martes, 25 de agosto de 2009

Este texto no tiene deperdicio

Para leer, aprender y por qué no, divertirse un rato. José Cura, visto por otros ojos que no son los míos.
Copio el texto por si hay algún problema con el enlace.

http://www.elpais.com/articulo/cataluna/Canto/testosterona/fina/elpepuespcat/20090818elpcat_13/Tes

CRÍTICA: FESTIVAL DE PERALADA
Canto a la testosterona fina
XAVIER PUJOL 18/08/2009

El Festival de Peralada clausuró su vigésima tercera edición con un recital en solitario, el primero de estas características en España, del tenor argentino José Cura, que actuó acompañado por la Orquestra Nacional Clàssica d'Andorra dirigida por su compatriota Mario de Rose.
El recital recorría los senderos del Verdi más di forza con fragmentos de Otello, uno de los personajes favoritos de Cura, y los del verismo con arias de ópera de Leoncavallo y Puccini.
Terminada la primera pieza, el Prólogo de Pagliacci, Cura se dirigió desde el escenario a la cabina de control pidiendo que dieran un poco de luz sobre el público pues según él, "un concierto es como una noche de amor y a mí no me gusta el amor con la luz apagada".
La perspectiva de pasar el resto de la velada siendo apasionadamente amado, aunque fuera colectivamente, por un apuesto tenor spinto argentino no dejaba de ser halagadora aunque ciertamente inquietante, pues el verismo es una de las formas de erotismo musical más eficaces pero menos refinadas, no se pierde en remilgos barrocos, alambicamientos straussianos ni refinamientos mozartianos; va al grano y por la línea del "aquí te canto, aquí te mato", apunta directamente al centro del placer y busca el orgasmo erótico-estético inmediato. Por eso, las óperas veristas son tan cortas.
El canto verista masculino es un canto "a la testosterona fina", muy tópicamente viril y fuerte, requiere un tenor aguerrido que no se encoja ante el agudo, que proyecte con fuerza por encima del acompañamiento orquestal y transmita al por mayor emociones arrasadoras. Cura da sobradísimamente la talla en todos estos aspectos y no tuvo ningún problema en despachar con brillantez un programa corto pero terriblemente exigente que incluía además de Dio, mi potevi scagliar y Ni un mi tema de Otello, que fue lo mejor de la noche, Vesti la giubba de Pagliacci, E lucevan le stelle de Tosca, Non piangere Liù de Turandot, Ch'ella mi creda libero, de La Fanciulla del west y Hai ben ragione de Il tabarro.
Cura, que en su propia página web es definido como "showman natural", es, además de un gran tenor, uno de esos seres que se encuentran a sus anchas en el escenario, lo posee y lo domina, le dice al público cuándo debe aplaudir y cuándo debe dejar de hacerlo, coquetea con la primera violonchelista y suple al director al frente de la orquesta, aunque ni así consiguió mejorar los resultados musicales, apenas discretos, de la orquesta andorrana.
Al final, tras tres bises, Addio fiorito asil de Madama Butterfly, una canción de Carlos Guastavino sobre texto de Quevedo y el inevitable Nessun dorma de Turandot, el tenor José Cura consiguió que los amados y amadas, saciados de amor, le despidieran puestos en pie y convencidos de que si el verismo no lo hubieran inventado los italianos lo habrían inventado los argentinos. Al fin y al cabo el tango también es "un retazo de vida".

lunes, 24 de agosto de 2009

Bajo el cielo de París

Esta canción me gusta mucho. Mi recuerdo para París.




Y para cuando Youtube te da la espalda... Os dejo el audio de "Sous le ciel de Paris".

Adiós a Hildegard Behrens

Recién llegada de las vacaciones me encuentro con la triste notícia de la desaparición de la soprano alemana Hildegard Behrens.
La he admirado en los Wagner y en otro repertorio. La primera vez que la escuché fue en la "Tosca" junto a Plácido Domingo en el Metropolitan el año 1985 dirigidos por el también fallecido maestro Sinopoli.
Esta fue mi primera "Tosca" quizás una de las grabaciones más especiales y a una de las que le tengo más cariño.
Descanse en paz. Mi recuerdo para ella, aunque tarde, precisamente en esta "Tosca".

domingo, 23 de agosto de 2009

La "amabilidad" del Chatelet de París

¿Tanto les cuesta a los franceses hacer más agradables los días de los turistas en París? Tan grave es pedirles poder hacer una visita a su teatro y que te echen sin tan siquiera darte una explicación del por qué no se puede entrar?
Esto nos ocurrió el pasado viernes en París. Nos acercamos al teatro con el objetivo de ver el teatro donde tres meses antes Plácido Domingo había cantado el "Cyrano de Bergerac" y la chica de recepción hizo una llamada por teléfono al interior. No entendí muy bien que decía porque hablaba bajo, pero sí que oí que les decía que éramos turistas.
No nos dejaron pasar. Pregunté el por qué, en inglés, en francés y en italiano. Y su respuesta fue: "No se puede, no se puede".
Ignoro si había algún motivo técnico o no.
Nos echaron a la calle, pero antes de salir les di las grácias por su "atención" y "amabilidad" únicas con el turismo enamorado de la ópera y por las explicaciones y trato recibido.
Y es que cuando vas por el mundo, tienes que dar las grácias cuando te "tratan tan bien".

lunes, 17 de agosto de 2009

Cura... es mucho Cura.

Cura… es mucho Cura.

Y que cada cuál interprete estas palabras como quiera.

Tal y como comentó el propio Cura, en 20 años de carrera como profesional de la ópera, era la primera ocasión en que el tenor, hispano-argentino, como recalcó él mismo, ofrecía en solitario un concierto en el territorio español. Y el pueblo de Peralada tuvo el honor de ser el primero.

El concierto de José Cura ponía fin al XXIII Festival del Castell de Peralada y para la ocasión escogió un programa, precisamente, nada fácil, lo cual es de agradecer. Un repertorio hecho a mi medida en cuanto a gustos musicales se refiere: verismo 100 por 100.
Y por ello y por escucharle nos desplazamos allí sufriendo temperaturas infernales que se apaciguaron nada más ponerse el sol y caer la noche. Ya con el cielo oscuro y al entrar en los Jardines del Castell de Peralada noté una sensación agradable de frescor, de aire limpio y sosiego. De ópera. La noche acompañó al temperamento de Leoncavallo y Verdi y a la sutilidad y armonía de Puccini.


Era la primera vez que asistía al Festival de Peralada, movida sinceramente, por el arriesgado repertorio y por el amor que tengo por esa clases de ópera y con la ilusión de escuchar a Cura en solitario, esperando que estuviera simplemente bien, correcto.
Era un concierto al que debía ir mí hermano, no por el programa pero sí por el cantante, que lo adora. Incluso escucha grabaciones operísticas porque quien las canta es José Cura.

El tenor estuvo acompañado por la Orquesta Nacional Clàssica d´Andorra dirigida por el maestro MARIO DE ROSE colaborador de Cura en los últimos años. Hizo sonar la orquesta fuerte. Muy fuerte. Pero no hay orquesta que se resista al vozarrón de Cura. Porque tiene volumen. Mucho volumen.
Ejecutó varias piezas orquestales en solitario. Dos en la primera parte y dos en la segunda. Un Leoncavallo (Intermezzo de Pagliacci), un Verdi (Obertura de Nabucco) que sonó fortíssima. Y en la segunda parte dos Puccinis (la Tregenda de Le Villi y el intermezzo de Manon Lescaut), quizás estos dos más acertados que los primeros.

Pasemos pero a hablar del protagonista de la velada.
JOSÉ CURA como digo es mucho José Cura. Es un personaje que levanta odios y pasiones por dondequiera que vaya. De entre las ocasiones en que he tenido la oportunidad de verle actuar en directo, puedo constatar que ha levantado muchas más pasiones que odios y lo cierto es que ayer por la noche levantó al Auditorio de Peralada.


Salió todo de negro con la camisa por encima del pantalón. Con barba ya canosa, pero encima del escenario, su presencia escénica es impresionante. Empezó con “Pagliacci”, primero con el prólogo para barítono (ya sabemos que Cura hace lo que le da la gana con su registro vocal) para continuar, después que la Orquesta interpretara el Intermezzo de la ópera homónima, con el desgarrado “Vesti la Giubba”.
Salió al escenario con un silla, se sentó en ella y cantó toda la pieza sentado como si estuviera cantando la ópera y al finalizarla, mientras la orquesta estaba ejecutando los últimos compases, se levantó, cargó la silla en su espalda como si fuera una silla de montar e hizo mutis por la izquierda (mirando desde el patio de butacas).
Con esta pieza arrancó los primeros bravos de la noche.

Siguió con las dos arias del “Otello” el “Dio mi potevi” y el “Niun mi tema”, para mí mucho mejor en la segunda que en la primera, y mucho mejor cuando dosifica ese “genio” escénico que tiene.

Si algo debo decir a favor de Cura y de este concierto es que pienso que escogió un repertorio demasiado dramático para ser intepretado en concierto. Me explico: ya es de por sí difícil interpretar estas arias dentro de la ópera y aún más lo es hacerlo en concierto poniéndose psicológicamente en el momento sin tener el apoyo del arco del personaje a lo largo de la ópera, del decorado y del momento mágico que solo la ópera es capaz de reunir. Pero Cura parecía estar “dentro de la ópera” (porque él confía en sus facultades vocales y genio escénico y poder de seducción y convicción de sus admiradores más fieles). Ese genio que tanto apasiona a sus fans.

Pidió a los técnicos de luz que enfocaran las últimas filas para que pudiera ver al público agolpado en el recinto y dirigiéndose a todo el auditorio dijo: “Un concierto no es una ópera”, explicó Cura, “Un concierto es como una noche de amor. Y el amor con la luz apagada a mí no me gusta nada”.
Cura amenizó la noche con su espontaneidad y simpatía. Improvisó de presentador, de showman, de director de orquesta y de actor. Un hombre completo que logró arrancar sonrisas en el público.
La segunda mitad empezó con un circense “Tra voi belle”, sin director de orquesta en el podio, Cura “saltando” con su voz la pieza y preguntando dónde estaba el director porque lo había “perdido”. Éste apareció, frac en mano, casi al final de la pieza, y Cura le colocó el frac y el director concluyó la pieza.
El tenor había cambiado la camisa negra por una de blanca.

Siguió para mí la mejor intervención de la noche: el “E lucevan le stelle” de la “Tosca” con una interpretación matizada “made in Cura”, pero a su manera, matizada.
Sinceramente me duele, que alguien con las facultades de Cura, -todos sabemos la voz que tiene- sea capaz de cantar dulce en determinados momentos, de saber comunicar y en cambio el resto del tiempo esté cantando a lo bruto. Unas veces rozas el delirio y en otras…
¿Por qué no se sosiega un poco, menos temperamento (excepto cuando se necesite) y un poco más de matiz?. ¿Es tanto pedir?
No obstante la seguridad con la que se mueve en el escenario es admirable y en los Puccinis quizás es donde, a mí gusto estuvo mejor, sobretodo en los tres centrales: Tosca, Turandot y Fanciulla.

Acabó el programa con un bien ejecutado y temperamental “Hai ben raggione” de “Il Tabarro” para dar paso a tres propinas acompañadas, como no de espectáculo y jugueteo de Cura con el público, no sin que antes retumbara el auditorio con aplausos y ruido de pies en las tablas.
Cura alardeaba de que cunato más fuerte canta, más lo aplauden. Cierto es. A más volumen, la gente cree que mejor es la interpretación… bueno. Todo es opinable y respetable. Me reservo mís opiniones.

Como primer regalo de la noche “Addio, fiorito asil” de la Butterfly. Después de ella Cura cantó suavecito una canción argentina con música de Gustavino (no recuerdo el nombre pero la había ya escuchado en el disco titulado “Anhelo” que hace unos años grabó).
Entre muchos de los comentarios de Cura que nos brindó durante la noche, referenció como no el insoportable calor, que si bien el público, relajado y ameno no notaba (a pesar que yo durante toda la segunda parte tuve que abanicarme) él sí, y el director también.
Nos comentó que la canción argentina con música de Gustavino la cantaría sin gritar, y que hicieramos la prueba de escucharle con los ojos cerrados para relajarnos.
Se dirigió hacia las dos arpistas, se puso en cuclillas y cantó acompañado de arpegios.
Arrancó un sensacional bravo desde la mitad de la platea y salió a saludar con las dos arpistas, que rodeó con sus brazos.

Y finalmente, dijo “hace mucho calor, pero aún tengo ganas de cantar más”, y como lo que había cantado anteriormente era “poco para él”, concluyó con el “Nessun dorma”. El delirio.
Gritos, ruidos, bravos y alegría. Unas tres o cuatro veces salió a saludar y la gente no quería marcharse, pero no había nada más que cantar.
Acercó una partitura casi al borde del escenario y con el gesto “está en blanco” se despidió de nosotros .

Concluía la edición de este año con broche de oro. Caras de satisfacción en el público (la mayoría), caras de escepticismo y caras de decepción también había.

Cura acababa de conquistar a Peralada.

jueves, 13 de agosto de 2009

Mi último tesoro.

Coincidiendo con los 40 años de debut en la Arena de Verona del tenor Plácido Domingo, se ha editado el siguiente libro "DOMINGO · Direttore d´Orchestra" donde su autora, Francesca Zardini, repasa la carrera del tenor madrileño batuta en mano.




Este libro es uno de los tesoros que han caído en mís manos (regalitos acertados -conmigo no se rompen la cabeza para dar siempre en el clavo). Recomendable para Dominguistas, el libro recoge 129 fotografías de todos los tamaños, en blanco y negro y también en color. Una joya imprescindible para todos nosotros. El inconveniente, si se quiere decir así, es que el libro está en italiano (a mí me lo trajeron de Milán) pero se puede seguir la lectura perfectamente. En casa se han propuesto que perfeccione y aprenda más italiano. Y ¿qué mejor manera de hacerlo leyendo cosas de Plácido Domingo?

viernes, 7 de agosto de 2009

¿Soñar? ¿Y por qué no? De momento es gratis...

Esta semana, aún sin celebrar ningún aniversario de nada, me he puesto a pensar más que nunca, a raíz de la primera actuación (en toda su carrera) de Plácido Domingo en Mallorca en todas las veces que he tenido el honor y el placer de verlo actuar.

Realmente, todas, por un motivo o por otro, han sido especiales, sobretodo la primera vez (por motivos personales). De aquel día ha pasado ya casi 14 años.

Pero, de manera reciente, la que recuerdo con más cariño es la función de "Die Walküre" en el Liceu pasado 31 de mayo del 2008.


¿Por qué?, pues porque era en el Liceu (teatro en el que no había escuchado nunca su voz) y segundo porque Barcelona es casi como si Domingo actuara en "casa".
A estas alturas de la carrera del maestro, aún le quedan lugares por debutar. Es increíble que haya ciudades en que aún, a sus 68 años y en una trayectoria vertiginosa como la suya, no hayan gozado en vivo de su voz.

Y sí, la Walkyria de Barcelona me hizo mucha ilusión, pero aún más me haría que algún día lo pudiera escuchar en el teatro de casa, en Sabadell, donde ilustres colegas suyos también han dejado que escuchemos sus voces (Montserrat Caballé, Joan Pons, Josep Carreras, Jaume Aragall, Josep Bros, Fiorenza Cossoto...) Con una ópera, con recital, con concierto, con lo que sea, pero en Sabadell.
No puedo evitarlo, quiero mucho a mí ciudad.

Quede aquí dicho, el día en que Plácido Domingo, pise el escenario de la Faràndula de Sabadell si la salud vocal se lo permite, yo seré la persona más feliz del mundo, poder escucharlo en mí teatro y en mí ciudad.
Nadie relacionado con el círculo operístico de la ciudad vallesana se ha planteado esta posibilidad? Quiero creer que sí, pero se les dispara el presupuesto.


Y como dijo Calderón de la Barca, "la vida es sueños, y los sueños, sueños son" (y algunas veces -a buen entendedor pocas palabras bastan- se hacen realidad).