miércoles, 31 de marzo de 2010

¡Esta vez sí!

Como decía en el post anterior, hoy me he levantado con "Maruxa" en la cabeza, y cuando me levanto así, no tengo más remedio que escuchar la grabación.

Hace unos meses, en noviembre concretamente, els A.A.O.S. representaron en el Teatre de la Faràndula de Sabadell programaron esta obra. Así es que, mientras correteaba hoy por casa, limpiando aquí y limpiando allí, estaba reescuchado de nuevo la función que se representó en el mes de enero en el Auditori de Sant Cugat de Sabadell, y que en su día ya hice un pequeño comentario de la representación.



Y como decía, en esta ocasión me han llegado mucho más los cantantes, más que el día de las funciones en vivo logrando ponerme la piel de gallina durante toda la obra.

Grácias a Maite Alberola (Maruxa), Carles Daza (Pablo), Elisa Vélez (Rosa), Marc Sala (Antonio), Alexis Trejos (Rufo).
Grácias a todos por vuestras voces y mucha suerte en vuestras respectivas carreras.

Verdi y Wagner. Wagner y Verdi.

Dos de los grandes. Dos genios. Dos grandes músicos. Dos estilos completamente diferentes, pero que sin embargo, ambos me gustan.

Hace unos días que he terminado de ver una serie que hace un tiempo grabé de la televisión: "La vida de Verdi". La disfruté en su día, y ahora me ha vuelto a enamorar de nuevo, tanto que he aparcado la vieja grabación en VHS y me la he comprado (por cierto, a un precio más que razonable) en DVD. Quizás muchos de vosotros la recordéis, otros no la habréis visto.
A éstos últimos les invito a que lo hagan que no quedarán decepcionados.

En el film, se cuenta la vida del maestro italiano nacido en Busseto. Se narra con respeto y veneración al músico sus años difíciles de juventud, sus primeros éxitos, la fama, su gran amor por su primera esposa Marguertia Barezzi y el otro gran amor de su vida, Giuseppina Strepponi; todo ello acompañado de sus célebres y conocidas músicas, las cuales no voy a explicar ni nombrar una a una, ya que a estas alturas, no necesitan una tarjeta de presentación.

Mientras veía la serie, cada una de las músicas que sonaban conseguían ponerme la carne de gallina, a pesar de haberlas escuchado millones de veces. Y mientras avanzaban los capítulos pensaba que a alguien que no sabe lo qué es la ópera, que nunca ha oído hablar de ella, ni ha escuchado ningún fragmento... es imposible que ante esas geniales partituras se quede frío o indiferente.

Sinceramente creo, que si a mí no me gustara la ópera, seguro que me interesaría por ella a raíz de obras tan bien hechas como la de la citada serie.
¿Y quién puede quedarse igual ante el "Va pensiero" del "Nabucco"; o escuchando "Addio del passato" de "La Traviata"; o la mrcha triunfal de la "Aida"; o el "Niun mi tema" del "Otello"; o el genial trato que Verdi da a la vejez en su "Ella giammai m´amó" del "Don Carlo"?

¿Alguien puede quedarse indiferente? Me gustaría, y desearía creer que no.

Algo que se tiene que destacar de esta serie, es como decía el respeto hacia el compositor italiano, ya que es una filmación que se centra en su vida artística, dando alguna pincelada en la vida personal, pero poco. Me viene por esto, la película que se hizo sobre Mozart en los años 80, interpretada por Tim Hulce y dirigida por Milos Forman, que se dedicó (aún gustándome la película, sobre todo en la escena final del "Requiem") a ridiculizar al compositor Salzburgués.

He aquí un enlace de la serie: el actor que encara a Giuseppe Verdi, es Ronald Pickup.




Y como cosas del destino, acabé la serie, y tras el último capítulo me esperaba la película "Cita con Venus", película cuya banda sonora corresponde al nombre de Richard Wagner, ya que nos explica las dificultades de una compañía de ópera para representar "Tanhäuser", del maestro alemán.
Bien está claro que en algún momento de la película el tema se desvía hacia la relación amorosa del director de orquesta con la primera soprano, interpretada por Glenn Close, pero no importa porque, otra vez, al igual que me sucediera con "Amadeus", la mejor escena se encuenta al final de la obra cuando están todos los cantantes en el escenario y la orquesta y el coro ataca el conocido y bellísmo "Coro de los Peregrinos".

Decir que con ello se me puso de nuevo la carne de gallina al escuchar esta música.

Lo curiososo es que, tanto con Verdi, como con Wagner tuve una misma sensación: escuchar esta música y tener la necesidad de al día siguiente escuchar de nuevo las grabaciones.  Es algo que en el día de hoy me queda pendiente, escuchar de una tirada el "Tanhäuser". Quizás no todo entero por falta de tiempo, pero lo intentaré, a pesar de que hoy me he levantado no con el "Tanhäuser" en la cabeza, sinó con algo muy distinto: la "Maruxa" de Amadeo Vives.

martes, 30 de marzo de 2010

Ya está aquí...

Pues sí, el temible apagón analógico ya está aquí. Este mediodía ya no se emitía más que en formato digital y este es el mensaje, o uno de parecido, que aparecía en nuestras pantallas.

Empezamos de esta manera una nueva era, la digital. Nadie entiende el por qué del cambio, pero lo cierto es que en TDT la imagen se ve mucho mejor.

Y si no fuera porque muy de vez en cuando Plácido Domingo asoma la cabeza en televisión... me hubiera quedado sin emisión. Qué tranquilidad... Os podeis imaginar días y días sin tele pudiendo leer, escuchar música en silencio, sin oír el volumen pasado de decibelios del vecino... Qué calma, que gusto...

Lo bueno que nos queda de la emisión en digital es que oiremos y veremos mucho mejor al Maestro Domingo. Sea dicho, bienvenido el cambio.


lunes, 29 de marzo de 2010

Tal día como hoy...


Estaba en estos precisos momentos en que escribo disfrutando en directo de la voz del Maestro Domingo en Madrid con la obra de Häendel, "Tamerlano", título que el año que viene podremos escuchar en el Liceu de Barcelona.




Para ir haciendo boca...

domingo, 28 de marzo de 2010

La Nuit de mai


Uno de los trabajos más recientes de Plácido Domingo y que hace poco que ha salido al mercado.

No deja de ser, sin embargo una curiosidad escuchar al Maestro Domingo en estas canciones de Leoncavallo con las que se cierra el disco, pero insólito también oir este poema sinfónico para tenor y orquesta, de que personalmente, tanto las unas como éste último citado, no había escuchado nunca, por lo que para mí este cd es una completa novedad.

Novedad e interesante puesto que no cae en el tópico de grabarse siempre lo mismo. Desconocidas piezas del compositor de "Pagliacci" que ahora salen a la luz grácias a la discográfica "Deustche Grammophon" y de artistas de la talla del citado Domingo, pero también del director Alberto Veronesi, y para mí, de nuevo desconocido, el pianista Lang Lang, en su primera grabación acompañando a una voz.

La mayor parte del disco está ocupada por este poema sinfónico que da título al disco, con una duración de 40 minutos en los que se alterna la orquesta con la voz de Plácido Domingo, y representa un diálogo entre el poeta y la musa. El único que habla (en este caso, canta) es el poeta, ya que los fragmentos de la musa son meramente instrumentales.
En esta pieza he podido adivinar alguna melodía ya conocida, tal como algún apunte o sugerencia de Wagner y también de Massenet que de seguro que notareis, y también -como no- del propio Leoncavallo y de su obra más conocida, "Pagliacci".

En la segunda sección del disco se encuentra un ciclo de cinco canciones en las que Lang Lang acompaña a Domingo en el piano.
Me ha llamado precisamente la atención un fragmento titulado "La chanson des yeux" la letra de la cual la firma un tal André Chénier, y sin embargo la música nada que tiene que ver con la ópera homónima de Giordano, pero la melodía que utiliza Leoncavallo es conocidísima entre los amantes del verismo. No la desvelo. Quien tenga curiosidad, que compre el cd ya que vale mucho la pena.

El disco se cierra con dos piezas al piano interpretadas por Lang Lang que me han gustado especialmente.

Sólo una recmendación: es un disco para escuchar a solas y con concentración, es muy intimista. Y mejor si puede ser con los auriculares para no perder ningún detalle.

Para los que requieran más información, os dejo la web oficial del disco para que podáis consultar:



La bomba del Liceu

Es el título del documental que pude ver ayer por la tarde y que recomiendo a todo aquel que le guste la historia y también la ópera.
Y cito primero la historia porque hay más de ésta que de música, a pesar de que el título sea "La bomba del Liceu".

En este reportaje se narra básicamente este triste suceso que acabó con la vida de 20 personas en 1893 cuando el anarquista Santiago Salvador lanzó a la platea del teatro dos bombas Orsini, de la que estalló, grácias a Dios, solamente una.

El film, dirigidopor Carles Balagué cuenta con las ilustres intervenciones de periodistas, historiadores, escritores, etc... y con la presencia de Roger Alier, crítico de ópera y la del maestro apuntador del Gran Teatre del Liceu, Jaume Tribó.

Documental interesante donde los haya que pierde un poco el rumbo en su recta final, puesto que se desvía un poco del tema esogido, aún así, recomendable.

Y como no podía ser menos, para los que vayan a verlo atraídos por la ópera, suenan fragmentos de "Manon Lescaut", "Rigoletto", "Lohengrin" y alguno más que ahora no recuerdo.

viernes, 19 de marzo de 2010

Keiner ging...doch einer kam: siehe, der Lenz lacht in den Saal! (Nadie ha salido, pero uno ha entrado, ¡mira, la primavera ríe en la sala!

¿De que mejor manera puede entrar la primavera en nuestros hogares?



Es como podéis observar de las representaciones del Liceu del año 2008, una función especial, grande y emotiva que siempre guardaré en mí corazón.

Hoy me ha dado por la zarzuela: Adiós Granada


Es absolutmente genial esta versión de Plácido Domingo. Tengo la gran suerte de habérsela oído en directo, nada más y nada menos que en Granada hace 3 años, momento especial donde los haya, porque decía "Adiós Granada" precisamente en esta ciudad.
Yo también la canté en el avión de regreso a casa...

¿Qué suena hoy en la gramola? EL HUÉSPED DEL SEVILLANO

Pues sí, esta zarzuela es una de mís preferidas, y lo pasó a ser desde el día en que la escuché por primera vez. Las maravillosas y tan bien encontradas músicas del maestro Guerrero fluyen por las callejuelas de Toledo en el s. XVII.
Historia de caballeros de la corte real, mesones, espaderías, cristianos viejos y judeoconversos, intrigas, raptos, cuchilladas, duelos, ingenio y amor son elemnetos que se encuentran en "El huésped del Sevillano". Si alguien ha visto la versión rodada en cine por el director Juan de Orduña a finales de 1968 coincidirá conmigo que la adpatación es absolutamente maravillosa.
Pero no quiero hacer más introducciones para que podáis gozar de la obra.




La acción se sitúa a comienzos del siglo XVII.

Un apuesto pintor cortesano, Juan Luis, conversa en una espadería, cuyo portal se abre a una plazuela próxima a las márgenes del río Tajo, con el Corregidor y algunos amigos, en tanto que maese Andrés Munestein pule y remoza la tizona del caballero. Un grupo de muchachas llena, mientras tanto, sus cantarillos en la fuente próxima, y sus intencionadas coplas se mezclan armoniosamente con el canto, de empaque casi marcial, de los espaderos que trabajan en la forja.


Juan Luis confiesa a sus amigos que ha llegado hasta la Ciudad Imperial atraído por el renombre de cierta Constancica, la fregona del Mesón del Sevillano. Busca, en efecto, un rostro adecuado de mujer para representar a la santísima Virgen en pintura que se dispone a realizar por encargo del mismísimo Rey. El Corregidor, durante una momentánea ausencia de maese Andrés, le advierte que para lograr lo que se propone no tendrá que moverse siquiera de la espadería, donde hallará una modelo aún mejor que aquélla. Pues la hija del viejo espadero converso es, al par que bellísima, de hebrea estirpe y, como tal, ni hecha de encargo para posar con tal propósito.






Entre tanto, maese Andrés alcanza a Juan Luis la espada que le fuera confiada por éste horas antes. A la vista de su reluciente tizona, el joven pintor da rienda suelta a su entusiasmo.

Todos se marchan, salvo Juan Luis y su escudero Rodrigo, que ronda la fuente a la caza de mozas. Al dar con él, el caballero le cuenta su nuevo descubrimiento, ya que a raíz de la revelación del Corregidor y su capitán amigo, arde de impaciencia por conocer a esa nueva beldad que, según le dijeran, sobrepasa con creces la belleza de la criada del mesón.

No tiene que esperar mucho para lograrlo, ya que la hermosa Raquel, discretamente velada, sale en ese momento de la vivienda del espadero, respondiendo al reclamo de piedad de la campana de la catedral, llamando a los fieles al oficio.




Conmovido por la singular belleza de la muchacha, Juan Luis retorna a la espadería tan pronto como ella se marcha, dispuesto a obtener del anciano maese Andrés la venia para retratarla. El espadero, alarmado por la sugerencia del pintor cuando éste alude al perfil hebreo de su hija –ya que ambos, cristianos “nuevos” se esfuerzan por hacer olvidar su origen judío- intenta rehusarse, cuando les interrumpe un rumor de lucha y entrechocar de espadas y el angustioso reclamo de una voz de mujer pidiendo socorro, que maese Andrés reconoce al instante como su hija. Mientras Rodrigo se esfuma prudentemente, Juan Luis y el espadero corren en la dirección de la disputa, en tanto que llega Raquel, jadeante y aterrada. En la calleja próxima se está batiendo el conde Don Diego, noble vecino de la espadería, con tres desconocidos a quienes no tarda en poner en fuga con el oportuno auxilio de Juan Luis. Como es lógico, éste ha deducido de la escena que Don Diego está en aprietos por proteger con su espada a la hija de maese Andrés. El pintor sufre en la breve refriega una leve herida en la mano. El conde, tras lamentar el incidente y dar a Juan Luis efusivas gracias por su oportuna intervención, entra en el palacio, con frente a la misma plazuela a la cual se abre el portal de la espadería. Mientras restaña la sangre que mana de la herida, Raquel revela a Juan Luis la verdad de lo acontecido. Eran los tres desconocidos quienes en verdad se batían por ella, y el conde un villano que la persigue desde hace tiempo, importunándola con sus locas pretensiones. Si hasta el momento se lo ha ocultado a su padre, es sólo por su temor ante las posibles consecuencias, dado el poderoso valimento de su ofensor.





Con graciosa reverencia, la muchacha se despide del pintor para retornar a sus aposentos. En cuanto a él, al regresar a la plazuela encuentra a Rodrigo alardeando de haber participado eficazmente en la descomunal batalla de momentos antes, si bien, apremiado por las preguntas de su amo, concluye por admitir que su caprichosa espada se negó tozudamente a salir de la vaina. Pero no será éste el último aprieto en que ha de verse todavía el embustero Rodrigo. Por haber echado a rodar poco antes trola, asegurando a unas guapas muchachas que para salvar su vida en un naufragio había jurado desposar a la mujer más fea que encontrase, andan ya en su busca todas las feas de Toledo. Por su parte, los más guapos donceles de la Imperial Ciudad recorren las calles en pos de las gracias de la bella Constancica.

Y todos coinciden en la plazuela: lindos y feas, Constancica y el escudero.


Lindos y feas se marchan formando grotescas parejas –no sin ostensible resignación por parte de ellos- y los nuevos amigos, Constancia y Rodrigo, se cruzan con Raquel, que vuelve a salir de su casa.

La criada del mesón del Sevillano explica al escudero que ha venido a la espadería en busca de una daga cuya empuñadura mandó a componer un singular huésped, hombre de letras el tal hidalgo, información que al punto completa maese Andrés, quien la tiene por “tan grande ingenio, que jamás de tal manera logró ningún otro” entretener los ocios del espadero con sus escritos.

Tras recibir la recompuesta daga de manos del espadero, Constancia inicia su viaje de regreso acompañada ahora por Rodrigo, quien la lisonjea lamentando que sea tan hermosa, por la cuenta que le tiene su promesa de casar con “la mujer más fea”.

Comienza a cerrar la noche, y del palacio de Don Diego emergen las figuras de éste y de varios embozados servidores.

 
 

 
A la mañana siguiente, llena de sol que ilumina y entibia el paisaje, Juan Luis, embarcado ya en la tarea de liberar a la infortunada Raquel, obtiene de Rodrigo, al que aguarda junto a la carretera, en las afueras de la ciudad, una preciosa información lograda a través de Constancica: Al mesón del Sevillano han llevado esa noche, contra su voluntad, a una joven a quien retienen prácticamente secuestrada en su habitación. El escudero deberá seguir investigando por sí mismo hasta que llegue el momento de que intervenga decisivamente el caballero, con quien habrá de encontrarse más tarde en las proximidades del mesón.
Un mozo azuza a sus mulas, en plena labranza, y llegan de Lagartera, con su típico atuendo, las mozas que desde allí descienden hacia Toledo para vender sus mercancías en la ciudad.



Rodrigo se encuentra ya al acecho en la posada, donde asiste al arribo de un clérigo montado en un burro cargado con henchidos serones repletos de hábitos similares al que lleva puesto. Al escudero le llaman la atención los rasgos fisonómicos del nuevo mozo del mesón, que ha acudido a abrir el portal. Claro está... ¡si es el mismo Don Diego disfrazado de tal! El tonsurado recomienda al fingido mozo de mulas cuidar de la suya y de los serones en los que trae hábitos para los monjes de su orden. Rodrigo no olvidará por cierto esta referencia, y se marcha, curioso y vigilante, tras el pretendido mozo.

Constancia ha averiguado ya –y así se lo comunica a su tío el posadero- que aquella señora es una dama raptada por el falso criado, a quien asombra a su turno el porte de Constancia, la cual parece “más bien hija del Comendador que sobrina del mesonero”. Tal es la opinión que de ella tiene también el Huésped del Mesón del Sevillano, quien desde el portal alcanza a oír aquellas palabras y añade: “Tampoco tú pareces mozo de mulas”.

A solas, por fin, la muchacha, hace su aparición un nuevo clérigo... Es Rodrigo disfrazado con uno de los hábitos, quien está maquinando un plan cuya primera etapa consiste, para él, en mudar de personalidad. Divertida, Constancia, se presta al juego del presunto frate.

 
El mozo –o sea, Don Diego- alcanza a asistir al final de la escena, y sorprendiendo al fingido clérigo, le induce a poner los pies en polvorosa. Y ordena a Constancia que vaya en busca de Raquel y la traiga a su presencia. El diálogo es presenciado, aunque no escuchado, por el Huésped, quien intercambia algunas razones con el falso mozo a quien tiene –y no yerra- por persona de superior condición, al igual que la pretendida fregona, que se le antoja cumplida dama de elevadísima alcurnia, la cual, quien sabe por qué razones, se finge momentáneamente criada.

El posterior diálogo de Don Diego con la raptada doncella es muy breve. Él esta dispuesto a hacerla suya, y le anuncia que esa noche deberá seguirle, de grado o por fuerza, alejándose con él de Toledo. Dicho lo cual se marcha, no sin antes recomendar al mesonero que se cuide de tener bien guardada la puerta.


Esa noche habrá baile en el mesón y Don Diego aprovechará con sus secuaces el natural jolgorio originado por la fiesta para iniciar, sin mayores riesgos, el cumplimento de su siniestro plan. Mozas, mozos y músicos, con los cuales se mezclan sigilosamente los embozados de Don Diego, comienzan a entrar, en tanto que Raquel regresa, desconsolada, a su aposento.

La fiesta concluye con formidable escándalo que inicia Rodrigo (disfrazado siempre de fraile) insultando a Don Diego sin que éste pueda identificarle, y rematan eficazmente con la mayor contundencia de secuaces del segundo. El falso mozo promete al mesonero recompensarle con largueza si con su ayuda puede sacar de la venta, a media noche, a la dama en custodia. Un coche con buen tronco aguardará en la vecina plaza de Zocodover. Entre tanto, que el mesonero cuide que no salga del mesón mujer alguna, no sea cosa que escape el pájaro.

Otras dos personas han estado atentas al diálogo, enterándose así de sus planes: el Huésped, que aún permanece en el oscuro rincón donde se guareciera al arreciar la tremolina y Constancia, que estuvo vigilando desde que acompañó a Raquel a la planta superior. Previo un sugerente cambio de impresiones entre ambos, Rodrigo acuerda con la moza el procedimiento por el cual el caballero, luego de recibir las señales que Raquel habrá de transmitirle con la lámpara, desde su cuarto, ingresará sin ser visto al patio del mesón. Y mientras el proceso se cumple y entra Juan Luis para recitar apasionado soliloquio, Constancia irá otra vez en busca de Raquel, a la que guiará con sigilo a la planta baja.



 


Huésped:
Pintura sobre pintura,
traiciones y encrucijadas;
raptos, celos, cuchilladas,
misterio, amor aventura...

Pregonero:

Alma que en pecado estás...
si en esta noche murieras,
¡mira bien adonde fueras,
alma que en pecado estás!

Huésped:

Mezcla admirable y extraña...
Místicos y aventureros,
y poetas, y guerreros.
¡Es Castilla... y es España!
Al sonar de su campana,
sabe hablar al corazón,
con voces de tradición,
la Catedral toledana.

Toledo, solar hispano,
crisol de la raza ibera,
¡dichoso aquél que naciera
español y toledano!

¡Oh Toledo, si yo puedo,
para tu honor y mi gloria,
he de escribir una historia
en un mesón de Toledo!




Llaman al portón y, al oírlo, el Huésped se retira abandonando sobre la mesa el recado de escribir. Es Don Diego que llega, recuperada ya su apariencia de caballero, y dispuesto a cumplir la etapa final de su maléfica maquinación. Rodrigo –siempre con su disfraz de fraile- le entretiene siguiendo las instrucciones de su señor. Aunque su impaciencia es evidente, Don Diego no puede actuar con la celeridad que entraba en sus planes y comienza a perder un tiempo precioso, bien aprovechado por el escudero de Juan Luis para dar una buena lección a los malvados. Cuando grandes golpes suenan nuevamente en la puerta y se oyen gritos de "¡Abrid a la justicia!", Don Diego comprende que ha sido burlado.

La aventura ha terminado, con su merecido para cada cual. Don Diego y sus servidores, detenidos por los corchetes; los dos jóvenes amantes, Raquel y Juan Luis, tornando a la espadería portadores de la buena nueva para maese Andrés; Rodrigo, por fin, con la esperanza de volver en busca de Constancica... aunque tenga que abandonar su promesa de desposar a una fea. El patio del mesón del Sevillano recupera así, pasada la medianoche, la silenciosa serenidad que a tal hora corresponde. El Huésped, retornado, vuelve a tomar asiento frente a la mesa, empuñando otra vez la pluma. Constancica, que se apresta a recogerse en su aposento, se detiene un momento junto al escritor, con la lámpara en alto.


sábado, 13 de marzo de 2010

Una "Fille" interesante dentro... y aún más, fuera...

La donizettinana “La Fille du régiment” no es, de largo, mí ópera preferida ni lo será nunca, así como no es una obra que pertenezca al estilo musical operístico con el que más me identifico.

Aún así, cuando se anunció la temporada 2009-10 del Gran Teatre del Liceu no dudé, ni por un instante, escoger esta obra para “regresar” al Coliseo de las Ramblas después de un año y medio de ausencia. Y sí, lo confieso, atraída por la esplendorisad y ganas, de escuchar en vivo como suenan –ni más ni menos- que 9 “does” de pecho.

Me dije desde un principio, y ya que no conozco demasiado la obra de Donizetti, que debía prepararla para poder gozarla en el teatro. Sin embargo, los días fueron pasando, y no llegué a hacer este trabajo, y pensé que lo mejor sería dejarse llevar por la volátil música del maestro de Bérgamo, tal y como me sucedión con “L´Elisire d´amore”.
Pero siempre tiene algo de especial cualquier espectáculo operístico al que acudo, sea por un motivo o por otro. Y en esta ocasión fue así. No soy una persona de asistir al teatro “porque toca ópera” ese día sinó atraída por la música o por algún cantante en concreto al cual tengo ganas de escuchar en vivo.

El domingo pasado fue uno de esos días mágicos, y no precisamente por “La Fille du regiment”. Fue especial por dos motivos que voy a explicar por orden cronológico.

El primero porque tuve la gran suerte de compartir impresiones, sentimientos, confesiones, entusiasmo, ganas y alegrías, durante unas cuantas horas que me supieron a poco y con una persona especial –a la que ella ya lo sabe- admiro y quiero mucho. Fueron unas horas llenas de magia y complicidad en las que, por unos momentos, logré olvidar mís cotidianidades y simplemente me dejé llevar por los sentidos.
Apuramos cada uno de los temas que brotaban, de una cosa nos íbamos a la otra, pero no importaba, puesto que llegamos siempre al mismo punto y a la misma conclusión.
La representación la protagonizaba Juan Diego Flórez, pero a penas hablamos de él. Nuestras voces clamaban simplemente dos nombres: Plácido Domingo y Rolando Villazón.

Es soprendente ver y conocer cómo vive la ópera cada uno de nosotros. Todos de manera intensa, pero a la vez tan diferente, y sin embargo, tan igual.
Sí, aquella mañana-tarde que compartí con “mí” Tosca fue increíble. Grácias por dejarme nutrir por tus vivencias y por tus ganas, por tu sensibilidad al narrar las cosas. Grácias, en definitiva, por nada y por todo. Unas horas inolvidables que deben tener fecha de repetición.

Pero la cita no era tan solo con “mi Tosca”, puesto que en el Teatro me esperaba algo también especial: el poder ver un amigo emocionarse y disfrutar con su más idolatrada voz.
Simplemente, por el mero hecho de compartir esos angustiosos minutos antes de la representación con él, de sentir su emoción, de comprenderla, de ver su cara radiante de felicidad cuando el Liceu se vino abajo aplaudiendo la famosa “Pour mon âme” y sus ganas... valió la pena. Es realmente estremecedor vivir estas sensaciones. Pero es aún mejor ver y sentir como lo vive el protagonista.

Por lo tanto, grácias a los dos por hacer que ese domingo fuera más especial “fuera” que “dentro”.



Pasando a la obra, poco podré decir a nivel musical, porque no la conozco demasiado como para poderle hacer una correcta y justa valoración. Así es que me centraré en dar cuatro pinceladas de mís impresiones.

La ópera de Donizetti no me acabó de convencer y seguramente será porque no hice el trabajo previo de interesarme por ella antes de ir. A pesar de ese defecto, sí que debo decir que los intérpretes fueron absolutamente impresionantes.
Quizás al no tener ninguna referencia de esta obra (y la que tenía, era de la misma producción que se vio en el Teatro) contribuyó a que escénicamente se hiciera comprensible y amena, dando un toque de frescura juvenil a la graciosa interpretación de Patricia Ciofi, como Marie, y al creíble Tonio de Juan Diego Flórez.

Después del tropiezo injustificado de PATRIZIA CIOFI en el Liceu con la “Lucia di Lamermoor”, la italiana volvía pisando fuerte al Teatro y encarnó una Marie impoluta de gran nivel vocal y escénico. A pesar de no estarlo, ya que no se anunció nada por megafonía, sobretodo en el primer acto, me pareció que estuviera afónica cuando ejecutaba sus pirotécnicas coloraturas.

Irreconocible y más que solvente, el barítono PIETRO SPAGNOLI en el papel de Sulpice que supo dar muy bien la réplica tanto a la Ciofi como a Flórez.

Pero si hay alguien que se llevó el gato al agua en esta “première” fue sin duda el esperado tenor peruano JUAN DIEGO FLÓREZ. Se avecinaba para él una tarde de éxito, y Flórez no decepcionó a nadie.
Comentábamos antes de entrar que el teatro en pleno se vendría abajo al escuchar los insultantes 9 “does”, empresa al alcance de muy pocos mortales.
Advertida de que podían convertirse en 18 “does”, Juan Diego Flórez arrancó unos grandes y ruidosos aplausos y bravos -entre ellos, los míos- en su interpretación de la “scena” más conocida de la obra.
Se sintió después de su interpretación querido y admirado, y con un público totalmente extasiado se atrevió a repetir esta endiablada proeza vocal.
Sí, damas y caballeros, ni más ni menos que 18 “does” es lo que escuchamos el domingo pasado en el Liceu. Este “bis” era para mí el primero en el Liceu y mí segundo en directo.

Pero a pesar de todo, a pesar de bravearle, me quedé fría con su interpretación que no me emocionó en ningún momento, ni la de él ni la de cualquiera de sus compañeros.
Sé que ahora muchos “florezidos” se me echarán encima, pero esta es la sensación que me dejó la obra y los intérpretes que, a pesar de tener un altísimo nivel vocal, no me acabaron de llegar.
Quizás yo conciba la ópera de otra manera y no acabe de cuadrar con el estilo donizettiano. En cualquier caso, eso no quita elogiar una y otra vez a los intérpretes por sus impolutas intervenciones.

En conclusión y como ya avanzaba en el título, mejor “Fille” fuera que no dentro que hacen, precisamente por esto, especial la tarde del 7 de marzo en el Gran Teatre del Liceu.

lunes, 8 de marzo de 2010

Se me han pasado las ganas de relatar la función de "La fille du regiment"

Y el motivo no es otro que el que Fedora anuncia en su blog:


En estos momentos no estoy para intentar relatar la tarde de ayer.

Salud y una pronta recuperación para el maestro Domingo. Maestro, sus admiradores no le dejamos de lado. Ánimos y adelante. Siento no poder expresarme mejor, pero no me salen las palabras.

Nevica! Guarda il monte e tutto bianco...

Con estas palabras, Minnie retiene en su cabaña al bandido Ramirez - Dick Jonhson- en la ópera, del cual se ha enamorado.

La notícia de hoy en la mayor parte de Catalunya es la nieve, y Sabadell, no es un lugar donde acostumbra a nevar mucho, por esto caen cuatro copos y se queda colapsada la ciudad.
Pero hoy no han sido cuatro copos, ya que la nieve ha cuajado bastante. Y siempre que cae nieve me viene a la cabeza este momento de "La Fanciulla del West".

Os dejo una imagen tomada desde el balcon de mí casa:

viernes, 5 de marzo de 2010

Y qué se puede decir de esta...


Descubrí esta maravillosa canción en el disco de Plácido Domingo "Quiéreme mucho" y desde el primer día fue una de mís preferidas. Pero, ¿qué más se puede pedir si el cantante que más admiro la canta junto a su autor, y el resultado es este que acabáis de escuchar?





Simplemente y se puede resumir así de fácil: estoy en el cielo... Qué manera de decir el texto por parte de Plácido... ¿Se puede cantar mejor? Seguro que no.

Ya ha pasado una...




Mes de marzo. Plena temporada operística y sin embargo hay una voz que ahora reposa.

La incomparable voz del Maestro Domingo se mantiene en silencio por ahora. En estos momentos sus admiradores solo podemos disfrutar de su voz con nuestras grabaciones que custodiamos celosamente en nuestros hogares.
Serán seis semanas las que estará de baja. Seis semanas que nos parecerán eternas sin su incombustible presencia en los escenarios. Como digo en el título, ya ha pasado una semana, y no sabemos, -almenos yo- como está evolucionando el Maestro.

Ánimos, Maestro Domingo, que ya queda menos. Todo mí apoyo y deseos de recuperación.
Para sus seguidores, este mariachi tan requetebién interpretado:



lunes, 1 de marzo de 2010

Una "Carmen" arriesgada e inteligente: Bravo Carles!

Y después de la “Maruxa” representada entre los meses de noviembre y enero tocaba el turno nuevamente a la ópera y en esta ocasión el título escogido fue la conocida “Carmen” de Bizet.

Bien es cierto, y no me he cansado de repetir una y otra vez que lo más importante en una ópera es precisamente la música, pero, cuando hay una puesta en escena que se sale de lo convencional, justo es hacer en ella hincapié y más si está hecha con inteligencia y saber hacer.

Precisamente este es el adjetivo con el que calificaría la puesta en escena de CARLES ORTIZ, que conoce muy bien al público vallesano y sus gustos. Sí que es verdad que arriesgó, porque cambiar el contexto de una obra tan conocida es jugar con fuego, pero lo hizo de manera tan inteligente que funcionó, ya que en los tres primeros actos, la escena nunca dejó de ser la “Carmen” convencional.

Debo confesar que no soy partidaria de las “adaptaciones”, por decir un calificativo “suave”, de algunos de los directores de escena que pululan por este universo musical de hoy en día, pero si que es verdad que, a pesar de quedarme con el convencionalismo de decorados y óperas, acepto ideas nuevas y sugerentes, que te hagan pensar, pero sin desviarnos de lo que es el argumento y la acción.

Así es que CARLES ORTIZ hizo “su” particular “Carmen”, presentando al público la ópera como el rodaje de una película, donde el único personaje real es Micaela y el resto de los personajes principales son actores y seres reales a la vez, según el momento.
Desde la escena inicial, Ortiz cuida cada uno de los detalles, y así, después de una enérgica obertura, con un velo delante del público, se dibuja el triángulo amoroso real entre Carmen-Escamillo-Don José. Y de nuevo es tratado con suma inteligencia, puesto que da a conocer este momento al público justo al finalizar la obertura, en el momento en que la orquesta apunta las primeras notas del tema del destino: aquí vemos a Carmen (la persona, no la actriz) que coquetea con Escamillo (persona, no actor) ante los ojos de un celoso Don José (persona, no actor) que se acerca a ella para ofrecerle un ramo de flores, y al ver que Carmen no le hace ni caso, las tira al suelo.

Después de acabar el tercer acto, me dio la sensación de que Ortiz dibuja mucho mejor la relación Carmen-Escamillo que la de Don José-Carmen, como dando a entender que la atracción que siente D. José por Carmen es meramente unilateral, ya que en ningún momento, fuera del rodaje, se da ninguna pista al público de que entre ambos haya surgido nada. Al menos, esta es la impresión que me tuve.

Para sacar agún que otro pero a la cosa: si antes de ver la producción lees el programa de mano, que por cierto, se agradece que se presente explicando la adaptación de la escena –como deberían haber hecho en “Il Pirata”- la representación, haciendo caso omiso al libreto, cuadra a la perfección. Ahora bien, si queremos ser puristas y analizar el libreto con la propuesta de Carles Ortiz, hay cosas que no cuadran, especialmente en el cuarto acto cuando deben aparecer las cuadrillas de Escamillo. En lugar de esto, aparecen los actores... perqueños detalles difíciles de solventar y que chocan con la letra. Y algunos más que encontraría si quisiera ponerme en plan quisquillosa, y esta vez no me apetece serlo porque aplaudo sinceramente el trabajo de Carles Ortiz y Jordi Galobart.

En cambio, si nos olvidamos de todo esto, hacemos la vista gorda a estas contextualizaciones y nos tomamos la obra presentada como lo que se nos propone, la obra encaja. Encajan los tres actos y triunfa por lo no convencional del cuarto acto.

De espectacular tildaría la concepción del cuarto acto: ha finalizado el rodaje y los actores se disponen a ir al estreno de la película “Carmen”. Aquí se nos presenta la entrada de un cine, con los fans agolpados a la puerta de entrada pidiendo autógrafos a los actores, todos con vestuario de los años 50 y para dar un toque de roja pasión, qué mejor que aprovechar el cartel de la ópera del programa de mano a tamaño póster utilizándola como identificación de la “película” y presentar a Carmen-persona real con un vestido rojo.

Así es que desde este blog, felicito la iniciativa de Carles Ortiz, como he dicho al principio arriesgada e inteligente.
Hecha esta mención que es de justícia hacerla, esta vez más que otras, paso a hablar de la parte musical de la obra.

La OSV estaba al cargo del italiano ELIO ORCIUOLO, conocido de la casa y querido por el público ya que logra “amansar” a la Simfònica del Vallès evitando, y casi siempre lo consigue, que la orquesta no ahogue al cantante con su exceso de volumen.
Empezó con una gran energía, con una obertura rápida, con brío, sin caer en el convencionalismo de la lentitud. Esos sones rápidos que animan ya al público desde la primera nota, manteniendo después un tempo correcto y de nuevo vivaz en el comnienzo del cuarto acto.
Sólo le puedo reprochar que en las intervenciones de Escamillo, y justo con este cantante, es cuando la Orquesta abusó más de volumen, dejando al barítono en una posición no demasiado cómoda. Fue uno de los más aplaudidos ayer por la tarde.

Por lo que hace referencia al elenco vocal ya es otra historia:



SANYA ANASTASIA, mezzosoprano serbia dio vida a Carmen. Bien es cierto que tiene un físico impresionante y que supo moverse bastante bien en escena. Graves poderosos y agudos seguros y nada titubeantes, pero... adoleció, sobretodo a partir del segundo acto, de abusar demasiado del volumen, llegando a hacerse molesto en algún momento. Supo jugar bien las medias notas y sobretodo, como digo, los graves, pero no es suficiente. Creíble escénicamente en su personaje fue la que cosechó más bravos por parte del público.

El tenor francés ERIC SALHA fue un Don José correcto y con una estupenda dicción francesa, claro está. Su interpretación del soldado navarrés no es de ensueño, pero almenos cumplió sin hacer sufrir al público cuando coqueteaba con la parte más aguda de la partitura. A nivel artístico bastante soso en contraste con la mezzosoprano, pero para el papel ya le iba bien. Sacó un poco más de temperamento en el dúo final sin provocar temor a Carmen.

El caso del barítono ISMAEL PONS es a parte. Hizo una buena entrada, y cuando la orquesta no lo ametrallaba a volumen, dejó algún buen detalle. Presencia escénica que impacta cuando lo ves, pero los graves justos, muy justos casi al punto de hacerse inaudibles, pero la entrada de Escamillo es tan espectacular que, realmente se tiene que hacer muy mal, para que no lo aplaudan. Quizás estuvo más acertado en el dúo con Don José, y de nuevo desinflado en su despedida del tercer acto.

La Micaela de MONTSERRAT MARTÍ... pues qué decir... sí estaba muy mona con su vestuario de los años 50, muy bien peinada, e incluso escénicamente creíble. Siempre que la escucho de nuevo me da la sensación de que la voz ha crecido. Pero solamente esto. No la encontré tan estridente como en ocasiones anteriores, pero el timbre de voz sigue sin bello y con muchos metálicos que afean su interpretación. A favor de ella, diré que fue la más segura encima del escenario.

Buena coordinación vocal entre ASSUMPTA CUMÍ y JÚLIA FARRÉS-LLONGUERAS, como Mercedes y Frasquita, respectivamente, aunque la segunda, a pesar de cantar bien necesitaría un poco más de volumen.

Bien como siempre el tenor MARC SALA en el papel de Remendado. Una voz a seguir y a tener en cuenta, porque el material es bello y la seguridad y aplomo encima del escenario están. Le acompaña además un buen físico. Físico de tenor.

El role de Dancaire se le encomendó al polífacético director de escena-cantante-actor CARLES ORTIZ, para mí uno de los triunfadores de la noche y que sin embargo no recogió los aplausos que para mí se merecía. Es el profesional, y no me cansaré de decirlo, que todos los teatros quisieran tener en sus filas.

Estuvieron todos acompañados por el Cor dels Amics de l´Òpera de Sabadell que siempre suenan mejor cuando no dirige batuta en mano su director DANIEL MARTÍNEZ; en cambio bastante justos, por ser suaves, el Coro de niños AMALGAMA 21.

En conjunto una buena producción, para mí mucho más destacable a nivel escénico que vocal, pero “Carmen” es siempre “Carmen” y sus inmortales músicas triunfarán allá donde vayan.

Próxima cita en Sabadell, “Così fan tutte” de W.A. Mozart.