. Por esto este regreso hubiera sido aún más especial de producirse en Barcelona... y ya no hablo de mí ciudad, sino en Barcelona capital, ya que pocas veces he visto a un público tan enfervecido para con el Maestro que en el Liceu. Quede dicho.


Estas funciones harán correr ríos de tinta en los períodicos y no será para menos.

SUERTE MAESTRO CON ESTE BOCCANEGRA

miércoles, 14 de abril de 2010

¡Con la boca abierta me he quedado! Y más tranquila...

Dentro de lo que cabe. Más tranquila al ver las primeras imágenes de Plácido Domingo después de su intervención quirúrgica.
Qué buen aspecto presenta el Maestro. Para muestra, este enlace:


Os dejo con él, disfrutadlo. Evidentemente esta imagen no es de la rueda de prensa en Milán.





martes, 13 de abril de 2010

¡Ya está de vuelta!

Leía esta tarde en el diario ABC que Plácido Domingo ya está en Milán ensayando "Simón Boccanegra" de Verdi.
Aparece sereno en las fotografías tomadas y con el mismo entusiasmo de siempre, con vitalidad y con amor renovado a su profesión, que ha apartado durante unas escasas 6 semanas.

Cómo me alegro de esta notícia... seguro que el día 16 de abril será una bonita fecha a recordar en la vida de Plácido Domingo.


¡MUCHA SUERTE MAESTRO!


domingo, 4 de abril de 2010

Sí, Tosca, tardaré en olvidar este Werther...

Werther, una ópera que hasta hace un año era, casi en parte, desconocida para mí. Siempre que me acercaba a ella pensaba: “qué bonita que es esta música... cómo me gusta... ojalá la conociera más...”
Y no hay otra manera mejor de conocer una ópera que escuchándola, con mimo, con ganas, disfrutando una a una sus notas, sus palabras...

Quizás porque en la ópera se habla de la navidad, siempre me apetecía escucharla en esas fechas y, a parte del muy conocidísimo “Pourquoi me revelleiz” me entusiasmaba cada vez más el dúo siguiente a esta aria. La excelente música de Massenet y su preciosa orquestación han hecho que esta ópera sea, en estos momentos, una de esas diez que me llevaría a una isla desierta.
En cada nota, en cada acento de la obra hay algo de especial que hacen elevarte al éxtasis cuando la escuchas.
He disfrutado muchísimo con las grabaciones del Maestro Kraus, y dicho sea de paso también, y para ser justos, de las del Maestro Domingo, dos Werthers completamente opuestos y con dos lecturas totalmente diferentes del personaje que da título a esta obra.

Pero ahora se ha colado “otro” Werther en mí casa.



Hará cosa de un par de meses mí querida Tosca me dijo que tardaría mucho en escuchar un Werther como el que hoy me ocupa y voy a comentar.
Para ser sincera, al leer sus palabras fui bastante escéptica, pero motivada por el hecho de escuchar y ver un nuevo Werther accedí a la grabación en cuestión que en su día se pasó por el canal Arte.
Inevitable antes de ver la obra entera, escuchar un poco del famoso “Pourquoi...”, que no me convenció (me chocó especialmente esa gran voz, oscura, con algo de particular, sí, pero que para nada cuadraba en mí mente para interpretar a Werther), pero, tenía que escuchar la obra entera para poder hacer una valoración.

Para mí era casi un completo desconocido el tenor que daba vida al role principal, Jonas Kaufmann. Tenía solamente dos referencias de él: la primera su Pinkerton al lado de Angela Gheorghiu, y por el otro, un concierto en el que interpretaba autores como Beethoven, Wagner y Schubert, que me facilitó “mí” Tosca.
De la primera, recuerdo con especial cariño un vídeo promocional en el que Kaufmann aparece justo a la Gheorghiu en el final del dúo del primer acto, en el cual me sorprendió el contraste de su broncínea voz con el brillo y seguridad de sus notas más agudas.
Del concierto, me entusiasmaron sus aproximaciones a Wagner, sobretodo su incursión en el papel de Parsifal de la ópera homónima del compositor alemán.



Así es que, una vez este Werther en mís manos, me dispuse a disfrutar de su música y de los intérpretes, y sinceramente, nunca creí que pudiera gustarme tanto su versión del héroe romántico por antonomasia.

Pero a esto, no solamente contribuye su voz, sino que es un conjunto de elementos que hacen que esta función sea especial.

Destacar primero de todo la magistral lectura del mestro MICHELE PLASSON, especialista en este tipo de obras, quien supo mantener siempre el equilibrio entre la orquesta y los intérpretes, sin forzar nunca el volumen.

Pero también es más que loable la puesta en escena de BENOÎT JACQUOT, director de escena que procede del cine y del teatro. Jacquot nos propone una escena muy minimalista, sugerente, pero con el escenario prácticamente vacío, solitario y tormentoso como la propia alma de Werther.
Realmente nos presenta este “Werther”, almenos es la sensación que me da viéndolo desde la tele, de como si estuviéramos viendo una película. Los planos, las escenas, acercando la expresión del rostro de Werther te da la idea de que es un film y no una ópera.
Todos estos detalles me imagino que son difíciles de poderlos apreciar en vivo en el teatro, pero desde el sofá de casa se vive intensamente esta filmación y hace que se convierta en una función propiamente especial. Al menos, para mí.


Sin olvidar nunca las voces, los planos de cerca de los puños de Werther que se estrechan cuando le confiesa a Albert que no ama a Charlotte, la expresión de la cara de Kaufmann ante la felicidad del esposo de su amada, esos primeros planos en la escena final que transmiten la felicidad suprema de Werther en esos instantes antes de la muerte... Francamanente, no tienen desperdicio.
Y esto es a lo largo de toda la obra. Un no parar de detalles escénicos que dotan a este Werther de algo especial, de mágico.




Las reacciones ante las palabras de los otros personajes, los gestos, la expresión de ojos... todo esto tan bien trabajado de la mano de Benoît Jacquot, hace que a día de hoy, en el año 2010, sea para mí este moderno “Werther” una de las mejores referencias operísticas de lo que llevamos de temporada.

La citada obra de Massenet tiene momentos brillantes en sus tres primeros actos, notas que vas descubriendo poco a poco y que llegan a calar hondo en los oyentes. Son músicas que siempre consiguen ponerme la carne de gallina puesto que recrean muy bien los estados de ánimo de los personajes y del lugar.

Siempre había sido para mí el último acto el más pesado de toda la obra, tanto en la versión de Kraus, como de Domingo, como de Alagna, como de Corelli o de Di Stefano; pero grácias a esta representación descubrí que el cuarto acto encierra una belleza y un sentimiento extraordinarios, y todo grácias a la interpretación de Kaufmann que canta esta última escena con un romanticismo y medias voces realmente sublimes, y dicho sea de paso, con una dirección escénica de ensueño.

Jaquot reduce la escena a la habitación de Werther que se ha herido mortalmente unos instantes antes de que llegue Charlotte. Kaufmann utiliza aquí todos los recursos románticos de expresión para elevar esta escena a lo más alto de la obra. No grita, susurra a penas, transmitiendo aquella “dulce” agonía que hace sentir al personaje, -en esos instantes-, al ser más feliz de la tierra al morir en brazos de “su” Charlotte, que nunca ha sido de Albert. Estos momentos cortan la respiración al oyente.


Quizás Kaufmann esté un poco a caballo entre la interpretación más puramente romántica y verista del personaje. Dibuja en el primer acto un héroe sensible, romántico, torturado por gusto propio, y sin embargo en los dos bloques centrales (acto 2 y 3) nos presenta un Werther que roza en algún momento el verismo (sin llevarlo al extremo) para dar paso al romanticismo de su muerte en el cuarto, y siempre secundado con una extraordinaria dirección musical que “respira” siempre a su lado.

Su voz, quizás un tanto oscura para el personaje, choque con la interpretación del “gran Werther de referencia” que para mí es Alfredo Kraus, pero no cae en la tentación de copiarlo, no, Kaufmann nos presenta “su Werther”, y este enfoque me gusta.

Por lo tanto, dicho esto, os emplazo a ver esta grabación, la cual no os dejará indiferente, sea para bien o para mal. Sin duda, creo será una de las referencias musicales de esta temporada ’09-’10.

Especial atención para este último acto que comento, sin duda, uno de los mejores momentos de esta representación.

Kaufmann. Una voz a seguir y tener en cuenta. Por fortuna la temporada ’10-’11 lo tendremos, aunque en recital, en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona. Una cita ineludible que no podemos perdernos.